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El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford

13 Ago

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Año: 2007.

Director: Andrew Dominik.

Reparto: Cassey Affleck, Brad PittSam Rockwell, Paul Schneider, Jeremy Renner, Garret Dillahunt, Sam Shepard, Mary-Louise Parker, Alison Elliott, Kailin See, Michael Parks, James Carville, Ted Levine, Zooey Deschanel, Nick Cave.

Tráiler

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         El nombre de Jesse James figura, como protagonista o como aderezo, en al menos ocho decenas de producciones de cine y televisión, aparte de en incontables textos y canciones. Su hijo Jesse James Junior, que publicaría asimismo un libro de memorias sobre su relación con su padre, llegó a interpretarlo en alguna de ellas a principios de los años veinte. Jesse James es una de las figuras mitológicas de los Estados Unidos, cuyo relato se enuncia en términos de leyenda, elevado a símbolo de la vida libre del individuo al margen de las imposiciones del Estado, solo guiado por su código de honor y sus ideales irrenunciables.

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford plantea una reflexión acerca de la construcción del mito, de la naturaleza del monumento americano, de la creación de su leyenda a través de la cultura popular. Y como hiciera Balas vengadoras -con la que guarda unos cuantos puntos de conexión- para ello emplea, en paralelo o contrapuesto, al artífice de su muerte: Robert Ford.

         Hay una noción de fatalismo agónico que, de partida, impregna El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford. El cronista que recapitula los hechos, la fotografía difuminada, la narración que parte desde la muerte. La introducción sublima el recuerdo, la ascendencia que el héroe posee sobre su entorno, presente y futuro. De ahí la ruptura que supone a continuación la aparición de Ford, ya con la acción retrotraída a un pasaje de la vida del forajido. Se trata de una escena de apariencia casual, en la que se retratan acciones cotidianas y conversaciones triviales de la banda de asaltadores a la que acaban de unirse Charlie y Robert Ford. El aspecto formal es casi naturalista, si bien se trata de un naturalismo fuertemente estilizado, dueño de otro tipo de poética -el influjo de tintes malickianos de la iluminación, la niebla o el paisaje que captura la fotografía de Roger Deakins-. En él se encuadra a Robert Ford (Cassey Affleck), a quien se presenta como un joven más bien simplón, obnubilado y atraído por el magnetismo irresistible de una leyenda en vida, en cuyo culto es un destacado iniciado.

         En cierta manera, la idolatría de Ford, intermediada por la literatura barata de la época, recuerda al papel del escritor de Sin perdón, que desde su conocimiento fantasioso había de enfrentarse a la cruda y antiépica realidad del Oeste, según le enseñaba, desde su prosaica y cruel practicidad, ‘Little Bill’ Daggett. Este barniz desmitificador, que podía intuirse en esa citada -y matizada- aproximación desde el naturalismo, se traslada a determinadas convenciones cinematográficas -la inusual falta de aderezo en el sonido de los disparos, el torpísimo duelo en casa de Martha Ford, los tipos de sombreros…-, habida cuenta de que el cine es el vehículo de la mitología moderna, así como al retrato psicológico del presunto héroe romántico, a quien se muestra como un hombre torturado, dividido entre su celebridad absoluta y los pecados de sus actos, desesperado y dominado por pulsiones de muerte, de tendencias bipolares o cuanto menos ciclotímicas en sus arrebatos de brutalidad pavorosa y de seducción carismática. Es decir, un aspecto que tampoco se aleja de las contradicciones de los semihéroes de la mitología grecolatina, como Heracles.

“Es solo un ser humano”, acierta a observar Ford desde su desencanto apóstata. Esta mirada, en cualquier caso, se encuentra en permanente paradoja con el tono lírico y elegíaco del filme, en el que se descubren secuencias tan elaboradas como la llegada nocturna del tren, un juego de luz, tiniebla y ritmo que ofrece un destacado trabajo de tensión poética. Pero este tormento interno también está imbuido de mitología, puesto que se subraya la consciencia de James (un gran Brad Pitt) de que la muerte es un paso necesario en o para su condición legendaria. El pulso apagado, la gramática lánguida y la partitura doliente de Nick Cave y Warren Ellis componen esta espectral atmósfera de condenación y compadecimiento.

         Sin embargo, el asesinato de Jesse James es un acontecimiento que, de nuevo, devuelve el foco hacia Robert Ford, que es a quien realmente se refiere la narración en off, sobre quien converge el aspecto reflexivo de la obra. Sobre su correspondiente leyenda, representada igualmente en una traición oral y escrita que, no obstante, sufre una evolución diametralmente diferente, pues queda silenciada bajo el peso del tiempo, difuminada u oscurecida bajo la poderosa sombra del mito que perdura.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 8,5.

Planet Terror

30 Jul

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Año: 2007.

Director: Robert Rodriguez.

Reparto: Freddy Rodríguez, Rose McGowan, Bruce Willis, Marley Shelton, Josh Brolin, Naveen Andrews, Michael Biehn, Jeff Fahey, Michael Parks, Fergie, Quentin Tarantino, Tom Savini, Rebel Rodriguez, Electra Avellán, Elise Avellán.

Tráiler

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         Lo cierto es que, antes de que ambos materializaran su sesión doble de Grindhouse, Robert Rodriguez había afrontado la revisión del exploitation y de la serie Z de forma más decidida que su amigo Quentin Tarantino, y además de una manera más próxima a la naturaleza desaforadamente lúdica del submundo, con menos atención a la revisión erudita, posmoderna y cierto modo distanciada de su compañero de afición y aventuras. Abierto hasta el amanecer podía ser el emblema de ello: una mezcla de acción y terror vampírico, sabor tex-mex marca de la casa e ironía autoconsciente de estos nuevos tiempos. También su decisión posterior de hacer realidad Machete, uno de los paródicos tráilers filmados ex-profeso para esta producción compartida, e incluso de entregar una secuela de la misma.

         Siguiendo con esta premisa, la mitad que Rodriguez aporta a Grindhouse, Planet Terror, tiene la textura nostálgica que también exhibe, sobre todo en su primera parte, Death Proof. Esto es, los entrañables defectos o las estridencias de la fotografía, el montaje, el sonido y, por supuesto, el guion, incluidos aquí deficiencias deliberadas como una oportuna bobina de metraje perdida. La cutrez lavada, reensamblada y perfeccionada con el amor de un fan, aunque, quizás un tanto cínicamente, desde un talento y unos medios mayores.

Pero, en cualquier caso, la atención del realizador texano se centra más en el despendole argumental y la vorágine de acción de este survival apocalíptico con zombis, conspiraciones militares, pistoleros mexicanos mitológicos, violencia gore, erotismo soft y amor por la barbacoa.

         En consecuencia, Planet Terror no luce la fuerza visual de Death Proof ni busca dar un paso cinematográfico más allá a partir del añorado material de base, pero a fin de cuentas se mantiene como un entretenimiento simpático con un buen sentido del delirio y un apropiado tempo narrativo acorde a la libertad total para disfrutar, que es lo que Rodriguez y Tarantino tratan de reivindicar, cada uno a su manera, de este microuniverso perdido, queriblemente imperfecto.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

Death Proof

20 Jul

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Año: 2007.

Director: Quentin Tarantino.

Reparto: Kurt Russell, Sydney Tamiia Poitier, Vanessa Ferlito, Jordan Ladd, Tracie Thoms, Rosario Dawson, Zoë Bell, Mary Elizabeth Winstead, Rose McGowan, Monica Staggs, Marcy Harriell, Eli Roth, Quentin Tarantino, Michael Parks, James Parks, Marley Shelton, Jonathan Loughran.

Tráiler

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         Cuando Quentin Tarantino queda para ir al cine con un amigo, no lo hace como usted o como yo. Él llama a Robert Rodriguez y juntos se fabrican su propia sesión doble de cine de ‘grindhouse‘, aquel que al parecer devoraban en su adolescencia en programas delirantes de violencia, terror, sexo, estilazo setentero e ínfimo presupuesto -e incluso talento- cinematográfico. Un entretenimiento fetichista a medida. Porque ellos pueden. Con tráilers y todo de futuras películas como Machete o Hobo with a Shotgun.

         La aportación de Tarantino se concentrará en una golosina cocinada a fuego lento, enriquecida a través del cultivo de una atmósfera de fondo y formas setenteras -la trama correosa, el erotismo desinhibido, la estética del escenario y del vestuario, el celuloide sucio, la sabrosa fotografía, la cuidada banda sonora…-, así como de las conversaciones triviales marca de la casa abundantes en alusiones a la cultura pop y en el volcado de mil y una referencias que van desde clásicos ‘trash’ del periodo hasta onanistas autocitas. Con este material, el cineasta se sumerge en una producción que, al igual que el spaghetti western, hibrida homenaje y parodia; eso sí, siempre con devoción de sacerdote iniciado en el culto de una religión olvidada.

         En este camino, el goce de Tarantino alcanza cotas formalistas, más atento al estilo evocador -sobre todo en la primera mitad- que a las consideraciones del argumento, pues en su condición de fan mayor sabe que esto último es un aspecto que redondea el atractivo del conjunto, preferiblemente con importantes notas de color, pero que tampoco es prioritario. De ahí que, en esta pausada y concienzuda elaboración, similar a la del camarero que para desesperación del cliente se pasa media hora encorvado en posturas extrañas mientras añade los más insólitos aderezos a un gin tonic, a veces parezca que se ha olvidado de narrar su historia y que simplemente ha dejado en piloto automático su desarrollo para retormarla finalmente cuando ha pasado un tiempo suficiente para alcanzar el minutado de un largometraje.

         Pero quizás este detallista aspecto formal, que cambia abruptamente entre una parte y otra del filme -y que de en sí mismo resulta bastante estimulante-, pueda ser en realidad la pista para un análisis discursivo rematado por las diferentes conclusiones de cada segmento del relato. ¿Es esto una reflexión acerca de la evolución del papel de la mujer en el cine y, por extensión en la sociedad?

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

El hombre sin edad

22 Jun

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Año: 2007.

Director: Francis Ford Coppola.

Reparto: Tim Roth, Alexandra Maria Lara, Bruno Ganz, André Hennicke, Marcel Iures, Alexandra Pirici, Matt Damon.

Tráiler

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          El comienzo y el final de la filmografía de Francis Ford Coppola parecen tocarse a través de la experimentación y de la libertad creativa, marginal y casi, o aparentemente, indiferente a las consideraciones exteriores, si bien en este último trecho con el alivio económico de los prósperos viñedos californianos que posee el cineasta y empresario. Desde el estreno de Legítima defensa en 1997, diez años tardó en retomar la cámara el que, independientemente ya de lo que haga o deje de hacer, es uno de lo grandes titanes del cine contemporáneo -y eso en Estados Unidos, puesto que El hombre sin edad no llegó a España hasta 2012 y en formato DVD-. Y, después de esta dilatada espera, desconcertó con una película fragmentada y azarosa, recogida entre retazos de sueños, recuerdos e ilusiones, y fundada sobre profundas inquietudes filosóficas, religiosas e intelectuales.

El hombre sin edad se basa en la novela Tiempo de un centenario, del pensador e historiador rumano Mircea Eliade, pero el guion adaptado lleva, por derecho, la firma de Coppola. Desde los títulos de crédito y la introducción se pueden rastrear constantes presentes en su corpus. Los relojes como doliente símbolo de muerte de La ley de la calle, los océanos de tiempo atravesados para encontrar al ser amado de Drácula de Bram Stoker. Son las herramientas con las que se compone el drama del anciano profesor Dominic Matei, quien atravesado por un rayo en el Domingo de Resurreción de 1939, rejuvenece milagrosamente para, tal vez, poder completar la obra de su vida.

          Coppola sumerge el proceso sobrenatural en una textura onírica y ambigua, en la que se duda sobre la naturaleza del prodigio, sea concesión divina de una segunda oportunidad inesperada, sea frustrante condenación mitológica, sea alucinación póstuma, como el remordimiento del individuo que repasa su vida y ajusta cuentas consigo mismo que comparecía en la saga de El padrino. El curso inexorable del tiempo, la existencia que se escurre entre los dedos sin saber aprehenderla ni aprenderla, The End.

Entre hipermnesia iluminada, sueños lúcidos y dualidad psicológica y moral, Matei avanza hacia un dilema esencial, situado en la encrucijada entre la realización romántica o emocional y la realización intelectual o filosófica. El amor, el conocimiento. El sacrificio de la tragedia griega, el retrato de Dorian Grey, el eterno retorno, la metempsicosis, la filosofía oriental que subvierte la perspectiva y las concepciones occidentales acerca del tiempo y la materia. Cuestiones envueltas en un mundo igualmente inestable, al borde o abocado al abismo pero que, en cierta forma, parece conectado a la experiencia subjetiva del protagonista -su enfrentamiento con el doctor Rudolf y la sucesiva evolución de la guerra-.

          La poliédrica carga metafísica del argumento desemboca en lo que parecen ramales deshilvanados que se entremezclan con algunos problemas de coherencia narrativa, los cuales derivan en confusión fortuita y ocasional distanciamiento. El hombre sin edad es a ratos indagación existencial o ensayo reflexivo, a ratos cine de género, pero sin conjuntarse ambas partes demasiado bien.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6,5.

Kill Bill: Volumen 2

28 May

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Año: 2004.

Director: Quentin Taratino.

Reparto: Uma Thurman, David Carradine, Michael Madsen, Daryl Hannah, Perla Haney-Jardine, Gordon Liu, Christopher Allen Nelson, Michael Parks, Bo Svenson, Samuel L. Jackson.

Tráiler

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         Silenciosa y letal como un ninja, catana de Hattori Hanzo en ristre, la Novia irrumpe en la caravana donde Budd mora en medio del desierto. Un cañonazo de cartuchos de sal la repele sin paliativos.

Con excepciones -la formación heroica de Pai Mei, el breve lance a espada de la conclusión-, Quentin Tarantino cierra el díptico de Kill Bill cambiando de espíritu tutelar. Agotada la agitación melodramática del kung fu, se pasa a invocar la melancolía del fin de los tiempos propia del western crepuscular, acorde a la ambientación californiana y mexicana del filme -de nuevo con salvedades, como la aventura en China que recupera el estilo de la acción hongkonesa mediante recursos como la fotografía o los zooms-.

         De la coctelera de Tarantino sale un néctar de sabores más maduros y calmados, de degustación más reposada pero aún potente. Con menos estridencias que te saquen del disfrute. Y más intensa. Los duelos explosivos se reducen a uno y medio -la angosta pelea contra Elle Driver- mientras el tono elegíaco va apoderándose del relato a medida que este se acerca al desenlace, al jefe definitivo, a Bill.

Dentro de esta tendencia terminal, los apartes en blanco y negro encuentran su razón de ser. También se encuadra la mayor presencia del diálogo y el monólogo, donde Tarantino concentra su habilidad de contador de historias a través de la voz profunda de David Carradine, perfecta caja de resonancia para sus líneas de guion y buen contrapunto como gurú místico, como figura de referencia al término del viaje transformación.

         Kill Bill: Volumen 2 se detiene más en mirar al héroe que en la acción heroica, a ratos enturbiada además por un mundo desesperado del que manan el cinismo, el engaño o la resignación. Tras regresar transformada de entre los muertos, la heroína halla por fin su destino, cuya consecución supone siempre, en cierta manera, su propio final. Su extinción, completa o parcial. De ahí la sensación agónica de unas conclusiones que se resuelven prácticamente sin violencia. Al menos si se compara con el paroxismo cinético de la lucha contra los 88 maníacos.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 8.

Kill Bill: Volumen 1

25 May

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Año: 2003.

Director: Quentin Tarantino.

Reparto: Uma Thurman, Lucy Liu, Vivica A. Fox, Chiaki Kuriyama, Julie Dreyfus, Sonny Chiba, Gordon Liu, Jun Kunimura, Michael ParksMichael Bowen, Daryl Hannah, Michael Madsen, David Carradine.

Tráiler

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         Kill Bill es, esencialmente, una película de amor. No una película de género romántico, obviamente, sino un regalo arrobado de Quentin Tarantino a su musa, Uma Thurman. Tarantino construye para ella la cinta criminal de venganza sangrienta con la que ambos habían fantaseado mientras compartían el rodaje de Pulp Fiction. Y, en ella, entre piropos explícitamente verbalizados, la cámara de Tarantino se deleita filmando los ojos de Thurman, sus pies, su trasero.

Pero Tarantino es un cineasta polígamo que compagina esta adoración personal con otros fetiches privados, los cuales gravitan en torno a los universos paralelos de la cinefilia y la melomanía, principalmente. Habían transcurrido seis años de silencio desde que entregase su obra más contenida y depurada, Jackie Brown, y ahora, desde su dominante posición de cineasta de culto, iba a dar rienda suelta a sus anhelos cinéfagos, desaconsejablemente delirantes por momentos -como que se te ponga en la entrepierna presentar el filme con un proverbio klingon-.

         En concreto, en Kill Bill: Volumen 1 estas pulsiones provendrán fundamentalmente del cine de kung fu de los setenta y ochenta, evocado desde los títulos de crédito y su recordatorio de la Shaw Brothers. Tarantino abraza con idéntica glotonería y ceremoniosidad ritual toda la artificiosidad de este mundillo, desde los rasgos de su elemental trama -influidos por mil y una películas más del rape&revenge, de La novia vestía de negro a Desenlace mortal– hasta la coreografía de las monumentales, sobreelaboradas y paroxísticas set-pieces de La casa de las hojas azules. Estas se convierten así en un horror vacui de movimientos de cámara, danzas de artes marciales, guiños estético-tematicos nostálgicos -el color, el sonido, los objetos- y arranques musicales que, en su notoriedad y su estridencia -en especial los estrambóticos efectos sonoros-, dejan sin aire la escena. Desde un punto de vista ajeno al subgénero, quizás la fase de lucha de sombras proporcione cierto alivio lírico que, paradójicamente, estimule esta tormenta antes de la calma.

En la misma línea, mejor aplicación de esta hiperactiva cinética se extrae en los duelos individuales de la novia enfurecida contra sus principales rivales. Aparte de en su tradicional buen uso del montaje para dotar de ritmo e intriga al relato, es en estos lances caballerescos donde Tarantino vuelve a hacer gala de su maña como narrador, ya que luce una gran capacidad de síntesis para dibujar historias y relaciones -elementales pero con impacto- mediante apenas un par de pinceladas, si bien en el caso de O-Ren Ishii también se vale de un pasaje de animación que condensa en sí mismo toda la esencia y la potencia de la obra.

         Gracias a ello, obtiene una protagonista icónica, a la altura de sus deseos para con su musa.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

Un oso rojo

28 Mar

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Año: 2002.

Director: Israel Adrián Caetano.

Reparto: Julio Chávez, Soledad Villamil, Agostina Lage, René Lavand, Luís Machín.

Tráiler

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         Uno de los asuntos capitales del western es la dignidad. Con frecuencia, recobrar la dignidad olvidada es la única recompensa posible para el antihéroe westerniano, errante a través de una sociedad presuntamente civilizada en la que ya no tiene cabida. La prosperidad sedentaria o la felicidad del núcleo familiar estable son premios irremediablemente vedados. De ahí que el alejamiento hacia el horizonte o la inmolación altruista sean desenlaces propicios para sus desventuras. Una especie de triunfo dentro del triunfo imposible, pero igualmente de derrota dentro de la victoria. Raíces profundas es la obra que sintetiza el paradigma. El éxito reciente de películas como Drive prueba la vigencia que aún posee su intenso potencial dramático.

         Un oso rojo también asienta su relato sobre estos cánones y estos arquetipos, si bien su protagonista no es un eterno forastero, sino que su viaje proviene de un origen concreto: la cárcel. Aunque cabe reconocer que la mirada con la que Jean Arthur recibía a Alan Ladd en Raíces profundas dejaba flotando la idea de que Shane tampoco era precisamente un extraño, lo que iguala las cosas. Neonoir argentino de los turbulentos tiempos del corralito, Un oso rojo asume los códigos del género para eviscerar la miseria de un país -de hecho el empleo de los símbolos nacionales, aquí el himno, es similar al que hará cierto cine negro americano posterior al 2008, como ocurre en Mátalos suavemente, Dolor y dinero o Comancheríay exponer su influencia condenatoria sobre segmentos vulnerables de la sociedad, en este caso la familia de este asaltador que ha encontrado como pater familias sustitutorio a otro individuo con idéntica falta de futuro a la de él mismo.

Pese a los atisbos de redención que impone el relato, Adrián Caetano, director y guionista, no hace víctimas a los hombres, cuya naturaleza está teñida por el claroscuro, y sí a las mujeres -madre e hija, secuestradas por el infortunio-. Con todo, en este bosquejo de duelo de machos, Caetano enfatiza -probablemente con excesivo celo- la superioridad paternal, viril e incluso moral del expresidiario.

         El filme posee esa cierta melancolía lacónica del polar francés, así como un pesimismo propio del cine criminal de la Gran Depresión, otro instante de desconcierto económico en el que la verdadera violencia no proviene de los individuos que tratan de sobrevivir en el arroyo con todos los medios a su alcance, lícitos o ilícitos, sino del contexto social que los ahoga. La reutilización de preceptos del cine negro se extiende a los símbolos visuales, como las vallas que, desde la puesta en escena, insisten en separar al protagonista de aquellos a los que quiere.

Un oso rojo no es una cinta en absoluto sorprendente, pues. Pero sí es una cinta que asimila bien sus herencias, que está narrada con solvencia y que cuenta con la participación de actores de mucha entidad como Julio Chávez, cuya presencia en el plano es descomunal, o Soledad Villamil, que ofrece un perfecto contrapunto de sentido trágico y también, a su propia manera, de fuerza.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

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