El árbol de la vida

10 Oct

“La vida consiste en arder en preguntas.”

Antonin Artaud

 

 

El árbol de la vida

 

Año: 2011.

Director: Terrence Malick.

Reparto: Hunter McCracken, Jessica Chastain, Brad Pitt, Laramie Eppler, Tye Sheridan, Sean Penn.

Tráiler

 

 

            La filmografía de Terrence Malick presenta a un ser humano como parte de un todo, de una obra conjunta, y en constante búsqueda interior, que se pregunta sobre sí mismo, sobre la vida y la muerte, sobre la Naturaleza, sobre la divinidad.

El árbol de la vida es el filme ejemplar de Malick, su mirada más abstracta y simbólica y que más directamente aborda estas cuestiones existenciales. Quiénes somos, por qué estamos aquí, cuál es el propósito. Unas preguntas que nacen y se desarrollan en nosotros a lo largo de toda una vida.

            Es el recorrido introspectivo que comienza en el edén idílico de la primera infancia, la madre, donde todo tiene el sentido de lo que no hay que buscarle significado más allá de lo que se intuye desde el sentimiento.

Más tarde es el padre, Dios en cierta manera, amante y severo, inescrutable y contradictorio, que supone la pérdida de la inocencia, el contacto con la realidad en toda su forma, no siempre bella, con lo prosaico y lo doloroso. Una inexplicable pérdida del paraíso ante la que desde la decepción se oponen formas de rebelión desorientada, de cuestionamiento de una autoridad que ha desvelado imperfecciones que no existían y ahora incluso se aprecian en él, que ni todo lo sabía, ni todo lo podía, nada más que un hombre que también se encuentra buscando unas respuestas que no alcanza, perdido en medio del todo.

            Malick explora los misterios que se encuentran tanto en nuestro interior como en el Universo mismo -¿acaso no somos cada uno un universo particular, intransferible?-, preguntas que toda persona ha de descubrir en su camino, probablemente sin hallar contestación en su mayor parte.

            El árbol de la vida no es un pretencioso y vacuo ejercicio de estilo. Nada en ella es gratuito, desde esa sinfonía de la creación hasta los pequeños juegos y la complicidad entre los hermanos. Un gesto, una imagen quizás al azar, una escena de apariencia intrascendente, contienen más profundidad, sentido, significado, intensidad, poder de evocación, lirismo, dificultad y perdurabilidad que la inmensa mayoría de películas. Una inaudita demostración de precisión, de conocimiento y sensibilidad en la captación y recreación de la esencia de la naturaleza humana, de sabiduría y reflexión filosófica y existencial sobre los procesos mentales y vitales que constituyen al hombre, que la hacen accesible pese a su conceptualismo por la universalidad de sus sentimientos y emociones y su fiel expresión, y que erigen a Malick como uno de los mayores poetas y observadores del ser humano del Séptimo Arte.

Toda una experiencia.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 9,5.

10 comentarios to “El árbol de la vida”

  1. Cosmo Angulo 10 octubre, 2011 a 21:09 #

    Vi la película en la sala de los multicines que menos huele a palomitas, pero con la pantalla más pequeña. Lástima.
    Me recordó enseguida a 2001 la Odisea; aquélla más expresionista, y ésta más contada, por lo que se podría haber titulado tranquilamente, el libro de la vida… Hasta que se detiene en los ojos de un niño, y remueve y revive, desde esta mirada, los olores, los colores, los sonidos, sensaciones y emociones de mi vida. ¿Cómo me gustó ver esta película?

    • elcriticoabulico 10 octubre, 2011 a 21:31 #

      Seguramente también sería una sala con mal sonido, como donde la vi yo.
      El árbol de la vida es de esas películas que justifican el sobrenombre de Séptimo Arte que tiene el cine. Pero, como digo, es un arte que, superando la grandilocuencia sobrecogedora de las escenas del universo, nace sobre todo de los pequeños gestos y sensaciones, para lo cual Malick siempre ha demostrado una sensibilidad impresionante para captar la esencia de un sentir y unas vivencias que nos permiten identificarnos con unos personajes en cierto modo extrapolables a todo individuo.
      Sí, me recordó a 2001: Una odisea del espacio, que vi más joven y he de reconocer que no entendí y he de volver a ver; también en algún aspecto a La fuente de la vida, donde ahí sí el rimbombante y pretencioso envoltorio devoraba al contenido, dejándolo sin intensidad. Esta es una magia que Malick consigue como ninguno, desde su estilo, desde su mirada personal.
      Arte, pero en esencia sentimiento.

  2. El Tusos 11 octubre, 2011 a 13:45 #

    Una gran crítica para una gran película, Sr. Abúlico. Algo totalmente diferente a todo lo que he visto en una pantalla de cine (aún tengo pendiente “2001: una odisea…”). Imágenes profundas que aturden sentidos y mente por igual y un guión que dice mucho más que cualquier otra película y sin apenas rellenar páginas. Un gran trabajo desde luego. La gran banda sonora que envuelve el conjunto enfatiza más si cabe todo lo dicho. ¡Imprescindible verla en una gran y absorbente pantalla de cine!
    En el apartado interpretativo me gusta ver que los niños parecen durante toda la película niños reales, ajenos a una cámara, porque si llega a estar rodada en España con actores de aquí posiblemente sería una ruina de obra de colegio.

    • elcriticoabulico 11 octubre, 2011 a 15:26 #

      Lo que pasa es que Malick quiere rizar el rizo (se oyen muchas acusaciones en este sentido), pero es que lo consigue. Y es curioso que para un tema tan elevado, arriesgado y ambicioso, dificilísimo de llevar a la pantalla, nada me suene a impostura.
      Creo que Malick actúa siempre con honradez, sin pedantería, sin renunciar a un estilo particularísimo e intransferible que obviamente no le hace un director de masas (¿y qué?); reflexivo, introspectivo (qué manejo tiene este hombre de la voz en off, habitualmente un recurso burdo y facilón), maestro en crear trascendencia tanto a partir de las pequeñas cosas como de las grandes.
      Además, es un gran director de actores, siempre se da esa naturalidad y viveza en los gestos, en las acciones (impagable el niño Hunter McCracken, no menos sus “hermanos” Laramie Eppler y Tye Sheridan y el resto del reparto, en definitiva); hechos que revelan un trabajo arduo de dirección que se extiende también a la meticulosidad en la factura técnica, desde la fotografía, la puesta en escena, los planos y el manejo de la cámara y, no menos importante, el uso de la banda sonora en la plasmación de emociones. El Lacrimosa de Zbigniew Preisner pone los pelos de punta y Alexandre Desplat, usando sobre todo el Les Baricades Mistérieuses de Couperin como leitmotiv de la banda sonora, vuelve a confirmarse como uno de los compositores más interesantes del panorama actual.
      El resultado es este: obras de enorme enjundia, de majestuosa belleza y de gran pervivencia en la memoria.

  3. ALTAICAaltaica 27 diciembre, 2012 a 01:02 #

    Me temo lo peor, pero seguiremos con Malick. Son apuestas que están en el filo de la navaja y es ahí donde a algunos os entusiasma y a otros nos repele. A fin de cuentas eso es el arte.

  4. altaica 20 abril, 2014 a 17:27 #

    Espero y deseo que Malick haya hecho su “película”, esto es, su última y definitiva película, pues después de alguna que otra homilía previa, ésta puede ser su gran homilía cósmica.

    Habría que reconocerle una ingeniería formal superlativa, obviamente no en cuento a paisajes, efectos virtuales o informáticos, y sí en la ejecución de metáforas, símbolos, planos y secuencias ciertamente superiores, pero obviamente no es eso solo el cine.

    Aquí ya su pretensión se expande de tal forma y manera que la homilía se hace por momentos ridícula, sobre todo en esa media hora final en la que el amor lo puede todo, lo inunda todo en una suerte de limbo vs cielo vestido a modo de morada blanca. Desierto blanco que acoge a generaciones de vivos y de muertos, los afectos en la pérdida, y las miserias, grandezas y sentimientos que a todos anuda, para plasmar el resultado final de esa búsqueda a modo de pía soflama familiar o universal.

    La pérdida vs muerte como motor de la pregunta, la duda y la exigencia. El padre como Dios y la madre como Naturaleza. Sí, aquello que al comienzo de esta homilía cósmica indicaban las monjas, “el hombre tiene dos caminos, el divino y el natural”, más añadidos a ese texto que bien pueden producir reflexión o espanto, según las creencias, formación o resultados personales.

    Una obra tan personal o universal, pretenciosa o sincera, lírica o ridícula, sencilla o compleja, simbólica o evidente, afectada o bellísima… Un milagro vs infierno que se puede mostrar prodigioso o estrafalario. Al menos he apreciado su capacidad simbólica y la ejecución pirotécnica pero hermosísima de algunos planos y secuencias, de auténtico maestro. En lo demás pues ya sabes lo que pudo llegar a pensar de su homilía cósmica, la voz en of, y el inmenso periplo que nos depara esta película, desde el Big Bang, la formación de la tierra, las primeras y sencillas formas de vida, hasta el perdón del dinosaurio depredador al retoño del saurio herbívoro, o las más pragmáticas y líricas formulaciones maternas, familiares…, y la brutalidad de la pérdida y la entrada en el mundo real y adulto, la vida. Lo dicho, estamos ante un nuevo profeta cósmico que me produce sopor, me importan un comino sus reflexiones filosófico religiosas y que sí se configura como un maestro del simbolismo y de una ejecución formal y metafórica indiscutible, al menos en esta película.

    • elcriticoabulico 21 abril, 2014 a 01:04 #

      Ya te dije: bajo tu responsabilidad. No pretendo convencer a nadie, pero donde encontraste sopor yo encontré una belleza sobrecogedora, -poderosísimas imágenes, enorme dirección de actores-, una sensibilidad sublime -el reflejo de esa infancia, más allá de mensajes teológicos, es magnífico- y una película fascinante. Y eso que disto mucho de ser creyente de cualquier cosa. Pretenciosísima, sí. Pero llega al listón que se marca, desde mi punto de vista. Como dices, en la percepción del espectador no queda lugar para términos medios, desde luego

  5. altaica 21 abril, 2014 a 01:30 #

    Lo más curioso de Malick, no solo es lo que tú indicadas sobre su capacidad de transmitir sentimientos y complejidades con ciertos planos y con el silencio, también la complejidad simbólica que le otorga (como el plano de una hoja en el suelo ya gastada y de color sepia que el viento la arrastra para indicarnos un cambio que seguidamente afronta), formulados desde un estudio estético y técnico previo más propio de perfeccionismo Kubrickiano, que se hace esencial para formular desde el plano visual.

    Sí es de agradecer en “El árbol de la vida” que Malick en esta película se desnuda para siempre y, frente a otras obras suyas donde el uso del calzador se me antoja demasiado evidente e insoportable, realizando, tal vez, la película que siempre quiso hacer, para lo bueno y para lo malo. En tal sentido aquí su director es más puro y auténtico, es más él que nunca y se sincera sopena de ser amado más aún o incomprendido para siempre.

    • elcriticoabulico 21 abril, 2014 a 02:29 #

      La enorme ambición de la película es consecuencia directa de un anhelo interior de Malick de contar “el todo”, una aspiración acorde a su cometido de profesor de filosofía y estudioso de la religión y el hombre. Dentro de lo personalísimo de su cine, quizás sí sea la obra que le sale más de su interior, por así decirlo.

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