Trenes rigurosamente vigilados

4 Dic

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Año: 1966.

Director: Jiří Menzel.

Reparto: Václav Neckář, Josef Somr, Vlastimil Brodský, Jitka Bendová, Vladimír Valenta, Jitka Zelenohorská, Libuše Havelková, Naďa Urbánková, Jiří Menzel.

Filme

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         Bohumil Hrabal murió a los 82 años tras caer de un quinto piso cuando estaba dando de comer a las palomas. Nunca pudo aclararse si se trató de un accidente o de un suicidio, pero el suceso bien podría definir el sentido del humor que caracteriza su obra literaria, en la que lo absurdo se encuentra con lo trágico en mitad de la vida cotidiana de unas personas perfectamente corrientes y molientes.

Ni siquiera podrá alterar esta constante la ocupación nazi de Checoslovaquia durante la Segunda Guerra Mundial, telón de fondo de Trenes rigurosamente vigilados, probablemente su novela más popular gracias al Óscar a la mejor película extranjera que cosechó su adaptación al cine, llevada a cabo por Jiří Menzel, un cineasta que entregaba aquí su primer largometraje y que, precisamente, hará del corpus del escritor moravo una de las piedras angulares de su filmografía -su segmento anterior de Las perlas del fondo del agua, Alondras en el alambre, Tijeretazos, La fiesta de las campanillas verdes, Yo serví al rey de Inglaterra-. El propio Hrabal colaborará estrechamente en la confección del libreto.

         Un beso sin consumar a los pies de los raíles, mientras el tren aleja los labios de la amada, bien sirve para sintetizar las inquietudes que azoran la mente del joven Miloš, aprendiz de guardavía y heredero de una estirpe de vagos redomados. Este es el improbable héroe que protagoniza Trenes rigurosamente vigilados, una comedia de tiempos de guerra -en concreto, en los de la “estratégica” y “excelente” retirada de los ejércitos alemanes que ya huelen la derrota- y en la que uno parece encontrarse de improviso con el espíritu de Luis García Berlanga, aunque extrañamente pasmado por una turbación erótica adolescente no resuelta, en mitad de un decorado casi desgajado del tiempo y el espacio, casi surrealista, pero que sin embargo recorren unos convoyes que van de un lado a otro de la masacre. Es una atmósfera extraña, a veces como de duermevela, sumergida en una obnubilación en blanco y negro.

         Porque, en realidad, el sexo es la fuerza alrededor de la cual gravitan sus pintorescos personajes, sin distinción de género -sorprende hoy la sana igualdad con la que hombres y mujeres experimentan las calenturas de la carne-. El texto vierte sobre ellos un humor afilado y entrañable que, a la postre, desnuda la insensatez y el ridículo de la barbarie. En un relato con semejante trasfondo de resistencia contra el monstruo, los momentos más solemnes se conceden a la ‘coronación’ con el gorro del uniforme del chaval, tremendamente comprensible en su vulgar zozobra romántica, y a su primera consecución con éxito de la misión. Al igual que la guerra, la épica, por más que sea la del bando de los buenos, no tiene sentido.

La humanidad de Trenes rigurosamente vigilados, sutil y profunda tras su engañoso y subversivo desenfado, revela al individuo común como víctima de los inmisericordes y esperpénticos acontecimientos históricos, movidos si acaso por absolutos botarates con ansia de vana gloria.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 9.

Omagh

2 Dic

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Año: 2004.

Director: Pete Travis.

Reparto: Gerard McSorley, Michèle Forbes, Pauline Hutton, Fionna Glascott, Ian McElhinney, Alan Devlin, Stuart Graham, Kathy Kiera Clarke, Peter Ballance, Frankie McCafferty, Michael Liebmann, Brendan Coyle, Lorcan Cranitch, Brenda Fricker, Jonathan Ryan, Paul James Kelly.

Tráiler

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         Realizador más bien desapercibido hasta entonces, Paul Greengrass catapultaría su carrera después de que el docudrama Bloody Sunday (Domingo sangriento) cosechase el Oso de oro en Berlín, compartido con El viaje de Chihiro. Antiguo periodista, siempre interesado por la tragedia que se rastrea en turbulencias reales, Omagh es una película para televisión que bien podría componer un díptico con la anterior, pues registra, como indica su título, el atentado más sangriento del conflicto norirlandés, con el añadido de que ocurrió tras el Acuerdo del Viernes Santo, los cimientos de la paz en Irlanda del Norte -eso sí, en caso de que no se reaviven las hostilidades al calor del regreso del ultranacionalismo, manifestado a través del Brexit y el Nuevo Ira-.

         Aunque aquí firma el guion junto a Guy Hibbert, mientras que la dirección queda en manos de Pete Travis, la impronta del estilo de Greengrass es evidente en un dispositivo visual que posee la estética urgente y sin filtrar del documental, mediante la cual se capturan los hechos desde una aproximación a pie de calle en la que la cámara, como si se tratase de un personaje más sorprendido en el escenario, observa lo cotidiano -que puede ser tanto preparar un coche bomba como acercarse al centro de la ciudad a comprarse unos vaqueros-.

En consecuencia, predominan las composiciones de apariencia inmediata, los planos trabados, los enfoques de teleobjetivo. Un aspecto, este último, que en cierto modo puede comprometer el naturalismo puro del planteamiento, porque, al fin y al cabo, no deja de ser una huella de que hay detrás alguien presente, grabando, interfiriendo. Con todo, el manejo del ritmo del montaje, en aceleración progresiva, pausa y caos, resuelve con fuerza la plasmación del atentado, al mismo tiempo que las reacciones posteriores de los personajes, zarandeados por ese desconcierto, quedan cargadas de emoción.

         No obstante, estas formas dejarán de ser eficientes después de la transición de Omagh hacia un drama de estructura más tradicional. De hecho, el lenguaje empleado por Travis terminará por ser híbrido, contaminado por la progresiva utilización de una gramática más clásica, que incorpora incluso elipsis explicadas con intertítulos -es decir, recursos por completo artificiales-.

La mezcolanza no funciona demasiado bien en ese retrato de un trauma imposible de borrar, de las dificultades de pasar página, de la indefensión del ciudadano común frente a los intereses estatales y de la imposibilidad de la justicia en la barbarie -temas que recuerdan al cine de entornos bélicos de Senderos de gloria, Rey y patria o Consejo de guerra-. En cualquier caso no dejan de ser facetas interesantes e ilustrativas acerca de la turbiedad de las cloacas del Estado.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

El Mesías

30 Nov

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Año: 1975.

Director: Roberto Rossellini.

Reparto: Pier Maria Rossi, Mita Ungaro, Raouf Ben Amor, Luis Suárez, Hedi Zoughlami, Carlos de Carvalho, Toni Ucci, Antonella Fasano, John Karlsen, Jean Martin, Yatsugi Khelil, Vittorio Caprioli, Vernon Dobtcheff.

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         No hay milagros en El Mesías de Roberto Rossellini. No hay ecos solemnes, ni coros celestiales. Por no haber, apenas se cuentan con los dedos de la mano los primeros planos. El Mesías de Roberto Rossellini está desprovisto de todo énfasis cinematográfico o dogmático, integrado en planos medios en condición de igualdad con la gente que, en un escenario naturalista, realiza sus quehaceres cotidianos. Que amasa la harina, que repara las redes de pesca y los aperos de labranza, que levanta un muro de barro. Sobre la tierra escueta en dones, bajo el imponente cielo raso, entre el trisar de las golondrinas. Ahí se enmarca su prédica, que Jesús enuncia con idéntica sencillez y humildad.

         Desde este alejamiento de la ceremoniosidad religiosa, la épica histórica y las convenciones narrativas, El Mesías surge como uno de los filmes que probablemente más se aproximen a la dimensión humana de Cristo. Un Cristo revolucionario en su mensaje de igualdad, de paz, de respeto, de amor por encima de todas las cosas. Un Cristo que rechaza la corrupción aparejada al poder político y económico, patrimonio de una minoría privilegiada y, en consecuencia, corrompida -un idealismo que, por tanto, no queda demasiado lejos del manifestado por otro autor italiano y además comunista, el de El evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini-. De ahí la relevancia que, desde esta perspectiva de base, Rossellini le entrega a la palabra, al mensaje que trata de hacer calar. La exposición incisiva y clara de las parábolas, las polémicas con los apóstoles, la relación dialéctica y personal que se traba entre Juan Bautista y Herodes Antípatro -quizás la más cargada de emoción del filme, en un sentido tradicional-.

         Esta desnudez, esta distancia respetuosa de un cineasta agnóstico que entregaba por encargo su última contribución al séptimo arte, no siempre funciona a la perfección. Por momentos, El Mesías parece una frugal ilustración del Nuevo Testamento -que Rossellini ya había abordado en la miniserie Los hechos de los apóstoles-. Y ni siquiera bonita, dada la fotografía televisiva, los movimientos de cámara y los acercamientos y alejamientos con el zoom que de vez en cuando traza la cámara. En significativo contraste, destacará la mayor elaboración formal, de tintes pictóricos en la composición y la luz, con la que recogerá la Piedad.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 6,5.

Martin Eden

27 Nov

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Año: 2019.

Director: Pietro Marcello.

Reparto: Luca Marinelli, Jessica Cressy, Vincenzo Nemolato, Marco Leonardi, Denise Sardisco, Carmen Pommella, Carlo Cecchi, Autilia Ranieri, Elisabetta Valgoi, Pietro Ragusa, Savino Paparella, Vincenza Modica, Giustiniano Alpi, Lana Vlady.

Tráiler

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         “Ser intelectual genera un montón de preguntas y ninguna respuesta”, reflexionaba con pesimismo Janis Joplin, a quien las tribulaciones de su mente, agitadas por el éxito y sus vacíos, conducirían a buscar refugio en unas drogas que, finalmente, acabarían por matarla con apenas 27 años. Jack London reescribiría parcialmente su vida -el acérrimo individualismo del héroe no es suyo, sino una mirada crítica hacia esta voluntad por culpa de la cual el personaje queda desligado de la realidad de su tiempo- en una novela de formación, Martin Eden, protagonizada por un rudo marinero que, alentado por su amor hacia una chica burguesa de California, se reinventa a sí mismo como escritor ilustrado y a la postre famoso, que no autorrealizado o completo.

         En su segundo largometraje de ficción, Pietro Marcello traspone el relato de London a una Italia meridional relativamente indeterminada, de tensiones políticas y sociales propias de comienzos del Novecento, pero con detalles estéticos volubles, que parecen trazar un arco secular. Ni siquiera la mención a una “guerra” podría considerarse una referencia cronológica tajante, sino más bien alegórica, dentro de esta tendencia abstracta, casi atemporal. En la misma línea, el cineasta jugará con los fotogramas y las variaciones formales para introducir insertos documentales -algunos procedentes de su propia filmografía- que expresan, envueltos en un velo poético con tibios tintes surrealistas, los procesos internos de Eden.

         Este es el principal hallazgo de un filme que explora las inquietudes existencialistas de un hombre al que esa idealizada cultura y conocimiento no le aporta consuelo, sino desasosiego, desencanto y desesperación. Un hombre, pues, que se hace y se destruye a sí mismo. El recorrido tenazmente autodidacta y convulsamente emocional que traza Marcello, a la sazón coautor del libreto, es menos hábil para dotar de consistencia narrativa al desarrollo del personaje. Por más que lo introduzca constantemente en escenas de elevada crispación, estas descargas de electricidad no siempre consiguen arrojar de forma natural a Eden matices, contradicciones y complejidad. Se aprecia ese irreparable conflicto de clase, su obsesiva lucha de superación, pero queda deslavazada -y artificial en último término- en cuanto a esa desvinculación suya hacia los movimientos colectivos a pesar de su compromiso social, así como en la definitiva explosión de su angustia y su tragedia en el tercer acto.

         Con su convencida interpretación, Luca Marinelli se alzaría con la Copa Volpi en el festival de Venecia.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6,5.

Ema

22 Nov

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Año: 2019.

Director: Pablo Larraín.

Reparto: Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Paola Giannini, Santiago Cabrera, Giannina Fruttero, Paula Luchsinger, Paula Hofmann, Antonia Giesen, Josefina Fiebelkorn, Mariana Loyola, Susana Hidalgo, Catalina Saavedra.

Tráiler

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          Un semáforo en llamas solo puede significar el fin del orden establecido, la destrucción de los caminos marcados.

          Caderas cimbreantes, lanzallamas en mano, la Ema de Ema se arroja a una triple rebelión: de género, de clase y de cultura. Contra las imposiciones del macho acomplejado, frente al sistema que arrincona a los de su extracción y naturaleza, ante el elitismo ignorante y prejuicioso que mira por encima del hombro las manifestaciones del arte popular.

En una odisea excesiva, delirante y genial, Ema se lanza a corromper las representaciones de estas barreras -la pareja tóxica, el privilegiado, la danza de prestigio- mediante una subversión -la independencia sin cortapisas, la devastación de los códigos tradicionales, el reggaetón descarado- que, a causa de su potencia irrefrenable, se lleva por delante los tabúes y las constricciones de instituciones como la familiar.

          De la mano de estos principios iconoclastas, la insurrección de Ema se alza paralelamente en el plano cinematográfico. Porque revoluciona el tema clásico de la madre coraje. Arranca como una película nocturna y desordenada y se cierra como una película diurna y extrañamente armónica. Entremedias, precipita imágenes hipnóticas y vibrantes, que se fusionan por el magnetismo y el carisma de Mariana di Girolamo. Es una obra fotogénica y audaz, hábil para sumergirse con tanta intrepidez como naturalidad en unos videoclips que tienen tanto sentido estético como discursivo.

          Es verdad que hay veces que Ema parece que impacta por el puro placer de impactar y que, de igual forma, los retratos masculinos -esos varones minimizados por su esterilidad o su sumisión económica e intelectual- bordean la caricatura, quizás en demasía. Pero, en último término, todo ello queda sometido a la fuerza arrolladora de una mujer y su lanzallamas, determinada a hacer que el mundo arda hasta las cenizas para reconstruirlo como pide el cuerpo. Y el alma.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

Dragged Across Concrete

20 Nov

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Año: 2018.

Director: S. Craig Zahler.

Reparto: Mel Gibson, Vince Vaughn, Tory Kittles, Laurie Holden, Jordyn Ashley Olson, Michael Jai White, Jennifer Carpenter, Thomas Kretschmann, Matthew McCaull, Primo Allon, Justine Warrington, Fred Melamed, Don Johnson, Udo Kier.

Tráiler

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          Desde cierta trinchera que podría considerarse de serie B, S. Craig Zahler trabaja por consolidarse como uno de los más personales y atractivos renovadores del cine de género en los Estados Unidos. Arrancó con el western (Bone Tomahawk), prosiguió con el filme carcelario (Brawl in Cell Block 99) y ahora se adentra en el criminal con Dragged Across Concrete. En cualquier caso, las constantes que muestran todas ellas son homogéneas y coherentes, y algunas parecen osadamente extemporáneas.

          Zahler define el espacio y los personajes con una mezcla de violencia cruda -por momentos gore- y humor sardónico -por momentos negrísimo- que los ubica en un universo cínico y desencantado, empujados aquí, como si los hubiera parido George V. Higgins o Elmore Leonard, hacia un destino salvaje. La ambiguedad moral en la que se mueve todo no está exenta de un punto comiquero e incluso irónico, de tan hiperbólico -cómo se puede interpretar si no que a ese justiciero exageradamente parafascista lo encarne nada menos que Mel Gibson-.

En este contexto se mueve una pareja de policías suspendidos por abusos a un detenido de origen mexicano que, en vista de su magro porvenir, decide asaltar el botín de un mafioso. Dominando el montaje, el director y guionista presenta y pone en confluencia -sin importarle demasiado la concreción narrativa, eso sí- a un cúmulo de individuos de los que poca cosa buena puede uno esperarse. Zahler se luce en los diálogos mientras se divierte haciendo avanzar el relato desde sus diversas líneas, que se encaminan hacia un poderoso sentido de la sordidez y el fatalismo. Por el trayecto, hace palanca en los códigos y los clichés para arrojar una sabrosa originalidad. Y algo semejante ocurre con el estilo y el tempo con el que filma las secuencias, de planos contados, con poco o nulo movimiento de cámara, dejando reposar las conversaciones y ese drama que nunca pierde su omnipresente acidez.

          Zahler plasma, en definitiva, una nueva prueba de que posee una marcada personalidad, la cual, en este caso, hace de Dragged Acroos Concrete un ejercicio tan rotundo y macarra como estimulante y divertido. Un cine de género que no hace prisioneros. Y que, por desgracia, al igual que Brawl in Cell Block 99, no encuentra distribución en el circuito comercial español.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.

Flesh Out (Il Corpo della Sposa)

19 Nov

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Año: 2019.

Directora: Michela Occhipinti.

Reparto: Verida Beitta Ahmed Deiche, Amal Saad Bouh Oumar, Sidi Mohamed Chinghaly, Aminetou Souleimane, Aichetou Abdallahi Najim.

Tráiler

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         A Verida la quieren gorda y con estrías, de ahí su obligación de hacer diez comidas al día. Documentalista italiana que estrena con Flesh Out su primer largometraje de ficción, Michela Occhipinti escoge la tradición mauritana del leblouh o gavage -la alimentación forzada de la futura esposa de un matrimonio concertado para que satisfaga los apetitos físicos de su marido- a fin de, por oposición, dar cuerpo a una denuncia de las servidumbres estéticas de la mujer. Es decir, una cuestión de belleza o de prestigio social que en Occidente puede identificarse, entre otros, con la delgadez -como también se le muestra a la protagonista en determinados elementos que aparecen en pantalla, como las muñecas o los reclamos publicitarios-, y que no es más que la manifestación autóctona y actual de un asunto universal, con sus rasgos particulares en cada lugar y cada tiempo -el corsé, los pies de loto, los cuellos de jirafa, el burka, el estrabismo, los lóbulos hiperextendidos…-.

         Flesh Out mira desde el comienzo a los ojos del espectador, a quien acerca literalmente a la cotidianeidad de Verida a través de planos cortos, instalados en sus espacios íntimos, en su expresión emocional. Este mismo recurso se adentra igualmente en las sensaciones que produce la comida que, constantemente, se le sirve a Verida. La insistencia de esos planos tan directos, tan físicos, con idéntica presencia del sonido, son útiles para sentir como propio el empacho de esa joven a la que atiborran sin piedad.

Occhipinti -que también coescribe el guion junto a Simona Coppini– traza un relato costumbrista en el cual, al mismo tiempo, trata de ser rigurosa alejándose de construcciones planas de personajes, juicios a priori y estereotipos propios de una mirada europea o, cuanto menos, condescenciente y paternalista -no por casualidad, la biografía de la directora la acredita como una persona de mundo por pleno derecho-. Dispuestas sobre este texto no excesivamente complejo o sorprendente pero sí solvente y honesto, son decisiones que le otorgan viveza y autenticidad al retrato femenino, logrando obtener una empatía natural sin recurrir a efectismos y manteniendo siempre de fondo, reconocible en su universalidad, ese conflicto entre hacerse aceptar y aceptase a uno mismo.

         Pero Occhipinti, más allá del realismo sobre el que se asienta la narración, cuida igualmente la elaboración de los fotogramas, lo que llega a su culmen en un fantástico plano de clausura donde la demostración de potencial estilístico permite a su vez rebajar el manido melodramatismo del desenlace.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 6,5.

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