Nadie sabe

11 Feb

“Un director de cine tiene que reflejar la realidad.”

Bernardo Bertolucci

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Nadie sabe

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Film Title: Nobody Knows..

Año: 2004.

Director: Hirokazu Koreeda.

Reparto: Yûya Yagira, Ayu Kitaura, Hiei Kimura, Momoko Shimizu, Hanae Kan, You.

Tráiler

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              En principio, el abandono y el desamparo infantil podrían parecer una temática más propia de un cine de formas crudas y fundamentos veristas anclado en periodos históricos problemáticos, caso del Neorrealismo italiano, o, cuanto menos, como punto clave en la composición de retratos de sociedades a priori incompletas o fallidas.

Sin embargo, Hirokazu Koreeda, autor siempre con un pie en la realidad de su país -como había demostrado en sus inicios en el género documental- y en cuya filmografía no hay lugar para familias convencionales e ideales, recupera un trágico suceso –el caso de cuatro hermanos de distintos padres que malvivían solos en un apartamento tras la huida de su madre soltera- acontecido en una sociedad supuestamente próspera y civilizada como el Japón de finales de los años ochenta –sumida en tiempos de crisis financiera, no obstante- para dar forma a Nadie sabe.

              El estilo próximo al documental es precisamente el que se impone como base visual del filme. La cámara, suelta y disimulada con discreción en el escenario, permite a los personajes interactuar libremente entre ellos, lo que sumado a la flexible dirección de intérpretes de Koreeda, proclive a dejar respirar la improvisación y las aportaciones personales u cotidianas de los actores, favorece que éstos se expresen con absoluta naturalidad, de manera acorde con los propósitos de la cinta.

El resultado es ese logro tan difícil e infrecuente de que los niños parezcan niños, hablen como niños, se comporten como niños y actúen con la lógica de los niños –aunque a fin de cuentas su comportamiento supere en madurez al de los adultos del relato, representantes de la inmadura sociedad japonesa en su conjunto-. Para muestra, un botón: Yûya Yagira se convertiría en el premio a mejor actor en el Festival en Cannes más joven de la historia.

              A causa de esta inmaculada verosimilitud, uno puede rastrear en los personajes los lejanos ecos de su propia infancia -tanto los felices como los infortunados-, entremezclados con el desolador contexto dramático que propone la película. Lo que en otras manos, probablemente hollywoodienses, hubiera sido un obsceno despliegue de pañuelos moqueros, en Nadie sabe se convierte en un extraordinario pedazo de realidad y, por ello mismo, en una obra profundamente conmovedora.

Por la simple fuerza de su fidelidad y autenticidad emocional, sin necesidad de énfasis alguno y con apenas ornamentos formales –una sencilla y delicada banda sonora-, el espectador acompaña a los chavales en su insólito pero a la vez universal proceso de crecimiento, a lo largo del cual reivindican su derecho al juego, a la amistad, a las ilusiones características de su edad. A la felicidad en definitiva.

              De ahí que un final en el que aparece cierto viraje hacia situaciones más forzadas –la particular obtención de ayuda económica de una amiga- y de intenciones lacrimógenas –aunque paradójicamente el referente real concluía de manera mucho más atroz- parecen contrariar un tanto las abundantes e incontestables virtudes del filme.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 8.

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2 comentarios to “Nadie sabe”

  1. plared 12 febrero, 2014 a 06:51 #

    Una película que como a ti me sorprendió por la sencillez que transmite. Por que en cierta manera se aleja del lirismo oriental. Sencilla y directa y por ello, doblemente conmovedora.
    Una obra tan sencilla como deliciosa eso si, a ratos no fácil de digerir. Grande desde luego al igual que tu comentario. Cuidate

    • elcriticoabulico 12 febrero, 2014 a 12:17 #

      No toca un tema agradable, cierto, pero lo hace con tal naturalidad que uno tan solo puede rendirse a él. No se regodea en la crueldad, también posee los trazos luminosos propios de cualquierr infancia y, como señalas, también se aleja del cine asiático más contemplativo y tradicional para abrazar un verismo inmaculado no exento de cierta poesía cotidiana. Un abrazo.

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