Tag Archives: Trabajo y empresa

Carta a tres esposas

4 Oct

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Año: 1949.

Director: Joseph L. Mankiewicz.

Reparto: Jeanne Crain, Ann Sothern, Linda Darnell, Jeffrey Lynn, Kirk Douglas, Paul Douglas, Florence Bates, Connie Gilchrist, Thelma Ritter, Celeste Holm.

Tráiler

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         “Parece que estamos en una película de presidiarias”, bromea una de las protagonistas de Carta a tres esposas tratando de disimular la angustia que le produce no saber si su marido es el hombre que se ha fugado con la mujer más popular del pueblo, según ella misma les ha revelado en su misiva de despedida, que es la que da título a la función.

Pero en realidad, como puede entenderse de esta breve sinopsis, Carta a tres esposas se asemeja más a un ‘whodunit’. Es decir, a esos relatos-rompecabezas en los que el espectador, asimilado a los personajes, juega a detective para averiguar quién de ellos es el asesino. Solo que aquí solo hay víctimas. Víctimas sentimentales de los desencantos del matrimonio.

         De esta manera, cada una de las tres protagonistas personifica una brecha en esta institución social que por aquella década de los cuarenta, obviamente, poseía una dimensión sociológica bastante más rígida. De este modo, en el discurso argumental comparecen la inseguridad, las carencias de autoestima y los problemas de integración; los desequilibrios de una relación asentada sobre la ruptura de las convenciones y por los distintos grados de ambición e idealismo de cada uno de los cónyuges, y el amor de pareja sustituido por valores exclusivamente materiales.

Una vertiente, esta última, que además se extiende por el conjunto de la comunidad donde se escenifica la historia, representación de un lugar cualquiera de los Estados Unidos, con sus defectos y sus virtudes.

         La intriga emocional sobre el que se funda la trama -potenciada por un fantasma dominante y omnipresente, al estilo del cuadro de Rebecatambién incluye por tanto una serie de matices que someten a juicio los valores predominantes en el país norteamericano.

Con ello, Carta a tres esposas resulta una obra con grato suspense y capacidad incisiva, con notable dominio de la tensión sentimental -Joseph L. Mankiewicz es elegante y expresivo significando en los fotogramas las sensaciones de desencanto, nerviosismo, opresión, asfixia… que sufre este trío de mujeres- y dotado de afiladas frases de diálogo -el guion, firmado por Vera Caspary y el propio Mankiewicz, sería premiado con un Óscar-, que emplean a modo escalpelo personajes tan curtidos como la sirvienta que interpreta Thelma Ritter. Es de suponer que parte de estas virtudes provienen de la novela original de John Klempner, publicada tres años antes por la revista Cosmopolitan y en la cual se retrataba a otras dos esposas más, se adentraba con mayor determinación en asuntos más escamosos y, sobre todo, apostaba por una mayor ambigüedad en su resolución.

Porque, aparte de que la mirada de la sociedad hacia el matrimonio ha evolucionado desde aquel entonces -en especial desde el punto de vista femenino-, Carta a tres esposas es por desgracia una película hollywoodiense fruto de su tiempo y apuesta por unas conclusiones conservadoramente ingenuas, contradictorias en buena medida con la exposición realizada previamente y que, incluso, se había puesto a prueba sobre el set de rodaje con el romance de Mankiewicz, hombre casado, y Linda Darnell.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7,5.

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Cartas a Iris

20 Feb

Después de abordar la ópera prima de Martin Ritt, Donde la ciudad termina, en la primera parte del especial de Cine Archivo dedicado a su figura, en esta ocasión corresponde acometer el cierre de una filmografía que jamás perdió de vista su compromiso con la sociedad de su tiempo. Cartas a Iris, la despedida de un cineasta concienciado para Cine Archivo.

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El romance de Murphy

8 Feb

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Año: 1985.

Director: Martin Ritt.

Reparto: Sally Field, James Garner, Brian Kerwin, Corey Haim.

Tráiler

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            Si el concepto de sueño americano posee la misma mecánica que la lotería -la falaz ilusión de que a cualquiera de nosotros puede tocarnos-, las películas de segundas oportunidades en el país de las oportunidades equivaldría entonces a jugar el reintegro. Martin Ritt, cineasta del compromiso, aplicará esta premisa en sus dos últimas películas románticas, El romance de Murphy y Cartas a Iris, las cuales adquieren por tanto un cariz un tanto más convencional y conformista que los triunfos de otros personajes de su obra, caso del presunto pirómano Ben Quick de El largo y cálido verano o de la intrépida trabajadora del algodón Norma Rae, ambos erigidos contra las imposiciones de lo establecido.

            La historia de una mujer hecha a sí misma -otra más dentro de la feminista filmografía de Ritt- que trata de labrarse un nuevo porvenir en un decrépito rancho de caballos ofrece de este modo un filme amable, que pese a los aguijonazos concienciados del director neoyorkino -respaldado por sus habituales guionistas Harriet Frank Jr. e Irving Ravetch-, tampoco desea buscar líos, de igual forma que Murphy Jones se descalará el sombrero vaquero de su posición agresiva para acomodarlo en cambio a una más satisfecha y apacible. Su objetivo, en definitiva, es narrar con calidez y simpatía este potencial amor maduro entre solitarios -el viudo y la forastera- que se desarrolla a la par de la reconquista laboral de la protagonista.

            El romance de Murphy no es una cinta en absoluto sorprendente -como mucho cuando se detecta el micrófono de pértiga sobrevolando las cabezas de los actores en un par de escenas, quizás un símbolo apropiado de la falta de fuerza del cineasta-, ni muestra demasiada mordiente en la exposición de conflictos sociales y personales, pero sí resulta bastante agradable.

Le ayuda a ello el equilibrio entre comedia costumbrista y drama sentimental, la cuidadosa construcción de caracteres -presentada con gran conocimiento de la narración de cine- y la buena química establecida en el reparto, encabezado por el galán otoñal James Garner –nominado al Óscar al mejor actor principal por este papel- y Sally Field -que precisamente había conseguido su primera estatuilla como mejor actriz protagonista por Norma Rae-.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 6,5.

Toni Erdmann

31 Ene

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Año: 2016.

Directora: Maren Ade.

Reparto: Sandra HüllerPeter Simonischek, Michael Wittenborn, Thomas Loibl, Trystan Pütter, Ingrid Bisu, Lucy Russell, Vlad Ivanov.

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           En una película acerca de los tópicos que coartan la existencia y la felicidad humana en su vida en comunidad, se diría lógico que su mismo argumento nazca de dos aparentes clichés dignos de telefilme o cuanto menos profusamente sobados: el del padre que sacrifica su dignidad en favor de su descendencia y el de la persona ambiciosa que requiere de la intromisión de un elemento perturbador -e incluso perturbado- para tirar abajo los estrictos esquemas que, convertidos en imposición enfermiza, deshumanizan su vida.

Toni Erdmann explora las contradicciones que se dan en la sociedad occidental contemporánea entre la naturaleza de uno -sus apetencias, sus necesidades íntimas, sus caminos de realización personales, su forma de ser…- y los disfraces que se visten a causa de los condicionamientos ajenos -el concepto de éxito expandido a la carrera profesional, a las relaciones sociales, al deseo y su materialización consumista…-. Una incoherencia que el filme personifica en la figura de Ines (Sandra Hüller), desesperadamente insatisfecha en su espacioso apartamento, su sofisticado vestuario, sus importantes reuniones y sus fingidas llamadas telefónicas con las que se refugia de exponerse a aquellos que más la conocen y que más pueden detectar su fingimiento. Uno de ellos, precisamente, su bromista padre Winfried (Peter Simonischek), que por su parte emplea disfraces -estos literales, como si fuese un Mortadelo germano- a modo de lubricante social y, por tanto, como herramienta para reconquistar y reconducir a esa muchacha que se hunde en el vacío y el sinsentido.

           Sin embargo, distanciándose del lugar común, el desarrollo del drama no tiende a la convergencia regeneradora, sino a la confrontación. A establecer un pulso entre ambos personajes y la manera en la que padecen el mundo y su propio recorrido existencial, pasado, presente y futuro. A que compitan por ver quién de los dos porta la careta más ridícula, que a lo mejor es la misma y el desafío en sí un grito de ayuda ahogado. Una evolución nada complaciente donde estos extremos -que quizás lleguen a tocarse, o no- se manifiestan en último término en la desnudez y el traje de kuker búlgaro.

La coexistencia de amargura existencial y comicidad festiva, fundidos por la pátina de patetismo que barniza la función, demuestra un posicionamiento honestamente dubitativo, que rechaza de nuevo el tópico de las lecciones morales y rehuye pudorosamente el sentimentalismo, ya que además son tendencias que comparten y aproximan a padre e hija, cada uno otorgándolas un peso diferente y con una manera distinta de asumirlas o camuflarlas.

Pero al mismo tiempo, al igual que cuando Winfred incomoda desde el segundo plano, emerge de fondo un retrato agrio -aunque tampoco demasiado complejo- de la Europa bajo el dominio de la Troika y su concepción recalcitrantemente economicista de todo lo que se encuentra bajo su bota.

           Se intuye que Maren Ade, directora y guionista de la obra, vierte buena parte de su biografía en el relato, pues confiesa haberse inspirado en su progenitor para escribir el respectivo personaje y, a su vez, su particular autoexigencia puede percibirse en datos como que no le temblase la mano en desechar y refilmar dos días de rodaje al no estar contenta con los resultados obtenidos o que tardase un año en completar el trabajo de edición de la cinta. También en los 162 minutos de metraje, excesivos y que provocan caídas de interés en puntos intermedios de la narración, en especial a causa de su innecesario detenimiento en los quehaceres empresariales de la mujer.

Aunque, a pesar de esta carga privada, Ade no termine de equilibrar la credibilidad de los personajes y sus decisiones -lo que provoca distanciamientos ocasionales-, por otro lado sí es bastante más sencillo para cualquier espectador identificar esa (injusta y estúpida) sensación de vergüenza ajena que en algún momento de la juventud nos han hecho sufrir nuestros padres por el simple hecho de estar liberados de ataduras que, en aquel entonces, a nosotros aún nos atenazaban. Quizás sea cierto que la experiencia sea un grado, parece reflexionar Toni Erdmann a través de Wilfred.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

Donde la ciudad termina

13 Ene

La televisión salvará a América. Donde la ciudad termina, la ópera prima de Martin Ritt como director de cine para la primera parte del especial que Cine Archivo dedica a su figura.

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Steve Jobs

5 Ene

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Año: 2015.

Director: Danny Boyle.

Reparto: Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels, Michael Stuhlbarg, Katherine Waterston, Perla Haney-Jardine, Ripley Sobo, Makenzie Moss.

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            “El biopic es un género sin interés cinematográfico”, sostenía el director Manuel Menchón en una entrevista reciente a propósito del estreno de La isla del viento, que paradójicamente recrea un pasaje de la biografía de Miguel de Unamuno. Sin ser tan tajante, es cierto que se trata de un subgénero usualmente encadenado a una plúmbea estructura que se ciñe a la simple relación cronológica de hechos capitales en la trayectoria existencial del retratado. Es decir, a la acumulación de información sin vida, en una nueva paradoja.

Es, en definitiva, la dificultad de que una biografía real se convierta en cinematográfica, con todos los ingredientes habituales de la ficción que eso conlleva, destinados a sublimar cuestiones que, por lo general -aunque no necesariamente-, ocurren de una forma más prosaica.

            Así las cosas, es interesante el enfoque que escoge Steve Jobs para sintetizar la vida y obra del empresario de la informática, sobre todo, en un plano personal, teniendo en cuenta lo sorprendente que me resulta la idolatría que genera este hombre, por lo visto merecedora de dos películas -la presente y jOBS– y un buen puñado de documentales. El fetichismo por la marca, supongo.

El asunto es que, con el prestigioso Aaron Sorkin a los mandos del guion y del británico Danny Boyle de la realización, el filme expone a Jobs en tres actos, todos ellos ambientados en una ópera como expresión de la teatralización que domina sus acciones y con un mismo esquema que se repite en ellos: los diálogos con personajes esenciales -su ayudante Joanna Hoffman, su hija Lisa, su expareja Chrisann Brennan, los ingenieros Steve Wozniak y Andy Hetzfeld, y el empresario John Sculley– que se suceden torrenciales en los momentos previos a la presentación de un nuevo ingenio informático -el Macintosh en 1984, el NeXT en 1988 y el iMac en 1998-. En paralelo, la fotografía evoluciona para ilustrar los cambios en este tiempo, con fotogramas de 16 milímetros, de 35 milímetros y digital.

            Retornando a este punto de vista privado, me satisface la representación de Jobs como un creador de chismes irrelevantes, por más que insista en invocar a su alrededor a genios y artistas -a efectos de la película, presenta ordenadores como podría presentar aspiradoras-. Un creador de cachivaches a través de los que se refleja su personalidad psicológicamente anómala -la obsesión por la tecnología encerrada en sí misma, la frialdad de la máquina con gestos fingidos de emoción, la agresiva inutilidad de alguno de ellos-, casi al mismo nivel que lo hacen las conversaciones, los choques con el resto de personajes y, en especial, la relación paternofilial con Lisa -en este sentido, será revelador que el único artilugio al que parece atribuirsele una utilidad clara y hermosa sea el venidero iPod-.

Tampoco es un filme especialmente complejo en su reconstrucción de la mente de Jobs y de hecho recurre a algún psicologismo -el trauma de la adopción- que, como comentábamos antes, tampoco tiene por qué ser estrictamente falaz en su sencillez conceptual.

            La narración es enérgica y fluida, superando el apriorístico estatismo que se le podría achacar a una configuración tan definida y cuadriculada. El característico ritmo visual de Boyle, acorde a los vertiginosos diálogos de Sorkin, se atempera curiosamente a medida que se desarrolla el crescendo sentimental del filme, que se enhebra, decíamos, por medio de un encuentro entre un padre y una hija.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7,5.

Small Time

4 Ene

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Año: 2013.

Director: Joel Surnow.

Reparto: Christopher Meloni, Devon Bostick, Dean Norris, Bridget Mynahan, Xander Berkeley, Ashley Jensen, Garcelle Beuvais, Amaury Nolasco.

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           A través del documental Salesman, los hermanos Maysles sintetizaron el alma de los Estados Unidos -y con ella el desencanto que caracterizaba la colisión entre la realidad y las falacias de la propaganda del sueño americano- en la figura de los viajantes y vendedores a domicilio, esencia de una nación cuyos valores ideales se sustentan en la iniciativa individual y la presunta certeza del triunfo mediante el abnegado sacrificio personal.

Small Time es una película protagonizada por otro estereotipo identitario del paisaje norteamericano -el vendedor de coches usados- que, insertado en un relato fundado también en otro cliché de la ficción cinematográfica -el verano decisivo de nuestras vidas-, hace balance de su existencia mientras celebra un reencuentro con el hijo de su matrimonio fracasado gracias a la intención de éste de renunciar a sus estudios universitarios para sumarse al inestable negocio paterno, contraviniendo las normas sociales que trata de imponerle su madre, enriquecida en brazos de un próspero inversor.

           No cuesta esfuerzo imaginarse que Joel Surnow, habitual guionista televisivo que con esta cinta da el salto a la dirección pasada ya la sesentena, se identifica cariñosamente con sus humildes criaturas, a las que dota de la carismática picardía del desclasado -ayudan Christopher Meloni y sobre todo Dean Norris, ese cuñado-. Rodado con un estilo ‘casual’ no excesivamente refinado -acorde por tanto a sus criaturas-, en el filme se desarrolla un debate acerca de pilares fundamentales de la cosmovisión estadounidense: la cultura del éxito, el materialismo como modo de expresión de la conquista social o el elitismo basado en la condición económica.

En su exposición aparecen referencias a la coyuntura presente -los apuros patrimoniales, el broker cínico, la generalización de mecanismos financieros especulativos- y el discurso se posiciona en favor de una conciliación entre la sabiduría popular del individuo “de medio pelo” (‘small timer’), de conformista vitalismo, y la búsqueda de un futuro mejor tratando de aprovechar las oportunidades que abre el dinero.

           En el camino maneja evidentes artimañas dramáticas para ganarse la adhesión del espectador -el personaje de la exesposa, que termina siendo grotesco de tanto retorcerlo para acomodar unas conclusiones-, y en su visión crítica de las ambiciones sociales del ciudadano unas veces resulta refrescante y otras simplemente garrula, siempre con notables paradojas que, a la postre, admitirá el propio protagonista cuando declara no estar ya seguro de nada.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,2.

Nota del blog: 6.

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