Tag Archives: Cómic

Akira

3 Jul

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Año: 1988.

Director: Katsuhiro Ôtomo.

Reparto (V.O.): Mitsuo Iwata, Nozomu Sasaki, Mami Koyama, Taro Ishida, Mizuho Suzuki, Fukue Itô, Tatsuhiko Nakamura, Kazuhiro Kamifuji, Tesshô Genda, Yuriko Fuchizaki.

Tráiler

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          No le cojo el punto a Akira. Es la segunda vez que la veo y la segunda vez que no logro sumergirme o sentirme interesado en qué cuenta, a quién le ocurre lo que cuenta y cómo me lo cuenta. No es un asunto de testarudez, ya que ha pasado suficiente tiempo entre ambos pases para haber limpiado la primera impresión y evolucionado mi gusto personal. Y dado que es una obra de culto, reverenciada en multitud de países y continentes, este desapego tampoco debe de tratarse de una cuestión cultural, a pesar de que la obra contenga nociones místicas que parecen manar de cosmogonías y cosmovisiones puramente orientales. También es cierto que no soy aficionado al anime y que, generalizando injustamente, me repelen un tanto los códigos narrativos, las formas expresivas y las estereotipaciones que acostumbran a aparecer en este universo particular. Este, por cierto, fue el anime con mayor presupuesto rodado hasta aquella fecha, lo que se aprecia en la suntuosidad y el nivel de detalle de su decorado, así como en la esmerada movilidad de los rostros de los personajes.

          El argumento, en el que Katsuhiro Ôtomo traduce su propio manga -que por su lado cerraría un par de años después del estreno del filme alterando el final aquí expuesto-, vuelca los traumas apocalípticos que perduran en el Japón y el cine japonés heredero de la destrucción nuclear de la Segunda Guerra Mundial -la nueva destrucción por el hongo atómico, la repetición del cataclismo global, el resurgimiento de las cenizas, la mutación y la aberración del ser humano fusionado con o influido por elementos destructivos o maléficos…-.

Pero Akira contiene igualmente ecos de distopías geográficamente lejanas como Metrópolis -la ciudad monstruosa, la revolución en ciernes, el mesías ambivalente, el brazo mecánico y el nuevo hombre-máquina- y de alientos de romanticismos melodramáticos de tiempos pasados como Rebelde sin causa -la inspiración estética, los fetichismos motorísticos y las emociones descontentas-, amén de ecos estéticos del fantástico y el cyberpunk en los que resuenan notas que van desde 2001: Una odisea del espacio hasta Blade Runner.

Además, concurren una serie de líneas recurrentes en las pesadilla de ciencia ficción futurística, como son el Gobierno opresivo, la amenaza del militarismo o la corrupción del progreso científico, resumidos en la pérdida de la esperanza que encarnan estos dos amigos huérfanos que matan el tiempo entre peleas de bandas y delincuencia menor hasta que el terrible contexto y el destino fatalista les enfrenta en duelo a través de caminos antagónicos.

          De la coctelera sale una mezcla prolija y deslavazada que avanza con los empujones de una narración más bien farragosa, de megalomanía visual y conceptual, y algo histérica o estridente en su desarrollo de caracteres. Entiendo que su éxito procede de su atención por fundar e inocular una atmósfera y un estado anímico que cabalga entre el pesimismo y la épica adolescentes, donde la visceral rebelión personal conduce a la reparación de una sociedad alienada y alienante, que persigue y destruye cualquier atisbo restante de inocencia -los niños psíquicos como paradigma- y desprecia, margina y condena al individuo incomprendido. Características de conexión asegurada con determinadas pulsiones contemporáneas y/o generacionales.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 4,5.

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Alois Nebel

28 Jun

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Año: 2011.

Director: Tomas Lunák.

Reparto (V.O.): Miroslav Krobot, Marie Ludvíková, Karel Roden, Leos Noha, Alois Svehlik, Tereza Vorísková.

Tráiler

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          Una luz se abre paso entre la oscuridad. Ilumina la pantalla y devora al protagonista. Alois Nebel, personaje y película, camina pues entre la luz y la oscuridad mientras se ve atrapado en una espesa niebla -nebel, en alemán- que lo encadena a un recuerdo fijo, traumático e insuperable: la expulsión de la población germana de su pueblo, en la frontera checoslovaca de los Sudetes, tras la derrota del Reich en la Segunda Guerra Mundial, 44 años atrás.

          Basada en una novela gráfica repartida en formato de trilogía, Alois Nebel explora las cicatrices del pasado y la descomposición que mana de ellas en el presente, que se ubica en 1989, en plena demolición del Telón de acero y la disolución de un país entero. Su escenario es, por tanto, un campo de tinieblas, expuesto sobre el crudo contraste entre el blanco y el negro de una animación de trazo sólido, minimalista y preciso, y que recurre al rotoscopio para dotar a los personajes de la fluida e hipnótica movilidad que otorga esta técnica, fundada sobre una realidad que, camuflada, también aparece como parte del decorado en determinadas imágenes.

          Silenciosa, apesadumbrada y abstraída como su protagonista, hombre preso en una crisis muda, la película juega con las repeticiones en su arranque -la llegada del tren como un pequeño terremoto, la iluminación invasiva, la relación de horarios ferroviarios a modo de mantra…- para componer una atmósfera obsesiva y atormentada que se canaliza paralelamente por medio de una advertencia inicial: en una tierra hostil que no admite la soledad, el mudo regresó solo para vengarse.

De esta forma, las evoluciones personales del ferroviario Nebel, aparentemente arbitrarias e intrascendentes, y la amenaza latente de una vendetta sangrienta, avanzan envolviendo al espectador y confluyen hacia una catársis redentora, privada y nacional, toda una, dibujada en mitad del diluvio.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

Watchmen

15 May

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Año: 2009.

Director: Zack Snyder.

Reparto: Patrick Wilson, Malin Akerman, Jackie Earle Haley, Billy Cudrup, Matthew Goode, Jeffrey Dean Morgan, Carla Gugino.

Tráiler

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           En cierta manera, tenía sentido considerar que el final de la década pasada era un periodo propicio para aventurarse en un proyecto cinematográfico basado en el colosal Watchmen de Alan Moore, calificado por algunos entendidos como el primer cómic de contenido intelectualmente adulto -habría que admitir y cuestionar, eso sí, la postura de superioridad moral que entraña dicha afirmación-. La reinvención del cine de superhéroes como mitología trágica y sustancial emprendida por Christopher Nolan con Batman Begins y en especial con la exitosa El caballero oscuro favorecía este adentramiento en un universo superheróico que comenzaba a superpoblarse a marchas forzadas y que insistía, mediante argumentos oscuros y tortuosos, en despojarse de su topiquísima etiqueta de pueril divertimento de marginales y solitarios.

Asimismo, el cómic también se había mostrado como un material enormemente atractivo y apto incluso para adaptaciones quasiliterales como la de Sin City (Ciudad del pecado) -por más que el creador de su original en papel, Frank Miller, se la pegara estrepitosamente apenas tres años después tratando de dirigir él mismo otro tebeo: The Spirit-. De hecho, es probable que la elección como director de Zack Snyder tenga relación con la popularidad del entintado sobre chroma que había empleado para llevar otra historia gráfica de Miller, 300, a la gran pantalla. Y, por otro lado, las aproximaciones al corpus de Moore –Desde el infierno, La liga de los hombres extraordinarios, V de Vendetta– igualmente habían copado protagonismo durante los años anteriores, si bien con saldo desigual.

           El tono de Watchmen es bastante menos grandilocuente que el taciturno Batman nolaniano, pero sus temas y subtextos aspiran igualmente a la complejidad y la enjundia. Su microcosmos alterna la sugerente fantasía ucrónica -unos perpetuos años ochenta bajo una semidictadura de Richard Nixon, con Vietnam como estado 51º de los Estados Unidos y al borde de convertir la Guerra Fría con la Unión Soviética en ardiente armagedón atómico- con una visión apesadumbrada y crepuscular del superhéroe, casi equivalente a lo que para la mitología de la mafia -otra familia capital del séptimo arte- había supuesto Tony Soprano sufriendo un ataque de ansiedad al contemplar la migración de los patos.

Ahora bien, antes de nada hay que entrar en aclaraciones: servidor es ajeno a la obra de Moore -que, siempre esquivo, calificaba de anticinematográfica la serie, aunque loó el guion de la presente como un tratamiento bastante aproximado a su creación-, Dave Gibbons y John Higgins. Mi posición es independiente del cómic, por lo que es susceptible de ser tachada como inválida para evaluar integralmente el filme. Hay quien, como el crítico Jordi Costa, señala que el salto al celuloide se lleva por delante ciertas sutilezas y juegos metalingüísticos inaprensibles para este nuevo soporte.

           El punto de partida de Watchmen es fascinante, y queda magníficamente consolidado por los títulos de crédito, donde el desencanto existencial de los personajes queda asimilado al desencanto colectivo de un país de sueños rotos o, peor, de sueños cumplidos de forma siniestramente literal. Los vigilantes, pues, son la esencia de la cosmogonía de los Estados Unidos. “Quis custodiet ipsos custodes?” se preguntaba Juvenal y se preguntan los habitantes de esta Nueva York siniestramente verosímil en su ambientación parafascista, conspiranoica y beligerante, ahogada en una lluvia apocalíptica.

A través de una trama de intriga, siempre con la amenaza presente -sea de la delincuencia generalizada, de la inestabilidad social, del complot contra los enmascarados o de la guerra nuclear-, las aceradas lecturas sociopolíticas se conjugan equilibradamente e incluso se incardinan con los apuntes acerca de la naturaleza humana que ofrece la exploración de unos personajes de cuidada tridimensionalidad, quienes pagan los reveses de su experiencia con desarraigo, soledad, cinismo, moralismo, maquiavelismo… La visión ‘divinizada’ de Doctor Manhattan y Ozymandias interesa en la misma medida que la visión terrenal de Búho Nocturno, fondón, miope e inmerso en un incómodamente apacible desencanto. Al fin y al cabo, se trata de nuevo de una madura destrucción de arquetipos, tanto históricos como de ficción.

           Es de suponer que la puesta en escena es hartamente deudora del papel. A la abundante referencialidad cultural del cómic, Snyder le suma una banda sonora trufada de canciones populares, empleadas en varias ocasiones con intenciones irónicas o contradictorias -el asesinato del Comediante, el Hallelujah de Leonard Cohen-, pero también algo sobadas. Afianzándose sobre la viñeta, con recursos que se aprecian influidos por la digitalización que ensayara Robert Rodriguez con Sin City, el realizador mantiene firme el ritmo narrativo, a pesar de ciertas caídas debidas a la notable extensión del metraje y a la barroca agitación de algunas secuencias marca de la casa. Según Costa, es una adaptación todo lo buena que podía ser.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

The Haunted World of El Superbeasto

28 Jun

“Hace seis años compré dos casas separadas de la familiar. Tengo mis casas para mis monstruos y otra casa para vivir. Vivo con mi familia y de vez en cuando voy a ver a mis monstruos, con los que vivo un romance perpetuo. Lo llevamos bien.”

Guillermo del Toro

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The Haunted World of

El Superbeasto

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The Haunted World of el Superbeasto

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Año: 2009.

Director: Rob Zombie.

Reparto: Tom Papa, Sheri Moon Zombie, Paul Giamatti, Tom Kenny, Rosario Dawson, Brian Posehn, Rob Paulsen.

Tráiler

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           Son dibujos animados, sí, pero eso no supone en modo alguno la renuncia de Rob Zombie, una de las figuras más personales y relevantes dentro del cine de terror actual, a su particular sensibilidad cinematográfica -principalmente porque, artista polifacético, estos son la adaptación a la gran pantalla de su incursión en el cómic-. Más aún, esta circunstancia contribuye incluso a exacerbarla gracias a  la esencia gamberra y libérrima del proyecto, donde la animación permite además burlar las limitaciones de la imagen real, de la contención cinéfila y hasta de la lógica.

           The Haunted World of El Superbeasto es un catálogo de filiaciones y fetichismos desplegado en el marco de un universo fantástico: uno de esos mundos paralelos que habitan los fanáticos de la ficción terrorífica en estimulante compañía de sus héroes, sus villanos y, especialmente, sus queridos y adorados monstruos.

Todas las criaturas del género -ya sea en su periodo clásico, de serie B, revisionista, de exploitation o contemporáneo-, están citadas a convivir en esta sociedad paralela, como sumergida en los pinceles de Tex Avery o del primer Ralph Bakshi, y en la que un campeón enmascarado de lucha libre mexicana, El Superbeasto, es la celebridad local que combate el crimen que perturba el escenario, en este caso provocado por el ansia del Doctor Satán -antes Steve Wachowski-, por encontrar a su nueva y blasfema esposa, quien despertará definitivamente sus maléficos poderes.

           La película, tan irreverente como cariñosa hacia su objeto de culto, avanza encadenando gags sin mayores pretensiones, sin ataduras argumentales más allá de un esquema elemental. The Haunted World of el Superbeasto es, en síntesis, una herramienta para el disfrute de Zombie y sus amigos, quienes no obstante permiten participar del juego también al espectador -ya sea igual de aficionado que ellos, o no, a este microcosmos- por la vía del humor escatológico combinado con erotismo despendolado y un frenético festival-homenaje metacinematográfico –que, asimismo, por supuesto, abarca inevitables autorreferencias-.

En ocasiones puede resultan un tanto repetitiva a causa de esta ligereza, entregada con devoción a la ocurrencia puntual y la ofrenda desatada, pero a grandes rasgos divierte por su apasionada incontención idólatra y su sentido del delirio.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6.

Hércules

13 Mar

“A Hollywood no le gusta ejercitar los músculos del cerebro.”

Sal Mineo

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Hércules

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Hércules

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Año: 2014.

Director: Brett Ratner.

Reparto: Dwight Johnson, Rufus Sewell, Ian McShane, John Hurt, Rebecca Ferguson, Peter MullanReece Ritchie, Ingrid Bolsø Berdal, Aksel Hennie, Tobias Santelmann, Joseph Fiennes, Irina Shayk.

Trailér

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            Más relevante en España por propiciar un bajón en el juego de Cristiano Ronaldo -ese futbolista-estadística centrado en intensificar su rendimiento de septiembre a noviembre en pos de premios individuales- que por su valor cinematográfico, Hércules se encuadra dentro de ese tipo de producciones históricas, al estilo de cintas recientes como Troya o El rey Arturo, que pretenden adaptar las leyendas tradicionales a las exigencias de verosimilitud de un público ajeno a la mitología por medio de la reducción de las características sobrenaturales de los héroes y sus gestas en favor de un pretendido realismo que, después, se diluirá a golpe de fantasmada típica de cine de acción. Es decir, la paradoja de eliminar elementos inverosímiles para crear un espectáculo en el que aparezca puntualmente cada cliché inverosímil propio del lenguaje épico del cine. Son, en cualquier caso, narraciones más clásicas que el techno-peplum criado a rebufo del éxito de 300 y Spartacus.

            Hércules es una película de saldo donde se toma un armazón prefabricado para elaborar un libreto en el que predomina la creación de una epopeya estándar en perjuicio de la debida coherencia del argumento, donde cada una de sus giros y pretendidas sorpresas serán administrados de manera previsible y tranquilizadora para el espectador reticente para con las exigencias. Además de a partir de una novela gráfica que desconozco –y que no obstante parece influir en parte de la planificación de la obra-, el argumento de Hércules se construye sobre la base de un pastiche histórico similar a El rey escorpión, también protagonizada por Dwight ‘La Roca’ Johnson, donde tienen cabida todo tipo de inspiraciones reales y fabuladas –sobre todo los segundos, digan lo que digan las pretensiones realistas del relato-. Esto significa que se tratan sin el debido respeto los mitologemas para sustituirlos por códigos igual de repetitivos pero conocidos y aceptados por el público afín a este tipo de filmes.

Aquí, en una imagen que sintetiza a la perfección esta idea principal, Hércules surge en pantalla proyectando una sombra gigante, acorde al relato que recita su sobrino Yolao –un historiador que, en una velada puya a la profesión, se dedica simplemente a adornar los hechos del pasado a su conveniencia-, para progresivamente reducirse y que aparezca por primera vez la efigie verdadera del héroe: un mortal con las dudas y debilidades de sus congéneres y que precisa de la ayuda de su equipo de ‘ninjas’ para completar con éxito sus extraordinarios trabajos. Es, de nuevo el valor colectivo entre superhéroes, esencial en taquillazos como Los vengadores o Guardianes de la galaxia, configurado para arropar la figura taciturna y atormentada de un héroe que guarda en su interior traumas que ríete tú de Batman –en la mitología griega, la fuerza de Heracles solo es comparable a sus arrebatos de enajenación-.

Con la misma falta de congruencia que la trama de acción, el discurso redentor de Hércules va perfilando poco a poco una contradictoria apuesta por la preponderancia de la fe como valor definitorio del héroe, lo que se traduce en una segunda oportunidad tanto bélica como personal.

            Realizada con plantilla y con el piloto automático encendido, la impersonalidad del filme arroja escasos elementos de interés –la utilización política, legítima o no, de la figura del héroe, en esta ocasión por parte de un tirano alabado con consignas hitlerianas-, si bien tampoco irrita en demasía dado que, por fortuna, nunca se toma en del todo serio a sí misma. Ejemplo de ello son las mercenarias e irónicas interpretaciones de tipos curtidos en mil batallas como Rufus Sewell, John Hurt, Peter Mullan e Ian McShane, que se disfraza, cobran y ser bajan al bar.

 

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 4,5.

Guardianes de la galaxia

7 Ene

“¡Los vengadores son como los Beatles, pero los Guardianes son como los Rolling Stones!”

James Gunn

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Guardianes de la galaxia

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Guardianes de la galaxia.

Año: 2013.

Director: James Gunn.

Reparto: Chris Pratt, Zoe Saldana, Bradley Cooper, Dave Bautista, Vin Diesel, Lee Pace, Michael Rooker, Karen Gillan, Djimon Hounsou, John C. Reilly, Glenn Close, Benicio del Toro, Josh Brolin.

Tráiler

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           Es diametral la divergencia cinematográfica entre los superhéroes de DC ComicsBatman, Supermany la MarvelSpiderman, Los vengadores, Guardianes de la galaxia,…-, condenada a perpetuarse ad eternum por medio de prolongaciones correlativas ya anunciadas para los próximos cinco años. La primera, nocturna y torturada, de acuerdo con los preceptos del héroe trágico impuestos por la trilogía batmaniana de Christopher Nolan. La segunda, solar, desenfadada y autoconsciente, de acuerdo con la magnética personalidad asimilada por el Tony Stark de Iron Man y definitivamente canonizada por Joss Whedon en Los vengadores.

Aunque la ambiciosa primera variante ha arrojado resultados realmente estimables –la arrolladora El caballero oscuro como máximo exponente-, el triunfo popular parece inclinarse, posiblemente con razón, hacia esta segunda, responsable de productos de entretenimiento tan disfrutables como esa Los vengadores antes mencionada. Menos pretenciosa en lo dramático, igual de desopilante y excesiva en la recreación informática de su imaginario, más amigable para los profanos de la viñeta como un servidor.

           En la escena que abre Guardianes de la galaxia –justo después de la inevitable introducción donde aparece el tradicional trauma motivador del héroe-, Peter Quill, protagonista de la función, desfila por un abrumador escenario cósmico armado con un walkman ochentero y la melodía de Come and Get Your Love en sus auriculares. Improvisando en su festivo bailoteo, atrapa a una agresiva criatura extraterrestre para blandirla como micrófono mientras asesta rítmicos golpes de pelvis. De inmediato queda fijada la personalidad del personaje y, en paralelo, el tono del filme.

Nos encontramos en resumen ante un héroe intergaláctico canalla, vacileta y bailongo, interpretado además por un tipo relativamente común y simpaticote como Chris Pratt –dejando de lado su nueva y portentosa musculatura- y que, con su nostalgia de la música, la cultura y el lenguaje popular de los ochenta, persigue sin disimulo la complicidad de un espectador identificado con unos gustos probablemente similares a los suyos. Es decir, como si La guerra de las galaxias estuviera protagonizada no por Luke Skywalker, sino por un Han Solo que luce cintas de Los Bravos y Alaska y los Pegamoides en el radiocasete de su Halcón Milenario.

           Guardianes de la galaxia aspira a establecer un fino equilibrio entre los códigos del cómic –la cicatriz emocional sin cerrar, la conversión del renegado en héroe o cuanto menos antihéroe responsable, la amenaza planetaria, el sacrificio personal- y la conveniente desmitificación de estos tópico sobados –la autoparodia a golpe de torpeza y anacronismo, el homenaje cultural, el insólito guiño cinematográfico, los cameos sorprendentes, los codacitos para iniciados en el cómic-.

Así, entre otros numerosísimos gags organizados en una amplia escala que va desde la cachonda socarronería hasta el infantilismo total, Guardianes de la galaxia puede permitirse la inclusión de agradecidos chistes a costa del ‘heroico’ Kevin Bacon, Howard el Pato o la perrita Laika –aunque leo decepcionado que es un personaje de la serie: el perro soviético Cosmo-. Son estos los que, al final, sostienen el filme ejerciendo de contrapeso frente a una trama muy justa de imaginación –lástima que el discurso se alíe con la línea política oficial americana en vez de ser auténticamente subversiva como Iron Man 3 y su villano-.

Un libreto elemental que, además, queda expresado en pantalla por aplastamiento digital y no tanto por talento visual o por la coreografía de las correspondientes batallas épicas, culmen del abigarramiento de unos efectos especiales solo digeribles debido a su clásico y muy asequible sostén narrativo.

           La película se fundamenta en definitiva en el carisma de sus personajes. La falta de gravedad desactiva cualquier aspiración pretenciosa que, de existir, hubiera condenado sin remedio a la cinta, como tantas veces ha sucedido en un género por lo general cortado por patrones demasiado estrictos y repetitivos. De este modo, Guardianes de la galaxia sobrevive y divierte sin miramientos, si bien jugando con una caricatura gamberra que no sé hasta qué punto considerarán respetuosa y admisible los devotos de los tebeos originales.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

Rompenieves (Snowpiercer)

24 Dic

“No tengo nada contra el cine de entretenimiento. Si usted es un trabajador cansado al final de la jornada, que quiere pasar un rato sin pensar en nada, supongo que tiene todo el derecho. Pero yo aspiro a entretener y dejar además algo sembrado en el público. Quiero hacer películas de las que ese trabajador pueda hablar después con su mujer, durante la cena, y el máximo reto es que tengan ideas diferentes sobre por qué la película ha transcurrido así, de forma que terminen acudiendo una segunda vez a verla juntos…”

Fritz Lang

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Rompenieves (Snowpiercer)

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Rompenieves (Snowpiercer).

Año: 2013.

Director: Bong Joon-ho.

Reparto: Chris Evans, Jamie Bell, Song Kang-ho, Ko Ah-sung, Octavia Spencer, Tilda Swinton, Ewen Bremmer, Vlad Ivanov, John Hurt, Ed Harris.

Tráiler

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            Por suerte, el salto internacional de los realizadores surcoreanos a consecuencia del éxito popular de su cine de acciónPark Chan-wook con Stoker, Kim Jee-wong con El último desafío y ahora Bong Joon-ho con Rompenieves, al que se añade el de actores como Lee Byung-hun en G.I. Joe, Choi Min-Sik en Lucy y Song Kang-ho en la presente-, parece no implicar una pérdida de su personalidad propia.

Tanto así que Bong iniciaría e incluso ganaría una tensa discusión nada menos que con el todopoderoso Harvey Weinstein, distribuidor de la cinta en los Estados Unidos, con el propósito de mantener íntegro el metraje de su obra y suprimir los agregados simplificadores propuestos por el magnate -un par de textos explicativos al comienzo y el final de la función, concretamente-.

            Bong Joon-ho escoge una novela gráfica francesa, Le Transperceneige, para su primera película rodada en inglés -a excepción de los diálogos del gran Song Kang-ho y de Ko Ah-sung, con quienes el director había coincidido en The host-. De este modo, el argumento queda enclavado en un futuro distópico que, a quince años vista, prevé la extinción de toda forma de vida sobre la Tierra a causa de una nueva edad glaciar provocada por la guerra química empleada, curiosamente, contra el calentamiento global.

Un gélido escenario postapocalíptico en el que un tren que recorre sin descanso el mundo cumpliendo una doble función como arca de Noé -da cobijo a los últimos reductos de la humanidad, distantes de ser la selección ideal de la especie-, y como la pesadillesca Metrópolis imaginada por Fritz Lang y Thea von Harbou, puesto que calca de ella su inamovible y cruel estratificación social en capas arquitectónicas –aquí vagones de tren- y la adoración de la máquina –esta vez locomotora-, erigida en fuente y garante de la vida. Un artilugio en este caso dominado en exclusiva por un ingeniero oculto tras su cabina que bien podría recordar al mago de Oz y su célebre cortina -entre otras muchas cosas, como se verá-.

            La revolución desde la cola hasta la cabeza del tren emprendida por el impetuoso y torturado Curtis (eficiente Chris Evans) despliega una atractiva sucesión de episodios de acción barnizados ocasionalmente con ese contrapunto de estrambótico humor marca de la casa. Las secuencias de pelea resultan espectaculares –quizás chirría un poco la cámara lenta del combate a golpe de hacha, más sobada- y apenas hay bajones de ritmo en los 126 minutos de Rompenieves, aderezados con estimulantes lecturas sociales y religiosas -los antediluvianos discursos del darwinismo social, la perpetuación de la desigualdad, la caverna platónica, las ilusiones controladas por el poder, la muerte de Dios- y encadenadas también por medio de un chispazo básico (aunque brutal) de remordimientos y obligaciones en ciertos personajes clave.

            Ciertos elementos lógicos del libreto están un tanto cogidos por los pelos, si bien no es nada que dificulte al espectador sumarse a una película que es puro entretenimiento. Fluida, ágil y sorprendente, con una factura visual poderosa y una exhibición de músculo en la dirección.

Una promesa de lo que estos directores surcoreanos pueden aportar a géneros habitualmente mortecinos o, en demasiadas ocasiones, carentes de fuerza, inventiva y frescura.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7,5.

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