El padrino. Parte III

1 Feb

“Le haré una oferta que no podrá rechazar.”

Vito Corleone (El padrino)

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El padrino. Parte III

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El padrino. Parte III

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Año: 1990.

Director: Francis Ford Coppola.

Reparto: Al Pacino, Andy García, Sofia Coppola, Diane Keaton, Talia Shire, Eli Wallach, Franc D’Ambrosio, Richard Bright, George Hamilton, Joe Mantegna, Donal Donnelly, Helmut Berger, Enzo Robutti, Mario Donatone, Raf Vallone.

Tráiler

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            El desheredado. El hermano pequeño e incapaz. El pegote de titanlux que afea la Capilla Sixtina. El padrino. Parte III, la coda a la monumental epopeya de los Corleone, atesora una de las mayores colecciones de insultos y vilipendios de la historia del cine. Añadida 16 años después de la segunda entrega, había transcurrido demasiado tiempo y le separaba una diferencia de calidad suficiente como para suscitar tan enconado recelo, tanto o más cuando el propio Coppola reconocería que su única motivación para embarcarse en un proyecto que consideraba del todo innecesario era recuperarse del apocalíptico batacazo financiero de Corazonada, por desgracia, hito clave en el devenir de su trayectoria como cineasta.

No obstante, a mi juicio El padrino. Parte III continúa siendo una estimable tragedia envuelta en atractivos entramados mafiosos y, ahora, también elevadas confabulaciones políticas y religiosas. Además, la nueva secuela guarda una coherencia casi perfecta con sus dos precedentes y completa el círculo operístico de los Corleone de manera poderosa, reafirmando su recorrido gemelo a otro melodrama épico acerca de Sicilia, éste sí confeccionado para su representación musical sobre las tablas del teatro: Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni. Si cronológicamente la saga comenzaba en el epónimo pueblo de Corleone con un desgarrado “Hanno ammazzato Paolo!”, directamente influido por el célebre “Hanno ammazzato compare Turiddu!” de la obra de Mascagni, en El padrino. Parte III el fatalismo inapelable que acecha a Michael Corleone decide cerrarse definitivamente sobre él escogiendo como providencial escenario el Teatro Massimo de Palermo, de nuevo en Sicilia, donde su hijo Tony, tenor, estrena protagonismo precisamente en Cavalleria Rusticana.

            A lo largo del metraje, el guion de Coppola y Puzo establece a las claras su vocación conclusiva. Como si se tratara de un espejo desde el que se observase por completo la tumultuosa historia de la familia, el esquema narrativo desarrolla numerosos paralelismos en personajes y sensaciones, acciones y consecuencias, que desembocan en la constatación de ese fatalismo que preside inapelable la vertiente de puro cine negro de la serie y que se erige en paciente elemento justiciero, despiadado e implacable.

En El padrino, Michael renegaba de Satanás con atronador cinismo, subrayado en El Padrino. Parte II por medio de una de las sentencias de muerte más estremecedoras y terribles del séptimo arte. El padrino. Parte III culmina este ascenso inmoral al poder para constatar tajantemente que, en realidad, se trataba de un irreversible descenso a los infiernos. En consecuencia, el espectador reencuentra a un anciano y atormentado Michael clamando por Fredo en la tormenta. En esta carrera de Michael por salvar su alma, se acentúa por tanto el juego de abrumadores pecados, lacerantes remordimientos y perdones imposibles. Un tardío intento de contrición que se subraya además con la presencia directa de la religión en una trama ambientada en gran parte en el Vaticano, alrededor de en hechos reales como el papado y la misteriosa muerte de Juan Pablo I o los casos de corrupción del Instituto para las Obras de Religión, más conocido como el Banco del Vaticano, que, por otro lado, ofrecen una jugosa trama criminal. Cuanto más se asciende, mayor es la mierda que se pisa, observará Michael.

         Dado que semejante obra parecía exigir un desenlace apoteósico y catárquico, la película combina imágenes arrolladoras con excesos que se perciben afectados en demasía, concentrados en desproporciones que se perciben casi en una misma escena o, acaso, de acuerdo a la sensibilidad del espectador, en cierta verbalización redundante que, como se veía en las películas precedentes, no era necesaria –la alusiones a las limpiezas del alma a cambio de un sucio soborno, por citar una-. Ejemplo de ello son secuencias como el desopilante ataque en helicóptero que se diría manado del peor cine de acción de la época.

Ese deje hortera se extiende a otros factores que me resultan un tanto estridentes, como son la caracterización de un Michael colonizado por la personalidad de Al Pacino –quien siempre ha mostrado escaso entusiasmo personal hacia la trilogía-, la preocupación por la salud del pontífice expresada de forma hasta cursi o, asunto privado, que aparezca Andy García como el aspirante a sucesor Vinnie Mancini, heredero del carácter volátil de su padre Sonny.

         La intromisión del bastardo sin trono en el organigrama de los Corleone refleja, al igual que sucedía en los dos anteriores episodios, una nueva transformación generacional dentro de un negocio mafioso que, como su progenitor legitimado por la ley, el amoral sistema capitalista estadounidense, se encuentra en perpetua evolución –los Corleone ya son fundamentalmente un consorcio de inversores en Wall Street protegido por un ejército de abogados-.

Es posible que este penúltimo cambio en los tiempos carezca del romanticismo agónico que, paradójicamente, retrataba el fin del romanticismo de la idealizada mafia tradicional y que principalmente acaparaba la atención de la película inaugural –Coppola también abunda en ello con la desmitificación que supone ese anciano diabético que razona y confabula con su hermana solterona y su viejo guardaespaldas en una prosaica cocina-. Incluso una luz naturalista, corriente y poco favorecedora parece haberse impuesto sobre las densas tinieblas características de la fotografía de Gordon Willis.

         Sea como fuere, el conjunto ofrece la suficiente fuerza narrativa y un entusiasmo que va más allá del simple encargo alimenticio y que no solo permite valorar El padrino. Parte III como una cuanta menos digna prolongación de semejantes obras maestras del cine, sino como un filme que, visto con independencia, satisface el paladar con su arrollador conflicto emocional su interesante intriga conspiratoria político-criminal.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

7 comentarios to “El padrino. Parte III”

  1. Hildy Johnson 1 febrero, 2015 a 18:44 #

    ¡Guau, la trilogía de EL PADRINO! A mí me fascina y soy una defensora total de la tercera parte. Creo que la trilogía es una obra redonda. Qué bueno leerte los tres textos. Yo normalmente suelo ver una vez cada año o dos años la trilogía, así me fascina. Uno de mis personajes es Santino que curiosamente desaparece en la primera parte pero está presente siempre en las tres.

    Y esta tercera parte… tan solo por la escena de las escaleras al final… Fíjate que hasta me parece exagerado los insultos que recibió Sofia Coppola cuando me pareció totalmente apta para el papel. Creo que la pasó algo similar que a Angelica Huston cuando apareció las primeras veces en las películas de su padre.

    Besos
    Hildy

    • elcriticoabulico 2 febrero, 2015 a 13:31 #

      Coincido en que, si no es una trilogía redonda, cerca está de serlo. Y es que, como ves, también defiendo esta pobre tercera parte e incluso coincido en que Sofia tampoco se merecía tanta crítica… No sé, me parece que sale bastante natural y que tampoco hace nada tan horrible. En fin, con Santino sucede lo mismo que con el resto de personajes: su destino está escrito de antemano y, además, se transmite de forma hereditaria a sus sucesores. Ya se sabe, todo comienza con una espiral de venganza en Sicilia que va dando vueltas y vueltas atrapando cada vez a más gente.

      Besos y gracias por pasarte.

  2. plared 6 febrero, 2015 a 04:54 #

    Pues ami también me gusta esta tercera parte. Quizas con la desgracia de ser comparada con las dos anteriores, que son míticas y eso pues irremediablemente la lastra. Pero independientemente de eso, una gran película sin duda y Andy Garcia habria sido un gran padrino en una cuarta parta. Cuidate

    • elcriticoabulico 6 febrero, 2015 a 17:11 #

      Te doy la razón en todo menos, por el amor de dios, en lo de Andy García.

      • plared 7 febrero, 2015 a 05:25 #

        Pues a mi me gusta el tipo, sera mi parte cubana….

      • elcriticoabulico 7 febrero, 2015 a 13:33 #

        Jeje será, será. A mí por el contrario siempre le encuentro un algo que tiende a crisparme un poco…

  3. ALTAICA 6 febrero, 2015 a 20:15 #

    Jajajajja

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