Tag Archives: Mansión

El unicornio

29 Jun

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Año: 1975.

Director: Louis Malle.

Reparto: Cathryn Harrison, Therese Giehse, Joe Dallesandro, Alexandra Stewart.

Tráiler

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         En los setenta, década desencantada y paranoica, Alicia no podía ir a parar al país de las maravillas. A bordo de un Honda 600 Coupe, la Alicia de El unicornio arriba a una distópica campiña francesa azotada por una guerra sin cuartel entre hombres y mujeres. El tópico cinematográfico de la guerra de sexos trasladado al argumento de manera literal. Pero, antes, la joven había abierto el filme atropellando a un inocente y pacífico tejón en una escena que sienta el tono de esta fábula atípica -o visión profética- de Louis Malle, ubicada difusamente entre lo bucólico y lo inquietante, entre el cuento de hadas y el apocalipsis bíblico, entre el sueño y la pesadilla, entre lo ancestral y lo futurista. Después, guiada por el unicornio que hace las veces de conejo blanco, la obra se desarrollará en una insólita mansión -el apartado refugio del cineasta en el mundo real- donde los animales hablan, las ancianas maman leche y los gemelos de distinto género comparten nombre.

         Por momentos parece que Alejandro Jodorowsky se ha apoderado de los fotogramas, delirantes y dotados de un simbolismo abierto a amplias interpretaciones. Se diría intuir en ellos motivos religiosos de diversas extracciones -cristianos, con una cohorte de ángeles y querubines en un limbo extraño; hindúes merced a la decisiva pintura del Ramayana; del romanticismo pagano, con unas criaturas fantásticas que habitan una granja donde se canta la leyenda de Tristán e Isolda– desde los que parte una especie de pecado original que condena al enloquecido ser humano -el enfrentamiento entre hermanos, el enfrentamiento entre sexos-. O no. Es lo que tiene la escritura automática del surrealismo, para bien y para mal.

         Malle sumerge el relato en un estado hipnótico e irracional, cautivador pero, al mismo tiempo, subrepticiamente desasosegante. No hay sol ni sombra en su fotografía, donde la belleza del campo aparece húmeda y apagada por las nubes. Hay sensualidad y sexualidad en sus imágenes, imaginación y locura, candor y violencia, vida y muerte. El unicornio, pues, es tan desconcertante como sugerente.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7.

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Jurassic World: El reino caído

18 Jun

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Año: 2018.

Director: Juan Antonio Bayona.

Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Isabella Sermon, Rafe Spall, Justice Smith, Daniella Pineda, Ted Levine, Toby Jones, BD Wong, James Cromwell, Geraldine Chaplin, Jeff Goldblum.

Tráiler

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          Hay una tendencia en el cine comercial hacia la marca, hacia la franquicia como estrategia. Los antiguos estudios se han reciclado en casas mercantiles, como Marvel o Star Wars, explican los expertos. El cine se serializa mediante la repetición o la reformulación de una receta preestablecida que se controla con visión de conjunto, con independencia de unos capítulos muy pautados, en los que la voz propia del cineasta -que en muchas ocasiones ha sido fan antes que realizador del producto- posee un escasísimo margen de maniobra dentro de esta uniformización del conjunto, que mediante libretos diseñados en base a estrategias casi estrictamente mercadotécnicas, busca tanto la aprobación explícita del otrora ‘friki’ -erigido en ente social normalizado a través de su condición de consumidor poderoso- como la capitalización de su pasión, hasta exprimir la última gota entrega tras entrega. El sentido de la maravilla se agota antes o después. La sorpresa acostumbra a quedarse fuera de la ecuación, pues es un valor artística y económicamente volátil y, además, fugaz por naturaleza.

          “Parque Jurásico fue mi Star Wars“, sostiene Chris Pratt en una declaración orgullosamente generacional. Parque Jurásico es otra de estas marcas refundadas y apenas remozadas. Jurassic World mostraba su autoreconocimiento posmoderno como consciente juguete nostálgico prácticamente como única novedad. Con unos cuantos diálogos de lectura claramente metalingüística -y disculpatoria por parte de los guionistas-, la película llegaba a admitir la imposibilidad de asombrar ya a nadie con una galería de dinosaurios corrientes y molientes. De ahí el indominux rex -que tampoco es que fuese la repanocha de imaginación-. Pero muerto el bicho más grande, ¿ahora qué? El estallido de la isla Nublar, de primeras, recalca la necesidad de clausurar definitivamente el parque.

La parte irredimiblemente tonta de Jurassic World no era ceder a la tentación de ver luchar a un velociraptor junto a un tiranosaurio, el uno cabalgando a lomos del otro. Esa es la indulgencia friki que decíamos. La parte tonta era la trama militar, que ni siquiera tenía gracia como delirio. Pues bien, esa visión presuntamente crítica de la utilización del dinosaurio como superarma biológica centra en gran medida Jurassic World: El reino caído. En realidad, esta decisión parece una evidencia del agotamiento de las posibilidades argumentales de la saga, y de que Derek Connolly y Colin Trevorrow -que cede la silla de director a Juan Antonio Bayona- no saben bien qué hacer con lo que tienen entre manos. El juguete del dinosaurio está bastante visto, perdido el impulso de esta nueva reedición. Al respecto, intentan redoblar la apuesta crítica con una roma admonición acerca de las apocalípticas consecuencias del ser humano que juega a ser Dios, de lo monstruoso como parte íntima de la propia naturaleza de la especie.

          El carisma campechano y relajado de la pareja Chris Pratt-Bryce Dallas Howard, y la presencia de Ted Levine como villano chusquero, apenas logran evitar que Jurassic World: El reino caído, construida sobre clichés del género que hasta ya habían estado presentes en anteriores capítulos de la serie, caiga en la molicie durante sus dos primeros tercios.

En su tramo final, Bayona -un realizador que ha hecho del “parece Made in USA” su sello de prestigio- trata por fin de reconducir el espectáculo hacia un nuevo terreno, el terror gótico -el caserón, la noche, la niña inocente y el monstruo que llama a la puerta-. Pero tampoco funciona. El monstruo está sobreexpuesto, los movimientos de cámara son demasiado artificiosos y no hay sugerencia. Al igual que en todo el metraje precedente, los sustos y los alivios se conocen al dedillo.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 4.

La ciénaga

19 Mar

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Año: 2001.

Directora: Lucrecia Martel.

Reparto: Graciela Borges, Mercedes Morán, Martín Adjemián, Leonora Balcarce, Silvia Baylé, Sofía Bertolotto, Juan Cruz Bordeu, Noelia Bravo Herrera, María Micoll Ellero, Andrea López, Sebastián Montagna, Franco Veneranda, Diego Baenas, Daniel Valenzuela, Fabio Villafane.

Tráiler

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         Como emulando el alegórico estanque-vertedero de El ángel borracho, Lucrecia Martel arracima a sus desdichados personajes entorno a una piscina de aguas pútridas, corrompida por la decadencia y la dejadez que dominan el lugar y a sus gentes.

Paralizados como dinosaurios viejos que contemplan el cielo a la espera del meteorito que los extinga definitivamente, los terratenientes de La ciénaga reciben con estupor el agua de la tormenta que se cierne permanentemente sobre ellos y mueven sus traseros, cuadrados con la forma de los asientos, con un arrastrar de zombi.

         Martel arranca a la ofensiva, trazando el marco general levemente satírico donde detallará el retrato de una clase embargada por la decrepitud. La hacienda huele a sudor, a alcohol revenido, a sábanas mil veces usadas, a perro sucio, a sexualidad frustrada o a medio contener.

La realización de la cineasta argentina es hábil transmitiendo estas sensaciones, que se derivan en excreciones sociales y vicios como el racismo expansivo, el clasismo endogámico, el alcoholismo, los celos, la envidia, la ignorancia… de nuevo con sus pares físicos -las malformaciones en los ojos y en los dientes-.

Sus criaturas se repliegan en sí mismas acosadas por el chirrido constante de los insectos, por el incesante crujido del trueno, advertencia de un diluvio sanador que no termina de desencadenarse.

         La visión familiar de Martel se asimila a una visión nacional también empantanada, repleta de fracturas, oquedades y quistes. Probablemente, esta inmersión retratística, estática y no narrativa en su estancamiento consustancial, tampoco requería de un remate de tragedia explícita.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

Call Me by Your Name

28 Ene

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Año: 2017.

Director: Luca Guadagnino.

Reparto: Timothée Chamelet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel, Victoire Du Bois, Vanda Capriolo, Antonio Rimoldi.

Tráiler

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          El verano es la huida de la rutina, el abrazo del calor y el color de la vida, la exploración de lo desconocido, la esperanza en la consecución de una plenitud que, sea como fuere, esta igualmente condenada a ser transitoria, ligada a la temporalidad de la estación, a la extinción inexorable que impone el paso del tiempo. Como ocurre, en cualquier caso, en la vida misma.

El cine rinde culto al verano como época decisiva en la existencia, como escenario de los rituales de paso y de las experiencias iniciáticas. El primer beso, el primer amor, están bañados en rayos de sol, en olor a fruta madura y sal marina. Call Me by Your Name se apoya en este locus amoenus estival, ubicado en una idílica villa del norte de Italia en el año 1983 -un espacio que las imágenes saben capturar sensorialmente en su belleza y voluptuosidad-, para abordar este tópico de la ficción universal que es el amor de verano.

El relato de Luca Guadagnino, sobre el guion de James Ivory y a su vez a partir de la novela homónima de André Aciman, escapa no obstante de los clichés establecidos, y no solo por extender el argumento hacia un romance homosexual, obviamente. Está ahí la perspectiva del adolescente que se ve deslumbrado por el hallazgo maravilloso que bien vale para justificar una vida entera, pero la construcción de personajes transgrede los arquetipos desde este mismo protagonista, que en lugar de ser un actor pasivo en esta aventura existencial se convierte en una pieza fundamental para su consumación y desarrollo. Atrevido hasta mostrar un punto de arrogancia, más frágil y dubitativo tras lo que aparenta esta toma de la iniciativa, el Elio de Timothée Chalamet, en una rotunda interpretación, rompe así con el cliché del maestro/aprendiz, más si cabe frente al hombre-anuncio-escultura griega al que a veces queda convertido su partenaire.

          Este diseño de caracteres, que no solo se restringe a los dos sujetos principales, sino también a los secundarios que los rodean -en especial a los padres del joven, a quienes se regala un desenlace de altura emocional- es, pues, uno de los puntos fuertes de Call Me by Your Name, el cual se antoja decisivo para que la historia tenga un recorrido más allá de la enésima reapropiación personal de otro cineasta más o de la simple variación LGTBI de un cuento mil veces contado.

Esta virtud se va haciendo patente a medida que avanza el metraje desde un inicio entiendo que voluntariamente indolente, pero también un tanto moroso o frío, y se va acompañando de otras rupturas con la idealización cinematográfica del romance -la comentada escena del albaricoque como ejemplo palmario, pero hay otros detalles más discretos e igual de efectivos, que con todo cabe decir que no rompen con la relativa amabilidad de la narración-, las cuales contribuyen a aportar naturalidad, frescura y riqueza de matices a un conjunto en el que, asimismo, se procura controlar la exaltación de las escenas climáticas. Aunque, ocasionalmente, la obra también deja traslucir un trabajo de cálculo evidente que, de nuevo, resta emoción pura a este, decíamos, tópico de la ficción universal que es el amor de verano.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7,5.

Madre!

2 Oct

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Año: 2017.

Director: Darren Aronofsky.

Reparto: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, Domhnall Gleeson, Brian Gleeson, Jovan Adepo, Kristen Wiig, Stephen McHattie.

Tráiler

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           Veo a Darren Aronofsky recorriendo arriba y abajo la Quinta Avenida, en pelota picada y con una pancarta de cartón que reza “El Apocalipsis va a llegar”. Y esto sucede porque el director habrá comprobado, trémulo de sorpresa e indignación, que muchos de los espectadores de Noé no escarmentaron y no se convirtieron al veganismo sostenible. Pero aun así, Aronofky, iluminado, concede al género humano una segunda oportunidad de enmendar su impía iniquidad y les entrega Madre!, una relectura personal de la Biblia que, además, conecta con los desmanes que actualmente asolan el mundo para lanzar un alarido admonitorio acerca del desastre que se nos viene encima a nosotros, pecadores irredentos.

           En Madre! se plantea una confrontación eterna y sin cuartel entre las fuerzas benefactoras/creadoras y las fuerzas maléficas/destructoras del cosmos. La lucha de la fecundidad, la inspiración y la vida, en definitiva, contra la enfermedad, la esterilidad y la muerte. En su relato hay un Dios demiurgo que crea a través de la palabra, un Adán y una Eva que invaden el Edén y transgreden sus prohibiciones, un Abel, un Caín, masas de idólatras inmorales que merecen un buen diluvio… y, como contrapunto de distinción, una deidad femenina; una Gaia poderosa, generosa, sensual y amantísima que engendra la vida física, que regenera la desolación e intenta contrarrestar abnegada el desastre a la que le abocan.

Aronofsky subraya su composición alegórica empleando, entre codazos de prevención, un amplio muestrario de retórica y simbología judeocristiana, a lo que se suman alusiones a plagas contemporáneas como la depredación irresponsable de recursos, la sobrepoblación, el calentamiento global, la hecatombe ecológica, la colonización o aniquilación del prójimo…

También, de soslayo, habla del proceso de creación artística, que al fin y al cabo es otra forma de generar vida, aunque sea en un plano alternativo a la realidad.

           La fábula se sostiene, pasando por ingenua, mientras la narración mantiene un perfil relativamente contenido de cine de terror psicológico y claustrofóbico, gracias a que el realizador neoyorkino es hábil transmitiendo la incredulidad, la incomodidad, el agobio y la sensación de inminente e incesante amenaza que padece la protagonista. Luego, de improviso, pierde los estribos y se entrega a un delirio que uno no sabe si es divertido o enervante por su apoteósico desenfreno. Lo que queda claro es que la metáfora se hace ya sonrojante. Pero el cineasta tampoco parece temer tal consideración, lo que no deja de ser valiente.

           Sea como fuere, advertidos quedan, dice Aronofsky. Que no tenga que haber un tercer aviso.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 4.

La doncella (The Handmaiden)

15 Nov

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Año: 2016.

Director: Park Chan-wook.

Reparto: Tae-ri Kim, Min-hee Kim, Jung-woo Ha, Jin-woong Ho, So-ri Moon.

Tráiler

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           La doncella (The Handmaiden) supone el regreso a Corea del Sur de Park Chan-wook después de su aventura americana, Stoker, así como la recuperación de su trabajo como guionista, al que había renunciado en la anterior para desgracia de la producción, que no obstante mantenía unas cuantas líneas recurrentes de la filmografía del cineasta. Porque en La doncella, una vez más, nada es lo que parece. Tanto o más cuando narra la historia de una estafa protagonizada por dos trileros de barrio bajo coreano y una noble japonesa inocente y frágil, a la que pretenden desplumar su herencia por medio de un matrimonio engañoso y su posterior traslado tras los muros del manicomio.

           Park, libre de nuevo de los grilletes de Hollywood, desencadena igualmente su laberíntica arquitectura argumental para acompañarla de su no menos elaborado estilo formal, abigarrado y en ocasiones excesivo, por ejemplo, en el uso de los movimientos de cámara, tan insistentes y raudos como los giros de guion que propicia la estructura dual del relato: el anverso contra su reverso, el truco sobre el truco.

Por medio de estas maniobras pirotécnicas, el filme permanece en constante fluidez, mutando incesantemente para entretenimiento del espectador, que a partir de una intriga sobre fraudes choca repentina y violentamente en su viaje contra un dilema amoroso donde se discute sobre las inclinaciones viscerales del ser humano hacia ambiciones materiales o sentimentales. Y, más tarde aún, contra una farsa sobre la liberación femenina contra todo y contra todos. Virajes, transformaciones y sobresaltos entremezclados todas ellos con literatura erótica, terror psicológico, teatro de la crueldad y fantasía romántica; siempre sin moderación alguna -y hasta provocando evidentes contradicciones discursivas, en el caso de las escenas de alto voltaje sexual-.

           La doncella resulta arrebatadora por esa misma descarada, audaz y divertidísima desmesura, incluso a pesar de defectos como la renuncia de Park a la concisión narrativa, en especial en las fases más explicativas de la función, donde la obra corre el riesgo de perder su complejo equilibrio. Malsana, sarcástica, voyeurística, hechizante. Potentísima. La arrolladora factura visual no es un artificio puramente esteticista, sino que aparte de para deslumbrar la retina sirve también para sumergirse hasta la cabeza en las relaciones de este triángulo delictivo y amoroso, en las migajas de suspense que deja tras de sí la acción, en el estado mental y afectivo que atraviesan los personajes. En la descomunal caja de juegos y sorpresas que conforma este particular universo, en definitiva.

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Nota IMDB: 8,1. 

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8,5.

Lady Macbeth

14 Nov

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Año: 2016.

Director: William Oldroyd.

Reparto: Florence Pugh, Cosmo Jarvis, Naomie Ackie, Christopher Fairbank, Paul Hilton, Golda Rosheuvel, Anton Palmer.

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           Es inevitable sentir fascinación por las femmes fatales: las han dibujado así. Son parte de una fantasía a la que el cine ha sacado excelentes réditos, generalmente enmarcándolas en tramas desbordadas de adrenalina y erotismo. Y, por tanto, dentro de las convenciones de esa fantasía, se acepta sentir complicidad hacia sus terribles actos, destinados a condenar a la perdición a los incautos que escuchen sus cantos de sirena.

           En Lady Macbeth, su segundo largometraje, el británico William Oldroyd juega precisamente con la empatía hacia este arquetipo femenino que, como recuerda el título del filme, encuentra raíces en figuras literarias como la conspiradora noble escocesa de William Shakespeare. Como aquella, la protagonista del filme se rebela contra los rasgos de carácter que se le suponen a la mujer -la obediencia, la fidelidad, la ternura, la fragilidad-, reforzados además por las estrictas imposiciones de la sociedad victoriana, que esclavizan al individuo -lo que se aplica tanto a ella como prácticamente al resto de habitantes de la mansión-. 

           Un alzamiento contra el patriarcado, pues, que el cineasta plantea argumental y visualmente para que el espectador se ponga de su parte, divertido por el comportamiento anacrónico y por tanto comprensible de la joven Katherine Lester, interpretada además por una magnética Florence Pugh -igualmente actriz de belleza anticanónica-. Retrata de inicio como una pieza de mobiliario o una simple cabeza de ganado, encerrada en la cuadrícula de un sistema represivo -los planos interiores calculadamente simétricos y pictoricistas-, esta violenta escalada se legitima -dentro de los códigos de la ficción, insistimos- al proyectarse prácticamente como una liberación de los corsés literales y metafóricos que la constriñen -un matrimonio comprado, un encarcelamiento doméstico, una obligación conyugal, social y sexual-.

Hasta que, como Michael Haneke en Funny Games -aunque con menor petulancia y mayor elegancia-, Oldroyd da la vuelta al espejo para enfrentar al público contra su propio reflejo, distorsionado por las emociones a las que le mueve el relato pero, a fin de cuentas, real.

           Este cambio desconcertante y demoledor se plasma por medio de una variación puntual -y talentuda- del lenguaje cinematográfico por la cual la narración se torna cruelmente cruda, gélida. Una aguda y desasosegante evolución que sirve, en definitiva, tanto para desarrollar una reflexión sobre la naturaleza social de la violencia como, en paralelo, una exploración de los mecanismos que rigen las fantasías humanas.

           Premio Fipresci en el festival de San Sebastián.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

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