Archivo | junio, 2012

La caza real del Sol

30 Jun

“Un gobernante eficaz no debe tener piedad.”

Nicolás Maquiavelo

La caza real del Sol

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Año: 1969.

Director: Irving Lerner.

Reparto: Richard Shaw, Christopher Plummer, Nigel Davenport, Michael Craig, Andrew Keir, Leonard Whiting.

Tráiler

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            No se comprende la poca presencia en el Séptimo Arte de ese cúmulo de aventuras imposibles, ambiciones febriles, valor inconsciente y halo apocalíptico que son los conquistadores del Nuevo Mundo. Son contados los éxitos en el cine de tipos tempestuosos, complejos y contradictorios como Cortés o Pizarro -no tanto Colón, hombre decisivo en el devenir de la Historia y al que nunca se ha conseguido sacar partido satisfactoriamente, pese a la infravalorada 1492: La conquista del paraíso-, u otros individuos secundarios y extravagantes como Lope de Aguirre, a quien el alemán Werner Herzog talló como obra de culto en nebuloso celuloide, con el acceso minoritario que dicha etiqueta implica.

Causa posible de esta omisión es la estúpida heroización de los conquistadores por parte de la historiografía española más nacionalista y, desde otro punto de vista, su estúpida satanización por parte de otras escuelas. No abundan los estudios veraces, precisos y honestos sobre unos individuos que despiertan e invitan a fuertes (y generalmente descontextualizadas) polémicas.

            Por ello, y aunque en su conjunto resulte un proyecto un tanto fallido, resulta notable el intento de La caza real del Sol, adaptación de la pieza teatral homónima del británico Peter Shaffer, a quien el cine debe también otras conocidas películas como Equus o Amadeus.

            Que Francisco Pizarro caiga en manos de un actor temperamental como Robert Shaw, todo carácter, ya indica por donde va la cosa. La caza real del Sol traslada un drama shakesperiano a la corte del Atahualpa cautivo por las tropas castellanas. Acometido por un Christopher Plummer sobreactuado y mal dirigido, es un dios en la Tierra, un usurpador del sagrado trono del Inca, un salvaje ignorante y blasfemo. Ante él, Pizarro, “bastardo y soldado español”, individuo hecho a sí mismo, analfabeto, anárquico, desengañado del paraíso de Dios en el Cielo y de la gloria guerrera del hombre en la Tierra, tullido y temible como el Loco Aguirre, con la promesa de oro como arma para limpiar la tortura que le provoca el velado rechazo del mundo, conseguir una respetabilidad negada por su cuna, labrarse un nombre en la Historia con letras áureas.

Dos seres ilegítimos que se encuentran en el confín del mundo. Un espejo para un Pizarro que se enfrenta a sus demonios y dudas, a su destino y a las exigencias de unos hombres reducidos a animales sangrientos por su codicia material y espiritual a excepción del mesurado y racional De Soto (Nigel Davenport, más controlado que sus compañeros de reparto); al presente de su palabra y al legado de sus actos.

            Irving Lerner, más destacado por su trabajo de montajista que por el de director, conduce una obra de presupuesto escaso y que hereda, también por torpeza propia, parte del estatismo del teatro. Prima el carácter abstracto de la situación y la introspección psicológica de los personajes frente a la acción bélica y aventurera de su contexto histórico.

Más allá de la presencia de escenas discutibles, como una batalla descrita a ritmo de racial flamenco -interesante pese al folcklorismo barato y más bien inadecuado-, es de esas formas algo escleróticas y de un guión tendente a una acartonada grandilocuencia de donde proceden los errores que minan unos planteamientos interesantes, con mayores posibilidades de las que finalmente se concretan.

            Bien merecerían una revisión actualizada y concienzuda.

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 6.

Ocho millones de maneras de morir

28 Jun

“En mis comienzos me ofrecían todos los papeles de psicópata disponibles. Después de hacer Ocho millones de maneras de morir parecía que nadie podía imaginarme actuando como otra cosa que no fuera un señor de la droga.”

Andy García

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Ocho millones de maneras de morir

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Año: 1986.

Director: Hal Ashby.

Reparto: Jeff Bridges, Rosanna Arquette, Andy García, Randy Brooks, Alexandra Paul.

Tráiler

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            Ocho millones de maneras de morir será la última obra de Hal Ashby, un realizador que surge en el escenario cinematográfico empujado por la ola de inconformismo, rebeldía e insumisión de los años sesenta y setenta; tiempos en los que el Nuevo Hollywood, en el que se encuadraba Ashby como uno de sus componentes más excéntricos, venía a tomar el relevo renovador que había supuesto la denominada generación del compromiso o generación de la televisión.

            Después de iniciarse en el cine en labores de montaje y producción, frecuentemente como colaborador con el canadiense Norman Jewison, la labor como director de Ashby había abierto numerosos frentes de combate en la moral norteamericana: la institución familiar, confusa y opresiva contra la que se revela el Harold de Harold y Maude, uno de los romances más estrafalarios jamás rodados; la fidelidad a una razón personal de vida frente al desarraigo y los sueños rotos de Esta tierra es mía, biopic sobre el cantante Woody Guthrie; las secuelas de Vietnam en El regreso, o los desmanes del poder mediático en Bienvenido, Mr. Chance, su obra más reverenciada y, según algunos expertos, su última gran película.

Su trayectoria a lo largo de los años ochenta, una década más acomodaticia en la que la política de Ronald Reagan clamaba por la vuelta a los valores tradicionales que habían hecho grande a América, culminaba su recorrido descendente en Ocho millones de maneras de morir, un intento de remozar los parámetros del noir con la sensibilidad estética de su época: estridencia y neones fluorescentes.

             El smog que corona el skyline de Los Ángeles abre la puerta a un mundo en descomposición, devorado por la violencia ejercida tanto en las calles como desde el propio Estado (“ahora la pena de muerte no es solo para los delincuentes, sino también para los ciudadanos”, muestra de la aún viva indisciplina de Ashby).

Todo hombre es un cadáver con la condena aplazada.

Matthew Scudder (Jeff Bridges, toda una garantía), detective de la policía, quien debe velar por la seguridad y el orden moral en el caos, intenta acelerar el proceso por el alcohol. Un tipo al límite, en una lucha por su redención o su destrucción definitiva atada a la venganza por la muerte de una prostituta bajo su protección, implicada en negocios turbios con un violento narcotraficante, Angel Maldonado (Andy García, reivindicando un lugar en Hollywood al borde de un ataque), con reminiscencias de El precio del poder.

Un hombre solo contra los bajos fondos, a título privado, quizás con la ayuda de un próspero y honrado proxeneta y ante una segunda oportunidad salvífica con la belleza nada clásica de Rosanna Arquette, prostituta de lujo.

Se rastrea la huella de Oliver Stone tras el guión en una época en la que su deriva personal le hará experto en personajes extremos.

             Ashby conserva la esencia del noir en esa atmósfera asfixiante y opresiva que, sin embargo, y a pesar de que el mediocre libreto trata de incorporar giros de mala manera por parte personajes desdibujados –un amor poco creíble entre el desguazado Scudder y la prostituta Sunny, un chulo interesante pero poco coherente,…-, acaba por diluirse en un thriller previsible y vocinglero, que confunde tensión con irritación. Nada mejor para probarlo que el clímax  del tiroteo en el almacén: alargado, histérico hasta casi el ridículo y más exasperante que intenso.

 

Nota IMDB: 5,4.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 4.

También la lluvia

27 Jun

“¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua.”

Toro Sentado

 

 

También la lluvia

 

Año: 2010.

Directora: Icíar Bollaín.

Reparto: Luis Tosar, Gael García Bernal, Juan Carlos Audiviri, Karra Elejalde, Cassandra Ciangherotti, Raúl Arévalo, Carlos Santos, Milena Soliz.

Tráiler

 

 

            En 1924, Sergei Eisenstein contribuía con el filme La huelga a la propaganda para la mitificación de la historia reciente de la joven Unión Soviética. Como anteriormente había propuesto Dziga Vertov en su Cine-Ojo, el montaje formaba parte esencial del mensaje, un elemento simbólico del mismo. A través de él, se presenta una tesis a la que se contrapone, paralelamente, una antítesis con el objetivo de que el espectador extraiga de ello una tesis. Es el montaje dialéctico, denominado así al encontrarse en relación con el materialismo histórico. La secuencia más recordada de la obra, perfecto ejemplo de esta técnica, será aquella que compara el sacrificio de una res en el matadero con la masacre de unos obreros revolucionarios perpetrada por el ejército zarista.

Con la progresiva asimilación del lenguaje cinematográfico por parte del público, el montaje dialéctico se revelará como una de las principales formas del cine de componente ideológico. Sin embargo, a causa de su naturaleza, su empleo posee los peligros de caer no ya en el adoctrinamiento propagandístico –caso que exige una intencionalidad manifiesta-, sino, más bien, en el acartonamiento de lo excesivamente discursivo.

             Es este el caso de También la lluvia, primera colaboración de la actriz y directora Icíar Bollaín con su pareja, el guionista Paul Laverty, nombre siempre asociado al comprometido cine social del británico Ken Loach; un drama que transforma esa comparativa histórica en un ejercicio metalingüístico y autorreflexivo a propósito del rodaje de una película sobre el Descubrimiento y el nacimiento de la conciencia sobre la humanidad del indio, insertado en la Bolivia al borde de la rebelión social por los abusos de poder, inspirados en la denominada guerra del agua de Cochabamba en 2000.

             Un making-off hecho película que habla sobre la explotación del indígena que se perpetúa y perdura a través de los siglos, los conflictos entre el idealismo de postal, la coherencia madura y la auténtica toma de partido o la capacidad del cine como herramienta de concienciación sobre los problemas sociales de nuestro tiempo.

Bienintencionados y loables puntos de partida argumentales que Bollaín consigue plasmar en la pantalla con un notable poder visual pero que, por otra parte, como ya sucediera en algunos libretos anteriores de Laverty –lo que no quita que sea un escritor interesante-, probablemente los que intentan tener mayor seriedad y trascendencia, quedan estropeados por el subrayado explícito de esas tesis y antítesis, redundantes, superficiales, obvias y, en ocasiones, mal justificadas -el acto de heroísmo redentor o de madurez de ese frívolo y plano productor interpretado por el gran Luis Tosar-, produciendo una sensación similar a aquella escala de grises propuesta por Paul Haggis en la multipremiada Crash.

              No es una mala cinta, contiene premisas atinadas, pero se le notan demasiado las costuras.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6.

Robinson Crusoe

26 Jun

“Yo soy un hombre solitario, muy solitario. Me gusta la soledad porque la puedo romper cuando quiera.”

Luis Buñuel

 

 

Robinson Crusoe

 

Año: 1954.

Director: Luis Buñuel.

Reparto: Dan O’Herlihy, Jaime Fernández.

Tráiler

 

 

            A primera vista, pocos puntos de unión parecía albergar un clásico inmortal de la aventura como Robinson Crusoe con Luis Buñuel, quizás el mejor representante del surrealismo en el Séptimo Arte y, a su vez, realizador recuperado para el mismo por una obra asentada sobre un fondo de desgarrador realismo como Los olvidados.

En cualquier caso, la experiencia hollywoodiense de Buñuel en décadas anteriores, relacionada sobre todo con la dirección de la versión doblada al español de los éxitos del momento, la localización del rodaje en la costa del Pacífico mexicana, donde se encontraba afincado, y la producción de Óscar Dancigers, quien había subvencionado el retorno a la dirección del de Calanda, le servirán para obtener el encargo del filme en esta coproducción mexico-estadounidense.

             Así, Robinson Crusoe se presenta como una obra alimenticia en la carrera del realizador aragonés y una de las dos únicas películas filmadas en inglés de la misma –la otra es La joven-.

Buñuel pone a un bastante respetuoso servicio de la historia su estilo directo, añadiendo  puntualmente, unas cuantas muestras de su genio personal, sepultadas en parte por ese cierto clasicismo en el tratamiento y de continuidad frenada, probablemente a causa de su tendencia a lo provocativo.

Con todo y ello, destacan como fulgurantes y fugaces chispazos rasgos surrealistas y subversivos como las veladas pulsiones sexuales del protagonista, ligadas a un vestido de mujer –sea sobre un espantapájaros, sea por medio de un travestido Viernes, interpretado por un pintarrajeado Jaime Fernández-, la iconoclastia religiosa, la subrepticia mordacidad en la representación de ese burgués que es Crusoe -encarnado con solvencia por Dan O’Herlihy, nominado por la Academia a mejor actor-, ávido de reproducir su cómodo estatus de clase en la tabula rasa de su isla, o una interesante ensoñación febril, único momento de estricta irrealidad en una situación de por sí delirante, incursión en un mundo interior que, por las posibilidades del relato y las capacidades de Buñuel, bien valía la pena haber explorado más a fondo en vez de centrarse en esa descripción más académica y un tanto superficial de la supervivencia y la soledad del náufrago.

            Y es que, por lo demás, Buñuel procura ajustarse a los cánones exigidos –que en buena parte será el objetivo de experimentar las posibilidades del Eastmancolor para la renovación del atractivo del cine de aventuras-, componiendo una cinta efectiva en sus pretensiones, sin revolucionarios alardes ni aspiraciones de grandeza y a la que el tiempo, como suele suceder en este tipo de producciones, ha hecho mella.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

Pasos de baile

25 Jun

“En cuanto a la violencia partimos de un principio establecido por el Presidente Mao Tsetung: la violencia es una ley universal sin excepción alguna, quiero decir la violencia revolucionaria; esa violencia es la que nos permite resolver las contradicciones fundamentales con un ejército y a través de la guerra popular.”

Abimael Guzmán

 

 

Pasos de baile

 

Año: 2002.

Director: John Malkovich.

Reparto: Javier Bardem, Laura Morante, Juan Diego Botto, Oliver Cotton, Luis Miguel Cintra, Alexandra Lencastre.

Tráiler

 

 

            Icono del cine mundial contemporáneo, actor versátil y camaleónico donde los haya, especialmente dotado para personajes retorcidos y de una malsana potencia, John Malkovich, en lo que se diría un acto de fidelidad a sí mismo y a su propio personaje en su debut tras las cámaras –poseía ya una dilatada trayectoria como director de teatro-, impregna esta intensidad viciada a la atmósfera de una cinta de elegancia clásica por todo lo demás.

            Con el respaldo financiero de Lola Films, productora española, el norteamericano presenta la traslación anónima del sangriento parto y desarrollo del grupo terrorista maoísta Sendero Luminoso, artífice de más de 30.000 muertos en Perú desde su fundación por Abimael Guzmán en 1978, desde el punto de vista de la investigación policial del mismo.

            Rodada mayoritariamente en inglés, con localizaciones en España, Portugal y Ecuador y con un reparto en su mayoría hispano encabezado por Javier Bardem en lo que es una de los primeros pasos para la internacionalización del actor español más exportable, Pasos de baile retrata el arduo trabajo detectivesco del teniente Rejas (un Bardem con gesto narcotizado por el hastío) durante el ascenso y caída del cruento monstruo, uno más de los que pueblan el país, en su mayor parte disfrazados con máscaras de presunta honorabilidad.

Así, Rejas se presenta como el único reducto de un mundo que se desmorona. Un Estado fallido en el que la corrupción sistemática sustituye a la ley y el orden, inestable, siempre a punto de saltar por los aires por vía militar mientras la infancia, eslabón más sensible de la cadena social, sufre la innoble perversión de su inocencia y las elitistas clases altas distraen su conciencia entregándose a la frivolidad más absoluta.

La locura de un movimiento mesiánico y brutal no es sino otra forma de reacción contestataria a esta podredumbre, si bien desquiciada, como una tumoración maligna.

            Malkovich demuestra una notable sensibilidad para la dirección con este solvente thriller político marcado por la densidad y tensión de su desasosegante ambiente, en la que el aire se puede cortar con un cuchillo, y sobre el que imprime con mano de hierro un ritmo firme, guiado a modo de guante de seda por una espectral banda sonora que compone un pegajoso hilo musical presente en todo momento.

Se beneficia, además, de un guión compensado e inteligente que escribe con buena letra las fases de la investigación y el paralelo y más conciso romance -donde brilla la italiana Laura Morante- y en el que quizás chirría cierta concesión al espectáculo en la recreación de un grupo terrorista extremadamente sanguinario y casi omnipotente.

Notable (y desapercibida) opera prima.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 8.

Los cautivos

24 Jun

“Los westerns son películas que todo el mundo puede ver y disfrutar. Siempre dan dinero y siempre aumentan el número de seguidores de un actor.”

Randolph Scott

 

 

Los cautivos

 

Año: 1957.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Richard Boone, Maureen O’Sullivan, Henry Silva, Skip Homeier, John Hubbard.

Tráiler

 

 

            Después del estreno de Tras la pista de los asesinos, el trío conformado por el productor Harry Joe Brown, el director Budd Boetticher y el actor Randolph Scott, con la frecuente colaboración de Burt Kennedy, notable guionista, luego menos reconocido realizador, tuvo a bien prolongar su sociedad artística durante otros seis westerns concisos, austeros, abstractos, expresivos y contundentes.

Un microcosmos propio en el que parece acontecer un relato recurrente, entrelazado, cíclico. Variaciones de todo un mundo concentradas en unas praderas pedregosas impregnadas del mismo aroma y la misma melodía, tan melancólica y sufrida como la expresión eternamente circunspecta de Scott, esforzado e inmutable héroe en todas ellas.

             Como queriendo contradecir este fatalismo inexorable y pese a iniciarse con una de esas tomas con las que Boetticher quería expresar el largo y penoso camino que antecede al protagonista, Los cautivos comienza con un tono amable, en el que incluso Randolph aparece alegre y risueño por las esperanzas de un futuro apacible que le aguarda en sus recién adquiridas tierras a las afueras de Sásabe.

Poco durará su felicidad. Ya lo advierte su llegada a la posta de correos: no es lugar para extraños.

Es este un mundo próximo a abalanzarse al cambio traumático y civilizador del ferrocarril, tiempos de incertidumbre, agresividad a flor de piel y conductas movidas a la desesperación. En su vuelta a casa, despojado ya de su suerte por una frustrada apuesta bravucona, el destino se lo aclara con un recibimiento oficiado por tipos con el aspecto patibulario de Richard Boone y Henry Silva, salteadores de caminos con un botín personificado en una rica y solitaria heredera, accidental acompañante de Scott, que promete más oro y peligro del que pueden soportar y del que pueden renunciar.

             Kennedy hace buena la historia de Elmore Leonard y siembra el guion de frases y diálogos ásperos y rotundos, que restallan secos y llenos de empaque, perfectamente acomodados a la crudeza y precisión estilística de Boetticher, para narrar el encuentro entre dos almas solitarias paralelo al duelo entre dos hombres iguales en el fondo pero moldeados de manera distinta, sin elección ni redención posible –a pesar de lo que desea creer Scott, a su manera atado a un personaje y unos actos determinados, casualmente positivos- a causa de unas circunstancias despiadadas, por ese mencionado fatalismo que hace presa a todo el ciclo. Uno, estoico héroe y abnegado caballero; otro villano irreconciliable con la sociedad; ambos obligados a sobrevivir, de uno u otro modo, con la ley del plomo.

             Otro de los pequeños grandes westerns de un ciclo que goza de una regularidad admirable.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

El sur

23 Jun

“Cuando tras la proyección de El sur encendieron la luz todos permanecimos en silencio durante varios minutos, con el fin de prolongar la emoción artística que nos apretaba la garganta. Aunque el filme esté perfectamente terminado, forme un todo, y los personajes sean interesantes, conmovedores y perfectamente dirigidos, y se aprecien la suavidad de la luz, la pureza de los encuadres y el rigor de la puesta en escena, es raro que uno llore en la visión de una copia de trabajo y raro también descubrir una película que nos enorgullezca del cine como arte.”

Gilles Jacob

El sur

 .

Año: 1983.

Director: Víctor Erice.

Reparto: Omero Antoniutti, Sonsoles Aranguren, Icíar Bollaín, Lola Cardona, Rafaela Aparicio, Aurora Clément.

 .

            Poca gente puede decir tanto con una filmografía tan escueta como Víctor Erice. Apenas tres películas y un semidocumental que dejan una huella imborrable en el cine español.

Después de darse a conocer formando parte de la película coral y capitular Los desafíos, premiada con la Concha de Plata en San Sebastian, Erice entregaba su obra más conocida y celebrada, El espíritu de la colmena, una inmersión en el mundo fantasioso de la mente infantil, creadora de un microcosmos mágico y simbólico en perpendicular contraposición con la realidad de una España gris, escindida y atrasada.

El sur, una década posterior, parece prolongar la mirada de la niña de El espíritu de la colmena, mutada por el paso del tiempo.

            En El sur, ambientada en una España que aún sangra quedamente por las heridas abiertas por la guerra fraticida, Erice desgrana de nuevo el universo de la infancia, riquísimo, puro y todavía en formación, en el que la figura del padre (el italiano Omero Antoniutti, elección cuestionable pese a su prestigio internacional por Padre padrone por la necesidad de imponer un doblaje impostado) ejerce un poder de atracción semejante a la gravedad de un astro.

Una figura venerada que, en sí misma, es un misterio tan solo comprensible por los ojos admirados de la infancia inocente, los que realmente son capaces de ver en el interior ajeno, de desentrañar qué es lo realmente importante, oculto tras la máscara de las convenciones sociales y sentimentales. Un entendimiento que se pierde de manera irremediable con los años, durante una supuesta madurez en la que ilusoriamente se cree conocer la identidad real -o, más bien, descubrir quién no es- de aquel al que se adoraba sin condiciones.

             Pervive, como en El espíritu de la colmena, la extraordinaria descripción de la relación entre la hija y su padre, en este caso marcada por la calidez de sus inicios, la insobornable complicidad entre dos almas que se comprenden y se aman con la mirada, aislados -la villa familiar apartada, el camino exterior como frontera definida-, como reducto de salvación en el caso de él, de la melancólica amargura del pasado,  de la realidad más cruda producto del envenenamiento del alma, sea a causa de la guerra, sea a causa del quiste doloroso e inextirpable de un amor interrumpido o desengañado.

El sur surge como tesoro secreto y compartido, promesa de curación de la soledad, el desarraigo y el desamor con su sola evocación.

             Erice dibuja sentimientos en fotogramas con maestría poética, en la que el pictoricismo de cada plano, con un exquisito tratamiento de la luz, envuelve de magia esa intimidad absoluta y el posterior distanciamiento triste e inevitable.

             La frustración por esta obra inacabada –su filmación y metraje se interrumpen hacia la mitad del guion original-, será una de las causas de la renuncia de este cineasta de prodigiosa sensibilidad.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8,5.

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