Tag Archives: Sicilia

La tierra tiembla

11 Ene

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Año: 1948.

Director: Luchino Visconti.

Reparto: Antonio Arcidiacono, Giuseppe Arcidiacono, Nelluccia Giammona, Agnese Giammona, Antonino Micaele, Salvatore Vicali, Maria Micaele, Rosario Galvagno, Lorenzo Valastro, Raimondo Valastro, Nicola Castorino, Rosa Costanzo.

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          “Pescatori siciliani”, indican los créditos como toda relación del elenco. Gente sencilla que realiza ante la cámara sus tareas cotidianas, comunicándose entre ellos en su idioma, el siciliano, la lengua del pueblo en esta región del Mezzogiorno empobrecido y humillado. La tierra tiembla, emblema del Neorrealismo italiano, se asienta sobre el verismo, si bien para extraer de él una lírica de la miseria, una épica de la marginalidad, un manifiesto políticosocial. Hay escenarios austeros, penosas fatigas, jerseys raídos e inmersión en las profundidades del hogar, al igual que hay composición de imágenes, búsqueda de la plasticidad, de la epopeya humana y de la emoción. Las viudas prematuras que contemplan estremecidas la indiferencia de los farallones, del mar que no cesa, de la naturaleza soberbia e imperturbable.

Financiada en parte por el Partido Comunista italiano, La tierra tiembla es rabia en 24 fotogramas por segundo, la indignación por un grupo humano, los Valastro, a los que el libreto somete a un calvario tremendista, destinado a convertirlos en mártires que inspiren la compasión del espectador y les haga partícipe de su mensaje: los parias de la tierra han de unirse para hacer frente a la explotación de los privilegiados.

          La tierra tiembla nace en una alborada y concluye en un anochecer. Es una historia eterna, proclama la introducción. Los remos que siguen paleando el agua después del rótulo de ‘Fine’, sumergidos en la absoluta oscuridad, parecen dar continuidad a esta idea a priori fatalista. Envuelto en este realismo estético, se rastrea un sentido de tragedia mitológica: cíclopes tiránicos, castigos prometeicos. 

Director y coguionista, Luchino Visconti -de sangre aristocrática norteña pero en aquel entonces comprometido con la izquierda comunista y sobre todo con el cine, hasta el punto de empeñar posesiones familiares para sacar adelante esta obra-, acompaña al mar a los pescadores, casi con el interés antropológico de un Robert Flaherty en las remotas islas de Arán. Aunque ese realismo marinero también lo había ensayado, con una intención más orientada hacia el espectáculo que hacia el retrato social, Howard Hawks en Pasto de tiburones.

          En La tierra tiembla, desde esta apariencia de documental se plantea un relato de ficción abiertamente maniqueo. La suya es una lucha entre dos bandos bien definidos, incluso estereotipados en su constitución para dar cabida a la patente crueldad de los mayoristas, dueños del capital y, por ende, de todo. La austeridad de la casa centenaria de los pescadores, la fastuosidad del banquete de los patrones; la natural belleza de los primeros, los rostros torcidos de los segundos; la generosa y abnegada voluntad de los trabajadores; la arrogancia ociosa de los fascistas apenas disimulados. 

La voz en off, en diáfano y culto italiano, es la que puntúa el discurso de la obra, aportando una dimensión poética a las acciones y subrayando su significado políticosocial. La tierra tiembla sangra las consecuencias de la mentalidad resignada y conformista de los apaleados, de la iniciativa individual y solitaria del emprendedor, de la de una clase sin conciencia de clase, de la dignidad como última e inexpugnable posesión.

          Subtitulado Episodio del mare, a la película deberían seguir otros dos capítulos, sobre la minería y sobre la agricultura, que nunca llegarían a realizarse.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 7,5.

El gatopardo

5 Feb

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Año: 1963.

Director: Luchino Visconti.

Reparto: Burt Lancaster, Alain Delon, Claudia Cardinale, Romolo Valli, Paolo Stoppa, Rina Morelli, Lucilla Morlacchi, Serge Reggiani, Terence Hill, Pierre Clémenti, Leslie French, Giuliano Gemma.

Tráiler

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         El gatopardo es un filme sobre el apocalipsis. El príncipe de Salina contempla el universo que lo rodea y percibe punzantes las pulsiones de su muerte. Todo cambio es inquietud, es trauma. En el peor de los casos, es extinción.

El príncipe de Salina es un hombre “a caballo entre dos mundos”, sin arraigo en ninguno de ellos, con las ilusiones olvidadas o destruidas por el paso y el cambio de los tiempos. Las conclusiones políticas que condensaba Giuseppe Tomasi di Lampedusa en el original literario -que todo cambie para que nada cambie-, se antojan un tanto reduccionistas, por más que haya hecho fortuna entre los escépticos y decepcionados y se aplique con insistencia al convulso panorama actual. La obra triunfa porque es el retrato íntimo y monumental del temor ante el cambio; una experiencia conmovedora y universal, que percibe en carne propia tanto el noble decadente como el precariado de a pie, pues se trata en esencia de un proceso psicológico consustancial al ser humano, dependiente de mil y una circunstancias sociales, políticas, económicas… pero, principalmente, personales.

         Con greñas de león fatigado, Don Fabrizio desatiende el baile, se resigna a perder el calor de la belleza juvenil femenina y se refugia en un despacho, donde se detiene ante una pintura sobre la agonía. Antes, Luchino Visconti había enfatizado su caducidad convirtiéndolo en estatua polvorienta, en dueño de ruinas, en político y amante impotente. De cuna aristocrática como él, comprometido en su tiempo con la izquierda comunista, Visconti demuestra un afecto y una identificación absoluta con el príncipe de Salina. Ya había abordado en Senso el tema de las subversiones de clases sociales que trajo consigo la definitiva demolición del Antiguo Régimen con el Risorgimento, la unificación nacional italiana, si bien las aproximaciones a figuras de sensibilidad extemporánea, o cuanto menos marginal, es una constante en su filmografía. Una perspectiva a la que también podría asimilarse el solitario Lampedusa, otro creador de vetusta ascendencia aristocrática y que se había inspirado en su propio bisabuelo para escribir la novela.

A pesar de que intentan confirmar la sentencia del literato -una apertura revolucionaria que conduce a un cierre donde se fusilna simbólicamente los ideales del movimiento-, los decisivos sucesos históricos que comparecen en el filme, pues, son un telón de fondo o, más bien, una de la espitas que dinamitan el apacible y orgulloso palacio mental de Don Fabrizio, semejante a la mole donde habita su familia, asimilado incluso al paisaje siciliano, imponente, rotundo y eterno. Parte inamovible de él. La invasión de los camisas rojas garibaldianos y el resto de acontecimientos ayudan a componer de este modo un escenario crepuscular, hostil; completado con el viento, el polvo, el calor. Donde los monstruos de esta historia de terror suben las escaleras palaciegas embutidos en un frac hortera; donde la derrota y la muerte tienen como heraldo a una hija enamorada, o a una muchacha de pujante e inalcanzable hermosura.

         En El gatopardo parece asomar el tópico del rejuvenecimiento a través de la conquista sexual. El macho alfa que demuestra su prevalencia dominando el harén. Pero este cliché literario permanecerá solo latente, como una vibración que se agrega a la estrecha relación entre el patriarca Don Fabrizio y su heredero por adopción, su sobrino Tancredi.

Visconti realiza un notable trabajo en la dirección, respectivamente, de Burt Lancaster -imposición de renombre de la Twenty Century Fox- y Alain Delon. Pero una de sus grandes dedicaciones se concentrará en la minuciosa reconstrucción de época, exhibida en magníficos y suntuosos decorados y vestuarios que no obstante, en su exceso, no recargan el drama, sino que refuerzan esa idea de tiempos perdidos, de trasnochada obsolescencia. Son estancias asimismo habitadas por otras criaturas que comparten ese trágico desfase, aunque menos conscientes de ello: una joven casadera desplazada por la mutación de las prioridades sociales, una esposa de costumbres medievales, un colectivo de rancio abolengo que baila para cerrar los ojos al final de sus días.

La caída de los dioses.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8,5.

A cada uno lo suyo

16 Mar

“El tiempo de los poetas pensando en las nubes ha pasado”. Elio Petri adopta un tono serio, intermediado por el cronista oficial de la Sicilia contemporánea, Leonardo Sciascia, y comenzaría a consolidar su nombre como cineasta con A cada uno lo suyo, una investigación personal en el reino de la Cosa Nostra. Para la sección de estrenos en DVD de Cine Archivo.

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Cegados por el sol

6 May

“El cine es el proceso de inventar problemas imposibles para después fracasar tratando de resolverlos.”

John Boorman

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Cegados por el sol

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Cegados por el sol

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Año: 2015.

Director: Luca Guadagnino.

Reparto: Tilda Swinton, Mattias Schoenaerts, Ralph Fiennes, Dakota Johnson.

Tráiler

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          Remake con cambio de tono de la francesa La piscina, Cegados por el sol se abre en un entorno paradisíaco donde un hombre y una mujer, desnudos como Adán y Eva, disfrutan del abrazo generoso del sol siciliano y recorren las playas de la isla mediterránea en amorosa y apacible intimidad. Sin embargo, acompañada de una voz invasiva, una sombra sobrevuela el cielo y la quietud bucólica se turba. El Edén se descubre infestado de serpientes.

          En este espacio privilegiado de la naturaleza y la arquitectura, el lujo y el confort, Luca Guadagnino, realizador palermitano acostumbrado a moverse en el cortometraje y el documental –incluidas obras acerca de la aquí protagonista, Tilda Swinton, a quien también había dirigido en los largos The Protagonists y Yo soy el amor-, escenifica la lucha de tres individuos contra sus demonios, plasmados en profundas cicatrices físicas y sentimentales, y que, desde cierta lejanía afectiva, son examinados por otra cuarta persona, erigida en observadora perturbadora y ‘lolitesca’.

La presentación de los personajes, sus relaciones y las tensiones e inquietudes que los entrecruzan, conjugan concisión y expresividad con notable talento, de igual manera que el guion dosificará poco a poco, con acertado pulso, la información que se oculta tras sus miradas y sus emociones, desmontando –o más bien reconstruyendo- una imagen presente que hunde sus raíces en un pasado turbulento. Este historial, de nuevo común, se desvela paulatinamente dejando desnudos, esta vez figuradamente, a estos individuos atormentados, que apenas pueden protegerse contra las agresiones del mundo exterior y cruelmente real por medio de unas gafas de sol, una villa aislada y un bote de pastillas.

          Sin embargo, conforme transcurren los minutos, el drama se densifica y empantana. El libreto recurre a una forzada y tremendista intriga para tratar de agitar estas aguas pestilentes y reconcentradas, y despertar a la función de su marasmo. El estilo narrativo de Guadagnino, que ya había dejado dudosas decisiones estéticas en algún juego con el primer plano, incorpora ciertos rasgos que entiendo orientados a crear distanciamiento frente a la tragedia –la banda sonora, el exagerado plano cenital, la presencia sonora o visual de los inmigrantes ilegales-. Elementos que conducen, no sé si voluntariamente, a imprimir cierta sensación de patetismo sobre el relato que, a la postre, erosionan en exceso la conexión empática hacia lo que ocurre.

El apego frente a las cuitas de estas criaturas antes frágiles pero ahora tan artificiosas como la trama que les atrapa se va haciendo irremediable hasta desembocar en un desenlace poco satisfactorio.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

Kaos

22 Dic

“La madre tierra que quita y da la vida, esta es la Sicilia de Pirandello, isla fabulosa y real que alberga una variedad inimaginable de tipos, de caracteres, de mentalidades, además de dialectos, debido a la diversidad de pueblos invasores que se han acercado a ella en el tiempo.”

Luigi Pirandello

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Kaos

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Kaos

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Año: 1984.

Directores: Paolo Taviani, Vittorio Taviani.

Reparto: Margarita Lozano, Claudio Bigagli, Enrica Maria Modugno, Massimo Bonetti, Franco Franchi, Ciccio Ingrassia, Maria Lo Sardo, Biagio Barone, Salvatore Rossi, Pasquale Spadola, Omero Antonutti.

Tráiler

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            Sicilia, tierra desbordada por la tragedia, el trauma, la pobreza y lo mágico. Alejado en cierto modo del realismo documental de otro canto a la naturaleza tumultuosa y fascinante de la isla mediterránea como el que Francesco Rosi ensayaba en Salvatore Giuliano, los hermanos Paolo y Vittorio Taviani se sumergen en Kaos en la particularísima obra del literato sículo Luigi Pirandello para iluminar los cuatro relatos cortos más un epílogo escogidos de Cuentos para un año, publicado en 1933, un año antes de su conquista del premio Nobel de las letras.

            El protagonista de estos cinco fragmentos, pues, es este territorio sobrecogedor y caótico, al que se invoca a través de un paisaje que parece determinar la suerte de sus moradores; del vuelo de un cuervo que desde el cielo observa el devenir del hombre siciliano; de la ascendencia de lo atávico manifestada en la pervivencia en ruinas de los monumentos de la antigüedad clásica. Son así cinco historias que, contextualizadas y enclavadas a esta tierra de llanto, fecunda y destructiva, retratan la violenta colisión y la inseparable convivencia de la existencia prosaica, severa y visceral con las poderosas resonancias de lo sobrenatural y la inexorable influencia de un fatalismo eterno.

La pervivencia del pasado doliente en L’altro figlio y Mal di Luna; el influjo fantástico que envuelve esta última y La giarra; el permanente conflicto entre dominantes y dominados que desequilibra la sociedad insular en ésta y la siguiente Requiem. Al igual que la goma milagrosa del alfarero que protagoniza La giarra, la estructura de la narración parece ensamblar con inconmovible firmeza cada uno de los segmentos, conformando ese conjunto que reconstruye la cosmogonía de Sicilia, su idiosincrasia, su folclore particular y su dura realidad presente –es interesante en este punto la repetición de algunos actores en varios cuentos-.

            Filme monumental, de metraje incontenido y arduo –superior a las tres horas-, Kaos acomete el reto de plasmar en imágenes la prosa rica y compleja del autor agrigentino. Los Taviani tratan de construir fotogramas rotundos y poderosos, que unas ocasiones se encuentran con las dificultades de la producción –una fotografía poco lucida, principalmente- o con el característico estilo directo y aquí inconvenientemente verista de los cineastas, mientras que en cambio en otras sí se ven favorecidos por la comparecencia tiránica del escenario –la barroca Ragusa, las hostiles montañas, los resecos páramos, la costa prometedora, la áspera y ensoñada Lípari-, así como por la fuerza colosal de las canciones tradicionales de la banda sonora, verdadera emanación de la virulenta mitología local.

Aquí, quizás el pasaje onírico del colofón, Colloquio con la madre, protagonizado por una proyección del propio escritor, intermediado por el rostro de Omero Antonutti, sea el más logrado estéticamente en comparación con el resto de episodios, en los cuales la sensibilidad artística de los hermanos cineastas no termina de corporeizar con la suficiente contundencia una atmósfera definitoria.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

La aventura

12 Sep

“Fellini, Kurosawa y Buñuel se mueven en el mismo campo que Tarkovski. Antonioni tomó su propio camino, pero expiró, asfixiado por su propio aburrimiento.”

Ingmar Bergman

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La aventura

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La aventura

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Año: 1960.

Director: Michelangelo Antonioni.

Reparto: Monica Vitti, Lea Massari, Gabriele Ferzetti, Dominique Blanchar, James Addams, Renzo Ricci, Esmeralda Ruspoli, Lelio Luttazzi.

Tráiler

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            Con el Neorrealismo -movimiento honesto, comprometido y a pie de calle-, resquebrajándose en vertientes más amables y cómicas, surgidas en paralelo a la recomposición -al menos económica- de Italia, nacen asimismo en el cine trasalpino otras personalidades muy marcadas e independientes, que recogen esa inquebrantable sinceridad del movimiento cinematográfico del país para asimilarla a un prisma absolutamente personal e intransferible de observar la realidad que les rodea. Su sinceridad autoral, su rigor artístico y su perspicacia humana será reconocida hasta el punto de convertirse en auténticos hitos culturales.

Así, mientras que para Federico Fellini la realidad es todo aquello que atraviese el particularísimo campo de sus pensamientos, su memoria y su imaginación, para Michelangelo Antonioni esa realidad parece quedar deformada con el objetivo de, paradójicamente, retratar con la mayor crudeza y poder incisivo cuestiones sobrecogedoras como el vacío existencial, el desmoronamiento de las certezas individuales, el hostigamiento que sufre la intimidad a causa de la convivencia en sociedad o acaso por el mero hecho de existir,…

De esta manera, la crudeza de los cuadros de este “cineasta que pinta”, como él mismo se definía, no es tanto el colectivo como ente dotado de unos problemas materiales y sociales, sino el desolado yo interior y el complejo y quebradizo paisaje psicológico que esconden los personajes detrás de su fachada cotidiana. Un rasgo que, en cualquier caso, también comparten en común como seres humanos.

            La aventura es el primer episodio de lo que los historiadores de cine han venido a agrupar como Trilogía de la incomunicación, que se prolongará los dos años siguientes con La noche y El eclipse. Desde su título, el filme condensa dos peliagudos significados en un solo concepto: la exploración intimista de Claudia (Monica Vitti) en busca de sí misma y el affaire romántico que tendrá con un hombre que, a priori, no debiera según dictan esas presuntas certezas que constituyen su identidad –ser una mujer amante de los hechos y los sentimientos sencillos, fiel a su amiga Anna dentro de una relación con tímidos toques de influencia sexual-.

Trenzada a partir de la desaparición literal y simbólica de Anna (Lea Massari) -a quien no le basta el afecto de sus semejantes para ser feliz-, la trama de La aventura desarrolla una densa indagación en los dilemas y tormentos de Claudia, lo que en la dimensión escénica, emanación del sentir de la protagonista, se traduce en un viaje desde las islas Eolias -estériles, volcánicas y azotadas por el viento-, hasta la espectacular Sicilia barroca y el boato de los caserones nobiliares de la región, tan conflictiva como hechizante. La investigación que plantea Antonioni, por tanto, no se refiere a la desafortunada Anna, sino a Claudia y su evolución personal, ligada a su relación con Sandro (Gabriele Ferzetti), novio inconstante de la anterior.

            A lo largo de la odisea se vislumbra el fracaso de la pareja y su prolongación artificial, el matrimonio, como presunta institución leal, inmutable y perfecta; víctima entonces de la desidia, la rutina, la disparidad entre sus componentes y, por qué no, los embates de la pasión irracional y egoísta. Por otro lado, confluyen problemáticas locales como el sometimiento de la mujer como objeto de deseo y desprecio. En cierta manera, se trata de coyunturas que otros cineastas, como Pietro Germi en sus obras sicilianas, acertaban a exponer de forma más divertida, menos grandilocuente y sin demasiada diferencia de enjundia; al igual que el propio Fellini en La dolce vita, su visión de la indolencia, la decadencia y la amoralidad del Belpaese.

            Muchas veces, ya se sabe, la solemnidad o su ausencia no tiene por qué significar más que eso, solemnidad o ausencia de solemnidad, sin relación con la profundidad o la complejidad de la propuesta. Antonioni ofrece una galería de composiciones magistrales en el empleo expresivo de la geografía, la naturaleza y la arquitectura sícula; espacios donde naufragan sus criaturas, desconectadas entre sí.

El realizador italiano, siempre atento al cómo se cuenta –y sobre todo al cómo lo cuento yo-, se embandera a ultranza en su estilo característico, que por momentos induce una hipnosis onírica muy sugerente pero que, en otras ocasiones, dejando de lado el imprescindible empleo del silencio como herramienta de disección del vacío de los personajes, también parece simple regodeo en la dificultad, el engolamiento autoral autocomplaciente y el desprecio del ritmo como signo de elitismo intelectual.

Tanto es así que los personajes, retorcidos y deformados en su fustigamiento melodramático, terminan por resultar monigotes, autómatas de aspecto (interior) muy elaborado pero irreconocibles en definitiva y ajenos a la empatía, desde ese abrupto chispazo de amor fou que dinamita los valores emocionales de Claudia hasta sus constantes y agotadoras idas y venidas sentimentales.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 6.

El día de la lechuza

3 May

“La mafia no es un cáncer que prolifera por casualidad sobre un tejido sano. Vive en perfecta simbiosis con la miríada de protectores, cómplices, informadores, acreedores de todo tipo, gente intimidada o esquiva que pertenecen a todos los estratos de la sociedad. Este es el terreno donde florece la Cosa Nostra con todo lo que ello significa en cuanto a implicaciones directas o indirectas, conscientes o no, voluntarias u obligadas, que por lo general cuentan con la aquiescencia de la población.”

Giovanni Falcone

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El día de la lechuza

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El día de la lechuza

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Año: 1968.

Director: Damiano Damiani.

Reparto: Franco Nero, Claudia Cardinale, Lee J. Cobb, Nehemiah Persoff, Fred Coplan, Serge Reggiani, Tano Cimarosa.

Tráiler

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            La aproximación a la Cosa Nostra siciliana se diría invariable en el cine italiano desde En nombre de la ley: un agente de la justicia, proveniente del extranjero –esto es, de la península, del Norte-, se adentra en el microcosmos ancestral de la isla, dominado por una férrea jerarquía de poder que, situada al margen o solapada a las instituciones oficiales, dicta y vigila las normas sociales sin admitir intercesión alguna del Estado, del todo fallido en este territorio y representado en vano por el protagonista en cuestión.

No obstante, a diferencia del western sículo de Pietro Germi, en El día de la lechuza la Malavita queda despojada casi por completo de esa aureola romántica de la que gozaba en dicha película, la primera en nombrar a la mafia como tal –si bien todavía pervivirá un reconocimiento común como “hombres auténticos” entre protagonista y antagonista, explícito en el plano final de la función-.

            Adaptación de la novela homónima del agrigentino Leonardo Sciascia, voz de la conciencia crítica italiana, en El día de la lechuza los jefecillos mafiosos se emparentan con los concejales corruptos del Nápoles de Las manos sobre la ciudad. Reconvertida a constructores chanchulleros que depredan las arcas públicas a conciencia, la mafia del filme solo asesina indirectamente, creando víctimas bajo sus edificios y carreteras deficientes, o, como mucho,  pagando a vulgares terceros, cuatreros sin estilo. Y, por si fuera poco, pagando mal.  

            Damiano Damiani, representante activo del pujante cine de denuncia del periodo en el país transalpino, se sirve de los conocimientos de nativo de Sciascia –quien se había basado en el homicidio del sindicalista Accursio Miraglia en 1947 y que empero no parece evitar concesiones puntuales al pintoresquismo- para recomponer en fotogramas esta represiva dominación caciquil del mafioso, fundamentada en el empleo de la violencia física y cultural –el arraigado concepto del honor, con el adulterio como instrumento y arma de poder-, en el clientelismo expansivo y en el tejido de una red de contactos políticos que se infiltra y enraíza en las más altas esferas –el gobierno de la Democrazia Cristiana-, legitimando su status quo y depositando las herramientas administrativas y judiciales a sus pies.

En este caso, y al igual que sucederá en la venidera y muy recomendable Confesiones de un comisario a un juez de instructor –donde su mirada será en cambio menos proactiva y más ingenua-, la perspectiva exterior, en parte equiparable a la del espectador, la provee Bellodi (Franco Nero), el recién llegado capitán de carabineros que ha de investigar el homicidio del único contratista honrado dentro de una gran obra pública en la Sicilia Occidental, siempre con el obstáculo de este universo de ‘omertà’, ‘pizzo’ y besamanos al patrón omnipotente (el americano Lee J. Cobb, dignamente concentrado), rey y santo en vida.

            El día de la lechuza traslada a la pantalla las dificultades y la impotencia que embarga a la acción de los defensores de la legalidad en una tierra constituida sobre la ilegalidad –entendida, insistimos, como un corpus normativo ajeno al constituido y promulgado por el Estado-, así como la aceptación tácita u obligada de la población sometida bajo su dominio. El discurso concienciado se entremezcla con habilidad con la trama policíaca, equilibrando y agilizando el transcurso del metraje. Destaca asimismo el buen trabajo del reparto principal y, en lo concerniente a los secundarios, el empleo del rostro y la apariencia física de los actores como recurso para la descripción moral de los personajes e incluso la entonada composición de la atmósfera y el paisaje humano de la obra.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

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