Tag Archives: Las mil y una noches

El viaje fantástico de Simbad

7 Oct

.

Año: 1973.

Director: Gordon Hessler.

Reparto: John Phillip Law, Tom Baker, Caroline Munro, Douglas Wilmer, Martin Shaw, Kurt Christian, Takis Emmanuel, David Garfield, Aldo Sambrell, Grégoire Aslan, Robert Shaw.

Tráiler

.

          El destino es el leit motiv de El viaje fantástico de Simbad, un elemento sobrehumano capaz de igualar al héroe y al villano, guiados ambos por su sino trascendental pero, en cualquier caso, no exentos de poder para influir en su camino por medio de sus acciones.

Probablemente de ahí mane una de las grandes virtudes del relato: ese malvado trágico que, en una actitud digna de absoluta empatía, paga un precio de terribles sufrimientos y sacrificios personales para tratar de dar cumplimiento a sus sueños. Un anhelo que, precisamente, manifiesta el protagonista para seguir las premoniciones que se le aparecen desde una dimensión onírica.

          El de El viaje fantástico de Simbad -segunda entrega de la trilogía sobre el legendario marinero de Las mil y una noches confeccionada por Ray Harryhausen, quince años después de Simbad y la princesa– muestra a un aventurero más pícaro y arrojado, en constante búsqueda de la última frontera, de la experiencia más grandiosa posible, de la emoción y la gloria. Enfrente, queda un antagonista taciturno y oscuro, que ni siquiera se comporta de forma terrible hacia su entorno, sino que se esfuerza, se consume y pugna penosamente para alcanzar la meta final. John Phillip Law y Tom Baker, respectivamente, cumplen a la perfección con sus papeles. En especial el último, a quien su interpretación le abriría las puertas para convertirse en el cuarto Doctor Who.

          El viaje fantástico de Simbad posee un libreto posiblemente más consistente que el de su predecesora -a pesar de guiños a la época como ese jovenzuelo de pelo afro y gusto por el hachís y los instrumentos de cuerda que trata de ejercer de alivio cómico- y, de nuevo, las criaturas de Harryhausen cautivan la imaginación y maravillan, con ejemplos como esa hipnótica y terrible diosa Kali. Aunque más físico todavía es el poderoso erotismo que despierta Caroline Munro, enfundada en sus sensuales trajes de seda.

En cambio, la realización de Gordon Hessler es chapucera, cercana por momentos a un producto de televisión de escaso presupuesto, con horripilantes planos, zooms y tomas inestables. Un trabajo a punto de desmontar la sugerente fantasía oriental que, aun con todo, logra invocar la función.

.

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Simbad y la princesa

4 Oct

.

Año: 1958.

Director: Nathan Juran.

Reparto: Kerwin Mathews, Kathryn Grant, Torin Thatcher, Richard Eyer, Alfred Brown, Harold Kasket.

Tráiler

.

         Los monstruos se mueven en Dynamation. Sus movimientos titilantes y amenazadores, de una fisicidad imponente y terrible, escarban en la misma médula de la pesadilla, que no es precisamente un espacio realista, sino un mundo inquietante donde todo está sublimado en negativo, en el que la irrupción de elementos ilógicos revienta en mil pedazos los límites del confort que proporciona lo conocido, lo cotidiano, lo lúcido. Es una sensación que los cíclopes de Simbad y la princesa me dejaron impresa a fuego en las profundidades de la imaginación. Su furia, su violencia, su desesperación, sus bramidos.

         Con Simbad y la princesa, proyecto largamente acariciado, Ray Harryhausen, mago de los efectos especiales, ensayaba un giro esencial en su carrera al dejar atrás las aventuras de ciencia ficción para, en cambio, priorizar la recreación de leyendas y cuentos de la literatura universal. De hecho, esta será la primera entrega de sus hazañas sobre el intrépido marino de Las mil y una noches, a la que seguirán El viaje fantástico de Simbad y Simbad y el ojo de tigre -aparte de ese Simbad en Marte que quedaría por el camino-. Es, además, su exploración definitiva de las posibilidades del cromatismo sobre sus criaturas, puesto que es la primera película totalmente en color en la que participa.

         Aunque originalmente titulada El séptimo viaje de Simbad, el argumento toma elementos del tercero -el cíclope- y el quinto -el roc- para desarrollar esta lucha entre el bien y el mal que enfrenta al noble marinero frente al siniestro hechicero Sokurah y su ambición de poseer la lámpara maravillosa, que se halla en la misteriosa isla de Colosa. Es decir, un relato de mimbres clásicas e incluso ingenuas, como se percibe en algunas inconsistencias del guion, supeditado al avance dinámico de la trama, o en la construcción arquetípica del villano -¿cuál es su motivación última en realidad?-, el cual cuenta con la teatralidad a juego de Torin Thatcher.

A partir de ello, el filme desarrolla un poderoso sentido de la aventura y de la fantasía, impulsado, por supuesto, por la creatividad de Harryhausen para diseñar e insuflar vida a sus criaturas, aunque sin que la narración quede sometida por completo a su exhibición, como ocurre en algunas ocasiones. Nathan Juran -que ya había dirigido otra cinta con efectos del británico, El monstruo de otro planeta, y que repetirá de nuevo en La gran sorpresa– mantiene firme el pulso narrativo y Bernard Herrmann suma una atractiva y briosa banda sonora a un conjunto encantador.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

Simbad el marino

26 Abr

.

Año: 1947.

Director: Richard Wallace.

Reparto: Douglas Fairbanks Jr., Maureen O’Hara, Anthony Quinn, Walter Slezak, George Tobias, Jane Greer, Mike Mazurki, Alan Napier.

Tráiler

.

          Simbad el marino es el relato que un pícaro mentiroso narra ante una audiencia embelesada por su capacidad creativa; puro arte de contador de historias ante el evocador fuego de la hoguera. Es el aventurero que recompone, probablemente sobre la marcha, los hechos de su propia aventura. Él es el protagonista de la aventura, pero también es la aventura misma en el sentido de que es él quien la engendra, bien por su vivencia, bien por su invención. “¡Simbad es fantástico!”, exclama el propio navegante en un revelador coqueteo con la polisemia.

          Su talento de cuentista tiene mucho de cinematográfico, pues el cine es, en buena medida, la literatura oral materializada en imágenes fabulosas y evanescentes, tan ficticias e inaprensibles como la propia palabra que construye y reconstuye mundos imposibles, existentes en otra dimensión que no es la nuestra. Se podría emplear un clásico inmarcesible, Las aventuras del príncipe Achmed -perteneciente también a la esfera legendaria de Las mil y una noches-, para arrojar un eslabón que una el vacío entre la teatralización en torno al fuego -todo verbo, gesto y sombras- y su proyección en el séptimo arte, que es de nuevo un juego de luz y sombras.

Pero, siguiendo una idea que sintetizaba J.M. Barrie en Peter Pan, estos dos universos de la ficción y la realidad poseen puntos comunicantes, puesto que, desde el momento en que lo que ocurre en un mundo imaginario afecta a quien lo concibe, disfruta o sufre, la fantasía influye y modifica la realidad.

          “La pasión es la que convierte los sueños en realidad”, señalan en Simbad el marino. Es la pasión con la que Simbad colorea sus hazañas lo que permite que se conviertan en fotogramas e, incluso, que alcancen un desenlace determinado. De hecho, Simbad el marino refiere un “octavo viaje” que, por tanto, es ajeno al ciclo tradicional que comprende la mitología del personaje. Además, durante esta odisea en busca del tesoro de Alejandro Magno en la esquiva isla de Dariabar, Simbad demostrará que la magia solo son simples trucos que conforman una ilusión que depende del espectador que la contempla. Es el espectador, pues, el que convierte la ilusión en realidad.

          A diferencia de posteriores recuperaciones del personaje -en especial aquellas animadas por otro mago, Ray Harryhausen-, este octavo viaje de Simbad no está poblado de monstruos y abominaciones que amenazan la vida del héroe. En este periplo, el monstruo tiene siempre rostro humano, envilecido por la ambición y la codicia. Son individuos, en definitiva, cegados por lo material, por lo tangible, y que no son capaces de percatarse de que lo auténticamente valioso se halla en una dimensión interior e inmaterial. Ilusoria, por así decirlo, mas con un impacto perfectamente perceptible en la existencia humana.

          Cabe decir el que desarrollo del filme tampoco alcanza la altura que proponía la introducción. Una vez que embarca Simbad, la aventura parece estancarse en aguas mansas, por más que el acrobático Douglas Fairbanks Jr., heredero de su padre, despliegue toda una galería de aspavientos sacados del baúl del cine mudo. Simbad el marino permanece no obstante como un cuento ilustrado a todo color y con decorados inauditos, un tebeo repleto de malvados crueles y serpentinos donde el protagonista, de naturaleza antiheroica, completa un itinerario inspirador que le conduce al conocimiento de la moral sin perder su sonrisa, su entusiasmo. Sin perder la ilusión que se encuentra en el espíritu de la aventura que vive o que relata. La verdad, en definitiva.

.

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7.

El ladrón de Bagdad

4 Feb

“El arte de hacer películas consiste en asomarse al borde de la bancarrota y mirarla fijamente a la cara.”

Alexander Korda

 

 

El ladrón de Bagdad

 

Año: 1940.

Directores: Michael Powell, Ludwig Berger, Tim Whelan.

Reparto: John Justin, Sabu, June Duprez, Conrad Veidt, Rex Ingram.

Tráiler

 

 

            Desde su llegada a Reino Unido en 1931, el productor de origen magiar Alexander Korda había conseguido labrarse una importante reputación desde la creación de su compañía London Films, a través de la cual intentará alcanzar el sueño, finalmente infructuoso, de erigir un Hollywood paralelo en las islas británicas y de la que surgen filmes de gran calidad y popularidad como La vida privada de Enrique VIII o Rembrandt, dirigidas por él mismo, y La pimpinela escarlata o Las cuatro plumas.

Es en 1939 cuando Korda establece una alianza artística con el director británico Michael Powell y el guionista, también de raíces húngaras, Emeric Pressburger, un dúo perfectamente coordinado, productivo e ingenioso que andando el tiempo fundará su propia productora, The Archers, con el sobrenombre de la pareja.

            Producida casi al mismo tiempo que sus dos primeras cintas, El espía negro y Espías en el mar, alimenticias, de guerra y espionaje, temas populares en estos tiempos prebélicos, El ladrón de Bagdad, filmada a seis manos por Powell, Ludwig Berger y Tim Whelan, junto con colaboraciones de Vincent y Zoltan Korda, hermanos de Alexander, se convertirá en todo un clásico de aventuras, de enorme influencia posterior.  

            Pese a conocer una versión ya en 1924, nada menos que protagonizada por Douglas Fairbanks y dirigida por Raoul Walsh, El ladrón de Bagdad de Korda se desmarca de ella por medio de numerosas variaciones argumentales –el ladrón y el príncipe no son el mismo personaje, por ejemplo-, componiendo una fantasía oriental que entremezcla tramas y roles procedentes de Las mil y una noches y con un esquema que parece recordar más, incluso, a Las aventuras del príncipe Achmed, una de las maravillas del teatro de marionetas y sombras hecho cine de la alemana Lotte Reiniger.

Aquí, comenzando in media res, el príncipe Achmed, caído en desgracia por las confabulaciones del malvado visir Jaffar y sus artes mágicas (Conrad Veidt, ya habitual del grupo y experto en antagonistas desde tiempos del expresionismo), trata de recuperar a su princesa amada (June Duprez, estrella de la productora tras Las cuatro plumas) y a su pueblo con la ayuda de Abu (Sabu), un pícaro ladronzuelo, guía del apuesto príncipe en su despertar a la realidad –esclarecedora, pues, su transformación posterior en perro lazarillo-, representación de la vida y las virtudes de la imaginación y la lealtad, y estrella de la función por méritos propios, al que se le concede una buena ración de protagonismo a través de la inclusión de interludios de aventuras en solitario.

            La influencia de Walt Disney, por el que Powell sentía una gran admiración, queda patente en el extraordinario colorido de la fotografía de George Perinal, así como en la aparición de puntuales números musicales, en una barroca e imaginativa escenografía, refulgente pero también tomada por sombras y oscuridad en ciertos momentos, y en el ritmo trepidante de una acción en la que, literalmente, no dejan de suceder cosas, lo cual compensa otros aspectos más envejecidos de la cinta -sin entrar a valorar unos meritorios efectos especiales, con su audaz empleo del croma pero con las limitaciones propias de finales de los años treinta, reflejo a su vez de cómo la sencillez y pureza de una obra como la de Reiniger tiene más posibilidades de sobrevivir al tiempo que los aparatosos fuegos artificiales-, como son el sobreabuso de la ininterrumpida banda sonora -por mucho la firme Miklos Rosza y contenga destacables pasajes-, esas arrobadas declamaciones mirando al infinito o la cierta ingenuidad del argumento tan disneyana también, si bien no del todo desagradable y acorde con su tono general.

            En un caso de influencia recíproca, la todopoderosa Disney cobraría su parte en el uso de no poca de la imaginería de El ladrón de Bagdad en su futura Aladdin.

Premiada con tres Oscars.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

Las aventuras del príncipe Achmed

15 Ene

“El cine reúne en sí mismo otras muchas artes. Posee características de la literatura, así como connotaciones propias del teatro, un aspecto filosófico y rasgos extraídos de la pintura, de la escultura y de la música.”

Akira Kurosawa

 

 

Las aventuras del príncipe Achmed

 

 

Año: 1926.

Directora: Lotte Reiniger.

Tráiler

 

 

            La práctica totalidad del ocio humano se divide en dos facetas: la actividad física que no sirve a objetivos de supervivencia, semillero de juegos y deportes, y la evocación y relato de hechos memorables o ejemplarizantes, de donde surgen artes como la literatura, el teatro y, por supuesto, el cine.

Esa narrativa, cuando recibe su calificativo de arte auténtico, atraviesa los siglos y las culturas permaneciendo invariable en su fondo, universal, imperecedero, que apela a emociones y sentimientos comunes a toda la raza humana. Mutan en cambio sus formas, generalmente accesorias, sin necesidad de grandilocuencia alguna más allá de conservar la capacidad de sugerencia, de hechizar la atención y la imaginación del oyente, que posee intrínseco el relato.

            Las aventuras del príncipe Achmed demuestra cómo unas formas sencillas pueden albergar, magnificando incluso, una historia apasionante desde su clasicismo: el bien y el mal en lucha eterna por la hegemonía del mundo; la aventura del héroe, su viaje iniciático de madurez y amor a través de la resolución, gracias al ingenio y el valor, de todo tipo de problemas y peligros temibles, misterios asombrosos y recompensas inmortales.

Lotte Reiniger impregna el encanto de las fábulas de Las mil y unas noches, como ya había logrado y logrará con cuentos clásicos de la tradición occidental –Cenicienta, La bella durmiente, Pulgarcita, Hansel y Gretel,…-, a unas siluetas recortadas en cartón y plomo, influjo del antiquísimo arte de las sombras chinescas y el teatro de marionetas orientales. Figuras minuciosamente talladas a partir de formas estereotipadas de la literatura infantil –el príncipe, el hechicero, la princesa,… con sus rasgos fisiológicos característicos- dotadas de una expresividad sorprendente, capaces de trasladar a su audiencia a mundos remotos y exóticos mediante instrumentos sencillos como la apabullante música de Wolfgang Zeller y la escenografía y fondos de colores pastel creados por Walter Ruttmann, pintor de profesión que, por su parte, impondría poco después con Berlín: Sinfonía de una ciudad una revolución artística en el documental.

            Una sencillez que lo convierte en una obra eterna, independiente de su formato cinematográfico. Mágica, hipnótica, emocionante. Inigualable.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 9.

A %d blogueros les gusta esto: