Tag Archives: Riqueza

La octava mujer de Barba Azul

18 Oct

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Año: 1938.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: Gary Cooper, Claudette Colbert, Edward Everett Horton, David Niven.

Tráiler

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         Dormir solo con la chaqueta del pijama, prescindiendo de los pantalones, propició el comienzo de una de las más prestigiosas colaboraciones del séptimo arte. O al menos eso cuenta la leyenda.

El guionista Billy Wilder había estado dando vueltas acerca de cómo emplear esta costumbre suya como material cómico. Y fue durante el primer encuentro de producción con Ernst Lubitsch cuando encontró la oportunidad: sería el arranque perfecto para una de las comedias sofisticadas del berlinés, en las que un chico y una chica se enzarzan en una batalla romántica de la que tanto pueden salir escaldados como perdidamente enamorados. Así, según Wilder, el flechazo inicial debía surgir cuando él desatase una pequeña revolución al intentar comprar solo la parte superior de su pijama, solucionada luego por la intervención de ella, que únicamente necesita la parte inferior. Y así empieza La octava mujer de Barba Azul, la primera película de Lubitsh y Wilder, unión que volvería a formarse en Ninotchka.

Pero también -e incluso principalmente- es el debut como tándem de Wilder y Charles Brackett, compañero guionista con el que compartiría las más altas cimas de la comedia -y el drama-.

         En verdad, La octava mujer de Barba Azul parte de una exitosa obra de teatro francesa que ya había sido llevada al cine en 1923 con protagonismo de Gloria Swanson. Sin embargo, sus ambientes lujosos y sus idas y venidas se amoldan a la perfección a los cánones de la comedia del cineasta alemán, que pone en escena un libreto desbordante de réplicas rápidas y agudas, con una cota de ingenio muy alta -los diálogos están más cuidados, de hecho, que el retrato de los caracteres, que termina por ser un tanto caprichoso, especialmente en el caso de ella-. Una calidad a la par, claro, del talento de Lubitsch para expresar de un plumazo, con una imagen que también puede valer lo que mil palabras -y sin exhibicionismos autorales-

Chispea así el encontronazo entre un nuevo rico americano de la Bolsa (Gary Cooper) y una decadente y resabiada aristócrata francesa (Claudette Colbert), enzarzados en un duelo que es tanto amoroso como económico -y que siempre se mantiene en un nivel humorístico que no decae, con la dificultad que ello entraña-. La introducción del pijama, además de ser delirante, sentaba a la perfección la personalidad del personaje de Cooper, un hombre arrogante y decidido que, por medio del dinero, hace valer su determinación. Cualidades que en manos de Wilder y Brackett, intermediadas en pantalla por el encanto de Colbert, se subvierten por completo, tornadas en debilidad.

         De este modo, además de construir una screwball commedy ágil y vivaz que arremete frontalmente contra los roles de género, La octava mujer de Barba Azul lanza un vitriólico ataque contra los estamentos superiores de la sociedad, expuestos en sus suntuosos hoteles, playas y apartamentos de la Costa Azul como gente incapacitada para el trabajo o neurótica, totalmente alejada de la realidad. Otra subversión irreverente e inteligente.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

El amargo deseo de la propiedad

15 Feb

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Año: 1973.

Director: Elio Petri.

Reparto: Flavio Bucci, Ugo Tognazzi, Daria Nicolodi, Mario Scaccia, Orazio Orlando, Salvo Randone.

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           El amargo deseo de la propiedad comienza conjugando el verbo haber entre susurros que no se sabe si son de éxtasis, de súplica o de oración. Forma el decorado una serie de máscaras teatrales que desde esta primera andanada, y con evidente sarcasmo, arraigan la obra en un escenario de tragedia griega que continúa luego con los soliloquios que rompen con la narración; aunque traza asimismo su parentesco con el distanciamiento dramático -siempre discutible- propugnado por Bertolt Brecht. El tono, en cambio, prolonga y complementa el de las furibundas obras de Elio Petri acerca de la impunidad de los poderes coercitivos del Estado (Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha) y la alienación del proletariado explotado (La clase obrera va al paraíso). Es decir, que el filme desarrolla una farsa incontrolada que en este caso apunta su cañón hacia el capitalismo materialista.

Digo cañón porque Petri no dispara con bala y tiros de precisión; lo hace con obuses y a bocajarro. De hecho, en apenas 20 minutos el filme ya ha acumulado sin freno una auténtica antología de ideas subversivas a propósito del tema, protagonizado por un monaguillo que pertenece al templo moderno de la moneda y que sufre una reacción alérgica al dinero sucio, lo que le empuja a cometer el sacrilegio de rebelarse contra el capital y sus símbolos litúrgicos -el billete- y lanzarse al terrorismo marxistamandrakista, focalizando su objetivo en un carnicero enriquecido sin escrúpulos, tan miserable que solo tiene dinero, y contra el que emprende una campaña de desplume no por acumular estos bienes ajenos, sino por despojarle de ellos a la víctima ejemplarizante.

           Petri despliega así una caricatura de Italia -una de las cunas de la cultura occidental contemporánea- sometida bajo un sistema que se funda a partir del latrocinio, piedra angular del orden social, de los mecanismos de poder y del funcionamiento de la maquinaria del país -incluso es fuente de trabajo, razón que en el presente sirve de argumento inexpugnable y que también anticipará la maliciosa Robocop 2 esta vez respecto del narcotráfico-. Una comunidad, en definitiva, donde se ha materializado la sustitución semántica y filosófica del verbo ser por el verbo tener; donde la posesión material se extiende a la posesión corpórea y hasta espiritual del prójimo.

           La denuncia -que en su título original contradice irónicamente la sentencia del pionero anarquista Pierre-Joseph Proudhon “la propiedad es un robo”- surge tan vigente entonces como ahora -se la podría comparar, por el uso de la sátira de armamento pesado, con la reciente El capital, firmada por otro de los paladines del cine de compromiso del Viejo Continente, el grecofrancés Costa-Gavras-. En este sentido, resulta desalentador comprobar la actualidad de un buen puñado películas del cine italiano de protesta de los años sesenta y setenta, como el citado retrato sociolaboral de La clase obrera va al paraíso, las corruptelas urbanísticas de Las manos sobre la ciudad o los tejemanejes del cuarto poder al amarillista servicio del status quo de Noticias de una violación en primera página.

Por desgracia, al igual que le ocurre a esta última, El amargo deseo de la propiedad renuncia a cualquier tipo de sutileza en su ataque frontal y, si bien prolija en contenido crítico, es tan tremenda en su exposición que se despeña por el precipicio del simplismo y la deformación radical. Termina por fatigar su feísmo estético, impronta -puede que involuntaria- del feísmo moral que recopila, ahogando con ello el impacto de sus embestidas.

           Tardaría ocho años en estrenarse en España.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 5.

Las furias

26 Ene

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Año: 1950.

Director: Anthony Mann.

Reparto: Barbara Stanwyck, Walter Huston, Wendell Corey, Judith Anderson, Thomas Gómez, Wallace Ford, Albert Dekker, John Bromfield, Blanche Yurka.

Tráiler

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          Sostienen los tópicos del cine que el western es una actualización de la tragedia griega: un espacio mitológico y atemporal en el que se dirimen con virulencia los dilemas esenciales del ser humano, sus inquietudes vitales y sus conflictos inexorables. Desde su mismo título, Las furias invoca esta solemne trascendencia de los clásicos, y en su argumento conviven tremendos complejos familiares, ambición congénita y anhelos de poder. Ya advierte el texto inicial de que este Nuevo México es un territorio de hombres que crean reinos de tierras y ganado; señores feudales que dominan acres y voluntades.

          El de Las furias es, pues, un Oeste melodramático y grandilocuente, de pasiones exaltadas y excesivas. Demasiado explícito en esas filiaciones trágicas antes citadas, al estilo de memorables obras quasibíblicas como Río Rojo o de desaforado romanticismo como Duelo al sol, que se tomaba con inmoderada seriedad el paso del género a la categoría de arte mayor, que había sido propiciada fundamentalmente por John Ford y La diligencia, amén de su obra posterior -esta sí marcada por una sencillez estructural que, en cambio, servía para acoger complejísimos asuntos existenciales, morales, sociales e históricos-. No por casualidad, Las furias comparte novelista original con la película de King Vidor: Niven Busch, que es además uno de los firmantes del libreto de otro western antiguotestamentario, El forastero, y de otro más de torrencial contenido psicológico, Perseguido, nuevos indicativos de que asumía el género con elevadas pretensiones.

          Con todo, Anthony Mann -que por ejemplo expresará con superior contundencia estás premisas trágicas en la espinosa serie de westerns que filmará junto a James Stewart-, desarrolla el drama con imágenes cargadas de intensidad. La omnipresencia y omnipotencia del patriarca con su posición dominante sobre el escenario, la proximidad incestuosa hacia su hija –el mito de Electra-, los juegos de sustitución entre la figura ausente de la madre, la presente del padre y la novedosa de la amante –el mito de Edipo-; el crepúsculo y la decadencia de este coloso que hasta genera canciones populares… Shakespeare, Freud, la forja de una nación.

Planos que concilian el abundante simbolismo mítico y psicológico del relato con una majestuosa potencia artística, incluso rayana en el esteticismo -el descenso al exilio por una escalera oblicua inundada por la sombra, los rezos previos al ahorcamiento…-. El empleo del paisaje, con unos opresivos cielos nocturnos, de coléricas formaciones nubosas, completan este escenario rimbombante y terrible. La fuerza de la imagen sostiene por tanto la ciclópea -e irregular- arquitectura que propone el texto, acometido por actores arrolladores como Barbara Stanwyck o Walter Huston en el que será su último filme.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

Rivales

5 Oct

La caída del ‘homo americanus’, retratada entre peleas de Howard Hawks, Samuel Goldwyn y William Wyler. Se recupera de la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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Juan Nadie

27 Nov

La influencia de Barbara Stanwyck traspasa fotogramas y pantallas. Gracias a su presencia, Gary Cooper aceptaría encarnar la sublimación del americano medio e incluso a un mesías redivivo y adaptado a los nuevos y materialistas tiempos en Juan Nadie, cine crítico, social y redentor de Frank Capra. Para la primera parte del especial de Cine Archivo sobre la Stanwyck.

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Mountains May Depart

11 Nov

“El peor enemigo de la revolución es el burgués que muchos revolucionarios llevan adentro.” 

Mao Zedong

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Mountains May Depart

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Mountains May Depart

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Año: 2015.

Director: Jia Zhang-ke.

Reparto: Zhao Tao, Zhang Yi, Liang Jin Dong, Dong Zijian, Sylvia Chang.

Tráiler

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             La filmografía de Jia Zhang-ke compone un fresco colosal sobre la China contemporánea y su ciclópea escalada a la cúspide del poder mundial. Es sin embargo un retrato disidente, que con innegociable coherencia sospecha del entusiasmo generalizado y, en cambio, se detiene a analizar con lucidez y profundidad las transformaciones, o no, que experimenta de la sociedad sometida a sus efectos. Como buen observador, Jia Zhang-ke es escéptico hacia los milagros, que siempre requieren un sospechoso acto de fe y la voluntad colectiva de comulgar con ruedas de molino. Sus anotaciones son, por supuesto, aplicables tanto para éste como para otros volátiles prodigios económicos del mundo actual.

             Jia Zhang-ke avanza con Mountains May Depart en su crónica social, cultural y económica del gigante asiático vertebrando su discurso a través de una cronología que encadena, rima y hace dialogar el pasado, el presente y el futuro del país. Desde la moribunda y eternamente empobrecida clase proletaria, depredada por el capitalismo arrogante e insaciable, hasta la progresiva pérdida de la identidad nacional y el imperativo retorno a las raíces que el autor prevé para un provenir inmediato, a diez años vista.

             No le falta ambición a la propuesta, a pesar de que, sin renunciar a la exploración formal –la inserción de fotogramas documentales de siniestro patetismo- y del abundante empleo de símbolos y alegorías como recurso expresivo, quizás sea una obra relativamente sencilla, concisa y en definitiva asequible dentro de la trayectoria de Jia Zhang-ke.

Con un esquema semejante al que había planteado en Platform, su tercer largometraje, Mountains May Depart engarza tres episodios –pasado, presente y futuro- en el que cada protagonista, cada tono narrativo y cada formato de imagen sirve para definir su respectivo contexto. Así, el filme parte desde un triángulo amoroso escenificado en la provincia natal del director, la humilde Shanxi, y en el que las inesperadas notas de comedia romántica se van agriando a medida que los tres vértices del mismo –un empleado de la mina de carbón, una vitalista muchacha y un enriquecido hombre de negocios- se desequilibran, deformando la figura y todo lo que viene a continuación. Que, en concreto, será un drama familiar acerca del irreparable distanciamiento entre generaciones en medio de un ambiente de opulencia propio de nuevos potentados y, por último, una reflexión a propósito de la despersonalización instigada por la globalización, de la irrelevancia moral de la riqueza y del imperativo de la libertad.

Son las tres visiones y alegorías manifiestas de la realidad china, acaso demasiado tópicas ya en este tercer capítulo de la función, ambientado en Australia –el desarraigo literal, puesto que además está protagonizado por hijos de emigrantes que asisten a clases para reaprender su idioma y su cultura, entre otras cosas- y que es el que peor funciona de todos ellos, más plano, menos convincente y menos poderoso que sus antecesores.

             Según avanza el metraje y China se regodea en los dólares del turbocapitalismo -como es supuesta obligación de cualquier otro Estado próspero y feliz que dese cumplir el sueño marcado por el sistema hegemónico-, Mountains May Depart se impregna de un melancólico pesimismo que, de acuerdo con el cuaderno de ruta de Jia Zhang-ke, es la parada a la que conduce el camino emprendido tiempo ha, en la última primavera del siglo anterior.

De tal manera que, volviendo la vista atrás, indagando con independencia y espíritu crítico en la actualidad e intuyendo con sentido común las probabilidades del futuro por venir, uno puede descubrir que el descuartizamiento, subasta y desaparición de las ilusiones de un pueblo bien caben entre dos coreografías antagónicas del Go West –ve al Oeste, conviértete en el Oeste- de los Pet Shop Boys.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

Se escapó la suerte

15 Ago

“Todo nace y pasa según la ley; más sobre la vida del hombre, este precioso tesoro, impera una suerte inestable.” 

Goethe

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Se escapó la suerte

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Se escapó la suerte

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Año: 1947.

Director: Jacques Becker.

Reparto: Roger Pigaut, Claire Mafféi, Noël Roquevert, Anette Poivre, Pierre Trabaud, François Joux.

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            El hombre, ese cumulo de herencias biológicas y casualidades del azar, acostumbra a buscar cierto consuelo existencial en la creencia de que existe un destino que nos atañe y que, por lo general, elucubramos que nos depara el cumplimiento de nuestros deseos e ilusiones. Pero la suerte es sorda, ciega y quién sabe si caprichosa o simplemente sarcástica.

            Se escapó la suerte abunda en estas dos caras contrapuestas de la diosa Fortuna, las cuales, a su vez, entran en contradicción con esa idea de futuro predestinado y dichoso que propugna el cine, habitual campo de sueños y finales felices, y que aparece incluso insinuado en el título original del propio filme, Antoine et Antoinette, una pareja de jóvenes atractivos, optimistas y económicamente apurados que conecta entre sí desde su mismo nombre.

De este modo, el porvenir financiero y sentimental de Antoine y Antoinette pende de un billete premiado de la lotería que contiene en sus números la suerte tanto favorable como adversa y que, en consecuencia, es también el bisturí que desnuda las inestabilidades que amenazan con desmoronar este amor acosado por los embates de los hados y, tangencialmente, la sociedad francesa de la posguerra, con sus conflictos sociales –retratados de forma bastante roma- y de género –mucho más verosímiles y agobiantes-.

            Filmada a pie de calle, con un estilo naturalista que también cede espacio a un delicado lirismo que conecta con las fantasías de los protagonistas, Jacques Becker se sobrepone a la liviandad del argumento y al tópico de los dilemas entre el romance verdadero frente a las burdas necesidades materiales -tan manido pero capaz de florecer en detalles como la mano estrechando el hombro de la amada-, para conseguir la implicación del espectador y que, en especial, sienta en su piel la formidable tensión que envuelve las frustrantes circunstancias del cobro premio –el empleo de la música diegética de un piano conformará aquí otra escena para el recuerdo-.  

            Gracias a la cinta, la suerte sonreiría a un semidesconocido Jacques Becker, coronado en el festival de Cannes de 1947 con el galardón a mejor película psicológica o de amor –hasta se publicaría erróneamente su fotografía en los periódicos el día siguiente-.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

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