Tag Archives: Venganza

Un revólver solitario

12 May

.

Año: 1956.

Director: Harry Horner.

Reparto: Anthony Quinn, Katy Jurado, Peter Whitney, Douglas Fowley, Whit Bissell.

Filme

.

          Un hombre comparte su almuerzo con un perro callejero. Mira con desconfianza a los jinetes que se aproximan. “¿Quién es ese que está a las puertas de la taberna?”, pregunta el primero. “Solo un hombre. ¿A quién le importa?”, responde el otro.

Un revólver solitario explora el Oeste desde una perspectiva escéptica y agria, donde los mitos caen derribados por tipos que han aprendido a usar la pistola cinco años atrás y solo con el propósito de vengarse por unos hechos que ni siquiera se revelan, o que el propio finado ni siquiera parece recordar. Es un western donde el sheriff es un pobre diablo que carga con la placa a su pesar, donde los villanos crepusculares son tenderos ambiciosos y fanfarrones, y donde los pistoleros de ágiles muñecas solo aspiran a matarse ahogándose en whiskey. Un western donde el héroe, mexicano errante, naufraga entre la simplicidad, la timidez y la ebriedad, pues ni es pistolero ni es civil. Incluso aparecen ciertas alusiones temáticas a Los siete samuráis en el papel que desempeñan los aldeanos del villorrio decandente donde tiene lugar la acción, incapaces de afrontar sus miedos y desconfiados hacia quienes sí logran blandir un arma en su defensa.

          Lindante con la vertiente psicológica del género, en boga en la desquiciada década de los cincuenta -Katy Jurado bien lo sabía tras participar en la enseña de la corriente, Solo ante el peligro-, el de Un revolver solitario es, pues, un Oeste sumido en sombras de desencanto, desmitificación, amargura y desesperación. Después de la extraña presentación del protagonista, el linchamiento del sheriff lo confirma de la peor de las maneras con una escena de enorme agresividad por su sinrazón y por el patetismo de sus participantes.

          Película de serie B, el realizador de origen bohemio Harry Horner -padre del compositor James Horner y cuya carrera en el séptimo arte está más ligada al diseño de producción, cargo desde el que participa en otras obras turbulentas como El buscavidas o Danzad, danzad malditostraslada estas penumbras psicológicas al escenario ayudado por el director de fotografía Stanley Cortez, quien había creado un cuento expresionista con ellas en La noche del cazador. Un escenario que, además, filma generalmente mediante planos enteros y americanos.

          La estrechez de recursos y la distancia hacia los personajes confiere a la obra un aire un tanto estático o teatral. Un ambiente seco, hostil y aislante donde comparecen los conflictos internos de los personajes, relacionados también con estas sensaciones. El contrapunto lo ofrece el personaje de Jurado en un papel de mujer madura, fuerte y potencialmente redentora que, a pesar de esta solidez de base, posee una evolución un tanto más desdibujada. Aunque no es la mejor interpretación de Quinn, la bastedad, la ternura y la desorientación que despierta su rostro, sus gestos, su tozudez y su determinación, sustentan un argumento que en ocasiones echa en falta mayor firmeza narrativa, pues parece caer en redundancias y vacíos a pesar de sus breves 80 minutos de función.

.

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 6,5.

Zatoichi

28 Abr

.

Año: 2003.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Takeshi Kitano, Tadanobu Asano, Yuuko Daike, Daigoro Tachibana, Michiyo Okusu, Guadalcanal Taka, Yui Natsukawa, Ittoku Kishibe, Saburô Ishikura, Akira Emoto, Ben Hiura.

Tráiler

.

            Dentro de esa exótica hibridación entre el jidaigeki japonés, el western estadounidense y el spaghetti western mediterráneo, explícito en películas como Los siete samuráis, Los siete magníficos, Yojimbo (El mercenario) o Por un puñado de dólares, el masajista y espadachín ciego Zatoichi vendría a encarnar el arquetipo del justiciero errante que desface entuertos allí por donde para. Un personaje fértil -protagonizó una saga de 26 películas y un centenar de episodios de televisión hasta 1989-, al que Takeshi Kitano ya había parodiado en Getting Any? debido a su popularidad en el país asiático, y del que se iba a apropiar en esta Zatoichi, remozando el modelo con su propia personalidad incluso a pesar de que la idea de recuperarlo para el cine había procedido de terceros. Casi por encargo, por así decirlo.

            Entonces, Zatoichi aparece en pantalla con el cabello rubio platino pero con sus habilidades de esgrima intactas, con las que se enfrenta a una piara de villanos cobardes y sin honor. Es una visión irreverente, acorde al sentir de Kitano, a quien su pesaroso e irredimible fatalismo le convierte en un ironizador ácido y peligroso.

Pero también, siguiendo esta sensibilidad característica del cineasta, es una visión un tanto melancólica, marcada por las cicatrices del pasado, la conciencia de la muerte omnipresente y la preparación de un duelo entre iguales, entre marginales anacrónicos que, como los siete guerreros heroicos y trágicos de Akira Kurosawa, ya no tienen cabida en la sociedad, toda vez que esta última misión a la que se enfrentan desprende ya palpitaciones terminales.

            De esta confluencia -análoga a la encrucijada de caminos y de violencias donde convergen Zatoichi, un ronin en busca del honor perdido y dos geishas que pretenden regenerarse desde la venganza-, nace una obra poética -la sangre indisimuladamente digital que se transforma en pinceladas artísticas- y patética -las incursiones humorísticas cercanas al slapstick, sintetizadas en la imagen que cierra el metraje-. Una obra que narra de forma similar la acción sangrienta y el humor cándido -el típico juego estático de Kitano con una imagen inicial de causa y otra final de consecuencia, frecuentemente elidiendo la transición entre ambas-. Una obra musical de repeticiones rítmicas entre recuerdos pretéritos y acciones presentes, entre evocaciones y reacciones. De ahí la participación de unos labriegos que parecen marcar con sus movimientos y herramientas el ritmo de la vida, que sigue fluyendo una vez concluya la trama -el festivo, chocante y encantador número de baile-.

            Recuperando de nuevo la conexión a través de las culturas, Zatoichi también tendrá un par de versiones foráneas: la italiana El justiciero ciego (Blindman) y la americana Furia ciega, amén de otros homenajes como el que aparece en la reciente Rogue One: Una historia de Star Wars.

.

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8.

El amargo deseo de la propiedad

15 Feb

el-amargo-deseo-de-la-propiedad

.

Año: 1973.

Director: Elio Petri.

Reparto: Flavio Bucci, Ugo Tognazzi, Daria Nicolodi, Mario Scaccia, Orazio Orlando, Salvo Randone.

.

           El amargo deseo de la propiedad comienza conjugando el verbo haber entre susurros que no se sabe si son de éxtasis, de súplica o de oración. Forma el decorado una serie de máscaras teatrales que desde esta primera andanada, y con evidente sarcasmo, arraigan la obra en un escenario de tragedia griega que continúa luego con los soliloquios que rompen con la narración; aunque traza asimismo su parentesco con el distanciamiento dramático -siempre discutible- propugnado por Bertolt Brecht. El tono, en cambio, prolonga y complementa el de las furibundas obras de Elio Petri acerca de la impunidad de los poderes coercitivos del Estado (Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha) y la alienación del proletariado explotado (La clase obrera va al paraíso). Es decir, que el filme desarrolla una farsa incontrolada que en este caso apunta su cañón hacia el capitalismo materialista.

Digo cañón porque Petri no dispara con bala y tiros de precisión; lo hace con obuses y a bocajarro. De hecho, en apenas 20 minutos el filme ya ha acumulado sin freno una auténtica antología de ideas subversivas a propósito del tema, protagonizado por un monaguillo que pertenece al templo moderno de la moneda y que sufre una reacción alérgica al dinero sucio, lo que le empuja a cometer el sacrilegio de rebelarse contra el capital y sus símbolos litúrgicos -el billete- y lanzarse al terrorismo marxistamandrakista, focalizando su objetivo en un carnicero enriquecido sin escrúpulos, tan miserable que solo tiene dinero, y contra el que emprende una campaña de desplume no por acumular estos bienes ajenos, sino por despojarle de ellos a la víctima ejemplarizante.

           Petri despliega así una caricatura de Italia -una de las cunas de la cultura occidental contemporánea- sometida bajo un sistema que se funda a partir del latrocinio, piedra angular del orden social, de los mecanismos de poder y del funcionamiento de la maquinaria del país -incluso es fuente de trabajo, razón que en el presente sirve de argumento inexpugnable y que también anticipará la maliciosa Robocop 2 esta vez respecto del narcotráfico-. Una comunidad, en definitiva, donde se ha materializado la sustitución semántica y filosófica del verbo ser por el verbo tener; donde la posesión material se extiende a la posesión corpórea y hasta espiritual del prójimo.

           La denuncia -que en su título original contradice irónicamente la sentencia del pionero anarquista Pierre-Joseph Proudhon “la propiedad es un robo”- surge tan vigente entonces como ahora -se la podría comparar, por el uso de la sátira de armamento pesado, con la reciente El capital, firmada por otro de los paladines del cine de compromiso del Viejo Continente, el grecofrancés Costa-Gavras-. En este sentido, resulta desalentador comprobar la actualidad de un buen puñado películas del cine italiano de protesta de los años sesenta y setenta, como el citado retrato sociolaboral de La clase obrera va al paraíso, las corruptelas urbanísticas de Las manos sobre la ciudad o los tejemanejes del cuarto poder al amarillista servicio del status quo de Noticias de una violación en primera página.

Por desgracia, al igual que le ocurre a esta última, El amargo deseo de la propiedad renuncia a cualquier tipo de sutileza en su ataque frontal y, si bien prolija en contenido crítico, es tan tremenda en su exposición que se despeña por el precipicio del simplismo y la deformación radical. Termina por fatigar su feísmo estético, impronta -puede que involuntaria- del feísmo moral que recopila, ahogando con ello el impacto de sus embestidas.

           Tardaría ocho años en estrenarse en España.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 5.

Gangs of New York

11 Feb

gangs-of-new-york

.

Año: 2002.

Director: Martin Scorsese.

Reparto: Leonardo DiCaprio, Daniel Day-Lewis, Cameron Diaz, Jim Broadbent, John C. Reilly, Henry Thomas, Liam Neeson, Brendan Gleeson, Gary Lewis, Stephen Graham, David Hemmings.

Tráiler

.

           Toda nación reclama su forja mítica. Para los Estados Unidos, su representación tradicional proviene de la conquista del Oeste, materialización del Destino manifiesto que Dios reservaba para sus elegidos. Martin Scorsese, por el contrario, escoge su ciudad natal, la oriental y heterogénea Nueva York, para escenificar su propio capítulo de la construcción del país, que no obstante se desarrolla en uno de los periodos clave de su Historia, la Guerra de Secesión, y en ella comparecen patriarcas antiguotestamentales equivalentes a los iluminados fundadores que en su día mostraron filmes como Río Rojo.

Al igual que en aquella, Gangs of New York expone el crepúsculo de unos tiempos genéticos, pertenecientes a la leyenda oral, cuyo final queda desencadenado definitivamente por un freudiano conflicto paternofilial destinado a romper simbólica y catarquicamente con el pasado. Pero, en paralelo, se asiste a la transmisión de unos rituales que trazan una herencia que se perpetúa, configurando así la esencia eterna de la comunidad que los acoge y difunde de generación en generación -el corte de navaja, la marca de la vergüenza-; tanto o más importantes, en conclusión, que otra liturgias ajenas como las relacionadas con la religión -el perdón, por ejemplo, palabras aún vanas para estas gentes, señala el guion tras la introducción-.

Aunque rivales en la guerra santa entre clanes de gánsteres que acontece a la par que la guerra civil, la película hermana constantemente, en especial como oficiantes de estos ritos repetidos, a las figuras del cura Vallon (Liam Neeson) y del carnicero Bill Cutting (Daniel Day-Lewis), erigidos en progenitores biológico y putativo del protagonista, Amsterdam (Leonardo DiCaprio), representando asimismo el sustrato importado y nativo -en su concepción etnocéntrica anglosajona que reduce al indio a la curiosidad antropológica- que caracteriza al país norteamericano, formado mediante el aluvión de razas y lenguas.

           No es extraño, por otro lado, que Scorsese escoja estos círculos paleomafiosos y marginales para sintetizar el nacimiento de los Estados Unidos, elección que reproducirá en calidad de productor con la serie Boardwalk Empire, otro verso más de la misma canción. En una nación que rinde culto a la empresa individual como elemento de progreso, ajeno a las imposiciones burocráticas, coaccionadoras e inmovilizadoras del Estado, el forajido rebelde e irreductible se convierte en padre prócer. 

Bajo su influencia se advierten, embrionarias y defectuosas, las raíces que sustentarán la arquitectura presente de la nación, probablemente a estas alturas todavía imperfectas a pesar de la propaganda de prepotencia y triunfalismo de los descendientes de estos terribles y decisivos pioneros. Reflejo de las reflexiones de John Ford en la primordial El hombre que mató a Liberty Valance, el rasgo definitorio de los incipientes Estados Unidos que plantea Gangs of New York es la noción del espectáculo. El show como fundamento integrador de la Justicia, de las garantías sociales, de la democracia misma. El trabajo de los bomberos se transforma en un teatro de títeres y cachiporras; los juicios a muerte, en un arreglo con declamaciones y aplausos fervorosos; los enrolamientos de inmigrantes a pie de muelle, en un musical melodramático con entradas y salidas metafóricas; las votaciones electorales, en un circo de tres pistas con disfraces y magos.

           A juego, Scorsese monta un espectáculo monumental -un tanto irregular en sus elevadas pretensiones y en su nervio trágico- que se condensa en el Five Points neoyorkino, reducción y al mismo tiempo sublimación del gran cuadro estadounidense, territorio presuntamente a espaldas del progreso general y semillero de ideas y revoluciones, campo de barro, grasa y miseria y enclave habitado por protagonistas del gran relato americano que, sin embargo, acaban subsumidos por el curso de los acontecimientos narrados por la Historia oficial, como quedará escenificado en su reconstrucción de los disturbios del reclutamiento de Nueva York.

.

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

John Wick (Otro día para matar)

1 Feb

john-wick-otro-dia-para-matar

.

Año: 2014.

Directores: Chad Stahleski, David Leitch.

Reparto: Keanu Reeves, Michael Nyqvist, Alfie Allen, Willem Dafoe, Dean Winters, Adrianne Palicki, John Leguizamo, Bridget Moynahan, Ian McShane, Lance Reddick, Clarke Peters.

Tráiler

.

          Media HBO sale en John Wick (Otro día para matar). Suele ocurrir en ciertas películas, supongo que porque comparten representante, tienen conexiones con ciertos agentes de cásting o por algún asunto relacionado con las productoras. Un pequeño detalle para disfrute de seriéfilos, en todo caso, que alegra el esquema férreamente de serie B del filme, que recoge la premisa del ultraprofesional de la violencia o de la muerte, zen, estilizado y letal, que se encuentra atrapado por un pasado o por unas circunstancias fatales que le impiden regenerarse, al estilo de lo que en tiempos actuales, con gran éxito, ha ensayado el francés Luc Besson, en calidad de productor, en su trilogía Venganza, con el gigante norirlandés Liam Neeson al frente como fuerza desencadenada.

Un cine espartano que, en Estados Unidos, sirve de refugio para estrellas en decadencia como Nicolas Cage, Mel Gibson o, en esta ocasión, Keanu Reeves.

          Viudo compungido que, tras el robo de su coche y del asesinato de su inocente perrito, está dispuesto a reventar la ciudad y la mafia que la rige desde la oscuridad de la noche, John Wick se apropia entonces del espíritu de violencia nihilista del Parker de Donald Westlake -que por cierto había encarnado Gibson en Paybacky lo aplica con un estilo que navega a medio camino entre un cómic de abundante entintado negro -los tradicionales tonos azulados y las sombras del thriller mezclados con el chroma de los efectos especiales- y el videojuego de disparos en primera persona -a los que de hecho cita confesamente y con cierta ironía-, salpicado con las elaboradas coreografías de origen asiático y estandarizadas en Hollywood desde El caso Bourne.

          Un continuo de movimiento, en definitiva, en el que la única línea maestra del guion consiste en seguir adelante sin hacer prisioneros entre una miríada de secuaces que tan solo ejercen de mobiliario dentro del decorado, y donde el estatismo del rostro de Reeves, eterno hombre triste, se contrapone a la acción torrencial que se desencadena a su paso, filmada con cierta soltura por dos directores que, originalmente, son de oficio especialistas: Chad Stahleski y David Leitch.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 5,5.

Comando

25 Ene

comando

.

Año: 1985.

Director: Mark L. Lester.

Reparto: Arnold Schwarzenegger, Rae Dawn Chong, Dan Hedaya, Vernon Wells, Bill Duke, David Patrick Kelly, Alyssa Milano, James Olson.

Tráiler

.

          No es una cuestión relacionada con su trapacero guion, producto de la apuesta por la mano dura frente a la amenaza exterior propia del Hollywood bajo la Administración de Ronald Reagan y también rico en frases lapidarias características de este cine de acción hipertrofiado de los ochenta. Es un asunto de realización. Es interesante observar como las películas de objetivos estrictamente comerciales y diseño de saldo también experimentan una necesaria evolución formal. Mientras que las películas de John McTiernan aún sobreviven con suficiencia, los productos de otros directores menos hábiles parecen haber sido rodadas hace cien años.

          Es el caso de Comando, en la que Mark L. Lester conduce tras las cámaras las aventuras contarreloj de un exmilitar de élite (Arnold Swarzenegger, rey de este fornido microuniverso) que ha de salvar a su hija de las garras de los insurgentes latinoamericanos que la han secuestrado -hombres de la pérfida República de Val Verde, también presente en Depredador y La jungla 2: Alerta roja-. 

El factor ideológico es meridiano: el peligro de los comunistas en el patio trasero de los Estados Unidos, los traidores infiltrados en casa, su mezquindad para atacar a los inocentes desprotegidos, esa necesidad de apostar por la mano dura incluso a nivel individual, con un ‘one army man’ tipo el John Matrix de ésta, el John Rambo que reparaba las dudas de Vietnam en la menos atribulada segunda parte de su saga particular o el mayor Scott McCoy que en hora y media erradicaba el terrorismo árabe en Delta Force.

          Pero de nuevo, más allá de estos delirios belicistas del periodo -que se pueden tomar en serio o a mofa como parte de las mil fantasmadas que trufan la función-, la principal flaqueza de Comando es lo mal que está filmada. La acción se percibe rígida, con coreografias escasamente fluidas y pobremente montadas que podrían ser el equivalente al tosco cartón piedra del cine histórico de décadas atrás. Pesa demasiado la influencia de la saga Bourne en el rodaje de este tipo de secuencias y la correspondiente percepción de realismo por parte del espectador. Su comparación con cualquier película reciente de Jason Statham -gran guardián contemporáneo de las esencias del género- desnuda la obsolescencia formal de esta obra en la que, a modo de curiosidad, el bueno de Chuache demuestra su versatilidad como intérprete: si ya había encarnado a la versión adulta de Jorge Sanz en Conan el bárbaro, aquí actúa como si fuese el padre de Alyssa Milano, quien por entonces tenía 12 años.

          En su momento se proyectó una continuación, finalmente descartada por la falta de interés de Schwarzenegger en retomar el papel. El material desechado se reciclaría precisamente en la entrega inaugural de Jungla de cristal, otro icono del cine de acción ochentera que, sin embargo, goza de la distinción de estar protagonizado por un antihéroe más frágil, más humano y con 100 kilos menos de músculo y esteroides -el objeto al que precisamente rinde pleitesía Comando en la presentación del gigante austriaco, herencia alucinada del culto nacionalsocialista al físico que sería inmortalizado en fotogramas por Leni Riefenstahl-.

.

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 3,5.

Gladiator

18 Ene

gladiator

.

Año: 2000.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Russell Crowe, Joaquin Phoenix, Connie Nielsen, Oliver Reed, Richard Harris, Djimon Honsou, Derek Jacobi, Ralf Moeller, Tomas Arana, David Schofield, John Schrapnel, Spencer Treat Clark.

Tráiler

.

            Convertida ya en clásico popular moderno, con sus incondicionales y sus detractores, Gladiator recuperaba y actualizaba al comienzo del milenio la fascinación del cine colosal de reconstrucción histórica que prácticamente se había perdido tras el desplome de los estudios de Samuel Bronston; del mismo modo que, presumiblemente respaldado por esta iniciativa exitosa, Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra hará lo propio apenas tres años después con su respectivo subgénero -aunque a mi juicio con mucho menor calidad, sabor y empaque-.

            La alusión a las descomunales producciones de Bronston no es casual cuando, precisamente, el argumento de Gladiator saqueará sin pudor La caída del imperio romano, ambientada en idéntico periodo -la transición entre el césar intelectual Marco Aurelio y el césar vicioso Cómodo– y con semejantes premisas dramáticas inspiradas en relatos históricos, unos de naturaleza apócrifa y otros deformados por intereses de la historiografía de la época.

            El libreto se configura así a partir de una asequible historia de venganza situada en el marco de las conspiraciones palaciegas por el poder, la cual en su sencillez revela una raigambre casi propia del peplum europeo -Máximo Décimo Meridio llega a ser incluso un vengador enmascarado que busca resolver su conflicto mediante el duelo personal y directo-, combinada con la espectacularidad propia del kolossal, de fastuosos escenarios -si bien el CGI empleado se percibe ya caduco-, bulliciosas batallas de cruda violencia -hay cierta pasión hiperrealista por la víscera y el ralentí equiparable al desembarco de Normandía de la coetánea Salvar al soldado Ryan– y fornidas escenas de acción a espada.

Las concesiones de épica fácil a la platea vienen de la mano de proclamas heroicas -¿qué imbecilidad se querrá expresar con “fuerza y honor”, tan del gusto de cualquier valentón de medio pelo?-, las grandilocuentes arengas castrenses y las invocaciones de manual a la trascendencia de la existencia de cada individuo; irritante patrimonio del cine histórico contemporáneo y chuscas llamadas todas ellas a que el espectador, víctima de la desaforada tragicomedia de la adolescencia o pobre diablo destinado por lo general a gastar su existencia en cualquier currito insignificante -cosa que debidamente asumida no tiene nada de malo-, se sienta partícipe de la épica universal que se arroga esta aventura asombrosa que atraviesa los siglos. Recursos tópicos que, en demasiadas ocasiones, pretenden sustituir a debidas herramientas cinematográficas como la empatía de los personajes o la adecuada filmación de sus emociones y su traducción en actos.

            Por fortuna, Gladiator consigue atesorar un protagonista de carisma, encarnado con rotundidad por un Russell Crowe que se ganaría aquí el estrellato, y articular a su alrededor una serie de tramas confluyentes que se siguen con interés -la evolución en la arena del protagonista, los desmanes en el trono del emperador, las intrigas para derrocarlo-, ayudadas por la presencia de secundarios que también poseen una personalidad viva -el torturado Cómodo de Joaquin Phoenix, la ambigua Lucila de Connie Nielsen, el taciturno Marco Aurelio de Richard Harris, el atractivo Próximo de Oliver Reed en su interpretación póstuma-.

            Ridley Scott hace buena la herencia de serie B de la narración y demuestra una agraciada capacidad de síntesis a la hora de retratar la identidad y las relaciones de los personajes implicados, a la vez que mantiene equilibrado el pulso entre la vertiente de acción guerrera y la de las confabulaciones políticas, que están expuestas con solidez y sin caer en esa puerilidad que sí domina las presuntas sentencias épicas antes citadas.

Apoyado por un buen diseño de producción y por importantes elementos auxiliares como la banda sonora de Hans Zimmer -muy recordada por sí misma-, el director británico consigue componer con imágenes potentes y vibrantes, enlazadas con afinado sentido del ritmo, un filme capaz de sumergir al público en esta fantasía tradicional y momentáneamente olvidada que, con la más loable de las intenciones, aspiraba a ofrecer un viaje maravilloso al público al otro lado de la pantalla. A hacer que, durante un modesto pero embriagador lapso de tiempo, se desvanezca de su aburrido y prosaico mundo para evadirse a universos paralelos repletos de emociones, peligros, prodigios e ilusiones.

.

Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 8.

A %d blogueros les gusta esto: