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La ciencia del sueño

11 Sep

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Año: 2006.

Director: Michel Gondry.

Reparto: Gael García Bernal, Charlotte Gainsbourg, Alain Chabat, Miou-Miou, Aurelia Petit, Sacha Bourdo, Pierre Vaneck, Emma de Caunes, Alain de Moyencourt.

Tráiler

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        Hay ocasiones en las que el cine, como cualquier otro arte, se convierte en una cuestión inevitablemente subjetiva, en una conexión personal encadenada a la sentimentalidad o las afecciones de quien lo contempla, de quien participa de la película, la cual a veces alcanza la categoría de experiencia paralela al universo real, consciente, empírico.

Quien aquí escribe llegó a enamorarse una vez a través de un sueño. Un romance irracional e imposible, construido solamente sobre las esencias evanescentes pero íntimamente perdurables de este mundo fascinante, que desafía los límites de la restrictiva vida cotidiana y del que apenas se puede explorar una mínima, vaporosa y misteriosa fracción, inaprensible aún por los métodos más avanzados de la tecnología humana. Era pues inevitable que una cinta como La ciencia del sueño me impactara profundamente. Las aventuras y desventuras de un chaval que habita los sueños con tanta intensidad como la vida consciente y a quien se le aparece en ellos el alma gemela, tan inalcanzable como esos sueños que se desvanecen si tratas de atraparlos.

        La ciencia del sueño recoge el arquetipo de niño-adulto del cine indie para trasladarlo a un escenario onírico que salvaguarda su sensibilidad extemporánea, incomprendida y traumatizada. Con todo y ello, este muñeco cándido pero imperfecto, vulnerable y con las costuras siempre a la vista, colisiona constantemente contra una realidad testarudamente prosaica y convencional, apegada con cinismo a los impulsos primarios -hacer dinero, tener sexo-.

Sin embargo, observado ya desde otra perspectiva, propia de una nueva etapa vital, el desdichado Stéphane aparece desde una mirada comprensiva pero que no evita que, en su irreparable inmadurez, prácticamente patológica, sea incapaz de materializar sus etéreos aunque radicales anhelos -la imaginación como motor de vida, el amor platónico como meta definitiva-. De hecho, la relación que establece con su vecina Stéphanie es dolorosamente desesperada, donde la desorientación bordea lo autodestructivo. Stéphane puede llegar a ser insoportable -e incluso perturbador y tóxico, cosa que no recordaba o que entonces no entendía así-; Sthépanie aguanta más de lo aceptable. El relato coquetea tanto con lo cursi como con lo obsesivo, en una extraña mezcolanza que cabalga así por la frontera en la que un sueño intenso deviene en asfixiante pesadilla.

        La ciencia del sueño es una historia de frustración eterna, de pérdida irremediable. La orfandad de Stéphane se hibrida con el deslumbramiento de su amor hacia Stéphanie, embarcado en un enredo donde los atisbos de comedia se van tornando progresivamente en melancolía, en amargura, en insondable desconsuelo. Podría interpretarse cierta lectura freudiana en ello. La cámara de Michel Gondry -que ya se había enfrentado a la hostilidad que el realismo reserva para los soñadores en ¡Olvídate de mí!se iguala a las tribulaciones de su protagonista. Aterriza nerviosa e inestable en su incierto piso parisino, en la áspera oficina adonde lo han tirado los rebotes de la vida. En cambio, se prenda de Charlotte Gainsbourg según aparece ante ella.

La elección de cásting es clave. Esa belleza amable, cercana y accesible, la mirada tierna de sus ojos achinados, el aire de soñadora distraída que se revuelve entre su melena despeinada, del vestuario cálido y suave que deja aparte sus formas para centrarse en su gestualidad dulce, benévola, cariñosa. La estrella que requería a gritos la televisión mental desde la que su vecino analiza el día a día, por desgracia con nula influencia sobre sus asuntos. El trágico conflicto entre lo soñado y lo real.

        La necesidad de -recibir, dar- amor de Stéphane deja tras de sí escenas incómodas que entran en contraste con el maravilloso diseño de producción de la obra. Sus decorados artesanales y decididamente naifs, al igual que sus entrañables efectos visuales con stop-motion, ofrecen un conmovedor canto a la creatividad y la fantasía, a una artesanía material, palpable, acogedora. Es, además, la cartografía íntima de los personajes y la manifestación épica de un imaginario incontenible pero cuya desaforada y honestísima expresividad no puede aplicarse en la realidad, pues en contacto con el aire verdadero se torna absurda y penosa. De ahí la imperiosa reivindicacion del sueño como parte primordial de la vida, como alternativa imprescindible para sostener la salud mental y emocional.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

Matrix Revolutions

17 Ago

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Año: 2003.

Directoras: Lilly Wachowski, Lana Wachowski.

Reparto: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving, Harold Perrineau, Jada Pinkett-Smith, Harry Lennix, Clayton Watson, Nona Gaye, David Roberts, Nathaniel Lees, Ian Bliss, Anthony Zerbe, Mary Alice, Helmut Bakaitis, Collin Chou, Tanveer K. Atwal, Bernard White, Tharini Mudaliar, Lambert Wilson, Monica Bellucci, Bruce Spence.

Tráiler

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         Todo lo que tiene un principio tiene un final -mientras no lancen una nueva secuela o un reboot-, y el de la trilogía Matrix fue de ruido y furia. Lanzada apenas seis meses después de Matrix Reloaded, Matrix Revolutions se estrenó simultáneamente en más de 20.000 salas de 50 países, entre ellos, por primera vez en un evento semejante, China. Aparte de suscitar una espectación de por sí desaforada, el objetivo era evitar el pirateo informático de la película, una auténtica curiosidad para un relato protagonizado por un hacker devenido en salvador de la humanidad.

         A partir de lo sembrado en la anterior entrega, Matrix Revolutions se ve obligada a saldar la saga en un enfrentamiento épico que, a la postre, reduce su apelotonado repaso filosófico-espiritual a un duelo entre el mesías y su némesis, entre el yin y el yang, entre el bien y el mal. Un cuello de botella que, con no pocas contradicciones, filtra el conflicto entre la máquina y el ser humano acercando las posturas entre ambos -los sentimientos compartidos, como el amor, la solidaridad o la esperanza-.

Si algo destaca en el discurso de Matrix Revolutions como elemento esencial de la existencia humana es la fe. Depositar ciegamente toda esperanza de futuro en algo ajeno a uno de lo que no hay prueba empírica. A golpe de pura insistencia, el concepto alcanza su cima en este desenlace, con cotas de verdadero anuncio religioso. Como en Matrix Reloaded, Neo sigue vistiendo negra sotana mientras sus acólitos le profesan reverencia. Brazos en cruz, el Elegido, que ya encarnaba el universal anhelo del tipo corriente de descubrir que en realidad es un ser providencial llamado a grandes hazañas, inspira definitivamente a los habitantes de Zion para que cumplar su destino legendario -al que llegan paradójicamente por su elección particular, si atendemos al mensaje del filme-. Venida la hora, todos pueden ser héroes. Todos somos Neo, una vez más.

         Matrix Revolutions es una película narrativamente poco consistente y, sobre todo, escasamente imaginativa -cabría rescatar acaso la estación de metro o detalles como la lluvia sobre fondo verde que remite al código de la simulación-. La mitología de la serie, que a fin de cuentas es bastante sencilla, no da para más. Su argumento es el preámbulo, desarrollo y resolución de la batalla definitiva -mil veces vista-, la cual se libra desde lo cósmico -Neo contra Smith- hasta lo común y colectivo -Zion contra la invasión de las máquinas-. No es de extrañar que el relato continuase a través del videojuego, que después de esta conclusión semejaba su prolongación natural. Como si la hubiese contaminado el agente Smith, Matrix era ya mero espectáculo visual. Una pantalla en verde, vacía realmente de sustancia alguna.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

Matrix Reloaded

15 Ago

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Año: 2003.

Directoras: Lilly Wachowski, Lana Wachowski.

Reparto: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving, Harold Perrineau, Jada Pinkett-Smith, Anthony Zerbe, Lambert Wilson, Monica Bellucci, Adrian Rayment, Neil Rayment, Harry Lennix, Helmut Bakaitis, Gloria Foster, Collin Chou, Randall Duk Kim, Clayton Watson, Nona Gaye, David Roberts, Nathaniel Lees, Ian Bliss.

Tráiler

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          El boom de Matrix había sacudido inesperadamente a todo el globo, dejando una profunda huella en la manera de abordar y entender la relación entre los ciudadanos e incluso las entidades colectivas con el proceso de expansión de las tecnologias de la comunicación y la información, que colonizaban la vida privada y los espacios públicos. El fenómeno se había plasmado asimismo en los más de 450 millones de dólares de recaudación cosechados en todo el mundo. De ahí que, cuatro años después de la primera entrega, el estreno de Matrix Reloaded supusiera un auténtico acontecimiento internacional, además de una enorme presión para las hermanas Wachowski y su decisión sobre hacia dónde conducir una saga tan influyente en lo cinematográfico y lo sociológico.

          Matrix Reloaded aboga por el camino de la circunspección y la trascendencia -esto es, la pretenciosidad-, y amplía además el escenario mitológico de la serie mostrando los decorados y el funcionamiento de Zion -liderada, entre otros, por un consejero al que presta rostro Anthony Zerbe, quien ya había combatido con fuego a las máquinas en El último hombre… vivo-. Se insiste por tanto en ese existencialismo esencial que se planteaba en Matrix -el sentido de la propia vida, la discusión entre determinismo y libre albedrío, la naturaleza de la realidad-, al mismo tiempo que se consolida la configuración dual del conflicto místico -el Mesías y su Némesis; la eterna lucha entre el Bien y el Mal-, todo ello enredado en una maraña de referencias filosóficas que parecen aglomeradas de una forma un tanto difusa o arbitraria, dentro de un envoltorio de empalagosa espiritualidad cercana al new age -esa estética de la ciudad humana, la unión ecuménica de sus variopintas gentes, sus cuevas de estalactitas y estalagmitas y sus moradores vestidos con prendas de tejido orgánico y aficionados a la batukada-. Es paradigmática la conversación con el Arquitecto, donde el engolamiento y la sobreelaboración del diálogo trata de disimular la sencillez conceptual del asunto.

          En cualquier caso, este fondo trascendental aparece debidamente ribeteado, por supuesto, de un nuevo salto en la espectacularidad de una acción sustentada en buena medida en el impacto de los efectos especiales, que es la otra marca característica de la saga, a la misma altura que lo anterior y con un nivel de influencia idéntico.

Hay una evidente paradoja en la trilogía Matrix que ahora se extrema: su reflexión acerca de la progresiva virtualización de la experiencia colisiona con la intensiva digitalización de las escenas de acción y la dependencia del chroma y del ordenador para componer el fotograma. El efecto bala se redobla, las artes marciales tienen cada vez más vuelo, la persecución de la autovía sacrifica fisicidad artesanal en aras del más difícil todavía, sentando un precedente de referencia para los blockbusters de la década. Pero, ¿qué es una mierda de sicario incorpóreo al lado de la tangible rotundidad de Monica Bellucci? Ya no vale con un agente Smith, han de ser cientos. El espíritu de novelilla de ‘elige tu propia aventura’, que es lo que daba gracia al original, queda por el trayecto.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5,5.

Supersalidos

28 Jun

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Año: 2007.

Director: Greg Mottola.

Reparto: Jonah Hill, Michael Cera, Christopher Mintz-Plasse, Seth Rogen, Bill Hader, Emma Stone, Martha MacIsaac, Aviva Baumann, Joe Lo Truglio, Kevin Corrigan, Carla Gallo, Clement Blake.

Tráiler

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         No se dejen engañar por los títulos de crédito de aires setenteros que remiten a la nueva comedia americana, ni por las constantes de perdedores con obsesión sexual, de iniciaciones alcohólicas, de jerarquías de instituto y de coprolalia desatada que parecen confirmar las premisas de esta popular corriente humorística. Supersalidos, estandarte del bromance, es una canción triste de Nino Bravo. Un te quiero, una caricia y un adiós. Es la última ronda antes del lunes. La última mirada atrás al malecón de la playa antes del regreso de las vacaciones. El partido de homenaje del ídolo de tu infancia.

         La subversión de tópicos y paradigmas es evidente en el clímax: sacar al ser amado en brazos; la confesión de amor. La constatación de que siempre estamos fuera de hora, de que aunque por una vez venzamos a nuestra naturaleza desorientada y a nuestros impulsos reprimidos por toneladas y toneladas de códigos sociales, siempre vamos a destiempo. Hay una melancolía casi fordiana en ese desenlace, en esa manera de expresar la constatación de que un triunfo nunca es pleno, de que esconde tras de sí un fracaso del que, por desgracia, nos volvemos a percatar demasiado tarde, cuando es irreparable -aunque la funcional realización de Greg Mottola no exprime las evocaciones líricas y sentimentales del asunto más allá de lo que sucede ante la cámara-.

Por encima de la denuncia de que toda relación dentro de una sociedad estrictamente jerarquizada se construye desde una frustrante injusticia y crueldad -el “¡podemos ser ese error!” como significativa y demoledora declaración de esperanza-, Supersalidos manifiesta una lección existencial sobre que toda evolución, todo cambio personal, toda fase de maduración, implica una renuncia personal. Una despedida inexorable que, en realidad, es una traición a uno mismo. Detrás de las soluciones convencionales que aconseja el manual solo aguardan nuevos y peores problemas.

         La pareja de policías canallas tratan de advertírselo a McLovin durante su gran noche iniciática, en la que ejercen de chamanes chapuceros. Es un diálogo que -también tarde- los integra emocionalmente en una película a la que no parecían pertenecer. Sus herramientas humorísticas eran las mismas -incontención lingüística, escatología, fetichismos de la cultura popular…-, puesto que además uno de ellos está interpretado por Seth Rogen, que junto con Evan Goldberg es una de las almas creadoras de una obra que bebe en buena medida de sus recuerdos de amistad del instituto -y en la que incluso ceden sus nombres a los protagonistas-.

Pasados de extravagancia dentro de este retrato caricaturesco pero delicado, cariñoso y fiel de los profundos terrores y deseos de la adolescencia -esa época tan trágica como bochornosa, según desde el lado que se la mire-, hasta este último tramo habían operado como un cuerpo extraño, encajados entre la condición de subtrama de descanso y apuntalamiento del metraje, y el elemento exterior destinado a impulsar determinados giros de la historia. De la verdadera historia, que son las aventuras de Seth y Evan, desastres ambulantes y aliados contra el caos que conspira en su contra, en su búsqueda de la llave -el alcohol contrabandeado con un carné falso- que a priori les concede el acceso al tesoro final -el sexo con la chica de los sueños-.

         Aunque, como decíamos, esta historia, organizada desde los postulados de la odisea homérica, relato de los relatos, ni siquiera trata de eso. Dentro de su apariencia gamberra, de ritmos ágiles y ocurrencias delirantes, los diálogos y las situaciones van dando forma, poco a poco, a un cuidadoso perfilado de personajes -con el inestimable soporte de Jonah Hill y Michael Cera, amén del carismático Christopher Mintz-Plasse– y a una precisa, sentida e inusual indagación en la sensibilidad juvenil masculina. Un te quiero, una caricia y un adiós. Ligero equipaje para tan largo viaje.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 8.

Un profeta

10 Jun

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Año: 2009.

Director: Jacques Audiard.

Reparto: Tahar Rahim, Niels Arestrup, Adel Bencherif, Hichem Yacoubi, Reda Kateb, Jean-Philippe Ricci, Gilles Cohen, Pierre Leccia, Jean-Emmanuel Pagni, Slimane Daci, Taha Lemaici, Mohamed Makhtoumi, Frederic Graziani, Leïla Bekhti.

Tráiler

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         Las convulsas relaciones paternofiliales ofrecen una de las claves del cine de Jacques Audiard, al menos hasta la película aquí comentada. Están presentes en Mira a los hombres caer, Un héroe muy discreto, De latir mi corazón se ha parado e incluso, colateralmente, en Lee mis labios. También formará parte del fondo dramático de la reciente Los hermanos Sisters. En Un profeta, esta sombra planea sobre los vínculos que se establecen entre un joven de origen magrebí carente de cualquier tipo de raigambre familiar y el veterano gángster corso que rige los asuntos de la prisión con implacable mano de hierro.

De este modo, la historia tradicional del ascenso criminal de un joven aspirante -aquí ambientado entre rejas- se entrevera con esta tragedia íntima de maduración y rivalidad, que puede interpretarse hasta desde una perspectiva mitológica -bien en su consabido simbolismo freudiano, bien en su lectura hollywodiense, al estilo de Ha nacido una estrella– o igualmente desde una perspectiva social -las transformaciones en la composición étnica que convierten a la Francia contemporánea en un país volátil por su crisis de identidad o sus notorias corrientes de desarraigo-.

         Audiard filma los avatares en prisión del bisoño Malik desde un verismo nervudo, de una contención explosiva, que se combina en un plano casi de igualdad con la manifestación de los conflictos espirituales que atraviesa el protagonista, materializados estos principalmente en representaciones fantasmagóricas, además de por incursiones en lo onírico y el empleo de puntos de vista truncados por la sombra y el desconcierto. La música sirve asimismo para delimitar los estados de ánimo sin perjuicio de este estilo naturalista con el que se plasman los círculos de poder y sometimiento que rigen la vida en el encierro, así como su extensión en el exterior de la penitenciaria, en una sociedad francesa donde se duplican estos resortes de conflictividad racial y violencia.

         En definitiva, Un profeta no solo maneja con soltura los códigos clásicos del género, sino que también consigue revalidarlos con personalidad y fuerza, a pesar de que acuda de vez en cuando a recursos bastante manidos como determinados pasajes de la banda sonora o el uso de las sobreimpresiones. El retrato psicológico de los personajes está elaborado con rotundidad y soportado con potencia tanto por Tahar Rahim como, en especial, por un imponente Niels Arestrup, mientras que, en paralelo, la bulliciosa colección de acciones que contiene el relato y el pulso narrativo que le imprime Audiard hacen que la película sea realmente entretenida de ver.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8,5.

El jardinero fiel

5 Jun

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Año: 2005.

Director: Fernando Meirelles.

Reparto: Ralph Fiennes, Rachel Weisz, Danny Huston, Hubert Koundé, Bill Nighy, Gerard McSorley, Pete Postlethwaite, Donald Sumpter, Archie Panjabi, Richard McCabe, Anneke Kim Sarnau, Sidede Onyulo, Nick Reding.

Tráiler

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           “Gracias por el regalo que me has hecho”, se le ocurre decir, torpemente, al manso diplomático Justin a la impetuosa activista Tessa después de haber hecho el amor. El jardinero fiel es una película que trata de cómo un hombre adormecido recibe un presente de vida -más heredado o transmitido que regalado- e intenta honrarlo hasta las últimas consecuencias. Porque es un presente envenenado: la capacidad de estar despierto significa tener acceso una realidad en la que, precisamente, la vida es un bien que se depreda, que se mercantiliza.

           Basado en una novela de John Le Carré, en El jardinero fiel la trama romántica -la construcción retrospectiva de este romance entre personalidades contrapuestas- confluye, como parte de una misma corriente, en un relato de denuncia en forma de thriller político acerca de las prácticas criminales de la industria farmacéutica en el África subsahariana, apoyadas en la lógica de un ultracapitalismo amoral que hace fortuna, literal y figuradamente, en los modelos de neocolonialismo que perpetúan las relaciones de dominación entre la antigua metrópoli y su antiguo imperio.

Fernando Meirelles, que venía de inflamar el mundo con su retrato de la vida y la muerte las favelas brasileñas, combina las imágenes suaves del recuerdo con la textura dura que sucede al crudo golpe contra la verdad que experimenta el protagonista. Sin embargo, ambas vertientes ya se revelan parte de un mismo todo a partir de la inquietud de la cámara, de la apariencia de inmediatez e inestabilidad de la que se dota a los fotogramas. El verismo de la realización -aunque con detalles muy ligados a estilos del periodo y decididamente entregada a la gente a la que retrata- consigue otorgar autenticidad a las escenas filmadas a pie de calle en Kenia.

           El jardinero fiel configura una lucha prácticamente en pareja -aunque no coordinada, debido a la necesidad de imponer un trauma para agitar la conciencia del diplomático-, tal es la magnitud de la conspiración a la que se enfrentan. “El objetivo del demonio no es la posesa; somos nosotros… los observadores…, Y creo…, creo que lo que pretende es desesperarnos, hacernos rechazar nuestra propia humanidad, Damien; reducirnos, en definitiva, a un estado bestial, irremediablemente vil y putrefacto, carente de dignidad, asqueroso… Inútil. Tal vez esté aquí el meollo de la cuestión: la inutilidad. Pues yo creo que la fe en Dios no es cuestión de lógica; creo que, definitivamente, es una cuestión de amor; de aceptar la posibilidad de que Dios nos ama…”, reflexionaba el padre Merrin en una escena -eliminada- de El exorcista. El jardinero fiel es una rebelión desencadenada por el amor -primero hacia el ser amado, luego por extensión hacia la humanidad- que se enfrenta de forma suicida contra los descomunales poderes fácticos que mueven los hilos de un sistema plutocrático y globalizado. Si bien el romance no es particularmente profundo y termina por quedar algo descompensado, es un ingrediente útil y suficiente para que la combinación dote de emoción a la denuncia.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

Batman Begins

8 May

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Año: 2005.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Christian Bale, Liam Neeson, Katie Holmes, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Tom Wilkinson, Cillian Murphy, Ken Watanabe, Rutger Hauer, Mark Boone Junior, Linus Roach, Richard Brake, Jack Gleeson.

Tráiler

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         El desembarco del británico Christopher Nolan en la refundación de Batman sería uno de los sucesos más influyentes ocurridos en el cine comercial reciente. La Trilogía del Caballero Oscuro, que inaugura con Batman Begins y alcanza su cénit con la magnífica El caballero oscuro, decantará una nueva manera de abordar el blockbuster marcada por una búsqueda de madurez, gravedad y complejidad -temática y formal- que incluso, según sus detractores, tiende a caer en la afectada pretenciosidad y la megalomanía. De hecho, contra ella se opondrá la apuesta de la casa rival de DC Comics, Marvel, por la realización de producciones taquilleras de espíritu relajado y festivo, posmodernas y autoconscientes.

         Este hombre murciélago encarna así la solemnidad y la circunspección sobre la que se asienta el espectáculo. El viaje del héroe es interior, puesto que para él la salvación de Gotham mediante un verdadero acto de Justicia significa igualmente la sanación de las supurantes cicatrices de su espíritu, torturado por un complejo de culpa que se entreteje con la descomposición moral de la sociedad.

Dentro de este discurso, el guion, compuesto por el propio Nolan junto a David S. Goyer -que se convertirá en un hombre clave en este universo cinematográfico de la DC-, toma su inspiración en los traumas colectivos de la América del comienzo del milenio -el grupúsculo de fanáticos que atenta contra la megalópoli a la que consideran el Gran Satán, el cataclismo económico que anticipa con unos pocos años de antelación-, frente a los que la redención del joven Bruce Wayne adquiere, pues, tintes mesiánicos. El campeón providencial que Gotham necesita en estos tiempos turbios.

         El curso hacia el inevitable clímax de acción, la catársis típica del subgénero superheroico, queda así aderezada con detalles psicológicos y críticos que le aportan densidad a la función. Nolan domina el pulso narrativo con solidez, aunque sus cálculos creativos, frecuente objeción en su escalada hacia la monumentalidad, se pueden apreciar de manera evidente en puntos como la forzada introducción del humor.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

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