Tag Archives: Filosofía

El planeta salvaje

5 Sep

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Año: 1973.

Director: René Laloux.

Reparto (V.O.): Jean Valmont, Eric Baugin, Jennifer Drake, Jean Topart, Yves Barsacq, Gérard Hernández.

Filme

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         Hay una subversión esencial que suele producirse en el cine de terror: el descabalgamiento del ser humano como especie dominante. El terror es un elemento consustancial a la vida. Es solo cuestión de perspectiva. Siempre hay un enemigo, un Otro. Incluso entre hermanos.

El planeta salvaje es una película de tiempos de los conflictos de descolonización y de la Guerra Fría; de concepción francesa pero producida en Checoslovaquia, tras el Telón de acero. Y, como toda obra de ciencia ficción, su argumento ejerce de espejo deformante en el que se refleja una realidad problemática. El filme, basado en la novela Oms en serie de Stefan Wul, narra los avatares de un joven que, en un planeta alienígena, se libra de sus dueños extraterrestres, los traags, que lo tenían de mascota, y las dificultades que atraviesa al integrarse en una comunidad de humanos silvestres, tratados como una plaga de alimañas.

         En síntesis, la premisa posee numerosos paralelismos, incluida la sugerencia posapocalíptica, con El planeta de los simios, un clásico que curiosamente también surge de inspiración gala. De este modo, en El planeta salvaje el punto de vista de ‘lo humano’ se puede trazar a través de dos perspectivas: el de la sociedad traag dominante y el de la sociedad humana sometida o perseguida.

A partir de este cambio de enfoque, de esta alternancia, y con unos personajes que se ajustan a una condición de representaciones simbólicas, la cinta abre un marco reflexivo acerca de la naturaleza humana y de la idea de civilización, especialmente en cuanto a los aspectos más sombríos de las mismas. Con todo, sus conclusiones no son absolutamente pesimistas y también se rescatan cualidades positivas, si bien sometidas a una noción final de eterno ciclo -a lo que contribuye sin duda la vigencia de su sentido crítico-.

         Pero quizás por encima de este contenido filosófico destaca el hipnotismo y el atractivo de la animación checa. Los fondos, elaborados como decorados rígidos, evocan una embriagadora atmósfera surrealista, próxima a Salvador Dalí, que se adereza con una banda sonora con fugas psicodélicas. Asimismo, las figuras están modeladas como si se tratasen de recortables de un juego infantil, lo que refuerza tanto la percepción minimizadora del hombre como, con su cierta ingenuidad, las desconcertantes sensaciones que provoca la estética. El dibujo, además, sirve para completar la construcción de las personalidades, puesto que el mayor detallismo de los rasgos de los humanos contrasta con la inexpresividad, y hasta el rictus soberbio remarcado por los contrapicados, que muestran los traags.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

El hombre sin edad

22 Jun

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Año: 2007.

Director: Francis Ford Coppola.

Reparto: Tim Roth, Alexandra Maria Lara, Bruno Ganz, André Hennicke, Marcel Iures, Alexandra Pirici, Matt Damon.

Tráiler

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          El comienzo y el final de la filmografía de Francis Ford Coppola parecen tocarse a través de la experimentación y de la libertad creativa, marginal y casi, o aparentemente, indiferente a las consideraciones exteriores, si bien en este último trecho con el alivio económico de los prósperos viñedos californianos que posee el cineasta y empresario. Desde el estreno de Legítima defensa en 1997, diez años tardó en retomar la cámara el que, independientemente ya de lo que haga o deje de hacer, es uno de lo grandes titanes del cine contemporáneo -y eso en Estados Unidos, puesto que El hombre sin edad no llegó a España hasta 2012 y en formato DVD-. Y, después de esta dilatada espera, desconcertó con una película fragmentada y azarosa, recogida entre retazos de sueños, recuerdos e ilusiones, y fundada sobre profundas inquietudes filosóficas, religiosas e intelectuales.

El hombre sin edad se basa en la novela Tiempo de un centenario, del pensador e historiador rumano Mircea Eliade, pero el guion adaptado lleva, por derecho, la firma de Coppola. Desde los títulos de crédito y la introducción se pueden rastrear constantes presentes en su corpus. Los relojes como doliente símbolo de muerte de La ley de la calle, los océanos de tiempo atravesados para encontrar al ser amado de Drácula de Bram Stoker. Son las herramientas con las que se compone el drama del anciano profesor Dominic Matei, quien atravesado por un rayo en el Domingo de Resurreción de 1939, rejuvenece milagrosamente para, tal vez, poder completar la obra de su vida.

          Coppola sumerge el proceso sobrenatural en una textura onírica y ambigua, en la que se duda sobre la naturaleza del prodigio, sea concesión divina de una segunda oportunidad inesperada, sea frustrante condenación mitológica, sea alucinación póstuma, como el remordimiento del individuo que repasa su vida y ajusta cuentas consigo mismo que comparecía en la saga de El padrino. El curso inexorable del tiempo, la existencia que se escurre entre los dedos sin saber aprehenderla ni aprenderla, The End.

Entre hipermnesia iluminada, sueños lúcidos y dualidad psicológica y moral, Matei avanza hacia un dilema esencial, situado en la encrucijada entre la realización romántica o emocional y la realización intelectual o filosófica. El amor, el conocimiento. El sacrificio de la tragedia griega, el retrato de Dorian Grey, el eterno retorno, la metempsicosis, la filosofía oriental que subvierte la perspectiva y las concepciones occidentales acerca del tiempo y la materia. Cuestiones envueltas en un mundo igualmente inestable, al borde o abocado al abismo pero que, en cierta forma, parece conectado a la experiencia subjetiva del protagonista -su enfrentamiento con el doctor Rudolf y la sucesiva evolución de la guerra-.

          La poliédrica carga metafísica del argumento desemboca en lo que parecen ramales deshilvanados que se entremezclan con algunos problemas de coherencia narrativa, los cuales derivan en confusión fortuita y ocasional distanciamiento. El hombre sin edad es a ratos indagación existencial o ensayo reflexivo, a ratos cine de género, pero sin conjuntarse ambas partes demasiado bien.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6,5.

Proyecto Lázaro

26 Jun

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Año: 2016.

Director: Mateo Gil.

Reparto: Tom Hughes, Oona Chaplin, Charlotte Le Bon, Barry Ward, Julio Perillán, Rafael Cebrián, Bruno Sevilla.

Tráiler

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          Es sintomático que las imágenes con mayor potencia expresiva de Proyecto Lázaro sean, precisamente, las de una escena rescatada de La última tentación de Cristo donde el bíblico Lázaro aferra la mano del frágil y dubitativo Jesús de Martin Scorsese y lo arrastra consigo a la oscuridad de su sepulcro.

Puede que Proyecto Lázaro hubiera sido mejor libro que película. El tercer largometraje como director del canario Mateo Gil es una ambiciosa obra de ciencia ficción futurística que, a partir del caso del primer ser humano resucitado de la muerte, ahonda en preguntas existencialistas y trascendentales. Su revisión de la naturaleza humana conduce a conclusiones semejantes a las de Blade Runner, monumental reivindicación de los recuerdos y la empatía como parte esencial de lo que significa estar vivo -y además, como esta, relectura del referencial mito de Frankenstein-, puesto que el hombre que vuelve del otro lado, que ya no pertenece ni al pasado ni al presente ni al futuro, reflexiona acerca de una parte íntima e inmaterial que parece haber perdido en el proceso de laboratorio.

El alma, el espíritu, la humanidad; lo opuesto a la trivialidad de una identidad física que es pura mecánica biológica, perfectamente reemplazable y humillante en sus imperfecciones -asunto ampliamente abordado por Gil en su libreto de Mar adentro-.

          Dentro de su argumentario, el filme cuestiona paralela y puntualmente las motivaciones vitales actuales -la búsqueda imposible de la imitación de un anuncio de televisión- y deja una agria mirada acerca de la insatisfacción irreparable como otro gran elemento definitorio del individuo contemporáneo, una tesis que recientemente ponía al día Oslo, 31 de agosto, reapropiación de El fuego fatuo y su evisceración del dolor por el sentimiento de vacío existencial.

          Pero, en definitiva, el espectador percibe todo este conjunto de cavilaciones introspectivas a través de la voz en off del narrador, y no tanto de unos fotogramas que no alcanzan la altura metafísica que pretende formular el guion -también de Gil-, por más que el realizador, estableciendo un contraste con la aséptica ambientación del final del siglo XXI, quiera sublimar este horizonte de recuerdos y memorias por medio tonalidades claramente influidas por Terrence Malick, auténtico maestro en este campo e imitado hasta la saciedad en el cine de la última década -hay quien habla directamente de “epidemia” al respecto-.

En consecuencia, Proyecto Lázaro resulta una cinta discursiva y un tanto ensimismada que queda casi completamente desnuda debido a esta descompensación entre texto e imagen.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

La llegada

27 Nov

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Año: 2016.

Director: Denis Villeneuve.

Reparto: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O’Brien, Tzi Ma

Tráiler

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           Resulta curioso que en La llegada las naves alienígenas parezcan emular el enigmático monolito de 2001: Una odisea del espacio -el punto de inflexión de la ciencia ficción cinematográfica debido a su adentramiento en el universo filosófico posible- y, sin embargo, su utilización dramática se asemeja en mayor medida a la del planeta que era capaz de destripar la mente de los astronautas en Solaris -la contestación humanística y metafísica del soviético Andrei Tarkovski a este género que, en manos de los americanos, consideraba que se reducía a imágenes vistosas aunque vacías de alma-.

           La odisea que propone La llegada, pues, se orienta de nuevo hacia el interior del ser humano, y no hacia el exterior del cosmos. Protagonizada por una lingüista a la que se encarga establecer contacto con los extraterrestes, a partir de un armazón espectacular -la intriga acerca de las intenciones de los viajeros cósmicos, la tensión política que provoca su presencia extraña-, el filme explora una cuestión existencialista con toques místicos -la asunción estoica del Destino ligada al carpe diem, al aprovechamiento del camino a pesar del fatalismo inexorable que implica vivir-.

           Así las cosas, el libreto -tomado del relato corto La historia de tu vida, de Ted Chiangno se decide a reducir a los extraterrestres a lo que son, un mcguffin -trascendente en todas sus acepciones, pero mcguffin al fin y al cabo-, y monta alrededor de ellos un circo de tres pistas. El problema es que la viga maestra que sostiene las carpas de este circo es una paradoja tremendamente frágil porque depende de una dudosísima transgresión de las leyes espaciotemporales -elemento siempre propenso a crear contradicciones lógicas- y por la incoherencia que, a la postre, infunde a las acciones de los heptápodos -es difícil encontrar congruente su inteligencia precognitiva con sus procedimientos de contacto con la humanidad, o darle sentido último a su misión-.

Además, en el recorrido quedan subtextos interesantes, caso de la sempiterna y problemática relación entre el Nosotros y el Otro -los recurrentes términos de corte belicista o heterófobo, la igualación entre el helicóptero militar y la nave espacial, las referencias históricas y actuales al colonialismo…- o de la reflexión filológica a propósito la conexión entre lenguaje, comunicación y esquemas socioculturales -articulado primero mediante conceptos expuestos a las bravas, con crudos discursos teóricos, y luego finiquitado a salto de mata-.

           A uno le queda la sensación de presenciar un conjunto desequilibrado. De que el despliegue de medios técnicos y argumentales es exageradamente aparatoso para que, finalmente, el mensaje se reduzca a unas conclusiones filosóficas e intimistas abordadas con tanta superficialidad -y hasta cursilería-. De que son muchas alforjas para tan poco camino. De que La llegada es más Contact o Interstellar que Solaris.

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Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 5.

El porvenir

11 Oct

el-porvenir

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Año: 2016.

Director: Mia Hansen-Løve.

Reparto: Isabelle Huppert, Roman Kolinka, André Marcon, Edith Scob, Sarah Le Picard, Solal Forte, Elise Lhomeau, Lionel Dray, Grégoire Montana-Haroche, Lina Benzerti.

Tráiler

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           El porvenir es uno de esos filmes emocionales que no buscan el impacto sobre el espectador, sino filtrarse por sus poros y su sensibilidad a través del delicado retrato de un personaje, en este caso una mujer de mediana edad, profesora de filosofía, en la encrucijada de su vida.

Es, pues, un estilo de narrar que, según cada cual, resulta honesto o anticinematográfico -para un servidor, supuso aquí contemplar los fotogramas con cierta indolencia hasta, en un inesperado instante reflexivo, quedar deslumbrado por la profundidad y la complejidad que posee el relato-. Una dicotomía esta que, por supuesto, depende en igual medida del talento del creador.

           Leída la sinopsis, el libreto de El porvenir maneja unas premisas tremendamente melodramáticas –y hasta tremendistas- en su propósito de trazar el camino de autoreconstrucción y liberación de la protagonista. Sin embargo, la elegancia, la sensibilidad y la expresividad de Mia Hansen-Løve desde la escritura y la dirección, sumada a la capacidad interpretativa de Isabelle Huppert y del resto del reparto, otorgan al drama una entereza, una credibilidad y una humanidad sentimental admirables que, casi inadvertidamente, desde la cotidianeidad y la verosimilitud de las acciones y las emociones de los personajes, va acumulando en la película posos de notable trascendencia –incluso por encima de las abundantes alusiones filosóficas, que para uno, por desgracia lego en la materia, resultan difíciles de asumir con plenitud-.         

           Aunque se suele citar a Éric Rohmer como referencia principal del filme, me recuerda enormemente a Yasujirô Ozu la naturalidad de esa tranquila desesperación con la que El porvenir refleja los traumáticos y decisivos cambios vitales de una persona. Casi nada.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

Espías desde el cielo

22 May

“No se puede decir que la civilización no avanza… De hecho, en cada guerra te matan de una manera diferente”

Will Rogers

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Espías desde el cielo

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Espías desde el cielo

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Año: 2015.

Director: Gavin Hood.

Reparto: Helen Mirren, Aaron Paul, Alan Rickman, Phoebe Fox, Barkhad Abdi, Jeremy Northam, Richard McCabe, Monica Dolan, Iain Glen, Babou Ceesay, Kim Engelbrecht, Aisha Takow.

Tráiler

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            Es de los pocos ejercicios académicos de los que tengo un recuerdo medianamente completo, y es porque era el tema principal del primer examen que suspendí en mi carrera de estudiante. Fue en la primera evaluación de Ética de 4º de la ESO y, además, lo suspendí a lo grande. Sin paliativos. El ejercicio en cuestión –éste en concreto, o al menos uno bastante aproximado– pedía elaborar un razonamiento moral a partir de un texto de José Ortega y Gasset, que a su vez tomaba un fragmento de la tragedia Troilo y Cressida de William Shakespeare, y en el que dos figuras mitológicas de la Guerra de Troya, Héctor y Troilo, discutían sobre la posibilidad de entregar a Helena a lo aqueos para salvar a su patria de la destrucción en ciernes.

En síntesis, el eje de la disputa versaba sobre si el valor de una vida humana se podía someter a un juicio subjetivo –es decir, que el valor de esa vida humana sea el que cada cual le otorgue según su entendimiento- o si, por el contrario, la existencia de una persona posee en sí misma una estimación objetiva, ostentada por derecho e inexpugnable frente a los argumentos de las partes implicadas en el debate.

            Espías desde el cielo es la reformulación de este planteamiento del filósofo madrileño, donde  la argiva Helena queda sustituida por una niña keniata con un puesto de pan anexo a la vivienda donde un grupo de terroristas de Al-Shabab preparan un nuevo atentado suicida, de ejecución inminente, y que está siendo vigilado por las fuerzas conjuntas de Reino Unido y Estados Unidos a través de un dron, con orden de eliminar a los objetivos a bombazos.

Estamos por tanto ante un filme de cuartos cerrados, de diálogo y no de acción, al estilo de Doce hombres sin piedad o Punto límite, este último dueño asimismo de una guerra de despachos donde, al igual que en la presente, comparecen importantes dosis de patetismo político-burocrático. Qué lejos queda a estas alturas de Historia la guerra directa y presuntamente heroica, de acuerdo con los cantos épicos tradicionales, a la que reverenciaban desafueros como Black Hawk derribado, por citar un ejemplo en el que se comparta escenario y prácticamente situación geopolítica y, más aún, sobre hechos de apenas hace una veintena de años.

            El suspense de Espías desde el cielo, por tanto, proviene de negociaciones y eventos estáticos, del esfuerzo intelectual en sumarse, quedamente, al debate propuesto por los personajes. A estos efectos, la administración de la tensión y el pulso narrativo que luce Gavin Hood son espléndidos –era la única tarea que prácticamente le competía como director, tratándose como se trata de una película de guion, firmado aquí por el relativamente desconocido Guy Hibbert, escritor más acostumbrado a prodigarse en telefilmes y series de televisión que en largometrajes para la gran pantalla-.

            Este mencionado patetismo puntual de los dirigentes civiles -insuflado sin duda por este periodo de desafección política global-, es quizás uno de los tópicos que maculan ligeramente la por otro lado destacable madurez de la obra, con casos evidentes como la amigable familia de la cría, la izquierdista enfurruñada –a la que sin embargo Monica Dolan acaba otorgando dignidad humana como personaje- o el jefe de Estado norteamericano expeditivo –la óptica del relato es británica, cabe recordar-. Aunque, claro, no olvidemos que los estereotipos del cine se alimentan de un poso de innegable realidad, y viceversa.

Y también es posible que la película tenga ciertas concesiones buenistas para con los militares, dado que los incidentes bélicos recientes inclinan a pensar que, en el campo de batalla extracinematográfico, los remilgos para adoptar decisiones críticas en las campañas de acción no son tan pronunciados -en especial en el terreno de los bombardeos con drones, donde la distancia física parece tender a crear una distancia moral-. Pero incluso así se diría que el libreto quiere introducir un matiz a partir de la extracción y el objetivo estrictamente universitario de este piloto virtual interpretado por Aaron Paul.

            La cinta, pues, presenta un loable equilibrio en los puntos de vista enzarzados en esta polémica terrible, a la que se agregan además elementos que apuntalan las complejidades del fondo de escenario, como los mecanismos jurídicos que se imponen sobre las resoluciones marciales, las consecuencias de la imagen en toda situación que acontezca en estos tiempos -sea como elemento de influencia legítima o amarillista sobre la sociedad occidental, sea como espita que detona la creación de nuevos sublevados estimulados por el trauma vívido y cercano- o la difuminación de los frentes combatientes en una guerra atomizada y casi imprevisible –los occidentales que se unen a la yihad como respuesta a su alienación existencial, los antiguos foráneos asimilados que forman parte integral e indisociable de la metrópolis-.

            De este modo, a la vez que desarrolla un thriller bélico realmente entretenido, Espías desde el cielo provee un poderoso material de debate para la salida de la sala que, a fin de cuentas, redondea las virtudes de su conjunto.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

Nunca en domingo

22 Abr

“Cuando la gente no puede controlar sus propias emociones, entonces empieza a querer controlar el comportamiento de otras personas.”

John Cleese

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Nunca en domingo

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Nunca en domingo

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Año: 1960.

Director: Jules Dassin.

Reparto: Jules Dassin, Melina Mercouri, Giorgos Foundas, Mitsos Ligizos, Titos Vandis, Despo Diamantidou, Alexis Solomos.

Tráiler

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            En las Guerras napoleónicas, los soldados británicos solían mofarse, con su idiosincrático labio superior enhiesto, de que sus rivales franceses se mostraban más interesados en beber y follar que en practicar el arte bélico. Para la cultura anglosajona, el Mediterráneo acostumbra a simbolizar la ‘joie de vivre’, tanto en el bueno como en el mal sentido.

Compuesta desde la mirada extranjera del estadounidense Jules Dassin, director y guionista, Nunca en domingo es la síntesis de ese enfrentamiento de estereotipos entre la mentalidad anglosajona racional (e imperialista en su arrogancia) y la espontaneidad expansiva y relajada que se cultiva a orillas del Mare Nostrum –aquí, en el puerto ateniense de El Pireo, concretamente-. Dos cosmovisiones milenarias enzarzadas de este modo en un enfrentamiento que, favorecido por la monumental historia que acoge la localización, adquiere tintes de batalla filosófica.

            En cierta línea de diálogo, el turista Homer (el propio Dassin), arribado a la capital griega para hallar respuestas a la caída de la Atenas de los filósofos y la democracia, tacha de epicúrea y estoica, y por tanto de superficial y decadente a sus ojos, a la despreocupada Ilya (Melina Mercouri): una mujer capaz de levantar en armas una nación, que ejerce la prostitución por placer y con su gusto personal como único requisito para su clientela, que hermana y unifica cualquier corriente política por más que estén polarizadas por la Guerra Fría, y que, en el último de sus atrevimientos, no tiene reparo alguno en desacreditar las conclusiones de sus intelectuales e inmortales ancestros justificándose en el desprecio de ellos hacia el valor absoluto de la mujer y de la felicidad sensitiva e inmediata.

            De estas dos posturas antitéticas nace el conflicto ideológico y dramático de esta comedia romántica, que de nuevo motivada por el escenario cita referencias clásicas como Pigmalión o Lisístrata para sumarse al canto vitalista y arrollador que enarbola, irreductible, superando el arquetipo de ‘prostituta de corazón de oro’, su protagonista femenina, encarnada por Mercouri con un colosal derroche de energía y un sonoro magnetismo.

Se rastrea en Nunca es domingo la huella existencial de Dassin, más allá de compartir lugar de procedencia con su personaje: Middeltown, Conneticut. El cineasta, exiliado de los Estados Unidos desde la infame Caza de brujas macarthista, regala una loa entusiasmada a las virtudes de su patria adoptiva, encarnada por supuesto en la figura de la diva helena, con quien se casará seis años después.

            Esta calidez convierte a Nunca en domingo en una obra que, además de servir un interesante e inagotable debate –al que, como decimos, el realizador aportará por su parte conclusiones personales y proselitistas que uno puede compartir o no-, resulta divertida y contagiosa en su vivacidad soleada y fragante, gracias a la cual logra trascender por otro lado el toque de costumbrismo de postal que entraña la perspectiva original del filme y las ciertas caídas en el interés y el ritmo narrativo que se producen mediado el metraje.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

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