Tag Archives: Indonesia

Adiós al rey

4 Jul

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Año: 1989.

Director: John Milius.

Reparto: Nick Nolte, Nigel Havers, Frank McRae, Marilyn Tokuda, Gerry Lopez, James Fox, Elan Oberon, Marius Weyers, William Wise, Aki Aleong, John Bennett Perry.

Tráiler

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         “¡Crom! Jamás te había rezado antes, no sirvo para ello. Nadie, ni siquiera tú recordarás si fuimos hombres buenos o malos, por qué luchamos o por qué morimos. No. Lo único que importa es que dos se enfrentan a muchos; eso es lo que importa. El valor te agrada, Crom. Concédeme pues una petición. Concédeme la venganza. Y si no me escuchas ¡vete al infierno!”, oraba Conan el bárbaro antes de la batalla decisiva, en la que exhibirá un arrojo rayano en el sacrificio ritual. Épico y sentimental, John Milius se siente un poeta guerrero de otros tiempos. Y, en ellos, consulta a sus dioses, y a estos no les complace la bomba atómica, símbolo último de la decadencia de un Occidente sin respeto hacia el mundo y hacia sí mismo, corrompido por la civilización, antigua y malvada.

Ya había contrapuesto en El viento y el león un choque de civilizaciones, maravillado en aquella ocasión por la vida indómita y orgullosa de los bereberes del Sáhara. En Adiós al rey, el botánico inglés que se adentra en las selvas incógnitas de Borneo para alzar a las tribus contra la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial caerá bajo el influjo de los dayak. Pero esta vez, Milius acrecienta esa sensación de contraste debido a que su interlocutor no es un nativo, sino ‘uno de los nuestros’ -un proletario idealista, además, todo lo opuesto al estirado clasismo británico- que ha reencontrado su espíritu olvidado en las costumbres atávicas y puras del lugar. Un hombre que, según narra, primero ha debido perder la vida para después renacer como buen salvaje -o algo así-.

         En Adiós al rey, las enseñanzas del gurú que se encuentra al final del camino -la iluminación- no son apocalípticas, como las del coronel Kurtz de Apocalypse Now o las del Thulsa Doom de Conan el bárbaro. Lejanamente inspirado en James Brooke, el primer rajá blanco de Sarawak, el Learoyd de Adiós al rey se asemeja más, por así decirlo, a un Daniel Dravot, de El hombre que pudo reinar, al que no hubiera condenado su irreparable sino de desclasado -y porque, en realidad, la convicción vitalista de este hacía que no necesitara reencontrar su senda con los kafiris, entre quienes seguía desentonando como un pulpo en un garaje-. “¡Vida, inglés!”, le saludan al extranjero. Vida que aquí, a diferencia de los dos ejemplos anteriores, no tiene por qué venir propiciada por la inmolación de la deidad ancestral. Aunque, como decíamos, sí describa una resurrección alegórica.

         Milius dota al relato de aromas de Rudyard Kipling, aunque su fascinación por lo salvaje, por la anarquía de los hombres libres, lucha enconadamente contra el avance inexorable del colonialismo imperialista. Con la mirada apasionada hacia el último rey digno de tal nombre -que encarna un Nick Nolte implicado a la altura de tal exigencia- la naturaleza británica del protagonista se va diluyendo gradualmente. Aunque el cineasta anuncia su melancolía con la voz profética del coronel Ferguson (James Fox), quien ya se ha leído este cuento y conoce su final.

Esta visión romántica, profundamente personal, destaca frente a unas secuencias bélicas encadenadas en un ascenso glorioso en el que parecen editadas a mordiscos, con la banda sonora de Basil Poledouris también desacompasada, lo que deja una sensación de pobreza de producción más allá del minimalismo del escenario de contienda. En esta línea, hay secuencias de calma tensa, como la del combate bajo la luz de la luna, que están mucho mejor resueltas. Por entonces, como adversario ya se ha configurado un mal absoluto, destilado y abstracto, lo que se manifiesta en una atmósfera fantasmagórica, puro terror sacado del cine mudo o incluso del delirio espectral de La noche del cazador, con la muerte a caballo y la columna que le sigue al infierno recortada en silenciosa silueta contra el horizonte nocturno, como si de la Santa Compaña se tratase.

         Milius acusaría a la productora de cercenar su película. Quizás haya que atribuir estas estridencias impropias a la tijera insensible de los contables, como también podría percibirse en la tosquedad de los flashbacks acerca del insólito ascenso al poder de Learoyd.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7.

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Redada asesina (The Raid)

24 Oct

“Vamos a llevarnos bien, porque si no van a haber hondonadas de hostias aquí ¿eh?”

Pazos (Airbag)

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Redada asesina (The Raid)

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Redada asesina (The Raid).

Año: 2011.

Director: Gareth Evans.

Reparto: Iko Uwais, Donny Alamsyan, Pierre Gruno, Ray Sahetapy, Joe Taslim, Yayan Ruhian, Tegar Satrya, Iang Darmawan.

Tráiler

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            Cuando a al cine de acción de occidente se le suelen agotar las ideas -cosa que ocurre a menudo-, acostumbra a volver la vista al lejano oriente: el Hong Kong de los Shaw Brothers primero y de John Woo después, la furia japonesa del cine de yakuzas, la creatividad y el virtuosismo formal de la corea contemporánea,… Industrias prestigiosas y consolidadas que, al final, en un acto de simbiosis, depredación o parasitismo por parte de Hollywood, terminan por exportar a América sus técnicos y realizadores más cualificados, así como, en forma de remake, la plantilla de sus obras más conocidas.

            Una de las sensaciones en el cine de acción de las últimas temporadas provino también de las costas asiáticas del Pacífico, si bien desde la pequeña factoría indonesia, con escaso predicamento internacional en salas e incluso certámenes especializados –eso sí, el director y guionista es el galés Gareth Evans, no obstante radicado en el país y su cine desde tiempo atrás- . El asunto es que, entre las rendijas del boca a boca, los pases en festivales como Sundance y Toronto y el empuje de las plataformas piratas, Redada asesina (The Raid) se coló como uno de los productos del año en el género. Su secreto: el estilo directo, sin contemplaciones ni excusas innecesarias, amén de unas coreografías espectaculares que no dejan respiro ni a intérpretes ni a espectadores.

            La excusa argumental, que recuerda a precedentes hongkoneses como Peace Hotel y Breaking News, no puede estar más esquematizada: un grupo de policías de élite se adentra en un bloque de edificios donde reside el Mal; es decir, todos los delincuentes, narcotraficantes y asesinos de los bajos fondos, refugiados por un patrón de la mafia yakartesa. Aunque a la trama tampoco le falta la coartada melodramática tradicional en el cine oriental de artes marciales –los hermanos antitéticos, con el héroe inmaculado y la oveja descarriada- ni cierto repaso a la corrupción endémica del estamento policial nativo, el livianísimo peso del libreto, reducido a apenas microgramos, permite que Redada asesina vuele a velocidad supersónica en un torbellino de hostias de todo tipo y calibre.

Un clímax de violencia continuada y rodado en tomas donde el montaje pasa desapercibido en favor de la fluidez del movimiento de los personajes a lo largo, ancho y alto de un escenario de interminables habitaciones y pasillos; imparable aunque en absoluto caótico. No hay más. Como si el séptimo de caballería se hubiera metido, caballos incluidos, en la despedida de soltero de Toro Sentado; como si John McClaine hubiera retornado después de lustros de entrenamiento en Tailandia para reventar a base de bien el Nakatomi Plaza secuestrado por Hans Gruber; como [•Rec] convertido en un ballet brutal de zombis con machetes y ametralladoras.

            Hollywood ya prepara el remake. Indonesia ya ha estrenado su secuela.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6.

Feliz Navidad, Mr. Lawrence

4 May

“¡Odio a los ingleses! Están vencidos y no se avergüenzan. Obstinados, pero sin orgullo. Resistentes, pero carecen de valor. ¡Odio a los ingleses!”

Coronel Saito (El puente sobre el río Kwai)

 

 

Feliz Navidad, Mr. Lawrence

 

Año: 1983.

Director: Nagisa Oshima.

Reparto: David Bowie, Tom Conti, Ryûchi Sakamoto, Takeshi Kitano, Jack Thompson.

Tráiler

 

 

            A primera vista, Feliz Navidad, Mr. Lawrence, basada en parte en el conjunto de novelas La semilla y el sembrador del surafricano Laurence van der Post, intérprete forzoso en un campo de prisioneros japonés, aparece ante el espectador con el recuerdo de la mítica El puente sobre el río Kwai por delante: flemáticos prisioneros británicos, inescrutables y sádicos soldados japoneses y la selva inexpugnable de por medio actuando de barrera simbólica para un entendimiento imposible o improbable en un choque cultural improcedente y sangriento.

De hecho, ese coronel Lawrence, aspirante a conseguir una concordia utópica en su papel de nexo de unión entre cautivos y captores, rechazado por ambas partes como traidor o extranjero, y su estoicidad, a veces rayana en lo pusilánime, bien podría encuadrarse en el pelotón de su homólogo Nichols, otro militar empeñado en civilizar lo incivilizable.

Sin embargo, es esta una obra de Nagisa Oshima, autor reconocido entonces a nivel mundial por El imperio de los sentidos y El imperio de la pasión, descarnado poeta de la muerte y el sexo como partes esenciales, a veces indisociables, del ser humano; y protagonizada por dos estrellas de la música de Oriente y Occidente: Ryûichi Sakamoto, a la sazón compositor de la banda sonora, y David Bowie. Ambos, tipos inclasificables, poseedores de una andrógina ambigüedad; una elección deliberada con el objetivo de impregnar el aire de la escena de una omnipresente tensión homoerótica.

            Considerando estas premisas, Feliz Navidad, Mr. Lawrence es una película atípica dentro de su categoría. No se centra en la huida, la rebelión o la supervivencia, sino que trata de exponer un entendimiento entre culturas nacido de la víscera, por medio del amor homosexual, imposibilitado por la represión de unos códigos ancestrales, anacrónicos y poco comprensivos con la naturaleza humana en el caso de la parte japonesa –tabúes en los que Oshima reincidirá en la última cinta de su filmografía, Gohatto-, más atenuados pero aún presentes en el bando occidental, escasamente proclive a valorar o aceptar al diferente –el caso del hermano deforme de Celliers-; toda vez descartada la educada cordialidad por la que pugna Lawrence, con frutos escuetos, puntuales y discretos, sin embargo bastante significativos.

            Original y sentida, con un buen tratamiento de personajes y ciertos momentos de notable intensidad emocional, Feliz Navidad, Mr. Lawrence quizás no logra materializar finalmente en su conjunto la fuerza necesaria para erigirse en gran película, ni termina de alcanzar la maestría en determinadas escenas, algo deslavazadas, como por ejemplo en la introducción de flashbacks.

Aún así, consigue dejar un grato recuerdo.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,9. 

Nota del blog: 6,5.

Amphibious 3D

26 Ene

“Ninguna buena película es deprimente. Todas las películas malas son deprimentes.”

Roger Ebert

 

 

Amphibious 3D

 

Año: 2010.

Director: Brian Yuzna.

Reparto: Monica Sayangbati, Janna Fasaert, Michael Paré, Francis Bosco.

Tráiler

 

 

            Brian Yuzna, director, productor y guionista de género, apasionado por su trabajo, experto en el splatter con guindas de humor y dueño de un talento que se definiría con cierta amabilidad como irregular, apuraba el primer cambio de década del milenio, paralelo a la pérdida de encanto y decadencia de su obra, en el viejo continente, en especial a las órdenes de productora española Filmax, de la cual dirige su terrorífica, en sentido amplio, división Fantasy Films, a través de la cual, desde la producción y la dirección, abrirá el horizonte del cine patrio en los géneros fantástico y de terror.

De su actividad se podrán rescatar loables intentos como el de tratar de asentar el terror gótico español con la fallida Romasanta o el surgimiento de nombres como uno de los abanderados del nuevo, exitoso y exportable horror español, como Jaume Balagueró con Darkness o Paco Plaza con la anterior.

            Auspiciado ahora por la discreta industria cinematográfica holandesa, localizada en sus antiguos y exóticos territorios de ultramar -Indonesia, anteriores Indias Orientales neerlandesas- y rodada con un desopilante 3D anunciado a bombo y platillo, destinado a las mejores pantallas de portátil, Yuzna traslada sus andanzas a los Mares del Sur, lugar donde un antediluviano monstruo marino se dedicará a aterrorizar a los habitantes de una plataforma pesquera mantenida por medio de la esclavitud infantil –la excolonia, ese dechado de vicios y corrupciones, lo que también permite el tópico del niño especial como elemento inquietante por su conexión espiritual con la criatura-, así como a los tripulantes, más civilizados, del bote alquilado por una trabajadora bióloga marina con cicatrices de madre desatenta sin cerrar, un marinero occidental desastrado y vividor y su fiel ayudante local.

            Con un esquema típico que había practicado en Arachnid en la producción y Rottweiler tras las cámaras: un grupo de variopintas personas, personajes tan planos que compensan la imagen tridimensional, maniqueos, dibujados con el tópico como brocha, que tratan de escapar de la muerte o sucumben sangrientamente a ella, encarnada por un ser salvaje sobrenatural –araña gigante, perro biónico, escorpión marino prehistórico-.

            Yuzna conduce con ritmo esclerótico y nula tensión o sensación de inquietud una película cuyo argumento no está preparado para durar más de veinte minutos, no digamos ya una alargada casi hora y media. Sin planificación más allá del un monstruo-mata-gente, mal dirigida, peor interpretada y con un ser poco sugerente, Amphibious no logra conseguir llegar a los mínimos de distracción o gracia cutre que pueden exigirse a una película de sus características y pretensiones.

Enervante coñazo.

 

Nota IMDB: 5.

Nota FilmAffinity: 2,3.

Nota del blog: 2.

El año que vivimos peligrosamente

6 Ene

“A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.”

Oscar Wilde

 

 

El año que vivimos peligrosamente

 

Año: 1982.

Director: Peter Weir.

Reparto: Mel Gibson, Linda Hunt, Sigourney Weaver, Bembol Roco.

Tráiler

 

 

            ¿Puede haber algo más estimulante para un licenciado en historia apasionado de los procesos de la política internacional en el siglo XX, periodista en ciernes y emigrante ocasional que El año que vivimos peligrosamente?

            Un inexperto reportero australiano, Guy Hamilton (Mel Gibson), se enfrenta a su primera corresponsalía en la Indonesia de Sukarno, tiempos convulsos e impredecibles, de miedos y de esperanzas, entre los que se abría paso un país recién nacido en un mundo totalmente nuevo, simbolizado a su vez en la nueva vida de ese periodista en su sentido más romántico.

Una aventura exótica y urbana, con el sabor de los dramas coloniales clásicos y una realización impecable, maravillosamente lírica y jugosamente profunda, empapada de antiguos misterios y pasiones a flor de piel, en la que el hombre blanco es un ser impostado, ajeno a un lugar al que no pertenece y en el que vive ignorante e impotente como un niño engreído, fatuo y malcriado.

Es el fotógrafo Billy Kwan (Linda Hunt) el único capaz de imbuirse en cuerpo y alma en los secretos de esas tierras ignotas, de comprender los ocultos hilos que mueven la existencia, quien guía los pasos de Hamilton en el despertar de su conciencia a la realidad inapreciable a los ojos del orgulloso y decadente Occidente, al mismo tiempo que le descubre, titiritero omnisciente oculto tras el telón, las puertas que conducen a la verdadera felicidad: el amor incondicional y sin barreras. Es el sabio humilde y lúcido al que los atrevidos y engreídos representantes de la superioridad del Primer (y único) Mundo ningunean y tachan de ingenuo, si bien encarna al mismo tiempo el ascenso de las ilusiones y la caída en la amarga decepción de ese último idealismo que creía que esta vez sí todo era posible.

Simples siluetas en el gran teatro de la vida.

            Weir vuelve a demostrar que, aparte de un director dueño de una encomiable sensibilidad y elegancia, es también único captando y creado ambientes, como ya había logrado con el onirismo hipnótico, turbadoramente plácido pero pegajoso que impregnaba Picnic en Hanging Rock, el más inquietante, anuncio de la pesadilla, de La última ola o la tensión, el miedo latente y la camaradería de la amarga Gallipoli. Se experimenta ese nerviosismo, excitación y ansiedad del contacto con lo extraño, con la aventura; se palpa ese romance torrencial en el calor del trópico; se siente la desolación de los sueños rotos y el vacío de las ilusiones perdidas.

             Linda Hunt –galardonada con un Oscar– está formidable en su papel del pequeño Billy, cuya complejidad colma mediante una actuación llena de matices e inflexiones, aportando desde ese extraño travestismo un cierto halo en su mirada a Hamilton que sugiere algo más que la pura devoción y expectación. Tanto Gibson –en su consagración definitiva, y con quien Weir ya había trabajado en Gallipoli– como Weaver también están magníficos.

Excelente película.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 10.

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