Tag Archives: Grecia

Jasón y los argonautas

6 Jul

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Año: 1963.

Director: Don Chaffey.

Reparto: Todd Armstrong, Nancy Kovack, Gary Raymond, Douglas Wilmer, Honor Blackman, Niall MacGinnis, Michael Gwynn, Jack Gwillim, Laurence Naismith, Andrew Faulds, Nigel Green, John Cairney, Patrick Troughton.

Tráiler

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         Ray Harryhausen, mago de los magos, la consideraba su mejor obra. Ciertamente, Jasón y los argonautas, coproducción angloestadounidense basada en el mito griego de Jasón y el vellocino de oro, es una de sus películas más populares, cinta de culto para niños y mayores de muy distintas generaciones. Además, era de una de las primeras en superar la categorización de serie B, un punto más de distinción frente a un peplum que, por aquel 1963, era un subgénero de enorme tirón popular, muchas veces ligado a producciones europeas, fundamentalmente italianas, que sabían jugar bien con la espectacularidad de la construcción y destrucción de decorados. De hecho, la fundacional Hércules ya empleaba como excusa argumental la búsqueda del vellocino de oro. En cualquier caso, Jasón y los argonautas prolonga la senda aventurera y fantasiosa marcada por el creador angelino en Simbad y la princesa, campo abonado para imaginar monstruos y prodigios de todo orden. Descomunales autómatas de bronce, harpías, hidras, esqueletos vivientes, dioses caprichosos.

         Jasón y los argonautas sigue a grandes rasgos el relato legendario, lo que no le exime de tomarse notables licencias para realzar su fastuosidad visual aun a costa de los aspectos dramáticos más intensos del original. A medida que el filme aumenta el foco en los obstáculos colosales del héroe, se reduce la figura de Medea, auténtica llave maestra que aporta la salida a los aprietos imposibles y que, al mismo tiempo, desencadena muchos de los hechos más conflictivos o violentos del mito -los dilemas trágicos, su resolución expeditiva-. A ella se acercarán más tarde cineastas de prestigio como Pier Paolo Pasolini y Lars von Trier.

         La narración que desarrolla el asalariado Don Chaffey -un realizador esencialmente televisivo que había firmado capítulos de series referenciales como El prisionero o Los vengadoreses apresurada, casi torpe en su ansia de conducir la acción hasta las escenas con el sello de Harryhausen. Es notable la premura que muestran las primeras -incluido el repentino desenlace- en contraste con la mayor elaboración de las segundas, donde algunas, como la célebre lucha contra los esqueléticos espartos, podían implicar hasta cuatro meses de trabajo de animación. A igual nivel lucen las interpretaciones, donde la dejadez del grueso de los argonautas contrasta con la convicción de villano tronante que arroja Jack Gwillim con su rey Eetes o incluso el heterodoxo Hércules de Nigel Green.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6.

En la sombra

26 Feb

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Año: 2017.

Director: Fatih Akin.

Reparto: Diane KrugerNuman AcarDenis Moschitto, Johannes Krisch, Samia Muriel Chancrin, Karin Neuhäuser, Ulrich Tukur, Ulrich BrandhoffHanna Hilsdorf, Yannis Economides, Rafael Santana.

Tráiler

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          Con las cenizas aún calientes, la madre y los suegros de la protagonista, alemana una, kurdos los otros, se disputan agriamente los restos del marido y del hijo de esta, asesinados en un atentado de presumible firma neonazi. A lo largo del filme, los hijos no acostumbrarán a seguir las tendencias marcadas por sus progenitores, para bien y para mal.

Con En la sombra, el cineasta germanoturco Fatih Akin abunda en su exploración de las grietas de la multicultural Alemania contemporánea, a la que incorpora un elemento crítico en las relaciones identitarias de la actualidad, el terrorismo, el cual además, en este caso, está perpetrado desde un bando, el supremacismo blanco, que recibe un tratamiento informativo e incluso social bastante distinto al de su hermano por oposición, el fundamentalismo musulmán.

          Ejecutada con encomiable solvencia por Diane Kruger -encargada de sostener en buena medida la credibilidad de la función-, la evolución de la mujer, desgarrada a pedazos por la tragedia, se inscribe en tres escenarios distintos, que se corresponden con los tres actos de la obra. El primero está azotado por la lluvia; el segundo se enclava en una sala de glacial frialdad funcionarial, y el tercero se encuentra bañado por el sol y el salitre del Mediterráneo. La desolación de origen, la Justicia indiferente y la resolución del conflicto, respectivamente. El marco íntimo de la familia, la exposición a unas instituciones impasibles y la correspondiente reacción exterior.

A través de ellos, Akin expresa una sensación de desencanto a múltiples niveles. Y es tan patente su decepción que, al final, resulta contraproducente para el filme, puesto que condena el periplo judicial a la previsibilidad y encarrila los efectismos del relato hacia un desenlace inundado por la absoluta ambigüedad moral que poseen las venganzas justicieras.

          Con la inversión de los roles tradicionales de este correoso subgénero que estallaría en los convulsos años setenta estadounidenses -el villano caucásico, la víctima extranjera-, el director y coguionista trata de evidenciar las desventajas que el sistema reserva para los colectivos marginales. Y, en el mismo plano, la presencia de Kruger -a priori del segmento privilegiado- en calidad de copartícipe del sufrimiento serviría para que el espectador occidental asuma con mayor facilidad como propios estos apuros y, quizás, hasta que se plantee también con mayor propiedad los dilemas del vigilantismo. Pero lo cierto es que, en su camino hacia la catarsis, el argumento deja tras de sí cierta confusión ideológica y dramática -a los requiebros y variaciones genéricas parece faltarles afinación- que no termina de convencer del todo.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6,5.

Nunca en domingo

22 Abr

“Cuando la gente no puede controlar sus propias emociones, entonces empieza a querer controlar el comportamiento de otras personas.”

John Cleese

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Nunca en domingo

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Nunca en domingo

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Año: 1960.

Director: Jules Dassin.

Reparto: Jules Dassin, Melina Mercouri, Giorgos Foundas, Mitsos Ligizos, Titos Vandis, Despo Diamantidou, Alexis Solomos.

Tráiler

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            En las Guerras napoleónicas, los soldados británicos solían mofarse, con su idiosincrático labio superior enhiesto, de que sus rivales franceses se mostraban más interesados en beber y follar que en practicar el arte bélico. Para la cultura anglosajona, el Mediterráneo acostumbra a simbolizar la ‘joie de vivre’, tanto en el bueno como en el mal sentido.

Compuesta desde la mirada extranjera del estadounidense Jules Dassin, director y guionista, Nunca en domingo es la síntesis de ese enfrentamiento de estereotipos entre la mentalidad anglosajona racional (e imperialista en su arrogancia) y la espontaneidad expansiva y relajada que se cultiva a orillas del Mare Nostrum –aquí, en el puerto ateniense de El Pireo, concretamente-. Dos cosmovisiones milenarias enzarzadas de este modo en un enfrentamiento que, favorecido por la monumental historia que acoge la localización, adquiere tintes de batalla filosófica.

            En cierta línea de diálogo, el turista Homer (el propio Dassin), arribado a la capital griega para hallar respuestas a la caída de la Atenas de los filósofos y la democracia, tacha de epicúrea y estoica, y por tanto de superficial y decadente a sus ojos, a la despreocupada Ilya (Melina Mercouri): una mujer capaz de levantar en armas una nación, que ejerce la prostitución por placer y con su gusto personal como único requisito para su clientela, que hermana y unifica cualquier corriente política por más que estén polarizadas por la Guerra Fría, y que, en el último de sus atrevimientos, no tiene reparo alguno en desacreditar las conclusiones de sus intelectuales e inmortales ancestros justificándose en el desprecio de ellos hacia el valor absoluto de la mujer y de la felicidad sensitiva e inmediata.

            De estas dos posturas antitéticas nace el conflicto ideológico y dramático de esta comedia romántica, que de nuevo motivada por el escenario cita referencias clásicas como Pigmalión o Lisístrata para sumarse al canto vitalista y arrollador que enarbola, irreductible, superando el arquetipo de ‘prostituta de corazón de oro’, su protagonista femenina, encarnada por Mercouri con un colosal derroche de energía y un sonoro magnetismo.

Se rastrea en Nunca es domingo la huella existencial de Dassin, más allá de compartir lugar de procedencia con su personaje: Middeltown, Conneticut. El cineasta, exiliado de los Estados Unidos desde la infame Caza de brujas macarthista, regala una loa entusiasmada a las virtudes de su patria adoptiva, encarnada por supuesto en la figura de la diva helena, con quien se casará seis años después.

            Esta calidez convierte a Nunca en domingo en una obra que, además de servir un interesante e inagotable debate –al que, como decimos, el realizador aportará por su parte conclusiones personales y proselitistas que uno puede compartir o no-, resulta divertida y contagiosa en su vivacidad soleada y fragante, gracias a la cual logra trascender por otro lado el toque de costumbrismo de postal que entraña la perspectiva original del filme y las ciertas caídas en el interés y el ritmo narrativo que se producen mediado el metraje.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

El que debe morir

20 Dic

“Preguntado por los fariseos acerca de cuándo llegaría el reino de Dios, respondiéndoles, dijo: No viene el reino de Dios ostensiblemente. No podrá decirse: Helo aquí o allí, porque el reino de Dios está dentro de vosotros.”

Lucas 17:20-21

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El que debe morir

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El que debe morir

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Año: 1957.

Director: Jules Dassin.

Reparto: Pierre Vaneck, Melina Mercouri, Fernand Ledoux, Gert Fröbe, Jean Servais, Naurice Ronet, René Lefèvre, Lucien Raimbourg, Roger Hanin, Carl Möhner, Grégoire Aslan.   

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           Las sospechas de proximidad hacia el comunismo le habían costado la patria a Jules Dassin, ejemplo impecable del noir realista y social. Desde el exilio europeo, primero en Reino Unido, luego en Francia y más tarde en Grecia –esta vez incitado por Melina Mercouri, actriz con quien colabora aquí por primera ocasión y con quien contraerá matrimonio en 1966-, Dassin no renunciaría a su posicionamiento concienciado como manera de entender y de hacer el cine.

           A partir de la novela Cristo de nuevo crucificado de Nikos Kazantzakis –autor de otros textos llevados al cine como Zorba, el griego y La última tentación de Cristo-, Dassin emplea en El que debe morir una parábola religiosa –la representación de la Pasión en un pueblecito de la Grecia bajo poder otomano, en la que varios lugareños hacen carne los papeles de Santiago, San Pedro, Judas, María Magdalena y Jesús- para dibujar un conflicto que es tanto de moralidad religiosa como, en especial, de clase social.

Una visión, por tanto, que podría establecer ciertas comparaciones con el metafórico Juan Nadie de Frank Capra y, por otro lado, no demasiado distante al retrato de Cristo que realizará siete años después Pier Paolo Pasolini -éste sí afiliado a todos los efectos al Partido Comunista Italiano- en El evangelio según San Mateo.

           Malos augurios depara el séptimo arte al Mesías redivivo -o cuanto menos transmutado temporalmente en hombre-. Víctima del egoísmo y el cinismo de la sociedad contemporánea, como indicaba el cardenal Lamberto en El Padrino. Parte III, el mensaje de Jesús permanece solo en la superficie, sin calar en la intimidad del ser humano. Un problema moral –mucho más que de fe- que en El que debe morir queda ejemplificado en la insensibilidad de una población griega frente a sus hermanos de nación que solicitan refugio en su enriquecida aldea, después de que el invasor turco haya arrasado sus haciendas y asesinado a sus paisanos.

           Dado su sustrato alegórico, el discurso queda un tanto encorsetado en el cumplimiento de unos estereotipos fijados –aparte de los antes aludidos, también estarán presentes Caifás y Pilatos-, que afecta un tanto a su naturalidad y su contundencia. Pero no por ello es menos vigente. Precisamente, la coyuntura despierta resonancias con la coetánea crisis de los refugiados sirios en Europa en su desesperación y sus reacciones políticas. Y, en consecuencia, resalta esclarecedores y oportunos paralelismos entre la ficción cinematográfica y la realidad presente a partir de la hipócrita utilización por parte de la élite dirigente de conceptos como la religión, el orden y la paz, así como del contagio de la alarma y el miedo entre la comunidad recelosa –la enfermedad, la violencia-, con el fin único de conservar y perpetuar sus vergonzantes privilegios.

En oposición, El que debe morir lanza un mensaje subversivo en defensa de la determinación solidaria del individuo común, de la gente corriente que, en un momento necesario, y afirmado sobre sólidos valores morales, puede impulsar mediante su voluntad concienciada el cambio hacia una sociedad más justa.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

Langosta

18 Nov

“Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: ‘Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina’. Y el doctor responde: ‘¿Pues por qué no le mete en un manicomio?’ Y el tipo le dice: ‘Lo haría, pero necesito los huevos’. Pues eso más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos.”

Alvy Singer (Annie Hall)

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Langosta

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Langosta

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Año: 2015.

Director: Yorgos Lanthimos.

Reparto: Colin Farrel, Rachel Weisz, Léa Seydoux, Ariane Labed, John C. Reilly, Ben Whishaw, Angeliki Papoulia, Michael Smiley, Jessica Barden, EmmaEdel O’Shea, Ashley Jensen, Olivia Colman, Garry Mountaine.

Tráiler 

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            La coexistencia en pareja es uno de los grandes misterios que, dentro de la vida contemporánea en sociedad, ha de –o cuanto menos tiende a- afrontar el ser humano. Y casi siempre por su cuenta y a tientas, con la insuficiente ayuda de los antecedentes familiares, de sus allegados próximos y, desgraciadamente, de la ficción literaria y cinematográfica –dentro de la que se incluye la ficción religiosa y la de los manuales de conducta moral tradicionales, obviamente-.

Este último es el único de entre estos múltiples y frágiles soportes que, sin remedio, resulta por completo contraproducente a la hora de aportar guía y confort íntimo a la persona debido a su falaz síntesis de unos modelos presuntamente ideales que, por costumbre –y aquí nos referimos en especial al género romántico, claro-, dejando de lado la enajenación mental transitoria que constituye el breve periodo de enamoramiento -un estado irracional y alucinado-, poco o nada tiene que ver con la realidad, siempre tan prosaica, complicada, desmitificadora y frustrante ella.

            Pasada por un crudelísimo tamiz de surrealismo, Langosta podría ser considerada como una anticomedia antiromántica, tremendamente satírica y despiadada en su visión de las confusas relaciones humanas, determinadas por las circunstancias privadas y ajenas, la inexorable finitud y, sobre todo, la incertidumbre. La singularidad indómita frente a las estructuras preestablecidas y convencionales, en conclusión. Con ella, Yorgos Lanthimos arroja contra la cara del espectador una brutal y expresiva distopía kafkiana donde el individuo no combate estérilmente contra la alienante maquinaria del Estado omnímodo, sino contra la necesidad de encontrar un compañero sentimental, condición literalmente impuesta por el sistema para vivir en sociedad.

Escogiendo un contradictorio y afortunado tono de fábula humorística para diseñar una narración visceralmente inquietante, dentro de una línea a la que se suma también el empleo paródico de recursos cinematográficos como la banda sonora, el cineasta griego disecciona este conflicto entre la naturaleza humana y este catálogo de relaciones funcionales, tradicionales y artificiales, promovidas mediante un delirante hotel de reeducación para tullidos sentimentales –viudos, separados, solteros, tímidos, acomplejados- en el que, con 45 días de plazo, deben encontrar esta imprescindible media naranja so pena de, en caso contrario, ser transformados en animal. El que desee el huésped, eso sí.

            Langosta expone con fiereza disfrazada de humor negro y absurdo la doble faceta del denominado “amor” –esto es, la pareja-, que puede ser bien castrador y enajenante, bien liberador y realizador, acompañándolas asimismo de una estimulante descripción metafórica y caricaturizante de los respectivos procesos y estadios que atraviesa una relación de semejante calibre. Es cierto que la segunda mitad del filme pierde algo de fuelle y que al conjunto le sobran minutos, pero en cualquier caso no se desvirtúan los valores de esta irreverente y lúcida aproximación al inabarcable universo de las relaciones sentimentales del ser humano, rematada además con un desenlace apropiadamente interrogativo.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8,5.

Paisaje en la niebla

20 Jul

“Normalmente, el hombre va al cine por el tiempo perdido, fugado o aún no obtenido. Va al cine buscando experiencia de la vida, porque el cine amplía enriquece y profundiza la experiencia del hombre…”

Andréi Tarkovski

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Paisaje en la niebla

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Paisaje en la niebla

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Año: 1988.

Director: Theodoros Angelopoulos.

Reparto: Michalis Zeke, Tania Palaiologou, Stratos Tzortzoglou, Vasilis Kolovos.

Tráiler

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           El viaje como retrato de un país y de su historia, de un anhelo futuro y de la vida misma, expresados por medio de una simbiosis entre el teatro, la poesía y el cine.

Theo Angelopoulos prosigue con sus constantes vitales y cinematográficas en Paisaje en la niebla, si bien parece abrir ligeramente el hermetismo tradicional de su obra e incluso rebajar la exigencia formal -planos un tanto más breves y lenguaje un tanto más convencional-, en comparación con las dos obras precedentes de la denominada trilogía del silencio: Viaje a Citera y El apicultor. En ambos casos, no obstante, se trata de cambios exiguos que no afrentan contra el estilo o las inquietudes del autor griego.

           En Paisaje en la niebla, dos niños abandonan su casa y a su madre para embarcarse en una odisea imposible hasta Alemania, en pos de encontrarse con un padre que ni siquiera tienen.

La travesía se desarrolla en la frontera entre la fábula y el sueño, en las profundidades insondables de un universo de aliento lírico, melancólico y terrible en el que los descubrimientos de la existencia se acompañan indisociablemente de las continuas frustraciones –el cuento, el billete, el pasaporte,…- y los traumas que produce vivir –y, es más, vivir en sociedad; vivir en Grecia, vivir en la Europa del momento-. La eterna búsqueda de respuestas que solo conduce a nuevas y más dificultosas preguntas.

Un cosmos irreal y humano al mismo tiempo donde el verso y la poesía chocan agresivamente con recursos tan devastadores como ese tremebundo y violentísimo plano sostenido contra la parte trasera de un camión estacionado. Pocas veces en el cine la inmovilidad ha resultado tan abrumadoramente lacerante.

           Pero a pesar de lo mencionado en el primer párrafo, la propuesta de Angelopoulos continúa siendo un trabajo muy exigente, puesto que, como les dirán a sus protagonistas, “el tiempo parece no importarle, pero tiene prisa por irse; parece viajar sin rumbo, pero va a algún sitio”. Paisaje en la niebla es opaca en su simbolismo de tibia impronta surrealista –reconozco que me es difícil interpretar el significado ciertas imágenes, si lo hay- y adolece de un exceso de engolamiento y solemnidad en la formulación de su lirismo.

Claro que quizás en las causas de estos mismos defectos se encuentre también el origen de las poderosas sugerencias y lecturas de otras de sus composiciones, de la relación de los hermanos protagonistas con los encuentros del camino, y, a su vez, con un paisaje grisáceo, sucio y desapacible, constituido también como personaje y alegoría, todo uno.

La vida como un fotograma nebuloso, a la espera de ser revelado.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 6,5.

Hércules

13 Mar

“A Hollywood no le gusta ejercitar los músculos del cerebro.”

Sal Mineo

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Hércules

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Hércules

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Año: 2014.

Director: Brett Ratner.

Reparto: Dwight Johnson, Rufus Sewell, Ian McShane, John Hurt, Rebecca Ferguson, Peter MullanReece Ritchie, Ingrid Bolsø Berdal, Aksel Hennie, Tobias Santelmann, Joseph Fiennes, Irina Shayk.

Trailér

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            Más relevante en España por propiciar un bajón en el juego de Cristiano Ronaldo -ese futbolista-estadística centrado en intensificar su rendimiento de septiembre a noviembre en pos de premios individuales- que por su valor cinematográfico, Hércules se encuadra dentro de ese tipo de producciones históricas, al estilo de cintas recientes como Troya o El rey Arturo, que pretenden adaptar las leyendas tradicionales a las exigencias de verosimilitud de un público ajeno a la mitología por medio de la reducción de las características sobrenaturales de los héroes y sus gestas en favor de un pretendido realismo que, después, se diluirá a golpe de fantasmada típica de cine de acción. Es decir, la paradoja de eliminar elementos inverosímiles para crear un espectáculo en el que aparezca puntualmente cada cliché inverosímil propio del lenguaje épico del cine. Son, en cualquier caso, narraciones más clásicas que el techno-peplum criado a rebufo del éxito de 300 y Spartacus.

            Hércules es una película de saldo donde se toma un armazón prefabricado para elaborar un libreto en el que predomina la creación de una epopeya estándar en perjuicio de la debida coherencia del argumento, donde cada una de sus giros y pretendidas sorpresas serán administrados de manera previsible y tranquilizadora para el espectador reticente para con las exigencias. Además de a partir de una novela gráfica que desconozco –y que no obstante parece influir en parte de la planificación de la obra-, el argumento de Hércules se construye sobre la base de un pastiche histórico similar a El rey escorpión, también protagonizada por Dwight ‘La Roca’ Johnson, donde tienen cabida todo tipo de inspiraciones reales y fabuladas –sobre todo los segundos, digan lo que digan las pretensiones realistas del relato-. Esto significa que se tratan sin el debido respeto los mitologemas para sustituirlos por códigos igual de repetitivos pero conocidos y aceptados por el público afín a este tipo de filmes.

Aquí, en una imagen que sintetiza a la perfección esta idea principal, Hércules surge en pantalla proyectando una sombra gigante, acorde al relato que recita su sobrino Yolao –un historiador que, en una velada puya a la profesión, se dedica simplemente a adornar los hechos del pasado a su conveniencia-, para progresivamente reducirse y que aparezca por primera vez la efigie verdadera del héroe: un mortal con las dudas y debilidades de sus congéneres y que precisa de la ayuda de su equipo de ‘ninjas’ para completar con éxito sus extraordinarios trabajos. Es, de nuevo el valor colectivo entre superhéroes, esencial en taquillazos como Los vengadores o Guardianes de la galaxia, configurado para arropar la figura taciturna y atormentada de un héroe que guarda en su interior traumas que ríete tú de Batman –en la mitología griega, la fuerza de Heracles solo es comparable a sus arrebatos de enajenación-.

Con la misma falta de congruencia que la trama de acción, el discurso redentor de Hércules va perfilando poco a poco una contradictoria apuesta por la preponderancia de la fe como valor definitorio del héroe, lo que se traduce en una segunda oportunidad tanto bélica como personal.

            Realizada con plantilla y con el piloto automático encendido, la impersonalidad del filme arroja escasos elementos de interés –la utilización política, legítima o no, de la figura del héroe, en esta ocasión por parte de un tirano alabado con consignas hitlerianas-, si bien tampoco irrita en demasía dado que, por fortuna, nunca se toma en del todo serio a sí misma. Ejemplo de ello son las mercenarias e irónicas interpretaciones de tipos curtidos en mil batallas como Rufus Sewell, John Hurt, Peter Mullan e Ian McShane, que se disfraza, cobran y ser bajan al bar.

 

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 4,5.

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