Tag Archives: Psicología

Perro blanco

22 Ene

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Año: 1982.

Director: Samuel Fuller.

Reparto: Kristy McNichol, Paul Winfield, Burl Ives, Jameson Parker, Parley Baer.

Tráiler

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-Y ese hombre… ¿cómo lo convirtió en un perro racista?

-Es muy fácil. Encuentre a un negro que necesita desesperadamente una copa, o a un negro drogadicto que haría cualquier cosa por una dosis, y páguele para que pegue a ese perro desde que es un cachorro, cuanto más joven, mejor. A medida que crece, todos esos golpes de negro, plantan en el animal la semilla del miedo. Y ese miedo se convierte en odio, y ese odio lo condiciona a atacar luego a cualquier negro antes…

-Antes de que el negro lo ataque a él.

         Basado en una novela del guionista Romain Gary, que a su vez, se inspiraba en un artículo propio acerca de un extraño suceso que afirmaba le había ocurrido a su esposa, la actriz Jean Seberg, Perro blanco expone en su relato una ruda y extravagante -aunque contundente y quizás hasta efectiva- inmersión en el racismo subyacente en la sociedad estadounidense. Si bien originario de los sesenta y forjado de forma definitiva en los convulsos setenta, la pervivencia del texto se mantiene vigente, pues se trata de un conflicto aún sin resolver.

No obstante, la esencia del filme parecía adaptarse mejor a la tumultuosidad del agrio Nuevo Hollywood de aquellos setenta que a una recién estrenada década en la que, como señala uno de los protagonistas, hay un nuevo enemigo: la fantasía rompetaquillas de robots y extraterrestres de La guerra de la galaxias. O, como expondría Michael Eisner, entonces mandamás de la Paramount, había de rodarse un “Tiburón con zarpas”. La era del taquillazo reducía así la historia a una cinta aguerrida con un gancho fundamentado en la excentricidad de su premisa, acorde a la falta de complejos artísticos de la época, que cuenta con cintas coetáneas de terror canino como El perro del infiernoCujo, novela publicada ese mismo 1982 y llevada a la gran pantalla apenas un año después.

         Enrolado para facturar un producto seco y urgente, de presupuesto pírrico y fecha de entrega casi inmediata, el veterano Samuel Fuller, auxiliado en la remodelación del guion por Curtis Hanson, plantea el argumento prácticamente como un duelo de western entre el can transformado en monstruo por unas ideas ajenas implantadas en su cerebro y el antihéroe de nuevo comprometido con la redención de la sociedad aunque esta sea únicamente simbólica e incluso, con un punto obsesivo, suponga literalmente un sacrificio personal -su perfil comporta una reversión total del personaje del libro, de menor protagonismo y motivado por atroces deseos de ansia-.

De ahí que las fases de este reto personal queden marcadas por los cruces de miradas entre hombre y bestia, condenados a entenderse, o no; por el puro contacto físico, por compartir el espacio como comparten la escena, como comparten el plano.

         Desde la austeridad, Fuller filma con una aspereza que hasta es brusquedad en ciertas escenas de acción -incluido el tosco aunque sugerentemente fatalista desenlace-, con todo dominadas con agresividad desde el montaje. La narración avanza con ferocidad y sin tapujos acerca de su condición de producto B de género, dejando a su paso algunos detalles de curiosa y violenta sordidez, marca de la casa, como la profanación de una iglesia consagrada a San Francisco de Asís, cénit del reverso oscuro del perro albino, que en sus insólitas andanzas mixtura el thriller y el terror al estilo, efectivamente, de Tiburón, un slasher en agua salada, tal y como , anhelaban los productores -si bien con unos resultados bastante más correosos-.

         Sin embargo, su exposición argumental, con un punto abiertamente grotesco y claramente proclive a la polémica, despertaría el temor de la controversia en los estudios, alimentada por malinterpretaciones moralistas hechas a priori y por amenazas de boicot por parte de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color. Ese escándalo antes del escándalo condenaría a la cinta a unos escasos pases en festivales, al circuito del videoclub y a la televisión, sumiendo en el desconsuelo a un Fuller que ya venía tocado por las pérdida del control sobre su anterior Uno rojo: división de choque, película que llamativamente había supuesto su primera participación en Hollywood. Ahora, tras una afrenta que no se repararía hasta 1991, cuando Perro blanco se estrenase en salas, el cineasta se retiraría a lamerse las heridas a la entregada Francia.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

El sacrificio de un ciervo sagrado

16 Dic

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Año: 2017.

Director: Yorgos Lanthimos.

Reparto: Colin Farrell, Barry Keoghan, Nicole Kidman, Raffey Cassidy, Sunny Suljic, Bill Camp, Alicia Silverstone.

Tráiler

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          Mientras su carrera se internacionaliza a cada paso, el ateniense Yorgos Lanthimos se pone ‘nacionalista’ y prosigue su hostil disección de la sociedad poscontemporánea retrotrayéndose esta vez a la tragedia griega, seminal laboratorio de análisis de los conflictos de la condición humana, repleta de dilemas entre las pulsiones personales, las responsabilidades colectivas y los condicionantes externos.

          Desde un título que remite a Eurípides -subrayado más tarde en un diálogo-, poeta fascinado por las pasiones, las virtudes y las dobleces del hombre, El sacrificio de un ciervo sagrado se sirve de un elemento desestabilizador -una figura primero incómoda y luego amenazadora, que adquiere un aura casi sobrenatural-, para encaminar a sus protagonistas y al espectador hacia una encrucijada cuyo camino proviene de un pecado del pasado y que se enfrenta a una disyuntiva terrible en forma de ofrenda de sangre redentora.

Lanthimos envuelve su tragedia en una atmósfera aséptica y mortecina, acorde a la trivialidad vacía de los diálogos, al escaso contacto emocional de sus personajes -médicos que paradójicamente se dedican al análisis, la evaluación y la intervención literal en las entrañas- y a las cualidades interpretativas (Colin Farrel) o la apariencia física (Nicole Kidman, Barry Keoghan) del elenco; con escenarios colosales de una simetría marcadamente simétrica y regular, y una partitura musical que apenas son registros sonoros.

          El sacrificio de un ciervo sagrado es como una pesadilla fría, un planteamiento irracional que hace aflorar las miserias de estas criaturas desorientadas y de la comunidad en la que viven -la depredación, la imposición o la irresponsabilidad hacia el prójimo, incluso dentro de la propia familia; el simple instinto de supervivencia-, desde una escritura conceptual que, en su misterio metafísico y su tono de thriller, recuerda en cierta manera a la que empleaba Michael Haneke en Caché (Escondido), si bien con palpables dosis de ironía y patetismo.

Cáustica y terrible en su mirada hacia el individuo actual como ser presuntamente gregario -desde el compañerismo profesional hasta la institución familiar-, el surrealismo de Lanthimos provoca que una sensación malsana domine por completo el metraje. Pero, por otro lado, también se muestra un tanto ensimismado y hace que la evolución del argumento se espese o redunde en demasía.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

La herida

15 Dic

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Año: 2013.

Director: Fernando Franco.

Reparto: Marian Álvarez, Manolo Solo, Rosana Pastor, Ramón Aguirre, Andrés Gertrúdix, Ramón Barea, Patricia López, Luis Callejo.

Tráiler

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         Es curioso como la representación puede ser una herramienta empleada para reflejar la verdad de una manera más auténtica que el documental. Porque, por ejemplo, La herida era una obra concebida originalmente en formato documental con la que el director Fernando Franco pretendía mostrar la vida de personas con trastorno de personalidad. Sin embargo, debido a que la cámara alteraba por sí sola presencia el comportamiento de los sujetos de su observación, hubo de mudar el proyecto hacia el drama de ficción. Eso sí, adoptando un estilo verista, con secuencias sin apenas cortes que contemplan a los personajes como si el objetivo estuviera en los ojos de otra persona que convive con ellos, yendo de un rostro a otro de la conversación sin emplear el plano contra plano, asimilado a los pasos de quien camina, inmiscuido en la intimidad de su hogar.

Una decisión estilística que, según reza la vieja sentencia, comporta una cuestión moral y mantiene abierto el eterno debate sobre si el cine, que siempre es composición fingida, puede -o siquiera debe- aspirar a alcanzar la verdad de la existencia.

         Sea como fuere, Franco ofrece con La herida una película cruda, en la que el retrato de la vida privada de una mujer con un trastorno psicológico autodestructivo (Marian Álvarez) no regatea los aspectos más dolorosos de la misma, como la cleptomanía, las autolesiones, los problemas de socialización o la distancia emocional. Un conjunto de elementos que muestran en pantalla a una joven atrapada en sí misma, impotente dentro una cárcel que aborrece y que la oprime.

         La herida es cine sin concesiones, donde se compromete la conexión empática con la protagonista en aras de la sinceridad hacia su naturaleza y sus circunstancias. El cineasta es frugal pero comprensivo en su exposición, y por tanto no cae en la frialdad inflexible de, por ejemplo, un Michael Haneke. Anita aparece ciclotímica y antipática, pero también entrañablemente frágil, pavorosamente desorientada y con un gran sentido de la entrega al prójimo, sensible ante una aterradora decadencia física o psicológica que puede manifestarse, desoladoramente -gran detalle de narrador-, por medio de un simple dato de conexión o en un reencuentro tras meses de distancia.

En ese aspecto, resulta fundamental la actuación de Álvarez, en especial a través de unos ojos volcánicos, que vibran en sentimientos y emociones poco o nada comunicadas. Franco intenta así que uno pueda asimilarse a Anita, tanto en sus buenos momentos como en los malos. Y, por supuesto, no es un contacto placentero. Lo contrario sería engañarse.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7,5.

En cuerpo y alma

5 Nov

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Año: 2017.

Directora: Ildikó Endeyi.

Reparto: Géza Morcsányi, Alexandra Borbély, Zoltán Schneider, Ervin Nagy, Réka Tenki, Éva Bata, Itala Békés.

Tráiler

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          La ganadora de la edición de 2017 de la Berlinale es una película intimista que se funda sobre el tópico romántico, también potencial sustento de una comedia dramática, del amor entre almas solitarias, ambas tullidas a su manera -físico, psicológico-. Es cine húngaro como podía ser indie americano. A su vez, esta premisa nuclear alberga otro cliché, este con peores resultados, que se refiere a la construcción del personaje femenino, cuyos desórdenes mentales dan la sensación de estar compuestos de una forma tan manida que reducen a la mujer a una muñeca sobada, repleta de automatismos en sus complejos y sus reacciones -nota bene para advertir acerca de esta afirmación y de la validez de la crítica que le sigue: expertos psicólogos de absoluta confianza insisten en que el de En cuerpo y alma es uno de los mejores retratos del autismo en adultos que ha visto en pantalla-.

          Ildikó Endeyi realiza un elaborado trabajo para plasmar mediante la puesta en escena, y especialmente a través de la iluminación, la condición cotidiana y el estado anímico de estos individuos apenas conectados a través de los sueños, aislados en un mundo helado, que solo llena su presencia. De hecho, la realizadora y guionista a veces se esfuerza tanto en planificar las imágenes que termina cayendo en una tendencia al esteticismo que, contraproducentemente, refuerza la impresión de artificialidad del relato. Contrasta con la ternura y la emoción que desprenden ciertas asociaciones visuales, como se demuestra en la apertura del filme -la ternura del leve roce de la pareja de ciervos, la mirada perdida de las vacas a las puertas del matadero, el sol que aparece y reconforta-.

          En cuerpo y alma muestra sentimientos al límite y, dentro de su halo doliente, contiene contrapuntos de humor casi grotesco, pero huye del exceso y de las revoluciones altas, acorde a la cautela y la fragilidad de sus protagonistas. Procura ser delicada sin ser fría, aunque también esa calculada contención ofrece evidentes dificultades para empatizar, implicarse y emocionarse. Se percibe un estatismo semejante al que domina la figura de esa muchacha desvalida, en quien se confunde la vulnerabilidad con rigidez.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6.

El amante doble

11 Sep

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Año: 2017.

Director: François Ozon.

Reparto: Marine Vacth, Jérémie Renier, Myriam Boyer, Jacqueline Bisset, Fanny Sage.

Tráiler

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         Enseguida justifica El amante doble los parentescos que con insistencia se le han trazado con David Cronenberg -en especial- y con Alfred Hitchcock -algo menores y más ‘depalmianos‘- y hasta, por simple alusión, con Luis Buñuel -la mirada literalmente sexualizada de esta apertura-. De inicio, la cámara bucea literalmente en el interior del sujeto -una exploración vaginal filmada en crudo- y asocia un desequilibrio psicológico con una somatización física, en la que se entremezcla la aberración y lo morboso. A continuación, la protagonista asciende unas vertiginosas escaleras de caracol hacia la consulta de un psicólogo en el que se personificará la dualidad -la premisa del gemelo y el doppelgänger también estaban presentes en aquella pesadilla de ambientes ginecológicos que era Inseparables– que, en verdad, porta ella dentro de sí misma -como casi cada uno de nosotros, podría decirse-. 

         Las filiaciones que emplea François Ozon en este thriller psicológico son manifiestas -e incluso excesivas-, y se exponen en claro. La aportación del cineasta galo consiste en sobrepasar esas referencias explícitas y convertir su relato en un potente ejercicio de tensión y angustia que, hay que reconocerlo, avanza con tanta fluidez como densidad de atmósfera. Ozon habla -o hace hablar a la mujer que ofrece el punto de vista del relato- por medio de los escenarios, donde no resta expresividad a las imágenes el recurso a tópicos psicologistas bastante sobados -el reflejo múltiple o fragmentado, la espiral, las simetrías, enfrentamientos y duplicidades, la enredadera…-, los cuales brotan igualmente en la construcción narrativa del argumento -los juegos de dominación, los dilemas entre las convenciones sociales y las necesidades perversas, los complejos familiares…-.

El evidente esfuerzo de composición vertido en ellas tampoco resulta frío o maquinal y, junto con empleo de la iluminación, el color y la geometría, consigue estimular las sensaciones que experimenta la atormentada Chloé (interesante Marine Vacth) en su viaje a través de su psique lacerada; de sus traumas, sus represiones, sus deseos, sus heridas y sus vacíos. De hecho, la capacidad para fascinar y perturbar al espectador, compañero de odisea, procede de esta creación de escenarios opresivos, en lugar de con los golpes del susto, la violencia estridente o la repulsión, más típicos y menos logrados.

         Este trabajo visual es, pues, el que sustenta una obra en la que, en cambio, la pronta introducción del elemento onírico le permite a Ozon jugar tanto con la ambigüedad y la duda entre lo real y lo figurado -sobre lo que va dejando ciertas pistas a lo largo del camino, cabe admitir-, como con la trampa de guion en el desarrollo de una tortuosa trama que, finalmente, encuentra dificultades para resolver de forma satisfactoria.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 6,5.

Lawrence de Arabia

15 Ago

El hombre que mira la llama y contempla su destino. T.E. Lawrence, Lawrence de Arabia, el puzle, el enigma sin resolver. Para la sección de cine clásico de Bandeja de plata.

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Steve Jobs

5 Ene

steve-jobs

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Año: 2015.

Director: Danny Boyle.

Reparto: Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels, Michael Stuhlbarg, Katherine Waterston, Perla Haney-Jardine, Ripley Sobo, Makenzie Moss.

Tráiler

            “El biopic es un género sin interés cinematográfico”, sostenía el director Manuel Menchón en una entrevista reciente a propósito del estreno de La isla del viento, que paradójicamente recrea un pasaje de la biografía de Miguel de Unamuno. Sin ser tan tajante, es cierto que se trata de un subgénero usualmente encadenado a una plúmbea estructura que se ciñe a la simple relación cronológica de hechos capitales en la trayectoria existencial del retratado. Es decir, a la acumulación de información sin vida, en una nueva paradoja.

Es, en definitiva, la dificultad de que una biografía real se convierta en cinematográfica, con todos los ingredientes habituales de la ficción que eso conlleva, destinados a sublimar cuestiones que, por lo general -aunque no necesariamente-, ocurren de una forma más prosaica.

            Así las cosas, es interesante el enfoque que escoge Steve Jobs para sintetizar la vida y obra del empresario de la informática, sobre todo, en un plano personal, teniendo en cuenta lo sorprendente que me resulta la idolatría que genera este hombre, por lo visto merecedora de dos películas -la presente y jOBS– y un buen puñado de documentales. El fetichismo por la marca, supongo.

El asunto es que, con el prestigioso Aaron Sorkin a los mandos del guion y del británico Danny Boyle de la realización, el filme expone a Jobs en tres actos, todos ellos ambientados en una ópera como expresión de la teatralización que domina sus acciones y con un mismo esquema que se repite en ellos: los diálogos con personajes esenciales -su ayudante Joanna Hoffman, su hija Lisa, su expareja Chrisann Brennan, los ingenieros Steve Wozniak y Andy Hetzfeld, y el empresario John Sculley– que se suceden torrenciales en los momentos previos a la presentación de un nuevo ingenio informático -el Macintosh en 1984, el NeXT en 1988 y el iMac en 1998-. En paralelo, la fotografía evoluciona para ilustrar los cambios en este tiempo, con fotogramas de 16 milímetros, de 35 milímetros y digital.

            Retornando a este punto de vista privado, me satisface la representación de Jobs como un creador de chismes irrelevantes, por más que insista en invocar a su alrededor a genios y artistas -a efectos de la película, presenta ordenadores como podría presentar aspiradoras-. Un creador de cachivaches a través de los que se refleja su personalidad psicológicamente anómala -la obsesión por la tecnología encerrada en sí misma, la frialdad de la máquina con gestos fingidos de emoción, la agresiva inutilidad de alguno de ellos-, casi al mismo nivel que lo hacen las conversaciones, los choques con el resto de personajes y, en especial, la relación paternofilial con Lisa -en este sentido, será revelador que el único artilugio al que parece atribuirsele una utilidad clara y hermosa sea el venidero iPod-.

Tampoco es un filme especialmente complejo en su reconstrucción de la mente de Jobs y de hecho recurre a algún psicologismo -el trauma de la adopción- que, como comentábamos antes, tampoco tiene por qué ser estrictamente falaz en su sencillez conceptual.

            La narración es enérgica y fluida, superando el apriorístico estatismo que se le podría achacar a una configuración tan definida y cuadriculada. El característico ritmo visual de Boyle, acorde a los vertiginosos diálogos de Sorkin, se atempera curiosamente a medida que se desarrolla el crescendo sentimental del filme, que se enhebra, decíamos, por medio de un encuentro entre un padre y una hija.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7,5.

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