El mundo, la carne y el diablo (The World, the Flesh and the Devil)

19 Oct

“Rara vez se habrá tenido como con esta Guerra Fría la sensación de que el futuro es oscuro y la supervivencia no está asegurada”.

Edward R. Murrow

 

 

El mundo, la carne y el diablo (The World, the Flesh and the Devil)

 

Año: 1959.

Director: Ranald MacDougall.

Reparto: Harry Belafonte, Inger Stevens, Mel Ferrer.

Tráiler

 

 

             La ciencia ficción, una vez más, enjuiciaba los tiempos presentes por medio de una imagen de futuro. En esta ocasión, a la vertiente de crítica a los terrores de la Guerra Fría y su posible holocausto nuclear –aún resta casi un lustro para su pico de tensión álgido, el de los misiles cubanos de la Crisis de los trece días en 1962- se unen las tensiones raciales que experimentaba el país norteamericano a finales de los cincuenta y que se acentuarán en la década posterior: ya había tenido lugar el boicot de los autobuses de Montgomery, con Rosa Parks como icono, y la crisis de Little Rock, Arkansas, por el fin de la segregación de la población afroamericana en el sistema educativo de los Estados Unidos.

             Y es que, El mundo, la carne y el diablo (referencia a los ‘enemigos del alma’ que cita la Biblia) se atreve a vaticinar que, en el inminente fin del mundo por la guerra radioactiva –ya aventurado en el celuloide por Five en 1951, y en versión ‘cine de monstruos de goma’, por Roger Corman en El día del fin del mundo, de 1955-, el único superviviente es un joven negro atrapado en las profundidades de una mina del Medio Oeste durante los cinco días que dura la mortal nube tóxica. Tendrá los rasgos de

Harry Belafonte, rey del calipso, que continúa así con sus incursiones en el cine tras Bright Road, Carmen Jones y Una isla al Sol, otro filme también de fuerte componente racial.

              Así las cosas, la película comienza presentando los rasgos que más tarde se convertirán en arquetípicos para todas las cintas con el tópico del ‘único superviviente’: incredulidad, desesperación, adaptación, rutina y variación de la rutina, generalmente a causa de supervivientes femeninos, obviamente apetecibles (Inger Stevens). Una excusa que sirve aquí para rellenar el incómodo y difícil ‘qué hacemos’ que surge tras mostrar el espectacular, sugestivo y siempre eficaz tema del hombre como el rey absoluto del mundo en ruinas, en este caso un Nueva York desolado retratado por tomas todavía espectaculares y mil veces imitadas.

              El mundo, la carne y el diablo deriva de esta manera hacia un drama romántico conformado por un triángulo amoroso –una Eva, dos Adanes, dilema en el que apenas un año después incidiría más abiertamente Corman, de nuevo, hábil cazador de tendencias, en La última mujer sobre la Tierraen el que, al mismo tiempo, se dirime con arrojo –para la época, hoy queda como un discurso un tanto somero- el problema del racismo de la sociedad americana.

Ralph, el protagonista, aparece como un individuo torturado por toda una vida de menosprecios a causa del color de su piel, y es por ello el primero al que el cuesta afrontar sus nuevas posibilidades –formar pareja con una tractiva joven blanca, ser reconocido por sus cualidades humanas-. El retorno de la ‘civilización’ –el hallazgo de otros supervivientes- significa ser desplazado de nuevo a su condición de marginado, de menos que hombre.

Curiosamente, en la vida real se ligó sentimentalmente a ambos protagonistas, Belafonte y Stevens, formando esa unión interracial que tantos quebraderos de cabeza produce en la película.

              Con todo y ello, tras los fuegos artificiales de la ciencia ficción catastrófica pura, el conflicto social y amoroso queda un tanto más frío, pese al acertado reflejo y potencia de la tensión sexual. No terminan de convencer las dudas emocionales de Ralph, planteadas casi como producto de un complejo propio, ni mucho menos la resolución del conflicto amoroso, al que las jugosas y puede que no del todo involuntarias interpretaciones salaces de ese obligatorio final feliz no libran de su aire entre forzado, improvisado e, incluso, ñoño.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6,5.

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