Tag Archives: Antigua Grecia

Medea

22 Feb

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Año: 1969.

Director: Pier Paolo Pasolini.

Reparto: Maria Callas, Giuseppe Gentile, Laurent Terzieff, Margareth Clémenti, Massimo Girotti, Paul Jabara.

Tráiler

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           Opinión personal: las de Pier Paolo Pasolini son las únicas reconstrucciones históricas del cine que tienen autenticidad, aun con los anacronismos y las importaciones culturales que el artista italiano no solo muestra, sino que no desea camuflar -en Medea, por ejemplo, se rastrean sonidos que remiten al Japón y al Tibet; tradiciones de la Europa del Este, paisajes de la Turquía recóndita, la Siria antigua y la Pisa medieval…-. Lo hace con razón. Su visión del pasado se aleja de la fantasiosa épica del cartón piedra y los oropeles de Hollywood, herencia de los cánones del romanticismo sublimador, para en cambio observar atento y con sincera pasión las huellas antropológicas que aún perviven en el presente -sea en forma de ruinas, sea como costumbres, iconografías y tipos humanos sobrevivientes al paso de los siglos, sobrevivientes hasta en los rincones marginales de Italia y la Europa occidental- y realizar a partir de ellas una recreación absolutamente fidedigna, levantada sobre el polvo de los caminos transitados durante siglos, sobre el adobe de las viviendas ancestrales, sobre los ritos que se hunden en las entrañas de la tierra.

           Medea completa el ciclo mítico antecedido por Edipo, el hijo de la fortuna; Teorema y Pocilga. Es, además, la única incursión como actriz de cine de la diva de la ópera por excelencia, Maria Callas, que encabeza el reparto junto a otro cuerpo extraño, Giuseppe Gentile, quien un año antes del estreno de la película había sido conquistado la medalla de bronce en triple salto en los Juegos Olímpicos de México. Son parte de la indiferencia que le producen a Pasolini los fundamentos y las convenciones del cine, que abarcan desde la elección de los rostros en pantalla -bellezas anticlásicas e imperfectas pero de natural y profundo magnetismo- hasta la exposición narrativa del relato, lo que en este caso puede apreciarse en el brusco montaje, en los reencuadres dentro de un mismo plano, en la inestabilidad de la puesta en escena, en decisiones desaliñadas como el sobreimpresionado para acotar un punto de vista imaginario u onírico…

           En la introducción del filme, el niño Jasón se queda dormido mientras el centauro Quirón le pone al corriente de su linaje y del componente mitológico de sus hazañas venideras y su sino -referidos no obstante como si de hechos corrientes se tratara-. Quizás convenga incluso conocer de antemano la historia que se cuenta. Pasolini reduce las fases y las acciones del mito a la abstracción, más interesado por el simbolismo de los procesos que sufre un personaje arrasado por la desesperación de no controlar su propio destino, desterrado en vida de sus creencias otrora firmes, azorado por dilemas colosales ante los que apenas puede intuir soluciones. Este es el descenso a los abismos de Medea, arrancada de su patria, repudiada luego en la absoluta ingratitud, huérfana de sus certezas, bárbara en tierra de extranjeros; despojada de su identidad, de su amor, de sus creencias.

           Pasolini contrapone la perspectiva racional y realista de Jasón a las tradiciones de un lugar donde los hombres asumen los mitos con literalidad a través de prácticas concretas. El contraste se repite luego en el regreso de los argonautas a Grecia, ante la mirada perdida y horrorizada de la maga, que sin embargo se somete a las usanzas que le son ajenas mediante un metafórico cambio de vestuario. Empero, los evidentes desequilibrios de la narración, derivados de la heterodoxa realización de Pasolini, provocan que las disquisiciones teóricas acerca de lo sagrado y de las desacralizaciones que comportan las evoluciones personales no queden del todo bien integradas y, en especial, afectan a la potencia con la que estalla definitivamente la tragedia. Que es, en definitiva, la tragedia de un mundo contemporáneo donde cualquier atisbo de espiritualidad ha quedado sepultado bajo la pujanza del materialismo y el pragmatismo.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

Jasón y los argonautas

6 Jul

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Año: 1963.

Director: Don Chaffey.

Reparto: Todd Armstrong, Nancy Kovack, Gary Raymond, Douglas Wilmer, Honor Blackman, Niall MacGinnis, Michael Gwynn, Jack Gwillim, Laurence Naismith, Andrew Faulds, Nigel Green, John Cairney, Patrick Troughton.

Tráiler

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         Ray Harryhausen, mago de los magos, la consideraba su mejor obra. Ciertamente, Jasón y los argonautas, coproducción angloestadounidense basada en el mito griego de Jasón y el vellocino de oro, es una de sus películas más populares, cinta de culto para niños y mayores de muy distintas generaciones. Además, era de una de las primeras en superar la categorización de serie B, un punto más de distinción frente a un peplum que, por aquel 1963, era un subgénero de enorme tirón popular, muchas veces ligado a producciones europeas, fundamentalmente italianas, que sabían jugar bien con la espectacularidad de la construcción y destrucción de decorados. De hecho, la fundacional Hércules ya empleaba como excusa argumental la búsqueda del vellocino de oro. En cualquier caso, Jasón y los argonautas prolonga la senda aventurera y fantasiosa marcada por el creador angelino en Simbad y la princesa, campo abonado para imaginar monstruos y prodigios de todo orden. Descomunales autómatas de bronce, harpías, hidras, esqueletos vivientes, dioses caprichosos.

         Jasón y los argonautas sigue a grandes rasgos el relato legendario, lo que no le exime de tomarse notables licencias para realzar su fastuosidad visual aun a costa de los aspectos dramáticos más intensos del original. A medida que el filme aumenta el foco en los obstáculos colosales del héroe, se reduce la figura de Medea, auténtica llave maestra que aporta la salida a los aprietos imposibles y que, al mismo tiempo, desencadena muchos de los hechos más conflictivos o violentos del mito -los dilemas trágicos, su resolución expeditiva-. A ella se acercarán más tarde cineastas de prestigio como Pier Paolo Pasolini y Lars von Trier.

         La narración que desarrolla el asalariado Don Chaffey -un realizador esencialmente televisivo que había firmado capítulos de series referenciales como El prisionero o Los vengadoreses apresurada, casi torpe en su ansia de conducir la acción hasta las escenas con el sello de Harryhausen. Es notable la premura que muestran las primeras -incluido el repentino desenlace- en contraste con la mayor elaboración de las segundas, donde algunas, como la célebre lucha contra los esqueléticos espartos, podían implicar hasta cuatro meses de trabajo de animación. A igual nivel lucen las interpretaciones, donde la dejadez del grueso de los argonautas contrasta con la convicción de villano tronante que arroja Jack Gwillim con su rey Eetes o incluso el heterodoxo Hércules de Nigel Green.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6.

Hércules

13 Mar

“A Hollywood no le gusta ejercitar los músculos del cerebro.”

Sal Mineo

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Hércules

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Hércules

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Año: 2014.

Director: Brett Ratner.

Reparto: Dwight Johnson, Rufus Sewell, Ian McShane, John Hurt, Rebecca Ferguson, Peter MullanReece Ritchie, Ingrid Bolsø Berdal, Aksel Hennie, Tobias Santelmann, Joseph Fiennes, Irina Shayk.

Trailér

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            Más relevante en España por propiciar un bajón en el juego de Cristiano Ronaldo -ese futbolista-estadística centrado en intensificar su rendimiento de septiembre a noviembre en pos de premios individuales- que por su valor cinematográfico, Hércules se encuadra dentro de ese tipo de producciones históricas, al estilo de cintas recientes como Troya o El rey Arturo, que pretenden adaptar las leyendas tradicionales a las exigencias de verosimilitud de un público ajeno a la mitología por medio de la reducción de las características sobrenaturales de los héroes y sus gestas en favor de un pretendido realismo que, después, se diluirá a golpe de fantasmada típica de cine de acción. Es decir, la paradoja de eliminar elementos inverosímiles para crear un espectáculo en el que aparezca puntualmente cada cliché inverosímil propio del lenguaje épico del cine. Son, en cualquier caso, narraciones más clásicas que el techno-peplum criado a rebufo del éxito de 300 y Spartacus.

            Hércules es una película de saldo donde se toma un armazón prefabricado para elaborar un libreto en el que predomina la creación de una epopeya estándar en perjuicio de la debida coherencia del argumento, donde cada una de sus giros y pretendidas sorpresas serán administrados de manera previsible y tranquilizadora para el espectador reticente para con las exigencias. Además de a partir de una novela gráfica que desconozco –y que no obstante parece influir en parte de la planificación de la obra-, el argumento de Hércules se construye sobre la base de un pastiche histórico similar a El rey escorpión, también protagonizada por Dwight ‘La Roca’ Johnson, donde tienen cabida todo tipo de inspiraciones reales y fabuladas –sobre todo los segundos, digan lo que digan las pretensiones realistas del relato-. Esto significa que se tratan sin el debido respeto los mitologemas para sustituirlos por códigos igual de repetitivos pero conocidos y aceptados por el público afín a este tipo de filmes.

Aquí, en una imagen que sintetiza a la perfección esta idea principal, Hércules surge en pantalla proyectando una sombra gigante, acorde al relato que recita su sobrino Yolao –un historiador que, en una velada puya a la profesión, se dedica simplemente a adornar los hechos del pasado a su conveniencia-, para progresivamente reducirse y que aparezca por primera vez la efigie verdadera del héroe: un mortal con las dudas y debilidades de sus congéneres y que precisa de la ayuda de su equipo de ‘ninjas’ para completar con éxito sus extraordinarios trabajos. Es, de nuevo el valor colectivo entre superhéroes, esencial en taquillazos como Los vengadores o Guardianes de la galaxia, configurado para arropar la figura taciturna y atormentada de un héroe que guarda en su interior traumas que ríete tú de Batman –en la mitología griega, la fuerza de Heracles solo es comparable a sus arrebatos de enajenación-.

Con la misma falta de congruencia que la trama de acción, el discurso redentor de Hércules va perfilando poco a poco una contradictoria apuesta por la preponderancia de la fe como valor definitorio del héroe, lo que se traduce en una segunda oportunidad tanto bélica como personal.

            Realizada con plantilla y con el piloto automático encendido, la impersonalidad del filme arroja escasos elementos de interés –la utilización política, legítima o no, de la figura del héroe, en esta ocasión por parte de un tirano alabado con consignas hitlerianas-, si bien tampoco irrita en demasía dado que, por fortuna, nunca se toma en del todo serio a sí misma. Ejemplo de ello son las mercenarias e irónicas interpretaciones de tipos curtidos en mil batallas como Rufus Sewell, John Hurt, Peter Mullan e Ian McShane, que se disfraza, cobran y ser bajan al bar.

 

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 4,5.

300: El origen de un imperio

27 Mar

En 300, unos fornidos hombres blancos luchaban por la libertad de Occidente contra gente próximo-oriental, negros y monstruos comandados por una drag queen. 300: El origen de un imperio, demuestra una extraordinaria coherencia de discurso y añade otro enemigo olvidado al que combatir: una mujer que ha perdido los nervios. En El Peliculista.

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Alejandro Magno

23 Ene

“Antes que nada ser verídico para contigo mismo. Y así, tan cierto como que la noche sigue al día, hallarás que no puedes mentir a nadie.”

Hamlet

 

 

Alejandro Magno

 

Alejandro Magno

Año: 2004.

Director: Oliver Stone.

Reparto: Colin Farrell, Angelina Jolie, Jared Leto, Val Kilmer, Elliot Cowan, Jonathan Rhys Meyers, Rosario Dawson, Anthony Hopkins.

Tráiler

 

 

             Hay ocasiones en las que un hombre, para poder ser llamado como tal, ha de afrontar su madurez, levantar la vista y asumir sus decisiones. A mí, Alejandro Magno es una película que me gusta. Y bastante, además.

             Casi tres horas de duración, un inadecuado y lastimoso protagonismo de Colin Farrel luciendo una horrenda melena oxigenada como punta del iceberg de una pésima dirección de actores, la presencia del repelente Jared Leto, Val Kilmer con manga ancha y doblado por Jordi Brau, una tremenda irregularidad de la realización y alardes de experimentación estética innecesarios y fallidos como el uso de filtros de color rojo en medio de una batalla, diálogos inflados y acartonados,… Son muchas, y de peso, las razones para denostarla.

Sin embargo, me fascina el personaje histórico, no tanto en su condición de héroe conquistador sino en la de indómito aventurero; me fascina la Mesopotamia antigua y la resonancia épica de nombres como Gaugamela, Ecbatana, Bactria, Sogdiana o Gedrosia; me fascinan los conseguidos movimientos de masas y la creíble e impactante coreografía de las batallas, me fascina la exploración de esos pueblos y regiones ignotas relegadas a los traslúcidos márgenes de la historia, me fascinan los sobrecogedores paisajes que se revelan ante los ojos maravillados de la quimérica, demente y genial expedición del rey macedonio, me fascina Angelina Jolie -sin ser el mayor fan de la diva- en la película donde más guapa aparece y me fascina Rosario Dawson en pelota picada.

              Oliver Stone dibujaba una nueva aproximación a su tema favorito, el poder, por medio de la figura de uno de los personajes más destacados de la Historia, Alejandro Magno. Una vida aún problemática para la historiografía, sujeta a muchos claroscuros, mitos y ambigüedades, que el realizador estadounidense convierte en un drama encadenado a los complejos míticos de la tragedia griega: el peso y la soledad del trono, el conflicto entre ambiciones, ideales y realidad, el lacerante coste que acarrea en igualdad de proporciones toda gloria, la influencia de los antecedentes y su inapelable unión al fatalismo.

Una mirada más comprensiva que complaciente que proporciona un jugoso trasfondo al que, en muchos momentos, un marcado aire discursivo -producto de unos pomposos diálogos, declamados con afectación para mayor daño- amenaza con sepultar y que en su día fue despreciado con tremenda injusticia por las acusaciones de regodeo en el escándalo por el (supuestamente) generoso reflejo la relación homosexual de Alejandro y su lugarteniente Hefestión.

Más allá de que sea así o no, el hecho tampoco merece mayor atención dada su cotidianeidad en el contexto cultural de la Antigua Grecia y el afortunado aunque todavía evidentemente inconcluso proceso de normalización social actual, irrelevante además en comparación con otros elementos más cuestionables de la película, como los citados anteriormente.

              Aparte de un ritmo aceptablemente fluido a mi entender, que deja respirar a la aventura intrínseca a las campañas militares de Alejandro en el Oriente Medio -también culturales y cartográficas según numerosas interpretaciones, incluida la del filme-, destaca la cuidada y sugerente ambientación histórica del relato tanto en el aspecto argumental como en la puesta en escena, con la salvedad de los inevitables ajustes dramáticos -por ejemplo, la exigencia de la princesa persa Estatira de ser respetada como tal y su consiguiente aceptación por parte de Alejandro, hecho que, en realidad, aconteció con el rey indio Poros– y los mínimos errores cronológicos -la exactitud plena es un imposible-, que no evitan que, en este aspecto, sea bastante superior a la media.

Descuartizada por la crítica, estéril en la taquilla.

 

Nota IMDB: 5,4.

Nota FilmAffinity: 5,2.

Nota del blog: 8.

Ira de Titanes

12 Nov

“Crecí en una época en la que nos moríamos de ganas de que estrenaran El padrino o Alien. Me gustaba aquel sentimiento, aquellas colas esperando a comprar la entrada… Ya sé que el cine ha cambiado. Hoy todo se centra en franquicias, en juguetes…”

David Fincher

 

 

Ira de Titanes

 

Año: 2012.

Director: Jonathan Liebesman.

Reparto: Sam Worthington, Rosamund Pike, Toby Kebbel, Liam Neeson, Ralph Fiennes, Édgar Ramírez, John Bell, Bill Nighy, Danny Huston.

Tráiler

 

 

            La nefasta primera entrega debía haber sido suficiente aviso, pero la atracción del que suscribe por los monstruos, los héroes y los dioses de la mitología griega hacía de Ira de Titanes un compromiso dolorosamente ineludible.

             Si Furia de Titanesremake de uno de los últimos vehículos de lucimiento de Harry Harryhausen, mago del stop motion, de por sí algo envejecida- había supuesto un claro ejemplo de la debacle del cine de aventuras del Hollywood del 3D, todo hipertrofia, ruido e insipidez, cabría pensar que los productores de Ira de Titanes, tras el fracaso de crítica y el relativo de público de la anterior, al menos habrían tomado buena nota de los errores precedentes. No fue así.

             Ira de Titanes, dirigida en esta ocasión por el estrictamente funcional Jonathan Liebesman, transforma un Ragnarok a la griega en un caótico videojuego en el que el semidiós Perseo (el desustanciado Sam Worthington, luciendo una cabellera rizada que le hace parecer un anabolizado y rústico émulo de Juanma Lillo) debe salvar a dioses y humanos del Apocalipsis provocado por la liberación del titán Cronos.

Cada monstruo parido por el Tártaro como pantalla a superar y, entre medias, la nada. Es decir, un cutre y abotargado teatrillo de marionetas planas entregadas a intérpretes sin sangre -muchos de ellos, como Rosamund Pike bastante perdidos o, como Nelson y Fiennes, que llegan, hacen el ridículo, cobran y se van con un sonrisa-, y al que un guion paupérrimo hace avanzar sin lógica o coherencia, apareciendo y desapareciendo sin sentido y encadenando tópicos trágicos mal entendidos y presuntos microclímax hasta alcanzar el nuevo y mayor desafío, a través de los cuales el héroe estira demasiado la cuerda de la credulidad sobre su carácter indestructible, incluso para una producción de estas características.

            De este modo, Ira de Titanes acumula a lo bruto monstruos, espectaculares efectos especiales y agita la cámara sin descanso para tapar su absoluto vacío de ideas. Ni siquiera la planificación de escenas, de pura aparatosidad, es efectiva, produciendo enfrentamientos y luchas mitológicas sin tensión alguna.

El filme es un gigante virtual con los pies de barro de un libreto flagrantemente desatendido, tanto en su estructura como en sus líneas de diálogo, escritas a partir de un sonrojante refrito de lugares comunes, deriva en un desinterés total por un conjunto que ni llega a ser entretenido, ni con la suficiente distancia de sí mismo como para resultar simpático y en el que, por su puesto, la magia de la epopeya mitológica brilla por su ausencia.

             Hasta para lograr un entretenimiento superficial se tiene que tener clase o, cuanto menos, oficio. Cine comercial muy mal entendido.

Aunque los monstruos molan.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 4,7.

Nota del blog: 4.

El desafío de Hércules

5 Abr

“¡Cómo osas tocar a Hércules!”

Hércules (Hércules en Nueva York)

 

 

El desafío de Hércules

 

Año: 1983.

Director: Luigi Cozzi.

Reparto: Lou Ferrigno, Ingrid Anderson, Sybill Danning, Mirella D’Angelo, William Berger, Claudio Cassinelli, Rossana Podestà, Delia Boccardo, Eva Robin’s.

Tráiler

 

 

            En la década de 1980 el peplum, género de gran tradición y popularidad aunque con resultados desiguales en cuanto a su calidad, afrontaba una etapa de notable decadencia. El éxito de público de Conan el bárbaro y sus posteriores imitaciones, el denominado cine de espada y brujerías, animó al temible Menahen Golan a recuperar con su productora Cannon y en alianza artística con una mano de obra fundamentalmente procedente de Italia, cuna del peplum de forzudos, el exponente original e icónico del género: el semidios Hércules, héroe errante consagrado ahora a los músculos de un Lou Ferrigno en la cúspide de su fama gracias a Hulk.

             Es precisamente el fornido actor la mejor metáfora para describirel filme. Un aspecto tremebundo por su antiestética enormidad y evidentes carencias artísticas que, sin embargo, acaban por conferirle un aire entrañable, capaz de despertar cierta simpatía.

El desafío de Hércules, presentado como un combate de ecos apocalípticos entre el Bien y el Mal, encuentra su fuerza y su debilidad en esa concepción desvergonzadamente dionisíaca, grandilocuente y alucinada que trata de emular los resabios épicos del anteriormente mencionado Conan el Bárbaro e, incluso, aventurando referencias, del Excalibur de John Boorman, desde secuencias cuya estructura y soluciones son saqueadas de estas y otras muchas –la génesis del héroe con una banda sonora de tintes wagnerianos, la espada extraída de la roca, el héroe que madura dando vueltas a una rueda de molino, ocasos eternos e imposibles, una especie de duelo a espada láser en una pasarela sobre el vacío,…- hasta una estética y puesta en escena operística, crepuscular, hiperbólica, de colores intensos que lo aproximan a lo onírico y que ratifican sus frecuentes incursiones en contextos puramente fantásticos y, por momentos, casi de ciencia ficción, de la mano de unos monstruos fabulosos transformados en autómatas –la amenaza tecnológica, enemigo recurrente en el cine de los ochenta-.

             Un pastiche delirante de mil y una referencias mitológicas y cinematográficas mal digeridas y mezcladas con el homenaje-recuperación de intérpretes clásicos –eufemismo de decadentes- de los géneros chicos italianos,como los William Berger y Gianni Garko -en unos bochornosos cinco minutos de presencia- del spaghetti western o un Brad Harris que ya en su día tuvo la oportunidad de encarnar al mismísimo Hércules en algunas de sus múltiples variaciones nominales, además de añadir muchas chicas monas para adornar el panorama –no se dejen engañar por la controvertida Eva Robin’s, que si interpreta al inventor cretense Dédalo es por algo-.

             Involuntariamente cómica -¿o no?- la mayoría de las veces, inopinadamente audaz en otras más puntuales, El desafío de Hércules, aunque es una película mala con todas sus letras, emana un encanto inexplicable, surgido de su carácter decidida y contundentemente hortera.

Pero claro, para ello no conviene tomársela en serio en ningún momento.

Posee una segunda entrega, Las aventuras de Hércules.

 

Nota IMDB: 3,1.

Nota FilmAffinity: 4,2.

Nota del blog: 5,5.

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