El precio del poder

2 Feb

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Año: 1983.

Director: Brian de Palma.

Reparto: Al Pacino, Michelle Pfeiffer, Steven Bauer, Maria Elizabeth Mastrantonio, Robert Loggia, Paul Shenar, F. Murray Abraham, Harris Yulin, Ángel Salazar, Miram Colón.

Tráiler

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         Hay películas que conviene disfrutar en determinado momento de la vida, y no en otro. Voluntaria o casualmente, están hechas para conectar de forma cerval con ese instante particular, con esa precisa sensibilidad existencial. Tendría unos 16 años cuando descubrí El precio del poder, que también es popularmente conocida por su título original, Scarface. Aluciné con ella. Me impactó profundamente la violencia del ascenso y la caída del fuera de la ley más macarra de todos los tiempos, la feroz fisicidad con la que estaba rodada y la tensión de su violencia. Volví a ella cumplidos los 21 años y pasé vergüenza ajena con esa epopeya adolescente del gángster, los teatrales excesos a costa de la sordidez del hampa, la estética impúdicamente hortera de su puesta en escena y la desaforada actuación de Al Pacino.

Vista de nuevo con 30 años, las sensaciones que me deja El precio del poder se encuentran a medio camino entre ambas, aunque quizás tiendan más hacia lo segundo. Es indudable que se trata de una película plena de fuerza y carisma, destinada a convertirse en obra de culto por cualquier tarugo con ínfulas de gánster, fascinado por arrogarse la presunta épica de la marginalidad o que no haya superado esa visión desquiciadamente melodramática de la vida -el yo contra todos- que uno sufre durante la adolescencia.

         Brian de Palma, que encuentra en su cinefilia uno de los motores de su obra como cineasta, recupera Scarface, el terror del hampa, del maestro Howard Hawks, para retornar al tema del crimen como vía paralela desde la que culminar el sueño americano para aquellos a los que se les veda el acceso a la falsa promesa del país de las oportunidades. El precio del poder deforma la realidad hasta hacer de ella una imitación grotesca. Si Tony Montana es una caricatura de los delincuentes que interpretaba James Cagney en los años treinta -los más duros de entre los duros, siempre con una respuesta desdeñosa en la boca aunque a tu cuñado le estén desmembrando con una sierra mecánica- la conquista del mundo que emprende alimentado por su retorcida perspectiva de las promesas americanas -los derechos humanos, la libertad individual, la posesión material- es igualmente caricaturesca, así como el sueño que materializa con ella.

En su escalada a la cima -una conquista que es criminal, económica, social e incluso sexual-, Montana descubre que la cumbre es una orgía de comer, follar y esnifar sin demasiado sentido aparte de haber llegado el primero a ella y poseerla en exclusividad. El resto de ideales inmateriales anhelados por el protagonista -el respeto, el amor- son un tributo falaz que, en línea con las premisas capitalistas, se vende y se cobra en dólares. Hasta artificiales son los atardeceres de ensueño de Florida, que o bien parecen impuestos con pantalla de chroma, bien son directamente papel de pared pintado, acorde al aspecto kitsch del diseño de producción y el fuerte cromatismo que domina los fotogramas -aquí aparece el correspondiente detalle hitchcokiano: en un mundo de agresivos tonos rojos y negros solo se reserva el verde para el hogar familiar al que el protagonista aspira y del que es rechazado-.

         Es decir, que a pesar de la pervivencia de Scarface en la cultura popular como modelo de referencia para aspirantes a enemigos públicos, El precio del poder trata de arrojar una mirada turbulenta y pesimista hacia los Estados Unidos y su sistema de valores, entre ellos el culto al éxito identificado con el culto al dinero; ambos sinónimos intercambiables, en definitiva. De hecho, el propio Scarface bien serviría para prefigurar esa misma década, los años ochenta dominados por el yuppie, a otro icono: el bróker bursátil Gordon Gekko de Wall Street, que contraviniendo las intenciones originales de su creador –Oliver Stone, aquí en funciones de guionista- también terminaría ejerciendo de figura idolatrada por esos mismos defectos que se pretendía denunciar.

A fin de cuentas, el filme ha sido tan entusiasta en reverenciar el ascenso de este narcotraficante cubano hecho a sí mismo -los hijos del demonio-, y lo ha llevado a cabo con tanto desprecio al ridículo, que cuando trata de decir cosas maduras ya resulta imposible tomársela en serio.

Nueva versión en ciernes.

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Nota IMDB: 8,3. 

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 5,5.

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6 comentarios to “El precio del poder”

  1. tony kanapes 2 febrero, 2017 a 20:10 #

    Te has pasado con la puntuación. Reconozco que me pasó como a ti, según pasan los años se le ven las costuras ochenteras; pero aunque es hija de su tiempo, y un canto al exceso, para mi sigue teniendo encanto y está tan llena de “momentazos” que no puedo resistirme.

    Pd: tengo el disco, lo reconozco, y algunas canciones da sonrojo escucharlas aunque me encanten. Pero Giorgio Moroder siempre fue un must y su reivindicación a estas alturas por parte de muchos me suena más a postureo que otra cosa.

    Yo le daba un seis, hombre.

    Y como siempre, muy buen post.

    • elcriticoabulico 3 febrero, 2017 a 17:17 #

      Ojo, que yo tengo una de Moroder de tono de llamada en el móvil. Modorer ES los ochenta. De hecho, la cabecera ochentera aquella de Los Simpson tomaban un tema de Scarface. Y, para que te quedes tranquilo, como no se pueden poner fracciones en IMDB, ahí la tengo clasificada con un 6.

      ¡Un saludo!

  2. Hildy Johnson 6 febrero, 2017 a 13:36 #

    Me gustaba tanto Scarface, el terror del hampa de Howard Hawks… que en un primer momento me sorprendió El precio del poder. No es la película que más me gusta de Brian de Palma pero me seduce en esta la plasmación de la estética hortera del mafioso y como siempre la fuerza visual de Palma en sus películas. Además de amar a Al Pacino. Pero sin embargo Brian de Palma me encandiló totalmente con otra película de Al Pacino y el mundo mafioso: Atrapado por su pasado. Y esa película eclipsa en mi gusto cinéfilo a El precio del poder.

    Beso
    Hlldy

    PD. Me muero por ver la de Manchester frente al mar, pronto te cuento.

    • elcriticoabulico 6 febrero, 2017 a 13:50 #

      Hace tiempo que no vuelvo a ella, pero Atrapado por su pasado siempre me ha parecido la mejor de De Palma. Eclipsa a El precio del poder y a otras muchas, es una de mis favoritas sobre crepúsculos y redenciones imposibles del gángster.

      Besos.

      • tony kanapes 6 febrero, 2017 a 19:35 #

        Atrapado Por El Pasado es el De Palma maduro, gana en cada revisión debido a que, al contrario que pasa con Scarface, tiene un punto clásico que la aleja de cualquier rastro de época.

      • elcriticoabulico 8 febrero, 2017 a 14:00 #

        Contención, divino tesoro. No ser una peli tan adolescente le ayuda.

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