Tag Archives: Reino Unido

39 escalones

21 Oct

.

Año: 1935.

Director: Alfred Hitchcock.

Reparto: Robert Donat, Madeleine Carroll, Lucie Mannheim, Godfrey Tearle, Peggy Ashcroft, John Laurie, Helen Haye, Frank Cellier, Wylie Watson.

Filme

.

         39 escalones comienza en un vodevil y termina en un vodevil. Porque, en realidad, el filme puede considerarse un número de un espectáculo de variedades en el que el espectador queda absorbido por una representación trufada de peligros, emociones y romanticismo. Un regalo para que uno pueda evadirse de la realidad cotidiana.

De hecho, el protagonista de 39 escalones es un tipo corriente que, en un giro clásico en el cine de Alfred Hitchcock, se ve envuelto por los caprichos del azar en una épica trama de espionaje que le llama a convertirse en héroe inesperado en defensa de la nación, sumida en un inquietante ambiente prebélico e infestada de perniciosos quintacolumnistas. Las apariencias siempre engañan. En otro rasgo recurrente del inglés, el protagonista de 39 escalones es también un falso culpable que ha de escapar de las acusaciones de asesinato que pesan sobre él.

La amenaza viene por múltiples frentes. Sin embargo, la fortuna sigue siendo juguetona y arroja a sus brazos a una hermosa muchacha que le ofrece además un objetivo amoroso. Héroe y galán. No falta de nada. El arranque, con enredos imposibles e interpretaciones exageradas, provoca incluso que pueda enarcarse la ceja en señal de excepticismo hacia esta historia en la que el tipo común, en vez de fugarse en su Canadá natal, decide seguir las pistas de esta aventura peligrosa. Pero el gesto muda hasta la sonrisa complacida en cuanto se entra en el juego. El humor es clave en ello.

         No sé cuántas películas de esta época, e incluso de tiempos posteriores, arrancan mostrando la suciedad que se acumula en el suelo de un music hall. Los niños lloran y el público es entrometido y respondón. Hitchcock, un as de la mala baba, despliega un arsenal de golpes satíricos a lo largo de 39 escalones. Este tono también anida en la composición de personajes, desde la carismática pareja esposada a la fuerza hasta los pintorescos secundarios -un villano familiar, un santurrón codicioso, un fenómeno de la memoria condenado a responder a lo que se le pregunta-.

Son mecanismos para conseguir la adhesión y engrasar este relato en el que se suceden vertiginosamente las situaciones de riesgo, motivadas por ese macguffin que es el secreto capaz de comprometer la seguridad de todo un país. Cuando mira por la ventana de su apartamento, el protagonista aparece simbólicamente encerrado entre líneas crispadas, atrapado en una realidad alternativa en la que la realización de Hitchcock convierte cada elemento cotidiano, cada figura, en un elemento sospechoso. Una realidad alternativa que es estimulante, divertida y emocionante.

         El éxito de El hombre que sabía demasiado y 39 escalones convertirían a Hitchcock en un director de renombre internacional.

.

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

RocknRolla

7 Oct

.

Año: 2008.

Director: Guy Ritchie.

Reparto: Gerard Butler, Tom Wilkinson, Thandie Newton, Mark Strong, Idris Elba, Tom Hardy, Karel Roden, Toby Kebbell, Jeremy Piven, Ludacris, Gemma Arterton, Jimi Mistry, Matt King, Geoff Bell, Michael Ryan, Dragan Micanovic, Nonso Anozie.

Tráiler

.

          Con sus adeptos y sus detractores, Guy Ritchie se convertiría en uno de los directores más influyentes del cine criminal de comienzos de milenio gracias a Lock & Stock y Snatch. Cerdos y diamantes. Películas de peligrosos y excitantes bajos fondos retratados con potentes dosis de humor negro e ironía en el lenguaje y la trama, que las acercan a un tebeo filmado a ritmo de videoclip y poblado por personajes fulleros y carismáticos entre los que un grupo de amigotes persigue un macguffin imposible que les permitiría salir de la miseria para alcanzar esa idea de éxito que, precisamente, podría extraerse de los vídeos musicales o los anuncios de publicidad. Un mundillo cochambroso y cool a la par. Glamour barriobajero. Más emparentado con el Danny Boyle de Trainspotting que con el revisionismo pop de Quentin Tarantino.

Pero, después de inscribir su nombre con firmeza en la industria, Ritchie se la pegaría sonoramente con Barridos por la marea -el presunto regalo cinematográfico que le haría a su pareja, Madonna– y con la enrevesada y delirante Revolver. Quizás por ello, regresaría a sus fueros con el rabo entre las piernas, dispuesto a lamerse las heridas aplicando, una vez más, la fórmula ganadora.

          RocknRolla reproduce fielmente el esquema macarra de Lock & Stock y de Snatch tanto en lo visual -montaje dinámico, sobreimpresiones en los fotogramas, aderezos sonoros, banda sonora cañera…- como en lo argumental -incluidos los personajes pintorescos sacados de la mitología urbana, el argot y la coprolalia desatada; los pequeños conflictos entre colegas, aquí con la homosexualidad de uno de ellos en este universo tópicamente viril…-. Si en la primera era una timba de póquer la que destrozaba los sueños y metía en serios apuros a los protagonistas, malandros de poca monta, en esta lo será un intento de operación inmobiliaria. Ambas son partidas amañadas.

Estamos en el Londres de los pelotazos urbanísticos y el auge de la City, en el momento álgido de ostras, champagne y chanchullos previo al descalabro de la crisis financiera global de 2008. También en época de magnates exsoviéticos metidos a nuevos dueños del deporte inglés por excelencia, el fútbol, como Roman Abramovich, a quien se caricaturiza para dar forma a uno de los villanos de la función. No corren buenos tiempos para la vieja escuela. La antigua e imperial Britannia ya no es lo que era.

          Ritchie iguala y conecta ambos mundos como distintas escalas de un mismo juego -probablemente su nota más destacada- en el que los participantes emprenden una carrera contrarreloj con varios objetivos a conseguir y distintos premios en liza. RocknRolla se mantiene como una cinta divertida pero, a estas alturas, la baraja está ya bastante sobada y se conoce cuáles son las cartas marcadas.

.

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog. 6,5.

El truco final (El prestigio)

28 Sep

.

Año: 2006.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Hugh Jackman, Christian Bale, Michael Caine, Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Piper Perabo, David Bowie, Andy Serkis, Roger Rees, Ricky Jay.

Tráiler

.

         Un mago queda reducido a la nada, al olvido, en cuanto revela o se descubre el truco con el que transforma una realidad ordinaria en una fantasía extraordinaria, explican en El truco final (El prestigio). Así pues, precisamente, ¿puede sobrevivir una película como esta una vez conocidos los giros de guion, tan relevantes para conseguir un desenlace espectacular?

         Todas las observaciones y reflexiones que despliegan los hermanos Christopher y Jonathan Nolan en el guion -basado en una novela de Christopher Priestparecen hablar del cine como arte que invita a dejarse llevar por la credulidad para evadirse, por un instante breve y mágico, de una cotidianeidad frustrante y cenicienta, cuando no directamente terrible. Tres actos para atrapar, conducir e impresionar a la audiencia; una artesanía devota para camuflar los trucos del oficio y disfrazar como maravilla asuntos que, vistos desde la tramoya, carecen del esplendor que lucen hacia la platea. Un perfecto resumen, en concreto, de la filmografía del cineasta británico, con Origen como ejemplo más evidente.

         Como El gran Danton que coprotagoniza la obra, Nolan sabe perfectamente cómo vestir esta historia de rivalidad y obsesión determinada por un trauma personal clásico -la pérdida y su reparación, esta vez mediante la venganza-, el cual introduce un componente sentimental que sitúa a la emoción como instintiva fuerza de conocimiento -una idea que se preconiza precisamente en Tenet para afrontar su enrevesamiento cuántico-. El antagonismo queda expuesto además como una manifestación constante de la dualidad de la fortuna -el triunfo y el fracaso, el pájaro que muere y el pájaro que sobrevive-, dentro de un conflicto se refuerza y completa simbólicamente -la magia y la ciencia, lo fabuloso y lo verdadero, la genialidad pura y la competición como sistema- a través del duelo paralelo entre Nikola Tesla y Thomas Alva Edison en su carrera de la electricidad, expresión de unos tiempos de asombros científicos constantes que, sin embargo, lleva a una incursión en el terreno de lo fantástico que ya es rizar el rizo.

Al igual que el show de los ilusionistas, este toma y daca entre ambos permite encadenar -a veces de manera forzada, como la suerte para ser escogido como mano inocente del truco del enemigo o la inclusión de Tesla en la trama- una sucesión de números que mantienen la atención y la intriga con un gran sentido del pulso. El montaje de la narración, con idas y venidas en el tiempo, no embarra el relato, sino que estimula, distribuyendo con cuidado la información, esa trayectoria ‘in crescendo’ hacia el cierre apoteósico del enfrentamiento y de la función.

         Sibilinos, los Nolan se guardan las espaldas frente a potenciales acusaciones de trilerismo. Tras pedir de primeras la completa atención del espectador, diseminan pistas que, una vez apagadas las luces sobre el escenario y repuestos de la experiencia, permiten constatar que la verdad estaba ahí, solo que, como nos habían advertido, estábamos embelesados con la ayudante del mago y no mirábamos en la dirección correcta.

.

Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

El puente sobre el río Kwai

16 Sep

.

Año: 1957.

Director: David Lean.

Reparto: William Holden, Alec Guinness, Sessue Hayakawa, Jack Hawkins, Geoffrey Horne, James Donald, André Morell, Ann Sears, Percy Herbert, Harold Goodwin, Keiichirô Katsumoto, M.R.B. Chakrabandhu, Vilaiwan Seeboonreaung, Ngamta Suphaphongs, Kannikar Dowklee, Javanart Punynchoti.

Tráiler

.

         Un grupo de prisioneros entra en un campo de concetración japonés, perdido en mitad de una jungla infernal, en perfecta formación y silbando la Marcha del coronel Bogey que, desde su comienzo sin arreglos, termina resonando sinfónica mientras el coronel Nicholson permanece cuadrado frente a sus hombres. Hay un sentido de gloriosa dignidad marcial en un pelotón que se resiste a someterse moralmente al pérfido enemigo. Una batalla psicológica en la que el soldado del Imperio británico, haciendo gala de su estoica flema, debe demostrar al salvaje asiático de qué pasta está hecho. Una arrogancia que lanza su órdago definitivo al reemplazarlo en la construcción de un estratégico puente que comunique Bangkok y Rangún a través del ferrocarril.

El puente sobre el río Kwai no esconde la ironía con la que va deformando este reflejo heroico que, observado desde la suficiente altura -no por nada el filme concluye como se abría, a vuelo de pájaro sobre una selva sobrehumana-, se contempla trasnochado, racista y homicida. El mismo procedimiento se aplicará al mayor Warden, precisamente encargado, al frente de un pequeño destacamento de comandos, de volar toda la infraestructura junto con el convoy que prevé inaugurarla. Y, en su caso, esa desfiguración se produce desde su comportamiento obsesivo, que va adquiriendo tintes más oscuros y violentos a cada paso que da. Podría decirse que los paralelismos y diferencias entre ambos altos mandos son análogos a los que se trazan entre aquellos que, en contraposición, ejercen de brújulas morales del relato: el soldado estadounidense Shears, un buscavidas capaz de anteponer una cita con una muchacha a su deber militar, y el oficial médico que, sobrio y racional, admite no comprender los procederes de Nicholson, lo que se enfatizará con la idéntica réplica que, por su parte, este le dedica en los diálogos.

         El enfrentamiento dialéctico es una herramienta fundamental para establecer las posiciones de los personajes, en especial en ese duelo que libran Nicholson y su par en grado Saito, que concentrará gran parte de la fuerza dramática del filme. Las interpretaciones de Alec Guiness y Sessue Hayakawa aportan los perfectos matices para ir desarrollando la figura del primero como explotador y la del segundo como derrotado. En el clímax, David Lean lo muestra como un hombre cabizbajo que sigue al inglés en silenciosa sumisión, con el peso del harakiri sobre los hombros. Antes, la paz sobre el atardecer en el puente construido ya arrojaba sombras sobre los dos, igualados en esa sensación terminal que embarga el discurso del uno y la posición del otro. Visto el recorrido argumental y la situación histórica del momento, con los procesos de descolonización avanzados, quizás podría considerarse una imagen simbólica tanto de la defección del nacionalismo japonés como de la decadente soberbia imperial. Regresando a las actuaciones, en esta línea también destaca la de Jack Hawkins para dibujar la evolución monomaníaca de un personaje que, de primeras, aparecía afable ante el espectador.

         A diferencia de la novela de Pierre Boulle, adaptada en primera instancia por Carl Foreman y luego, tras las objeciones de Lean y el productor Sam Spiegel, reconducida por otro ‘black listed’, Michael Wilson -aunque ninguno de ellos sería acreditado por un guion que recibiría uno de los siete Óscar conquistados por la película-, la versión cinematográfica, que altera diametralmente el desenlace, redime en última instancia a los personajes -ya sea parcial o totalmente-, dejando hueco a una cierta ambigüedad que ya podía achacarse a esa amable vida del campamento de prisioneros o a algún toque triunfalista en las pequeñas victorias de Nicholson ante su oponente nipón. En cambio, el empleo de la música, a veces a contrapelo de lo que expresa la escena, contradice esta aparentemente honorable rigidez de los militares. Y, en especial, el laconismo con el que resuelve la violencia -bien fuera de plano, bien en un triste silencio- contagia de pesimismo la acción bélica más estricta que rematará en la locura, en el horror.

.

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 7,5.

Tenet

7 Sep

.

Año: 2020.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh, Dimple Kapadia, Aaron Taylor-Johnson, Clémence Poésy, Himesh Patel, Yuri Kolokolnikov, Michael Caine.

Tráiler

.

         Christopher Nolan suele cubrirse siempre las espaldas, explicar cada cosa que va a ocurrir para que nadie se pierda en el laberinto. En Tenet, lanza una advertencia por boca de la científica encargada de instruir al protagonista en los rudimentos de la inversión de la entropía de los objetos: “Mejor no trates de pensarlo; siéntelo”. Es decir, que primero construye un planteamiento fundado sobre las insondables complejidades de la física para, finalmente, apelar al puro y ancestral instinto. A la emoción humana como clave para desentrañar y superar todos estos desafíos de magnitud cósmica. “El mundo tal y como lo conocemos será aniquilado”, le informan por su parte a la apesadumbrada víctima de la película, la mujer en apuros cuya salvación individual es equiparable a la salvación de la humanidad al completo, amenazados ambos por un archivillano de manual -exsoviético, para mayor estereotipación-. “Incluido mi hijo”, acierta a concluir ella con gesto compungido.

Ese es el nivel de Nolan en este campo de lo emocional. El brochazo grueso sobre un fondo de concienzudo hiperrealismo, la palada de azúcar sobre el café gourmet con granos importados desde el último confín virgen del planeta. Al fin y al cabo, el británico es un cineasta que recurre a lustros de amnesia, seis capas oníricas o cuatro dimensiones para expresar la pérdida traumática. Solo un pequeño apunte al terminar el estruendo, con guiño a Casablanca incluido, permite percibir que hasta podía haber en Tenet una relación con genuino potencial que, por desgracia, se ha desaprovechado en favor de otra más trillada y, aun así, pobre.

         Dentro de la ambición de su juego, Nolan combina la sofisticación conceptual con la explosiva mezcla de géneros populares, como ocurría en Origen y las posibilidades para ello que le proporcionaba cada sueño. Tenet es un megathriller de espías donde las ambigüedades y misterios intrínsecos de un micromundo cimentado sobre la mentira y el engaño quedan reemplazados por los enigmas y paradojas de los viajes en el tiempo que a decir verdad, en el fondo, no dejan de ser una anécdota vistosa. El inestable factor humano sustituido por el inestable factor físico. De la misma manera, sus herramientas para tocar al espectador son también sensoriales, no sentimentales. Su estrategia es avasallar mediante el movimiento y el sonido. Tenet no se detiene, enredada en un constante clímax de acción que riza el rizo en lo técnico con escenas que van tanto hacia adelante como hacia atrás, unas posibilidades escherianas que había explorado como elemento escénico con mayor capacidad de sugestión precisamente en Origen y que, al igual que en lo narrativo, no pasan de ofrecer una intrépida curiosidad que tiene unos resultados visuales que ni siquiera funcionan del todo bien -y, sin embargo, probablemente sea el introductorio asalto a la ópera, aún en cronología convencional, la que está plasmada de forma más confusa-.

Esto no tiene por qué entenderse como una intención de distraer la mirada cuando el mago ejecuta su truco. Aunque todavía no encuentre respuesta a detalles como que el personaje de Elizabeth Debicki esté exento de utilizar mascarilla, probablemente Nolan, minucioso en la documentación -el reconocimiento de los astrónomos a Interstellar es notorio- y el armado de sus rompecabezas, no haya dejado cabos sueltos, desde los palíndromos diseminados para hilar teorías hasta cada inversión espaciotemporal desplegada. Pero el problema es que tanto importa que los conceptos científicos sean fidedignos o que la narración haya respetado su lógica interna. Qué más da lo que suceda si los muñecos que lo sufren carecen de la suficiente entidad como para percibirse como personas, para tener interés propio. Son simples sombras. En su inagotable carrera hacia un futuro pasado, las imágenes y los argumentos de este móvil perpetuo no dan tregua, pero tampoco dejan poso, si bien es posible que, si ese movimiento eterno se detuviese, la función colapsara, absorbida por el vacío, por un agujero negro. Como advierte Nolan, es mejor no tratar de pensarla.

.

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 4.

Los invasores

13 Ago

.

Año: 1963.

Director: Jack Cardiff.

Reparto: Richard Widmark, Sidney Poitier, Russ Tamblyn, Rosanna Schiaffino, Beba Loncar, Oskar Homolka, Clifford Evans, Edward Judd, Colin Blakely, Gordon Jackson, Lionel Jeffries.

Tráiler

.

         Jack Cardiff algo sabía de la relación entre los hombres del norte y el séptimo arte, ya que había sido responsable de la fotografía de Los vikingos, de Richard Fleischer, estrenada un lustro atrás. Los invasores parece tratar de aprovechar el tirón aventurero de esta y otros blockbusters históricos como El Cid. De hecho, al igual que esta -una de las producciones de Samuel Bronston en España-, trasladará su set de rodaje al Mediterráneo, en concreto a otro de los escenarios que buscaban captar la atención del mundillo del cine, Yugoslavia. Sidney Poitier, enrolado como villano por su amigo Richard Widmark, afirmará que Belgrado fue la peor localización donde jamás trabajó.

         Realizada bajo bandera británica, Los invasores es, pues, una especie de variación de Los vikingos que, en esta ocasión, lleva los drekkars hasta las costas del Islam en pos de una legendaria campana de oro macizo de Bizancio. Su ambientación histórica no puede ser sino de novela barata, al igual que sus concesiones populares de la época -el saltimbanqui que luce sus habilidades físicas; el humor de escenas como la del harén, hoy de trasfondo siniestro-. Y, en el peor de los casos, un guion no especialmente desarrollado tira de convenciones poco rigurosas para hacer avanzar un relato que, aunque con personajes bien definidos y divertido en su ligereza, a veces muestra un ritmo algo irregular.

Pero, sea como fuere, Los invasores cuenta con una ventaja imprescinsible para la aventura: su protagonista es un fabulador redomado, más interesando en perseguir el mito, la ilusión del tesoro, que en el tesoro material en sí mismo. Es una visión existencialista que no se relaciona con la credulidad, pues Rolfe no profesa fe ni en dioses ni en maldiciones. Su personalidad se define en contraposición con los detentadores del poder que aparecen en la cinta, como son un rey que bajo su porte digno esconde un avaro despiadado y, sobre todo, un califa obsesionado con una ambición quimérica que pretende culminar a cualquier precio, por más que pueda perder todo por el camino. No por nada, es un cuento narrado por un contador de historias el que pone la función en marcha, y que, en un movimiento circular, deja su conclusión abierta a la imaginación.

         Cardiff dirige con solvencia una cinta en la que, no obstante, también deja huella de su gusto por el cromatismo en unos crepúsculos desaforados. Además, a buen seguro consultó también a otros de sus habituales socios artísticos, Michael Powell y Emeric Pressburger, para insuflar vida a la fantasía oriental donde transcurre una búsqueda del tesoro en la que, como en las buenas aventuras, el tesoro es lo de menos.

.

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6,5.

Contrato en Marsella

10 Jul

.

Año: 1974.

Director: Robert Parrish.

Reparto: Anthony Quinn, Michael Caine, James Mason, Maureen Kerwin, Marcel Bozzuffi, Alexandra Stewart, Maurice Ronet, Patrick Floersheim, Catherine Rouvel.

Tráiler

.

         En 1971, The French Connection, contra el imperio de la droga, se había convertido en un clásico instantáneo del thriller, premiado con los óscares a mejor película, director, actor, guión adaptado y montaje. Tres años después se estrena Contrato en Marsella, una producción británica con estrella invitada del otro lado del Atlántico, Anthony Quinn, que repite tema -la acción policial contra el narcotráfico-, elemento francés -la localización- y villano elegante -allí Fernando Rey, aquí James Mason-.

         Contrato en Marsella parece tratar de arraigarse también en ese desencanto crepuscular del noir del que, además, tan bien se habían apropiado algunos cineastas galos con su propia versión, el polar, entre cuyos rostros destacaba Lino Ventura, con quien comparte apellido el agente de la DEA estadounidense que interpreta Quinn, quién sabe si por homenaje. Es precisamente este personaje el que sintetiza dicha sensación pesimista. Es un hombre que camina hacia el ocaso con las manos en los bolsillos en un muelle solitario, como un héroe trágico del western. Un león ahora encadenado a la silla de la burocracia. Un amante furtivo sin derecho al último beso.

La presentación de personajes es hábil para retratar la personalidad de los sujetos. Ubicado en el jardín de una mansión mediterránea, Mason aparece rico, distinguido y presumiendo de relaciones sociales y políticas. La imagen del éxito, alcanzada por las vías del mal -¿por cuáles si no?-. En cambio, el sicario que encarna Michael Caine, tercer vértice de este excelente triángulo de protagonistas, surge en una habitación oscura y vacía, arreglando un dispositivo con precisión y paciencia mientras en la alcoba le aguarda una mujer atractiva.

         Los diálogos que entrega el libreto también contribuyen a convocar esta atmósfera de hastío y cinismo, algunos de ellos con líneas rotundas y jugosas. Contrato en Marsella es una historia de hombres que tienen que hacer su trabajo, unos limitándose al convenio -“soy un hombre de familia, no puedo cambiar el mundo”-, otros llevándolo más allá – “no me pagan suficiente por mis emociones”-. Pero, más allá de este puñado de sentencias, el guion no está del todo madurado. Según asegura en sus memorias, Caine aceptó participar en la película antes de leerlo.

A medida que avanza el relato -que necesita de unas cuantas inconsistencias forzadas para moverse hacia adelante-, el equilibrio entre los protagonismos se va descompensando cada vez más, hasta dejar a Quinn bastante desconectado de un asunto al que se le volverá a integrar con torpeza. La evolución psicológica del agente -quizás el personaje que encerraba más potencial- está poco trabajada, uno de los puntos fundamentales para explicar por qué el filme no logra alcanzar fuerza dramática. E incluso la ambigüedad y la amoralidad del asesino a sueldo queda desdibujada. Con todo, hay un par de escenas resueltas de forma curiosa, y ambas relacionadas con el baile: una danza de cortejo con coches deportivos y una ejecución con pasos de vals.

.

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 5,5.

A %d blogueros les gusta esto: