Tag Archives: Venganza

Justa venganza

19 Ene

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Año: 1948.

Director: Anthony Mann.

Reparto: Dennis O’Keefe, Claire Trevor, Marsha Hunt, John Ireland, Raymond Burr, Curt Conway.

Filme

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            Por momentos, la fotografía de John Alton parece entregar lóbregas viñetas de cómic, con poderosas siluetas recortadas en negro sobre un fondo también cuajado de tenues luces y profundas tinieblas. El antihéroe entra en la alcoba de la doncella, que duerme inocente, como si fuese un villano de cuento de terror. O como una fantasía nocturna y oscura.

Justa venganza -en otras ocasiones retitulada al español como El ejecutor e incluso como Pasiones de fuego– recorre su trama con la economía narrativa del cine negro en B, sin agregar ni un solo gramo de más al plan de fuga de un hombre que se debate entre la huida a la libertad y el cobro de deudas a sus excompañeros de los bajos fondos; entre la mujer que lo adora con deseperada incondicionalidad y la joven atractiva que, encarnación de la rectitud, le exige la redención como primera señal de amor. Con el peligro atrás -la Policía que persigue-, de frente -el enemigo que aguarda agazapado- y al lado -el riesgo de la traición-.

            La base, que dispone un relato en constante movimiento, posee el aroma esencial del cine negro, si bien los personajes cuentan con matices singulares que los permiten escapar del estereotipo, acentuando su rugosidad dramática tanto en lo individual como en las relaciones que se trazan entre ellos. Y, sobre ella, Anthony Mann y John Alton estilizan la imagen hasta otorgarle una textura y una atmósfera cargada de crispación, melancolía y belleza. Un romanticismo triste que se conjunta con el que despliega otro detalle de excepción, el particular empleo de una voz en off que no parte del protagonista, sino de una de las mujeres que lo acompaña. De un personaje trágico que husmea en el ambiente ese fatalismo propio del género.

            La suavidad atercipelada de las sombras, los primeros planos de ojos brillantes, la fiereza del mar tras el rostro del antihéroe a punto de enfrentarse a sus rivales, la bruma que inunda el desenlace. La banda sonora trata de reforzar las notas oníricas que vibran en el conjunto. La estoica rocosidad de Dennis O’Keefe contrasta con la sensible delicadeza de Marsha Hunt de igual manera que la concisión con la que se desarrolla la historia se mezcla con la embriagadora estética que lo abraza, transforma y eleva. La violencia de la acción con el detallismo formal de la puesta en escena. La energía de un hombre que corre para estamparse contra el destino que ni siquiera lo persigue; tan solo lo espera. Como un reloj cuyas manecillas no se mueven… o giran demasiado rápido.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8,5.

Tras el cristal

8 Ene

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Año: 1986.

Director: Agustí Villaronga.

Reparto: David Sust, Günter Meisner, Gisèla Echevarría, Marisa Paredes, Imma Colomer.

Filme

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          Günter Meisner, que había encarnado nada menos que a Adolf Hitler en las miniseries Winston Churchill: The Wilderness Years y Vientos de guerra, así como en la comedia As de ases, rechazó en primera instancia interpretar el papel que le ofrecía un joven director, Agustí Villaronga, para Tras el cristal, su debut en el largometraje. El guion acerca de un antiguo médico nazi de los campos de exterminio, refugiado en una mansión campestre del extranjero y atrapado en un pulmón de acero tras tratar de suicidarse en un infructuoso intento de atajar su sed de sangre infantil, le resultaba demasiado horrible. Finalmente, terminaría aceptando la propuesta. Según Villaronga, el actor alemán le confesó que no podía sacarse la historia de la cabeza.

          En Tras el cristal, Villaronga expone una reflexión acerca de la mórbida fascinación por el mal y de la perpetuación del horror como si fuese una enfermedad transmisible o hereditaria, donde el componente nazi recuerda a obras precedentes y posteriores como El portero de noche o Verano de corrupción. De hecho, el filme se abre sin hacer prisioneros, reflejando una tortura con trazas de fetichismo sádico en una tenebrosa bodega. Pero se trata de una escena que se contempla también con el uso de un punto de vista subjetivo, implicando al espectador que, a la postre, parece materializarse en la extraña figura de un muchacho que se ofrece a cuidar al hombre, ya tetrapléjico después de ascender desde la bodega hasta la torre para, luego, lanzarse al vacío.

El director balear afronta el tema desde una sordidez que se va infiltrando desde el relato y la imagen. La crueldad de los hechos gana terreno progresivamente dentro de un siniestro juego de poder y dominación, sin ahorrar en escenas escabrosas que comparan abusos y agonías y que se muestran para desafiar esa fascinación de mirar que podría equipararse al ojo y la cámara igualados en los primeros fotogramas. En este camino, la fastuosa mansión y la estética verniega se van deformando en un escenario grotesco y agresivo, hasta que la estancia donde se encuentra encerrado el montruo acaba quedando aislada del tiempo y el espacio, de la realidad, envuelta en una pesadilla delirante, en una fábula de terror. Y, a la par, algo semejante sucede con el rostro de David Sust, de aspecto inocente pero cada vez más afilado por las sombras.

          Con todo, es cierto que la estética de Tras el cristal padece asimismo rasgos deudores de su época que no le sientan demasiado bien, subrayando los aspectos excesivos de una narración de retratos psicológicos extremos. Como es frecuente en la década de los ochenta, se detecta particularmente en determinadas decisiones del montaje y, en especial, en la banda sonora.

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Notaa IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota de blog: 7.

Nueve reinas

30 Nov

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Año: 2000.

Director: Fabián Bielinsky.

Reparto: Gastón Pauls, Ricardo Darín, Leticia Brédice, Ignasi Abadal, Tomás Fonzi, Óscar Núñez, Elisa Berenguer.

Tráiler

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         En la primera escena de Nueve reinas, Marcos, experto timador de amplio repertorio de trucos sucios, le advierte a Juan, el principiante pescado con las manos en la masa, de que no se puede hacer “la uruguaya” dos veces en el mismo establecimiento. Es ley. Nueve reinas es una película de estafas y engaños que, como “la uruguaya”, no puede hacer su truco dos veces delante del mismo espectador. Aunque, al igual que la dependienta de la gasolinera, uno no recuerde en qué consistía concretamente la artimaña, sigue sabiendo que, en el fondo, en todo lo que observa hay algo que no termina de cuadrar. Y vuelta a ver se le aprecian las costuras; la cartita que desaparece, el pase de manos exagerado, la palabrería que trata de distraer, la atractiva ayudante del mago.

         Nueve reinas es una obra divertida -con algún deje (anti)estético propio del periodo y un par de interpretaciones no del todo afinadas, como la del catalán Ignasi Abadal e incluso la de Leticia Brédice- y que se maneja con agilidad en estos bajos fondos argentinos apoyada en la (inestable) complicidad que se establece entre los carismáticos personajes principales, quienes juegan a la vez el papel de maestro y aprendiz, el de amigos enredados en una relación tóxica y, por último, tal y como se sugiere a través de detalles que mantienen la incertidumbre acerca de la naturaleza del personaje al que da autoridad Ricardo Darín, el de timador y primo.

Una versión a pequeña y pobretona escala del sistema que impera sobre el país austral, según termina de componerse en el paisaje humano y social de la obra. Un pícaro sobrevive, pero solo para ser seguir siendo apaleado en una partida mayor, inalcanzable para él, donde se juega siempre con las cartas marcadas. Pero, al menos, sus lecciones de cinismo superviviente son siempre sugerentes de escuchar, reveladoras dentro de su tendencia a la generalización tajante y jactanciosa. Y de paso, sobrepasando en parte el arquetipo universal, se obtiene un satisfactorio realismo reforzando la veracidad de los hechos y la potencia del retrato personal y nacional.

         El thriller escrito y dirigido por Fabián Bielinski es, de esta manera, una colosal competición de viveza entre tipos dudosos. El joven Juan, que trata de mantener ciertos códigos morales dentro de esta cancha embarrada, nunca puede fiarse por completo de nada. Para un trilero, las casualidades no existen. El relato mantiene constante esta atmósfera de sospecha, de suspicacia bajo la que se otea la tradicional combinación de sorprendentes giros de guion tan característica del género. De hecho, Nueve reinas cierra sus fotogramas en una especie de feria bajo techo que remite a la que Paul Newman tenía en su escondrijo en El golpe, rutilante clásico en estos lares. Aunque, para ello, es tramposa. Es tramposa, por ejemplo, en el sentido de que hay actuaciones y acciones que los personajes realizan exclusivamente de cara al espectador, para engañarlo a él y no al resto de individuos sobre el escenario. De ahí que, como “la uruguaya” no convenga probar suerte más de una vez, por si nos pescan con las manos en la masa.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 6,5.

El truco final (El prestigio)

28 Sep

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Año: 2006.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Hugh Jackman, Christian Bale, Michael Caine, Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Piper Perabo, David Bowie, Andy Serkis, Roger Rees, Ricky Jay.

Tráiler

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         Un mago queda reducido a la nada, al olvido, en cuanto revela o se descubre el truco con el que transforma una realidad ordinaria en una fantasía extraordinaria, explican en El truco final (El prestigio). Así pues, precisamente, ¿puede sobrevivir una película como esta una vez conocidos los giros de guion, tan relevantes para conseguir un desenlace espectacular?

         Todas las observaciones y reflexiones que despliegan los hermanos Christopher y Jonathan Nolan en el guion -basado en una novela de Christopher Priestparecen hablar del cine como arte que invita a dejarse llevar por la credulidad para evadirse, por un instante breve y mágico, de una cotidianeidad frustrante y cenicienta, cuando no directamente terrible. Tres actos para atrapar, conducir e impresionar a la audiencia; una artesanía devota para camuflar los trucos del oficio y disfrazar como maravilla asuntos que, vistos desde la tramoya, carecen del esplendor que lucen hacia la platea. Un perfecto resumen, en concreto, de la filmografía del cineasta británico, con Origen como ejemplo más evidente.

         Como El gran Danton que coprotagoniza la obra, Nolan sabe perfectamente cómo vestir esta historia de rivalidad y obsesión determinada por un trauma personal clásico -la pérdida y su reparación, esta vez mediante la venganza-, el cual introduce un componente sentimental que sitúa a la emoción como instintiva fuerza de conocimiento -una idea que se preconiza precisamente en Tenet para afrontar su enrevesamiento cuántico-. El antagonismo queda expuesto además como una manifestación constante de la dualidad de la fortuna -el triunfo y el fracaso, el pájaro que muere y el pájaro que sobrevive-, dentro de un conflicto se refuerza y completa simbólicamente -la magia y la ciencia, lo fabuloso y lo verdadero, la genialidad pura y la competición como sistema- a través del duelo paralelo entre Nikola Tesla y Thomas Alva Edison en su carrera de la electricidad, expresión de unos tiempos de asombros científicos constantes que, sin embargo, lleva a una incursión en el terreno de lo fantástico que ya es rizar el rizo.

Al igual que el show de los ilusionistas, este toma y daca entre ambos permite encadenar -a veces de manera forzada, como la suerte para ser escogido como mano inocente del truco del enemigo o la inclusión de Tesla en la trama- una sucesión de números que mantienen la atención y la intriga con un gran sentido del pulso. El montaje de la narración, con idas y venidas en el tiempo, no embarra el relato, sino que estimula, distribuyendo con cuidado la información, esa trayectoria ‘in crescendo’ hacia el cierre apoteósico del enfrentamiento y de la función.

         Sibilinos, los Nolan se guardan las espaldas frente a potenciales acusaciones de trilerismo. Tras pedir de primeras la completa atención del espectador, diseminan pistas que, una vez apagadas las luces sobre el escenario y repuestos de la experiencia, permiten constatar que la verdad estaba ahí, solo que, como nos habían advertido, estábamos embelesados con la ayudante del mago y no mirábamos en la dirección correcta.

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Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

Abou Leila

31 Ago

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Año: 2019.

Director: Amin Sidi-Boumédiène.

Reparto: Slimane Benouari, Lyès Salem, Azouz Abdelkader, Fouad Megiraga, Meriem Medjkrane, Hocine Mokhtar, Samir El Hakim.

Tráiler

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         En Abou Leila, lo entresoñado, o lo alucinado por una mente desquiciada, es más elocuente que una realidad que, como sostiene la narración, también se la han apropiado los locos que se abren las vísceras los unos a los otros en nombre de a saber qué peregrina razón. Y las evocaciones del protagonista, que brotan entre lisergias oníricas, le recuerdan que, para hacerse hombre, ha de cometer un sacrificio sangriento. Dios así lo quiere, Dios así lo manda.

         Estas escenas se constituyen como fugas que podrían arrojar pistas acerca del enigma que envuelve la obsesiva expedición hacia el desierto de dos amigos. Son policías de la Argel reventada por el terrorismo de la Década Negra argelina, un contexto cuya naturaleza ha quedado antes definida por medio de una magnífica escena introductoria, con un soberbio manejo de la tensión y en la que los continuos aunque suaves y coordinados movimientos de cámara introducían ya una leve sensación de irrealidad a un asesinato frío, cruel pero acaso torpe, en el cual el verdugo muestra asimismo una inopinada expresión de desolación, de pérdida, de culpa. Nadie sabe bien lo que hace.

Abou Leila navega entre géneros: la road movie delirante, la intriga policíaca, el drama psicológico. La información es inexistente o, de haberla, dudosa. Aunque es suficiente para proseguir el camino por la fuerza del hipnotismo.

         “Ha tenido suerte”, espeta un curtido patrullero acerca de la muerte de un niño en un terrible accidente de tráfico, en mitad del sur perdido. Ni mil años de terrorismo igualarían la catástrofe en bucle que él testimonia cada día. Por el terrorismo, por la pobreza, por el desastre, Abou Leila se lamenta sobre generaciones enteras inmoladas en la irracionalidad, en el sinsentido. Es una de las etapas que atraviesan los amigos mientras persiguen un fantasma que se manifiesta a través de la tragedia omnipresente. Argelia está atestada de Abou Leilas. La atmósfera es espectral, febril, mortecina, hostil, luctuosa. Es así tanto por el estado mental de los personajes como por el estado político y social del país que habitan. La violencia se olisquea en el aire, está solapada, como concentrándose, a punto de estallar en cualquier momento.

         Cuando parece que por fin se ha dado con una pista cierta, el filme se muda por completo al punto de vista del hombre demenciado por el trauma y, con ello, se sumerge de lleno en el surrealismo alegórico, en ese territorio abstracto donde vaga un individuo que tan solo quiere reparar el mal con lo que está en su mano. Un sacrificio personal, un grito de inocencia en un país de culpables.

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Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7,5.

Las diabólicas

22 Jul

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Año: 1955.

Director: Henri-Georges Clouzot.

Reparto: Véra Clouzot, Simone Signoret, Paul Meurisse, Charles Vanel, Pierre Larquey, Jacques Varennes, Jean Brochard, Noël Roquevert, Thérèse Dorny.

Tráiler

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         En Las diabólicas, hay un prestigioso cardiólogo que apenas tiene dos frases. La primera es convencional, vinculada al contexto social en el que tiene lugar. La segunda, con esta vigilancia de las formas ya relajada, es lapidaria hasta lo miserable. Esta es la medida que Henri-Georges Clouzot aplica a sus criaturas y, con ello, a la sociedad francesa que acoge el plan homicida en el que se embarcan dos mujeres para vengarse de la brutalidad de su esposo y amante, respectivamente, todo violencia y humillación. El personaje del benefactor es un comisario jubilado que, mediante técnicas pasivo-agresivas, insiste en meter las narices donde nadie le ha llamado. La moral que domina la película es tan pútrida como el pescado de saldo que le sirven a los alumnos del internado donde se concentra esta atmósfera tóxica y mezquina.

         Clouzot afirmaba que había comprado los derechos de la novela original de Pierre Boileau y Thomas Narcejac adelantándose por apenas horas a Alfred Hitchcock, que a la postre sería un admirador confeso del filme. Estos escritores, de hecho, le proporcionarán poco después el material para rodar Vértigo (De entre los muertos) y se considera que la esencia de Las diabólicas se encuentra también en Psicosis.

No obstante, en cualquier caso, se trata de una cinta que sigue coherentemente la estela del corpus de Clouzot, con grandes ejemplos como El cuervo o En legítima defensa, donde la intriga, de potente contenido psicológico y bañada en ponzoñoso humor negro, sirve como afilado escalpelo para viviseccionar el cuerpo gangrenado de esta burguesía gala que, por supuesto, parece intercambiable por la de cualquier otro país. Hasta los niños -entre ellos un debutante Johnny Hallyday– son una pequeña imitación de la sordidez de los adultos. Así, tras dibujar un repulsivo tirano, el cineasta invita a sumarse a una acción criminal que se ejecuta a la vista, sin esconder detalle, hasta dejar tras de sí un cadáver que incluso es “feo”.

         Parte del suspense brota de la relación misma entre las aliadas, cuyo carácter antitético, propenso a los encontronazos con cierto subtexto lésbico, se manifiesta asimismo en el físico de sus intérpretes, Véra Clouzot y Simone Signoret. Una, pequeña, delicada y sensible; la otra, rotunda, decidida y pragmática. Pero la tensión principal va alentándose a partir de los giros argumentales que dejan en una posición cada vez más extraña y comprometida a las protagonistas, jugando con su percepción y con su estado mental -e incluso de salud, en el caso de la primera-.

Clouzot demuestra gran habilidad para convencer y sugestionar al espectador para que sea partícipe de esta trama posteriormente desquiciada en un misterio con tintes de terror que, apegado al espíritu del relato, no muestra sino otra forma de ruindad. Un último e inesperado puñetazo que redondea la maldad subyacente de la obra.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 8.

El gran silencio

22 May

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Año: 1968.

Director: Sergio Corbucci.

Reparto: Jean-Louis Trintignant, Klaus Kinski, Vonetta McGee, Frank Wolff, Luigi Pistilli, Mario Brega, Marisa Merlini, Spartaco Conversi, Raf Baldassarre, Carlo D’Angelo.

Tráiler

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          Django, con las manos agujereadas como Cristo, libraba su duelo final en un cementerio. Una de las huellas que Italia imprimía a su apropiación del western americano es un cierto sentido religioso que, no obstante, siguiendo el tono de sus producciones, puede resultar tan exaltado como irónico. En Por un puñado de dólares, el jinete errante de Sergio Leone también terminaba transformándose en un resucitado que regresaba de entre los muertos para impatir justicia. Las alusiones bíblicas de la Trilogía del dólar, exacerbadas por ese tremendo personaje que es el feo Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez, son tan precisas como sonoras.

          En cierta manera, el Silencio que da nombre a la película aquí comentada -y que además coincide con el de un reciente documental rodado en un monasterio cartujo de los Alpes franceses, un pistolero mudo que caza pulgares de asesinos, posee esa dimensión de ángel de la muerte. La madre que le ruega por la venganza de su hijo aparece como una Piedad entre la nieve. Su rival viste sombrero de cura y, manifestación de su naturaleza desviada, abrigo de mujer. El aura sobrenatural del forastero se completa con una horrible cicatriz que revela su pasado y que le encadena asimismo a una noción de muerte e incluso de fatalismo, puesto que el argumento traza un círculo a partir de uno de los villanos de la función: un banquero y juez de paz que comercia con el precio de las cabezas humanas.

Este cacique es, en sí mismo, la punta de un sistema degenerado. Los cazarrecompensas que cobran sus cabelleras siempre se ufanan de operar dentro de una escrupulosa legalidad. El auténtico bueno de la historia es un sheriff hábil con el revólver, recto en su código y campechanamente desengañado acerca de los tejemanejes y las promesas del poder constituido, pero es también un tipo cejijunto y por momentos bufonesco.

          El gran silencio posee una atmósfera extraña. Desde su insólita localización -uno de esos contados westerns de la nieve- hasta la discapacidad del protagonista, pasando por el arma que esgrime -una 7.63mm Mauser C96– e incluso por la relación romántica interracial que desarrolla. Es prácticamente un western estático -en ocasiones demasiado, hasta parecer que se estanca en un pesado limbo-. Todo ese desconcierto y oscuridad que anida en su fondo, electrizándolo, explosionará en un brutal desenlace que, aparte de su significación política, aporta a la obra otro especial toque de distinción.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

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