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Rutas infernales

28 Oct

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Año: 1940.

Director: Bernard Vorhaus.

Reparto: John Wayne, Sigrid Gurie, Charles Coburn, Spencer Charters, Trevor Bardette, Russell Simpson, Roland Varno.

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           Se cuenta que, en 1936, rodando Dusty Ermine en la frontera alpina entre Austria y Alemania, Bernard Vorhaus y su equipo tuvieron un enfrentamiento con soldados germanos que, a tiro limpio, le exigieron que entregaran a su autoridad a unos guías que los acompañaban y a los que acusaban de actividades contrarias al régimen nazi. Aunque consiguieron salir bien parados del trance, el violento episodio impulsaría la convicción del director para embarcarse él mismo en círculos antifascistas. Rutas infernales puede considerarse parte de esta militancia.

           El filme se aproxima a la figura de un prestigioso podólogo vienés y su hija en su búsqueda de refugio político en los Estados Unidos, lo que les llevará a ejercer la medicina en un recóndito y abandonado pueblecito de Dakota del Norte. En su discurso, Rutas infernales hace un recordatorio de la historia del país como tierra de promisión para los exiliados de toda causa, iguala las circunstancias de los recién llegados con las de los pioneros que pasaron calamidades para conquistar su anhelada libertad y prosperidad, y advierte a los ciudadanos contemporáneos, aún ajenos a la guerra en marcha en Europa, de que esta es una situación que bien puede repetirse en cualquier momento debido a las vicisitudes políticas, económicas o cualquier otra adversidad imprevista.

En su camino, a pesar de romper con ironía la postal idealizada -las esperanzas traicionadas con el paisaje, el tren que nunca llega puntual, el revisor borrachín, la inhóspita bienvenida…-, Vorhaus también traza un retrato épico del país a partir de sus esforzados agricultores, recortados en contrapicado contra el cielo sudando la gota gorda u organizados en coreografías colectivas para tratar de someter bajo su arado a la tierra hostil. Porque, en realidad, los protagonistas huyen de una guerra solo para toparse con otra, esta vez librada contra la naturaleza salvaje, que se manifiesta en fenómenos tan aterradores como el Dust Bowl que inundó de polvo y miseria las grandes llanuras norteamericanas.

           En línea con su fondo, Rutas infernales recupera el tema esencial del western como relato en el que el ser humano se impone sobre el territorio indómito. De hecho, llegará a equipararse la columna de automóviles, emulación modernizada de las caravanas de carretas que antes que ellos se abrieron paso por el Oregon Trail, con los movimientos de un ejército. Pero este ejército tan solo pretende proporcionar un lugar donde vivir a unas familias de expatriados en su propio país, liderados por un tipo comprometido en lograr el bien común. Un contexto social, argumental y geográfico que serviría para emparentar la cinta con una obra maestra estrenada ese 1940, Las uvas de la ira -a lo que cabe añadir además la presencia en el reparto de un fordiano actor de carácter como Russell Simpson-.

Dentro de su concienciado mensaje, toda la historia de Rutas infernales, con sus constantes reveses del destino cruel, posee un aire folletinesco que resta relieve a los personajes, en especial al de la joven. Por momentos, sus intensas pasiones parecen trasladarse a los arrebatos de la naturaleza, lo que, en el caso de las tormentas de arena, remite a la magnífica El viento, de Victor Sjöström. Con todo, la dignidad que transmite Charles Coburn desde su personaje, y lo certero de sus diagnósticos acerca de la ideología del odio, hacen buenas las intenciones.

           Pero Vorhaus no sería tan visionario como el viejo doctor. El advenimiento del mccarthismo terminaría dando con su nombre entre las listas negras de Hollywood como sospechoso de afiliaciones comunistas. Efectivamente, el destino podía ser cruel y sarcástico. El cineasta habría de exiliarse a Reino Unido, donde podría prolongar su carrera en el cine.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6,5.

Las uvas de la ira

9 Jul

“Ford es uno de esos artistas que no utilizan jamás la palabra arte, de esos poetas que no hablan nunca de poesía.”

François Truffaut

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Las uvas de la ira

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Año: 1940.

Director: John Ford.

Reparto: Henry Fonda, Jane Darwell, John Carradine, Russell Simpson.

Tráiler

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            El cine social tuvo, dentro del periodo clásico de Hollywood, un breve pero fructífero esplendor, previo incluso a corrientes más reconocidas en el género como el Neorrealismo italiano. Un cine que surge en los tiempos del New Deal de Franklin Delano Roosevelt, en unos momentos en los que Estados Unidos trataban de salir del hundimiento económico del Crack del 29 y de la crisis agraria de principios de los años treinta, puesto unas veces al servicio del impulso las políticas e ideales promovidos desde el gobierno, otras con una clara concienciación.

Grandes directores del periodo como Howard Hawks o Raoul Walsh firman obras de temática social, al igual que también hará John Ford; un cine comprometido que se verá frenado en seco por las persecuciones y atropellos de la inefable caza de brujas del senador Joseph MacCarthy.

             Ford siempre será recordado como maestro del western, calificación que muchas veces oculta su maestría en las pequeñas historias, en relatos que rebosa humanidad y poesía. A principio de la década de los cuarenta dirigirá dos películas de contenido social, Las uvas de la ira y ¡Qué verde era mi valle!, filmes que contradicen buena parte de su leyenda de hombre conservador, si bien rodará en el mismo periodo varios documentales de corte militarista y patriótico por encargo de la propaganda bélica norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial.

             Las uvas de la ira adapta la novela de John Steinbeck, galardonada con el premio Pulitzer, situada en un Medio Oeste devastado por el terrible Dust Bowl y donde las familias de granjeros son forzadas a abandonar sus tierras y a emigrar en busca de oportunidades a la lejana California. Esta es la situación que encuentra Tom Joad al salir de la cárcel en libertad provisional, encontrándose con su familia en pleno viaje a la tierra prometida, expulsados de sus tierras y con sus lazos familiares como única fuerza, sostenidos en la dignidad por la matriarca (Jane Darwell). Una dramática búsqueda de la subsistencia en la que recorrerán medio país encontrándose con todo tipo de ejemplos de humanidad, desde la generosidad, la solidaridad y la ayuda desinteresada hasta el odio, el egoísmo y la miseria moral, generalmente ligada a las ínfulas de superioridad de la fortuna económica, más absoluta.

              Ford se mete en cuerpo y alma en un filme repleto de una devastadora amargura en el que se apunta directamente hacia los abusos contra unos jornaleros que lo han perdido todo y a los que se amenaza incluso con arrebatar hasta su dignidad y humanidad en el nombre de la mezquindad, la brutalidad irracional y la pura avaricia. El talento narrativo de Ford muestra la odisea familiar de los Joad con una mirada cargada de agrio lirismo, ahondado por la preciosa fotografía en blanco y negro, rica en expresivos contrastes, de Gregg Toland. Henry Fonda, quien ya había protagonizado en el año anterior El joven Lincoln y Corazones indomables con Ford, demuestra de nuevo su genialidad, aunque quien brilla aún con mayor esplendor es una soberbia Jane Darwell, que se llevaría el Oscar a mejor actriz de reparto por el papel de una de esas mujeres decididas y fuertes que pueblan el cine de un autor muchas veces tildado de misógino.

Una película imprescindible de un tipo de cine que más tarde se vería sepultado por la infamia política.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,3.

Nota del blog: 9.

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