Tag Archives: Fiesta

Coco

11 Jun

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Año: 2017.

Directores: Lee Unkrich, Adrián Molina.

Reparto (V.O.): Anthony González, Gael García Bernal, Benjamin Bratt, Alanna Ubach, Renee Victor, Jaime Camil, Alfonso Arau, Herbert Sigüenza, Selene Luna, Sofía Espinosa, Edward James Olmos, Natalia Cordova-Buckley, Cheech Marin, Ana Ofelia Murguía.

Tráiler

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         Parece darse una tendencia contemporánea en el cine de animación, de público mayoritariamente infantil, que lidia con la aceptación de la pérdida y de la muerte, temas siempre presentes en el género pero quizás abordados ahora con mayor atención y con una interesante madurez psicológica. Del revés (Inside Out) y Kubo y las dos cuerdas mágicas son grandes ejemplos.

Así, tras el dilema que se le plantea al niño protagonista de Coco -la entrega a la pasión vocacional frente al respeto hacia la pertenencia familiar, confrontación desarrollada a través de una narración un tanto trillada y previsible- subyace una oda a la memoria -tanto íntima como colectiva- de los seres queridos que nos han dejado, pues estos ancestros forman, literalmente, parte de uno mismo. Porque ¿quién no se ha sorprendido tomando decisiones idénticas a las que hubiese optado su padre?

         La herencia familiar, pues, es el gran tema de Coco, si bien imbricado en un hermoso canto a la música como elemento primordial de la existencia y, decíamos en el párrafo anterior, como monumento histórico para la trasmisión y pervivencia oral del pasado. Una apología, en cualquier caso, que es extensible a todo arte. A la denostada búsqueda de la belleza, en definitiva; propósito intrínseco a la naturaleza humana y acaso cada vez más sepultado por la cortedad de miras y la interesada necedad del materialismo, que es un erial repleto de espejismos que no contiene respuestas de nada.

         En el pueblo de Santa Cecilia, patrona de los músicos, el pequeño Miguel persigue su camino por la pragmática realidad física y por su fantasioso reflejo en negativo, el inframundo, merced al Día de Muertos -una festividad que también centralizaba recientemente, y con similitudes en la premisa argumental, otra cinta de animación: El libro de la vida-. Coco despliega un fastuoso y colorista decorado que se fundamenta en la imaginería del fascinante folclore mexicano, dentro del cual, fruto de un persistente sustrato mesoamericano y su sincretismo con las costumbres católicas, la muerte posee una dimensión diferente. Más cercana, más tangible, más presente; equivalente a la vida. El Mictlán, con su propio Dante que lo acompaña y guía en el viaje por el más allá.

Pero, a pesar de las abigarradas miniaturas, los simbolismos mitológicos y las referencias culturales -en ocasiones dotados de un arriesgado toque lisérgico que, junto a otros detalles, ayuda a que el filme trascienda el apropiacionismo acomodado al paladar globalizado-, pocas imágenes hay más bellas y cálidas, más palpables y amorosas, que el rostro arrugado de la bisabuela Coco.

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Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 7.

La dolce vita

18 Oct

Un descenso a los infiernos de fiesta en fiesta, de amanecer en amanecer bailando la conga al son de Pérez Prado. La dolce vita, Los inútiles también pueden camuflarse en la metrópolis, entre ambientes de pretendido glamour.

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La kermesse heroica

18 May

“Quien nos hace reír es un cómico. Quien nos hace pensar y luego reír es un humorista.”

Edgar Watson Howe

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La kermesse heroica

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La kermesse heroica

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Año: 1935.

Director: Jacques Feyder.

Reparto: Françoise Rosay, André Alerme, Micheline Cheirel, Bernard Lancret, Jean Murat, Louis Jouvet, Lyne Clevers, Ginette Gaubert, Alfred Adam, Pierre Labry, Arthur Devère, Delphin.

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            Ante los horrores de la Primera Guerra Mundial, el cine consideró adecuado cuestionar sin pudor el ardor heroico del combate, tan querido históricamente por la ficción épica. Así, cineastas como Charles Chaplin, King Vidor, George Wilhelm Pabst o Lewis Milestone plantarían la semilla de un fructífero subgénero gracias a obras como Armas al hombro, El gran desfile, Cuatro de infantería (Westfront, 1918) o Sin novedad en el frente; el primero de ellos especialmente atrevido además al abordar el asunto desde una perspectiva que no por satírica resultaba menos demoledora gracias a un puñado de escenas en absoluto inocuas y excepcionalmente precisas y expresivas. También en el periodo de entreguerras podría encontrar acomodo dentro de este cine pacifista La kermesse heroica, otra comedia aunque esta vez punteada asimismo con incursiones en el territorio romántico.

            Bajo la apariencia de entremés clásico y ligero, escenificado en los Países Bajos del siglo XVII bajo dominio del rey Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares –el esfuerzo artístico en la ambientación es notorio, con soberbios decorados y abundantes inspiraciones pictóricas de la época-, La kermesse heroica va perfilando su apreciable y actual discurso a través de un juego de oposiciones en el que, el posicionamiento maniqueo que plantea travieso su comienzo –los apacibles flamencos contra los bárbaros españoles-, se revierte de improviso para poner patas arriba estos conceptos prejuiciosos que se fundan sobre la idea del Nosotros y el Otro.

Una revolución conceptual que no solo se aplican al encuentro traumático entre nativos e invasores españoles, sino que también, y con todavía mayor relevancia, se traza en la relación entre el hombre y la mujer. Y, aparte de ello, la dicotomía se desarrolla en paralelo a la oposición entre la cultura y la ignorancia, la presupuesta pesadilla y el sueño real, la vitalidad y la muerte –no es casual por tanto que el cobardón alcalde de Boom considere que fingir su muerte es la solución para sus males, a diferencia de la antagónica alternativa que escogerá su aguerrida esposa-.

            De este modo, en equilibrada complementariedad, el humor contenido en el argumento experimenta una agradable progresión pareja al desarrollo de la lectura moral de la película, que evita con habilidad recargar las líneas del mensaje sin que quede mermada la pertinencia y el coqueto talante subversivo de esta en su apuesta por la comprensión cultural y genérica. No obstante, fue interpretada por muchos en su momento, con razones justificables en vista de las premisas de la trama, como una invitación al colaboracionismo ante la creciente amenaza de la Alemania nazi, lo que siembra una turbia duda sobre ella –especulaciones que, cabe decir, no evitarían que su director, el belga Jacques Feyder, y su esposa y protagonista del filme, Françoise Rosay, tuvieran que exiliarse en Suiza tras la invasión de París en la Segunda Guerra Mundial-.

            Sea como fuere, la inversión absoluta del status quo –la esencia del carnaval que celebra la ciudad, estimulada además por la presencia perturbadora del extranjero exótico-, y que como decimos afecta aquí al desajuste de poderes entre varones y féminas, ofrece en La kermesse heroica una salida para un torrente de gags basados en la guerra de sexos, el intercambio de papeles y los enredos eróticos que consiguen sobrevivir el siempre ingrato paso del tiempo a pesar de su naturaleza tradicionalLisístrata podría erigirse como un referente válido– y la ligera ingenuidad con la que hoy se percibe alguno de ellos –dejando de lado una carnalidad mucho más generosa de la que se tenía acceso al otro lado del Atlántico-.

Igual ocurre con su retrato costumbrista y con el decidido empleo de estereotipos en su formulación dramática, matizados por las variaciones que experimenta sobre ellos el guion, que termina por desmontarlos definitivamente pese al (de nuevo aparente) retorno a la normalidad que, inevitablemente, implica el término de esta festividad extraordinaria.

            Si bien conserva hoy buena parte de su prestigio, quizás su conocimiento popular se deba por otro lado a su elección por François Truffaut, por entonces aún crítico solamente, como la concatenación de ese cine francés que, afirmaba, convenía superar, complaciente en su carácter agradable, artificial en su corrección formal y caduco por todo ello.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

Victoria

12 Nov

“Las pelis buenas te embelesan y a las malas les ves las costuras. Las buenas las ves dos veces para ver los fallos, las malas te aburren y como no hay historia empiezas a darte cuenta de todo lo que no funciona. Con las buenas es imposible que te pase eso.”

Juan Antonio Bayona

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Victoria

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Victoria

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Año: 2015.

Director: Sebastian Schipper.

Reparto: Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Burak Yigit, Max Mauff.

Tráiler

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            Uno de los principales objetivos del plano secuencia consiste en favorecer la suspensión de la incredulidad del público suprimiendo de raíz uno de los elementos sintácticos definitorios del cine: el montaje. La erradicación –al menos aparente- del montaje, por tanto, es una herramienta para que la cámara fluya e imite con mayor fidelidad el ritmo y los movimientos de la vida, con sus imperfecciones y sus desencuadres fruto de la inmediatez y la improvisación. De este modo, se pretende que el espectador se sumerja, casi en primera persona, casi como un personaje más, dentro de las acciones que le proporciona el libreto del filme.

            El realizador alemán Sebastian Schipper -también actor de amplia trayectoria- emplea el plano secuencia, servido en una descomunal toma de 134 minutos, como recurso fundamental de Victoria. Gracias a ello, la cámara se acomoda a las idas y venidas de la protagonista, al devenir que desgrana paso a paso el azar y las circunstancias que la rodean. Un pedazo de realidad vívida y directa, que se dice sin intermediarios –apenas juegos con el sonido, el silencio y la música, más allá de la necesaria iluminación de la escena-.

Pero, contradictoriamente, el plano secuencia de Victoria registra un relato que suena poco creíble desde el primer minuto, en el que una joven española emigrada a Berlín (Laia Costa) decide compartir el resto de la noche con cuatro mastuerzos desconocidos, de pintas sospechosas, después de disfrutar sola de unos bailes y unos vodkas en un nada recomendable antro de la capital alemana, hambrienta de contacto humano y emociones negadas.

A pesar del buen pulso narrativo de la obra, es una sensación de inverosimilitud que, más aún, empeora a medida que avanza el metraje, cuando el argumento desbarranca en una trama criminal que, como escrita por un adolescente, desborda tópicos –los gánsteres de opereta, la tribalidad heroica-, incongruencias palmarias –¿qué clase de mafiosos encargan el robo de un banco a un tipo cualquiera, sus colegas de parranda y una camarera que no tenía mejor que hacer?- y desdichado tremendismo.

            Victoria pasaría por una reescritura con tono desaconsejablemente trágico de ¡Jo, qué noche!, una de las comedias más estresantes de la Historia del séptimo arte. No le falta de nada. Es decir, que a su agolpamiento de adversidades le sobran bastantes cosas para que una mente mínimamente escéptica pueda admitirlas. La síntesis de este grave problema se expresa en una secuencia climática donde Costa bota babas de manera grotesca, con ostensibles paladeos, para tratar de transmitir un desgarro que tan solo resulta sonrojante.

La barrera que levanta inicialmente la dificultad para creerse a la protagonista, por más que Costa intente lo contrario, es un obstáculo demasiado elevado al que después se le van sumando además una serie de peldaños que, definitivamente, resultan imposibles de escalar.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 2,5.

Juegos sucios

22 Dic

“Antes la clase trabajadora era otra cosa. Había esperanza. Pero ya no hay capitalismo, ahora hay sadismo. Esclavos que no saben si van a ser despedidos al día siguiente”

Aki Kaurismäki

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Juegos sucios

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Juegos sucios.

Año: 2013.

Director: E.L. Katz.

Reparto: Pat Healy, Sarah Paxton, Ethan Embry, David Koechner.

Tráiler

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           Hoy más que nunca es posible echar la vista atrás setenta años y percatarse de que la mierda no cambia. Ladrón de bicicletas, cumbre inmarcesible del cine social, escribía la crónica del proceso de degradación moral y de autoestima que experimentaba un hombre acuciado por los ahogos económicos generados por una sociedad injusta e incentivados por la soga del desempleo. Un buen hombre que, presa de la angustia y el sentido de la responsabilidad familiar, se veía empujado hacia el odioso delito como única respuesta posible frente a su situación límite.

           En cierta manera, Juegos sucios puede considerarse una vuelta de tuerca cruel y macabra de Ladrón de bicicletas, pasada por el filtro de Una proposición indecente, Saw y los reality-shows de atrevimiento de la MTv. Aunque aquí, a diferencia de la sangrienta película de James Wan, no se mide solo la resistencia a la repulsión y el dolor físico del hombre, sino que las pruebas de la yincana propuesta por un matrimonio rico que celebra el cumpleaños de ella planteando extravagantes duelos a dos amigos en apuros de dinero, comporta una importantísima carga de rebajamiento ético y, especialmente, de humillación personal a costa de la desesperación de los participantes, equivalentes a la del pobre Antonio Ricci de la cinta de Vittorio de Sica o a la de los temerarios conductores de la furibunda El salario del miedo.

Y es que, en conclusión, Juegos sucios tampoco se aleja demasiado de la premisa social planteada por Dos días, una noche: los perros que se disputan encarnizadamente las sobras del amo, aburrido de su propia abundancia.

           Juegos sucios disecciona desde un humor salvaje e hiriente el pútrido estado moral y económico de Occidente, mostrando con descacharrante exageración la dominación que el poderoso ejerce sobre el vulnerable y las barreras que el individuo común se encuentra dispuesto a traspasar, transgredir o directamente reventar a cambio de un fajo de billetes roñosos procedente de sus delicadas manos. Como mínimo, tirando por lo bajo, puede dar cuenta de ello cualquiera que haya aceptado un minijob infraremunerado, se haya dejado aconsejar por la televisión para hacer un currículum “especial” como cantar en el metro para pedir trabajo o haya asistido a una prueba de selección laboral innovadora y divertida –qué visionarios fueron siempre los Monty Python-.

No es una metáfora excesivamente sutil, pero resulta difícil poner en duda su efectividad y su rabiosa contundencia.

           Más inteligente de lo que aparenta ser, el filme expone también el factor igualador de esta crisis que extiende sus garras, sin distinción, tanto al abusón de la clase como al estudioso con carrera universitaria. Es ésta una muestra de que la película no se queda en el planteamiento y que tiene longitud de vuelo tanto en el trasfondo argumental como en la sucesión de desdichadas ocurrencias que implica esta competición feroz.

           E.L. Katz no acusa la inexperiencia en su debut en la dirección y controla con firmeza el pulso narrativo durante los algo menos de noventa minutos de metraje. La calibrada extensión de la cinta permite que la farsa no conceda descanso al espectador y que los juegos sucios no pierdan fuelle ni dejen de sorprender por su capacidad de desafiar los instintos del espectador, partícipe pasivo del incómodo espectáculo y, al mismo tiempo, compañero potencial de los protagonistas, si bien por ahora ajeno a los retos (o no, o eso cree).

           Porque en esta ocasión no habrá niño que, con su inocencia pura y cristalina, redima en la última escena la dignidad perdida, violada y subastada al por mayor.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

After

12 Dic

“La vida se caracteriza por una serie monumental de adaptaciones, desprecios y abandonos.”

David Cronenberg

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After

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After.

Año: 2009.

Director: Alberto Rodríguez.

Reparto: Tristán Ulloa, Guillermo Toledo, Blanca Romero.

Tráiler

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            En su última película antes de convertirse en una de las enseñas del estimulante cine de género español contemporáneo, de exitosas aspiraciones comerciales, Alberto Rodríguez firmaba un punzante drama generacional acerca de tres adultos que, tras comprobar en carne viva el desaliento que apareja una existencia insatisfactoria y frustrante, tratan de volver en vano al paraíso perdido de la adolescencia.

            Rodríguez recurre a una estructura rashomoniana con punto de convergencia en una fiesta de alcohol y drogas para exponer la situación personal, los anhelos del reencuentro y el punto de vista alterado de cada uno de los personajes en relación con esta desesperada y errada huida hacia atrás.

El vacío que no consigue llenar una modélica vida familiar burguesa, la soledad afectiva que ni el sexo ni la ficción existencial son capaces de resolver, la desorientación emocional que se traduce en nocivo egoísmo y falta de compromiso. Taras definitorias de toda una generación inmadura a la que nadie había preparado para los profundos sinsabores de la edad adulta y que, en consecuencia, naufraga sin remedio.

            Hostil y agresiva en su planteamiento –y por ello arriesgada-, así como potente en sus resultados, After arroja contra el espectador una película extremadamente áspera y amarga, que escruta sin contemplaciones y con escasa compasión, aunque sin discursos moralizantes, las degradadas ruinas existenciales de sus tres protagonistas, interpretados con acierto por Tristán Ulloa, Willy Toledo y Blanca Romero.

La atmósfera, nocturna y progresivamente degradada y sudorosa, ejerce un efecto desasosegante y claustrofóbico que transmite con agudeza la incurable decepción que domina a los desdichados personajes, personificaciones palmarias de un estado de ánimo social.

 

Nota IMDB: 5,5.

Nota FilmAffinity: 5,3.

Nota del blog: 7,5.

Movida del 76 (Jóvenes desorientados)

23 Nov

“Para que querré yo la vida cuando no tenga juventud.”

Rubén Darío

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Movida del 76

(Jóvenes desorientados)

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Movida del 76 (Jóvenes desorientados).

Año: 1993.

Director: Richard Linklater.

Reparto: Jason London, Wiley Wiggins, Michelle Burke, Sasha Jenson, Adam Goldberg, Anthony Rapp, Marissa Ribisi, Matthew McConaughey, Rory Cochrane, Cole Hauser, Jason O. Smith, Catherine Avril Morris, Christin Hinojosa, Joey Lauren Adams, Shawn Andrews, Milla Jovovich, Parker Possey, Ben Affleck.

Filme

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            Si en 1973 American Graffiti, escrita y dirigida por George Lucas, miraba atrás con nostalgia hacia la juventud cultivada en los estilosos años cincuenta a través de una decisiva noche de fiesta de fin de curso en Modesto, su localidad natal, exactamente veinte años después, en 1993, Movida del 76 (Jóvenes desorientados), escrita y dirigida por Richard Linklater, mira atrás con nostalgia hacia la juventud cultivada en los estilosos años setenta a través de una decisiva noche de fiesta de fin de curso en Austin, ciudad donde se crio.

             “Yo me hago viejo y ellas siguen teniendo la misma edad”, dice complacido Wooderson (el aquí debutante Matthew McConaughey) en referencia a las nuevas generaciones de novatas de la escuela secundaria, eterno sustento de su menú sexual. Nada parece haber cambiado durante estas dos décadas, al igual que nada cambiaría si, tal y como correspondía cronológicamente, en 2013 se hubiera rodado otra noche de fin de curso, esta vez ambientada en los años noventa –que esos años en cuestión no sean tan estéticamente estilosos es lo que probablemente nos ha librado de ello-.

Los adolescentes de Movida del 76, frutos en ciernes de una sociedad desorientada y de autoridad cuestionable –directamente ridícula y/o ausente en el microcosmos estudiantil-, huérfana de inocencia tras el desastre del Vietnam, experimentan las eternas e inexorables pasiones hedonistas juveniles, su anhelo sexual, sus inquietudes y miedos respecto a un futuro incierto, su reivindicación personal frente a las odiosas imposiciones venideras por parte del colectivo, su carpe diem y su tempus fugit.

            A pesar de establecer cierto hilo conductor con las desventuras de Pink (Jack London), atrapado en el dilema de declararse en rebeldía contra el compromiso antidrogas inexcusable para ser el quarterback del instituto la temporada siguiente, Linklater, fiel a su estilo, desarrolla una obra coral en la que va recogiendo retazos de impresiones y reflexiones subjetivas de un grupo heterogéneo de individuos, cada uno con su sensibilidad y su punto de vista particular.

En este sentido, la mayoría de estereotipos característicos de las comedias de instituto surgen para, más tarde, ser desmentidos mediante matices que lo otorgan personalidad y cuerpo tridimensional –ejemplo palmario será el del a priori ‘capullo’ Don Dawson-. Los que se anclan en el cliché –comportamiento que también adoptan algunos adolescentes en la realidad- suelen ser, en cambio, los señalados como imbéciles o perdedores –el macarra repetidor, el fumeta, el macho alfa, el crápula descarriado-.

            De este modo, la cinta resulta dinámica, entrañable y auténtica, mientras que el espectador puede reconocerse en alguno de los variados personajes así como en alguna de las sensaciones que presidieron sus propias experiencias iniciáticas de la época: en mi caso, el nerviosismo y el desconcierto de las primeras correrías de fiesta –desconozco si en otros sitios ocurre, pero en Ávila no se lleva conducir toda la noche con el maletero lleno de cervezas, ni cenar en un drive-in-.

Simpática.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

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