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Airbag

28 Oct

“A lo largo de mi trayectoria laboral me ha tocado hacer buenos, malos, cómicos y dramáticos. Siempre estoy abierto a participar en una comedia. Ojalá otra como Airbag.”

Karra Elejalde

 

 

Airbag

 

Año: 1996.

Director: Juanma Bajo Ulloa.

Reparto: Karra Elejalde, Fernando Guillén Cuervo, Alberto San Juan, Manuel Manquiña, María de MedeirosFrancisco Rabal, Luis Cuenca, Vicenta N’Dongo, Rosa María Sardá, Karlos Arguiñano, Albert Pla, Pilar Bardem, Santiago Segura, Raquel Meroño.

Tráiler

 

             Después de conseguir la aprobación de la crítica como uno de los valores emergentes del panorama cinematográfico español gracias a los desgarradores dramas Alas de mariposa y La madre muerta, caracterizados por su violenta soterrada, Juanma Bajo Ulloa cambiaba de registro para realizar una obra de amiguetes en la que, en compañía de Karra Elejalde -partícipe en sus anteriores proyectos y principal instigador del asunto- y Fernando Guillén Cuervo, iba a dar rienda suelta a dos horas de gamberrismo desfasado.

             Airbag es lo que es: tres compadres haciendo el cafre; tanto en la pantalla como detrás de las cámaras. La diversión es el medio y el fin de un producto que pasa por el filtro de la Iberia plurinacional una comedia enloquecida y coral llena de excesos -para bien y para mal- y en la que el “concepto” en sí tiene forma de suntuoso anillo de bodas extraviado en el culo de una exuberante profesional del sexo.

No pocos la etiquetaron como la Pulp Fiction española, hecho en el que incidía la presencia icónica de la actriz portuguesa María de Medeiros. Acertada o no la comparación, Airbag representaría en cualquier caso una Pulp Fiction cañí que se regodea en el cutrerío del Spain is different, el tópico antropológico ibérico y una retranca que abarca desde la casposidad de la despedida de soltero con putas previa al bodorrio de alta alcurnia hasta el imperecedero catetismo provinciano y los (escasos) goles de Renaldo con el Deportivo de La Coruña.

Se trata así de un spanish criminal que, en un acto de modernidad desprejuiciada, se cala la boina de lado y la complementa con modernas gafas de sol de colores para hacer sorna de todo lo que se ponga por delante –Iglesia, buena sociedad, política, diferencias autonómicas, sexo, amor, violencia, drogas,…- en un recorrido con ritmo de irregular frenesí –el metraje pierde bastante fuelle por sus extremos-, poco espacio para la finura y marcado por un componente fuertemente generacional. El protagonismo absoluto recae en esos adolescentes con DNI de adulto tan de moda en el cine del nuevo milenio que miran con desilusión en qué se ha convertido su vida y lo que aún les depara el futuro reflejado en sus propios padres, unos calzonazos dados al juego y a los prostíbulos.

             Claro que tanto descuidar el cálculo, chivo expiatorio del jolgorio, tiene sus contras y no todo funciona. No es que los personajes protagonistas de Karra Elejalde y Alberto San Juan sean el súmmum de la originalidad, pero son efectivos y se adaptan como un guante a las características de sus intérpretes, mientras que, en cambio, el personaje de Fernando Guillén Cuervo queda bastante desaborido.

No obstante, la cinta se ve con agrado, sobre todo porque sabe hacer partícipe de su desenfreno al espectador gracias a no pocos golpes humorísticos afortunados –algunas de sus frases forman parte de la educación popular de generaciones, sin ir más lejos el lema “la culpa es de los padres, que las visten como putas”-, además de por la buena exposición de los mismos merced a la firme dirección de Bajo Ulloa y la presencia de secundarios impagables, como el siempre adorable Luis Cuenca, el cocinero Karlos Arguiñano, también productor del filme y absolutamente impecable en su labor de actor; ese cura de lucidez turbia abandonado a la anarquía del inimitable y genial Albert Pla, a su vez firmante de algún tema de la banda sonora, o el inolvidable y entregado Pazos,  un ejemplo meridiano y un maestro de retórica postmoderna encarnado para la posteridad por Manuel Manquiña.

              A la postre sería el mayor éxito de taquilla de Bajo Ulloa, si bien le granjearía numerosas enemistades en la industria debido a sus poco ortodoxos métodos de financiación.

 

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.

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