Tag Archives: Orfandad

Oro Negro

16 Jul

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Año: 1947.

Director: Phil Karlson.

Reparto: Anthony Quinn, ‘Ducky’ Louie, Katherine DeMille, Raymond Hatton, Elyse Knox, Thurston Hall, Moroni Olsen.

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          El prólogo de Oro Negro le pone a uno incondicionalmente a favor del filme. La voz en off informa al espectador de que el filme es una historia sobre purasangres para, a continuación, señalar como protagonistas a un chinoamericano y a un indio hermanados por la voluntad homicida del hombre blanco, autor del asesinato de los padres de ambos. El del primero, acribillado por la espalda ante la pantalla, en una plasmación de una ferocidad atroz.

Posteriormente se irá matizando esta imagen tremebundamente crítica del estadounidense anglosajón, concediéndole el perdón en su condición de garante de la justicia y de aliado amigable. Al fin y al cabo, son los años cuarenta y aún restan un par de décadas para que Hollywood comience a desacreditar sistemáticamente las idealizaciones del pasado de conquista del territorio. De hecho, este maquillaje no es óbice para perseverar en la idea de que lo que mueve a Charlie Eagle y al joven Davey en pos de la victoria es, respectivamente, una reivindicación de la dignidad del auténtico nativo y de la venganza contra el sustrato racista y xenófobo que anida en una sociedad que lo margina sin reparo.

          A pesar de que su construcción termina siendo excesivamente caricaturesca, con interpretación a juego de Anthony Quinn, Charley Eagle también ostenta otra mirada crítica hacia las convenciones culturales e ideológicas de la nación. Su manifiesta indiferencia hacia el dinero y hacia los bienes materiales es un atentado directo contra los principios socioeconómicos del país, y se expone en contraste con la estima que obtiene dentro de la comunidad a raíz de la explotación del petróleo en su exigua propiedad, perdida en la frontera entre Texas y México. No en vano, también hay una noción de muerte -que llega a ser literal- en la instalación de la torre de perforación, símbolo de un progreso que atropella a un hombre que vive y siente de acuerdo con las viejas y perdidas constumbres del indio. Porque qué importan en definitiva un millón de dólares en comparación con el poderoso galope de un hermoso caballo, con poder compartir ilusiones y sentimientos con aquellos a quien se quiere.

          Pero Oro Negro, inspirado en las aventuras del corcel del mismo nombre, campeón del derby de Kentucky de 1924, también contiene un puñado de efectismos que buscan la lágrima de forma demasiado sentimentalista, lo que echa a perder otros momentos donde la emotividad se logra desde maneras más elegantes y honestas, como las pacientes enseñanzas del padre adoptivo.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 6,5.

Batman Begins

8 May

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Año: 2005.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Christian Bale, Liam Neeson, Katie Holmes, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Tom Wilkinson, Cillian Murphy, Ken Watanabe, Rutger Hauer, Mark Boone Junior, Linus Roach, Richard Brake, Jack Gleeson.

Tráiler

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         El desembarco del británico Christopher Nolan en la refundación de Batman sería uno de los sucesos más influyentes ocurridos en el cine comercial reciente. La Trilogía del Caballero Oscuro, que inaugura con Batman Begins y alcanza su cénit con la magnífica El caballero oscuro, decantará una nueva manera de abordar el blockbuster marcada por una búsqueda de madurez, gravedad y complejidad -temática y formal- que incluso, según sus detractores, tiende a caer en la afectada pretenciosidad y la megalomanía. De hecho, contra ella se opondrá la apuesta de la casa rival de DC Comics, Marvel, por la realización de producciones taquilleras de espíritu relajado y festivo, posmodernas y autoconscientes.

         Este hombre murciélago encarna así la solemnidad y la circunspección sobre la que se asienta el espectáculo. El viaje del héroe es interior, puesto que para él la salvación de Gotham mediante un verdadero acto de Justicia significa igualmente la sanación de las supurantes cicatrices de su espíritu, torturado por un complejo de culpa que se entreteje con la descomposición moral de la sociedad.

Dentro de este discurso, el guion, compuesto por el propio Nolan junto a David S. Goyer -que se convertirá en un hombre clave en este universo cinematográfico de la DC-, toma su inspiración en los traumas colectivos de la América del comienzo del milenio -el grupúsculo de fanáticos que atenta contra la megalópoli a la que consideran el Gran Satán, el cataclismo económico que anticipa con unos pocos años de antelación-, frente a los que la redención del joven Bruce Wayne adquiere, pues, tintes mesiánicos. El campeón providencial que Gotham necesita en estos tiempos turbios.

         El curso hacia el inevitable clímax de acción, la catársis típica del subgénero superheroico, queda así aderezada con detalles psicológicos y críticos que le aportan densidad a la función. Nolan domina el pulso narrativo con solidez, aunque sus cálculos creativos, frecuente objeción en su escalada hacia la monumentalidad, se pueden apreciar de manera evidente en puntos como la forzada introducción del humor.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

El sol siempre brilla en Kentucky

13 Feb

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Año: 1953.

Director: John Ford.

Reparto: Charles Winninger, Arleen Whelan, John Russell, Stepin Fetchit, Russell Simpson, Ludwig Stössel, Paul Hurst, Mitchell Lewis, Clarence Muse, Elzie Emanuel, Milburn Stone, Jane Darwell, Dorothy JordanFrancis Ford, Slim Pickens, Henry O’Neill, Grant Withers.

Filme

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         John Ford, un tipo propenso a la declaración esquiva o chocante, a construir su propio mito transfigurándose en un personaje fordiano, solía afirmar que El sol siempre brilla en Kentucky era su preferida de entre las películas que había dirigido.

Lo cierto es que el filme es una de esas piezas en la que se materializaban en fotogramas su nostalgia de tiempos pasados, de escenarios míticos modelados a partir de fantasías folclóricas sobre una arcadia perdida -aunque no idealizada, a pesar de que pudiera parecerlo en un vistazo superficial-. Es este un universo fabulado que se rige por los valores de la pequeña comunidad: esa decencia declamada por los estadounidenses como virtud fundamental del ciudadano, la solidaridad con el vecino, la unidad entre diferentes mediante el respeto de unos principios y unos símbolos compartidos.

De hecho, Ford se había adentrado ya en este somnoliento escenario sureño de principios del siglo XX en El juez Priest, quizás la mejor de sus colaboraciones con el popular cómico Will Rogers, que encarnaba en sí mismo, a través de su querido personaje público, todos estos conceptos ideales. La sabiduría del terruño, práctica, empática y ajena a pomposidades e imposturas; la sobriedad y el cultivo del pequeño placer como camino que conduce a una realizadora plenitud; la capacidad para asumir las propias falencias y las pequeñas excentricidades con una media sonrisa de estoica autoironía; la rectitud moral, que no moralista, como guía para lidiar con las problemáticas sociales y personales del entorno; un profundo sentido de la humanidad como manual de vida y convivencia sin distinción de raza, credo o color. El héroe fordiano quintaesencial, un Abraham Lincoln en potencia pero orgullosamente de andar por casa, a pie de calle.

         En El sol siempre brilla en Kentucky, y ahora con el rostro de Charles Winninger, Ford se reencuentra con este juez casi oficioso, más orientado por su experiencia, instinto y comprensión que por los códigos legales, en tres nuevas aventuras que unifica en un solo largometraje sin que aparezcan fisuras e incoherencias en su fusión, amalgamada por la naturaleza del personaje y por las tonalidades crepusculares, tiznadas con la inevitable melancolía marca de la casa, con la que el cineasta la aborda. La despedida del juez en pantalla prácticamente prefigura el retorno al vacío, con una puerta que se cierra tras de él, del tío Ethan de Centauros del desierto, solo que esta vez el protagonista desaparece puertas adentro, en las sombras de su propia casa, en el pueblecito arquetípico del que es un auténtico pilar maestro. Antes lo ha redimido. Quizás por última ocasión, a pesar del premio que pueda recibir por salvarlos de nuevo “de ellos mismos”.

         Hay por ello una inevitable tristeza en sus episodios costumbristas, pintorescos, etílicos e incluso añejos en su uso de los estereotipos, como el siempre polémico personaje con el que Stepin Fetchin hizo carrera y que hoy desataría las iras de cualquier analista concienciado con la igualdad de los afroamericanos. Hay drama en su comedia, lacerada por la noción de su propia agonía, ya irreparable. El sur, derrotado aunque digno, cede paso al progreso nordista -también desde una firme voluntad de respeto, honorabilidad y reconciliación estatal, vez sí sublimada-. El campechano juez apenas resiste los embates del altisonante aspirante. Él y sus compinches son recuerdos sentimentales de heridas antiguas, reliquias vivientes merecedoras del destierro, rezan los libelos políticos en la campaña electoral que amenaza con dar el descabello definitivo a esta época.

         Ford, que tenía una consciencia de sí mismo como un individuo anacrónico, que miraba el país desde esta perspectiva secular enraizada en unas tradiciones sincréticas, captura el poderoso lirismo de esta luminaria que se apaga, ignorada por las letras capitales del relato histórico.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

Guardianes de la galaxia Vol. 2

6 Feb

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Año: 2017.

Director: James Gunn.

Reparto: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Bradley Cooper, Vin Diesel, Kurt Russell, Michael Rooker, Karen Gillan, Pom Klementieff, Elizabeth Debicki, Sean Gunn, Chris Sullivan, Sylvester Stallone, Stan Lee.

Tráiler

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          Hay una cuestión que, más allá de su devoto fetichismo por la cultura pop del periodo -cinematográfica, musical, visual, tecnológica…-, conectaba de fondo a Guardianes de la galaxia con el cine de aventuras y fantasía de los ochenta: ese tema de la ausencia paterna tan característico de las producciones de Steven Spielberg y la factoría Amblin. El segundo capítulo de la saga otorga protagonismo a este asunto para, a partir de ahí, construir un argumento en el que se enfrenta el peso de la sangre, de la genética, al concepto de familia elegida. Porque la familia, como expone la subtrama de las hermanas Gamora y Nebula, es el tema principal de Guardianes de la galaxia Vol. 2.

          Obviamente, en concordancia con el espíritu de la serie -que va un paso más allá incluso que el de la propia Marvel, si bien luego ha sido superada por Deadpool-, este drama queda abordado con un tono ligero en el que es frecuente el humor irreverente y posmoderno, que tanto sirve para rebajar la grandilocuencia de la tradicional acción superheroica como las tentaciones de componer una tragedia colosal. Lo antitético de lo que propone su rival DC, como es sabido. Falta le hace esta comedia, sea como fuere, porque todo espectador conoce de pe a pa el desarrollo y la resolución de este dilema que se plantea, además de que el resto de vertientes paralelas tampoco poseen una mínima consistencia -quizás Yondu se revele como un personaje con algo más de posibles-, con lo que el relato en sí termina por quedarse bastante endeble y deshilvanado.

          En todo caso, la estrategia de la semiparodia no deja de ser medianamente inteligente: si no se apunta alto -o si se admite la improcedencia de esta grandilocuente solemnidad- es más fácil acertar el tiro, sobre todo si se sigue hallando gags de impacto. Como explicita su introducción, donde la cámara sigue al adorable Baby Groot mientras baila ajeno a la macropelea que transcurre en segundo plano, la atención de la película no está puesta en los increíbles avatares de unas criaturas extraordinarias, sino en su chispa cotidiana, trivial. 

De esta manera, Guardianes de la galaxia Vol. 2 se atiene en gran medida y hasta exagera la fórmula que hacía de la entrega inaugural un divertimento relajado y simpático, protagonizado por uno de los nuestros. Es decir, por un superhéroe que, en realidad, es un tipo campechano con el que el público comparte sensibilidad y sentido común, aficiones y, por tanto, adrenalina. Peter Quill es un tipo que tiene nuestra misma piel, encarnado además por un chaval con un carisma y un atractivo nada ostentoso, probablemente acentuado por su condición de exgordo, como Chris Pratt, el héroe de la generación que no teme ser friki ni reivindicar sus apetencias de niño grande.

          Con todo, la repetición hace que la adrenalina no fluya con igual intensidad, además de que el diseño de producción, de tan exagerado y virtual, sume a los personajes en un entorno donde la fisicidad y por ende la energía brillan por su ausencia, llevándolos a ser figuras que se mueven en una nada a la que es complicado asirlos e incluso ubicarlos. Los erráticos movimientos de cámara y un montaje más bien pobre o cortado con poco interés acentúan esta sensación.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6.

Deslembro

26 Nov

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Año: 2018.

Directora: Flávia Castro.

Reparto: Jeanne Boudier, Sara Antunes, Hugo Abranches, Eliane Giardini, Julián Marras, Arthur Vieira Raynaud, Jesuíta Barbosa.

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         Podría decirse que el título del filme, Deslembro -algo así como “desmemoria”-, apela a los ciudadanos de un país, Brasil, que con la elección como presidente del ultraconservador Jair Bolsonaro parecen haber olvidado las consecuencias de un Estado reaccionario y militarizado. Deslembro es una película ambientada en 1979, tras la aprobación de la ley de amnistía, que significaba un paso más en la gradual apertura de la dictadura iniciada con los comicios de 1976 y el regreso de numerosos exiliados. Y precisamente desde Francia retorna la adolescente Joana y su heterogénea familia que, en sí misma, dibuja un doliente mapa político de la Latinoamérica del periodo -una madre viuda por la represión brasileña, un padre chileno huido del régimen de Augusto Pinochet, tres hijos de distintas paternidades entremezcladas en la clandestinidad-.

         Documentalista que debuta aquí en el largometraje de ficción y en cuya obra previa destacaba Diario de uma busca -indagación en la figura de su padre, periodista, activista y partícipe en la fundación del Partido de los Trabajadores, fallecido en un extraño suceso-, Flávia Castro plantea la adaptación a Brasil de la muchacha como un recorrido sentimental en el que, como avanzaba el título, brotan de improviso retazos de recuerdos que, partiendo del desarraigo y la hostilidad, reverdecen y cobran sentido a lo largo de un proceso de maduración, de toma de conciencia personal y a la vez nacional. De los Doors más oscuros a la samba más dulce. Algunos de estos recuerdos son los de la propia directora, que recuerda a través de una joven que recuerda.

         Castro es hábil para reconstruir con delicadeza y sensibilidad este proceso, sin cargar las tintas en potenciales lugares comunes o en recursos melodramáticos, tanto en la dimensión política de la película como en su retrato de la adolescencia. El afloramiento de la remembranza, de la conciencia perdida en el trauma, se formula con lirismo, con apenas fotogramas fragmentarios, borrosos y hasta inciertos, filtrados por la intensa alma literaria de Joana. Este collage de retales capturados compone con precisión y belleza el punto de vista y el camino interior de la protagonista. De hecho, el empleo del plano subjetivo sirve en ocasiones para emparejar este pasado que vuelve con un presente en el que su huella es manifiesta, como una cicatriz no del todo sanada.

         Deslembro es una película comprometida en la que los posicionamientos políticos de izquierda poseen una gran ascendencia, pero la cineasta imbrica e incuso matiza esta militancia asumiéndola desde una perspectiva privada e íntima, en la que lo afectivo y lo emocional desempeñan un papel de idéntica relevancia. Todo uno.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 7,5.

Atardecer

24 Nov

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Año: 2018.

Director: László Nemes.

Reparto: Juli Jakab, Vlad Ivanov, Marcin Czarnik, Christian Harting, Levente Molnár, Evelin Dobos, Julia Jakubowska, Dorottya Moldován, Judit Bárdos, Benjamin Dino.

Tráiler

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          “Hay personas a las que es difícil comprender”, le dicen en cierta escena a la protagonista de Atardecer, ya hacia el final del metraje. La frase puede entenderse como un reconocimiento por parte de László Nemes, director y coguionista, de que hay que hacer un importante esfuerzo para encontrar una justificación a las acciones de esta mujer que regresa, literalmente, a las cenizas del hogar. En concreto, a la lujosa sombrerería que sus padres, fallecidos en un incendio cuando ella tenía dos años, regentaban en una Budapest en la que ahora retumban ya los tambores que conducirán a la inminente Primera Guerra Mundial.

El atardecer del título, cabe suponer, es el del Imperio austrohúngaro. Un crepúsculo disimulado entre las luminarias y oropeles de la pujante metrópoli húngara. Es el contraste entre el soleado y ostentoso Budapest alrededor de la sombrerería, y el nocturno y depauperado Budapest underground. Dos mundos irreconciliables -a pesar de sus putrefacciones análogas- que colisionan violentamente en el caos.

          Írisz Leiter, heredera sin trono, camina de un lado a otro en busca de su hermano, o de reconstruir su vida, o de cerrar el círculo -como podría interpretarse de ese desenlace en llamas y del vestuario que ella porta en ese momento-. Quién sabe. Nemes parece tratar de sumir la narración en un estado onírico o en un aura fantasmagórica. De ahí que, en muchas ocasiones, las elipsis y las transiciones espaciales queden trazadas con una pátina de misterio, igual que enigmáticos son los motivos que mueven a la joven.

Pero debido a este segundo caso, tanto hermetismo voluntario, o mal dosificado, degenera en falta de tensión dramática. Más que indescifrable, Írisz Leiter resulta vacía, una simple excusa que emplea el cineasta para adosar la cámara a los pasos del personaje y, con ello, desarrollar otra inmersión en el horror de un nuevo capítulo histórico de su país, como había hecho con el Holocausto en la impactante El hijo de Saúl, que también seguía una espiral espoleada por una difusa relación familiar.

La consecuencia es un distanciamiento puntual y no pretendido respecto del relato, lo opuesto a una inmersión, en definitiva. Es complicado reconocer o apreciar como auténtica esa piel que el espectador ha de vestir.

          Los recursos cinematográficos que emplea Nemes, de hecho, son muy semejantes a los que exhibió en El hijo de Saúl, como se comprueba en el asalto del palacio de la condesa o en la clausura de la fiesta de aniversario. Es cierto que estas secuencias -rodadas casi en un angustioso plano continuo donde lo verdaderamente estremecedor procede de los márgenes apenas visibles de los fotogramas o directamente del fuera de campo- son avasalladoras, muy potentes. Pero también es verdad que son escenas ya vistas, ya vividas. Y por ello menos impresionantes.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6.

Viaje al cuarto de una madre

5 Nov

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Año: 2018.

Directora: Celia Rico Clavellino.

Reparto: Anna Castillo, Lola Dueñas, Pedro Casablanc.

Tráiler

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         Viaje al cuarto de una madre parece configurarse como una de esas películas que se comportan como un pedazo palpitante de vida. Una captura indiscreta que observa la maravilla de la cotidianeidad para, desde la sensibilidad, extraer de ella su lirismo oculto, su emoción esencial, su trascendencia existencial.

Viaje al cuarto de la madre es una obra de íntimo realismo, cuya gramática no es tan cruda, por ejemplo, como la del naturalismo de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, sino que en cierta manera muestra intención de tender más hacia la calidez poética, de sentimiento contenido, de Yasujirô Ozu, el gran maestro de los vínculos familiares: de sus raíces y su forjado, de su pérdida y su transformación. Con todo, Ozu significa establecer un referente demasiado elevado: su profundidad formal, emocional y trascendental queda lejos de lo que aquí se alcanza -que no es en absoluto desdeñable-.

         Compuestos ambos por Celia Rico Clavellino -debutante en la dirección de largometrajes-, tanto el drama como la expresión visual de Viaje al cuarto de una madre apuestan por una sencillez verista, a partir de la cual se construye un retrato fidedigno de las dos protagonistas y de su relación, perfectamente respaldadas por los trabajos de Lola Dueñas y Anna Castillo, quienes desarrollan una imprescindible química. De ahí surge el principal baluarte de la función: la intimidad que transmite la cinta, los encuentros y desencuentros privados de un relato que se hace fuerte entre las paredes de la casa familiar -de maravillosa ambientación en objetos y costumbres-, entre los pequeños gestos, que se convierten en expresivas declaraciones, recogidos por la cámara con el mismo cariño que contienen ellos mismos.

         El núcleo hogareño, de confortables trazos frente a los inhóspitos o desconocidos exteriores, es de donde parten todos los caminos dramáticos del filme, dada la estrecha convivencia física y afectiva de las dos mujeres, paralela además a la ausencia profunda y lacerante que se percibe en este espacio: la del esposo, la del padre.

Viaje al cuarto de una madre no es tanto un filme sobre el encuentro de una madre y una hija, sino sobre su separación inevitable, marcada por los ritmos de la existencia, abismalmente traumática como el gran cambio, la gran tragedia emocional, que representa para las dos partes implicadas. El salto que hay que dar, aunque afuera haga frío. Por ello, la realizadora sevillana se adentra en ella desde ambos puntos de vista, que se relevan a partir de un giro de guion asentado sobre ese conflicto contemporáneo que atañe a una generación perdida por las circunstancias socioeconómicas.

De nuevo, se trata de asuntos que se abordan desde la estricta y verosímil sobriedad, desde la que extrae una compleja pátina de sensaciones: amargura, sí, aunque también insondable amor. Pero, respecto de la evolución del duelo por la viudedad, la sencillez de Rico Clavellino quizás se torne un tanto más simple en su concepción.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

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