Tag Archives: Misión

Mar de fondo

6 Sep

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Año: 1931.

Director: John Ford.

Reparto: George O’Brien, Marion Lessing, Steve Pendleton, Henry Victor, John Loder, Walter C. Kelly, Warren Hymer, Walter McGrail, Larry Kent, Mona Maris.

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          John Ford parecía sentir fascinación por los submarinos en el arranque de su andadura en el cine bélico. A comienzos de los años treinta, encadena la dirección de Tragedia submarina, una terrible historia de naufragios, y Mar de fondo, acerca de una misión secreta para hundir un sumergible alemán U-172 frente a las costas canarias en la Primera Guerra Mundial.

          Aunque todavía toscos y demasiado artificiosos, Mar de fondo muestra algunos rasgos dramáticos cercanos al concepto de heroicismo presente en la obra del autor, donde se conjuga el sentido del deber llevado hasta el sacrificio, la comicidad cotidiana del contingente militar tornado en familia -el humor como muestra de humanidad- y cierta pátina de melancolía que aparece incluso en la victoria. Por ejemplo, el Mike Costello que aquí interpreta Walter C. Kelly prefigura los contrapuntos cómicos que, más adelante, encarnará Victor McLaglen en el ocaso de su carrera, repletos de tempestuosidad irlandesa, batallitas fantasiosas, querencias etílicas y entrega tan abnegada como crítica. El patoso marinero Kaufman también pertenece a esta estirpe de bufones entrañables que aportan un toque de color al grueso de la tropa, aunque su desarrollo es tan primario, o el conjunto que le rodea está tan acartonado, que su función no se completa adecuadamente.

El dibujo de los personajes de Mar de fondo es demasiado romo, consecuencia de un guion -firmado por Dudley Nichols, un habitual de Ford y ya coautor del libreto de la citada Tragedia submarina– no exento de importantes lagunas -el incomprensible entierro flotante, la ingenuidad de unos alemanes a los que se les suponía debidamente informados- y con pegotes tan abrumadoramente innecesarios como cursileros -la subtrama romántica inconstante y sin pies ni cabeza, a la que al menos se esconde en un segundo plano-. En cambio, mejor fortuna corre el retrato digno del enemigo, dueño también de sentido de la camaradería y del honor, de sentimientos y motivaciones -¡si hasta preguntan preocupados por su madre!-. La guerra en el mar siempre ha gozado de una reputación de mayor caballerosidad que los cruentos combates en tierra firme.

          En lo relativo al estilo visual del filme, algo semejante ocurre con una puesta en escena por lo general un tanto plana, convencionalidad que se rompe con la crudeza de algunos momentos próximos al verismo documental, en incursiones exóticas como la pintoresca y seductora escena de baile en la taberna y, especialmente, en el dramatismo contenido que se respira durante la resistencia frente al bombardeo, expuesta con una acción bastante elemental pero un gran dominio de la tensión narrativa.

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Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6.

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Dunkerque

26 Jul

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Año: 2017.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Fionn Whitehead, Aneurin Barnard, Mark Rylance, Barry Keoghan, Tom Glynn-Carney, Cillian Murphy, Tom Hardy, Jack Lowden, Kenneth Branagh, James D’Arcy, Harry Styles.

Tráiler

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         Como prestigioso director de blockbusters, el estilo narrativo de Christopher Nolan tiende al encadenamiento constante y la acumulación de escenas climáticas, a la construcción de colosales arquitecturas de montaje cuyos ramales colisionan entre sí a ritmo trepidante. El frenesí bélico, por tanto, semeja campo abonado para la aplicación de esta estructura de altas revoluciones, de tensión límite sostenida con tiralíneas.

En este sentido, Dunkerque reconstruye esta batalla y evacuación aliada en la Segunda Guerra Mundial frente al entonces imparable enemigo nazi utilizando como plantilla el esquema que Nolan aplicaba en la operación central de Origen, donde tres capas del subconsciente, desplegadas en diferentes espacios temporales, convergían a contrarreloj en dirección a un mismo objetivo. Y es similar asimismo a la que se desarrollaba a través de distintas dimensiones espaciotemporales en la todavía más ambiciosa Interstellar. Esto es, tres escenarios -el espigón de la ciudad sitiada, la travesía de una embarcación de ocio levada para el rescate del contingente y la misión de un avión de combate de la RAF; tierra, mar y aire- que avanzan de dificultad en dificultad, de peligro en peligro, de imposible en imposible, hasta el desenlace ansiado, mientras desde la banda sonora de Hans Zimmer -traductor musical del torbellino gramatical del cineasta británico- no deja de sonar el tictac del cronómetro.

         Desde el primer momento, Dunkerque apabulla al espectador y lo empuja contra la butaca. El caos, bien organizado visualmente, eleva la adrenalina a la par que el instinto de supervivencia mueve al soldado raso o que el templado aviador persigue, derriba y escapa de los stukas alemanes. El sonido es ensordecedor, los proyectiles parecen caer en la sala y las balas rebotar en sus paredes. El suelo tiembla con los estallidos y también con el ritmo y el volumen creciente de la partitura del compositor alemán. La guerra como espectáculo. Dunkerque es una película tremendamente dinámica. Nolan hace gala de su férreo dominio del tempo y el montaje, que coordina y encaja al milímetro este rompecabezas de tres caras. Su pretensión apunta a sentir la batalla, no tanto a crear un marco reflexivo entorno a ella. Quizás por esta razón, debajo del ruido y la furia -y del entretenimiento-, hay cierta sensación de vacío, de ausencia de alma.

         Si la aparatosidad formal y conceptual de Interstellar servía para exponer un discurso sensiblero, en Dunkerque el apartado humano, más allá de apuntes sobre el salvajismo del hombre reducido a bestia que intenta salvar su pellejo, es más escaso que contenido. O, mejor dicho, cuando aparece es un tanto tópico -la abnegación del piloto Farrier- o directamente pueril -el pequeño George, orgulloso de hacer algo verdaderamente grande, personificación del sacrificio civil británico en el conflicto-.

La obra agradece que, con relativa honestidad, el guion no abunde en exceso en melodramatismos heroicos -dejando de lado el enfático alegato final- y que, por encima de ello, el tercio de la playa consiga arrojar imágenes de inquietante, penetrante y fantasmagórica desesperación -el episodio del amanecer que sigue al torpedeo del barco de rescate-. Protagonizada por Fionn Whitehead -un actor que parece sacado del Free Cinema-, es esta la trama más sugerente y con mayores posibilidades -cinematográficas y filosóficas-, sobre todo en comparación con todo lo que ocurre a bordo del bote de recreo, a pesar de que cuenta aquí con la sólida presencia de Mark Rylance. Pero al compartir metraje con los otros dos segmentos, su potencial se diluye en parte y desaprovecha.

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Nota IMDB: 8,7.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7.

Munich

10 Jul

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Año: 2005.

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler, Ayelet Zurer, Geoffrey Rush, Mathieu Amalric, Michael Lonsdale, Valeria Bruni Tedeschi, Marie-Josée Croze.

Tráiler

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         Sería interesante una sesión doble con La lista de Schindler y Munich, dos películas pertenecientes a la versión ‘seria’ y ‘adulta’ de un autor que en su conciencia cinematográfica siente el peso del apodo de Rey Midas de Hollywood y trata de subvertirlo a partir de un cierto compromiso social que le lleva a sumergirse en capítulos problemáticos de la historia contemporánea. En este caso, bien valdría enfrentar su relato del Holocausto, en el que homenajea su ascendencia judía, con su revisión de las consecuencias que aparejan las decisiones del joven Estado de Israel, que, al mismo tiempo, son en buena medida fruto del hecho anterior. “Otra vez judíos perseguidos y asesinados en Alemania”, lamenta el personaje que representa a la primera ministra israelí, Golda Meir, cuando analiza el secuestro y asesinato de los atletas de la delegación hebrea en la olimpiadas de 1972 en Munich.

         El juego con los paralelismos y las oposiciones, de hecho, es una constante en la película de Spielberg. A la relación de nombres de los caídos, se contrapone la relación de nombres de los palestinos convertidos en objetivos de los servicios secretos. Al dolor de la familia de los secuestrados ametrallados, se contrapone el dolor de la familia de los secuestradores abatidos. Al asalto de la villa olímpica muniquesa, todo titubeos e incertidumbre en los terroristas, se contrapone el asalto a los cuarteles de Beirut, todo determinación y eficacia homicida por los soldados israelíes. A los progresos del protagonista en su misión se contrapone el descubrimiento al detalle del incidente que da al lugar a esta gélida y tenebrosa explosión de violencia.

Bañada por el pesimismo y la oscuridad moral del cine de espionaje de los sesenta y setenta -equiparable además al contexto internacional contemporáneo de lucha contra el yihadismo global-, Munich describe la destrucción del presunto héroe anónimo, un individuo cualquiera a quien, en nombre del patriotismo y la sangre, se le entrega la misión de regenerar ojo por ojo el bienestar de una nación sufriente y que busca legitimaciones en su traumático itinerario histórico. Así, desde un enrolamiento convencido en un Israel soleado, en el que forma parte de una comunidad humana sonriente y hermanda al compartir el pan entorno a la mesa, el filme se adentra progresivamente en unos escenarios sombríos, confusos y decepcionantes donde las certezas se diluyen a la par que despiertan los fantasmas morales e incluso las dudas pragmáticas.

         Spielberg narra con habilidad expresiva y con endemoniado sentido del ritmo -porque este thiller de 164 minutos es entretenidísimo- la remontada por sus particulares meandros del Mekong que, como si fuese el capitán Willard de Apocalipse Now, emprende Avner (Eric Bana), con inaudita parada incluida en una hacienda francesa inesperadamente idílica y propicia para la reflexión distanciada sobre la misión, al igual que ocurría en la versión Redux de la obra maestra de Francis Ford Coppola. Aunque aquí ni siquiera hay un totémico Kurtz al final del camino. En ella no hay iluminación lisérgica, ni despertar, ni concienciación. Pero el absurdo y la desesperación son muy parecidos.

         Munich funciona mejor cuanto más cruda e inhóspita es, puesto que los deslices verbalizadores o de desgarrado lirismo simbólico que arroja de tanto en tanto parecen accesorios y obvios. Sintetiza mejor mediante la acción que mediante la reflexión. A medida que corre hacia adelante, Munich va materializando ese alejamiento del concepto de hogar que, en principio, centra la motivación de los personajes. Se revela su artificialidad en su aspecto, en los acentos de sus gentes, en sus personalidades y costumbres heterogéneas, en su ser.

El descorazonador patetismo de los asesinatos -que comienzan con el fusilamiento torpe y lamentable de un intelectual y concluyen con un agresivamente frío y sórdido acribillamiento de una mujer-, la debilidad de las excusas que sustentan la masacre en curso o el desmoronamiento progresivo de cualquier certeza a nivel personal, moral o político son suficientemente demoledoras para dibujar por sí solas este arco hacia la oscuridad que recorre un Avner que comienza su andadura como un atlético y comprometido padre de familia para degradarse progresivamente en un cadáver vaciado física y espiritualmente, semejante al niño Florya Gaishun de Masacre: ven y mira que barría el horror del frente oriental de la Segunda Guerra Mundial y, aun así, todavía conservaba los redaños de humanidad para diferenciar el bien del mal ante el retrato mismo del enemigo. La precisión con la que se ejecutan los primeros encargos se disuelve igualmente en escenas desconcentradas, donde esta vez la intriga no precede tanto de la tensión del mecano activado, sino de los temores que arrecian durante la tarea letal.

         El filme fue ampliamente repudiado por sectores de opinión de Israel y Estados Unidos por la versión comprensiva que se ofrecía del Septiembre Negro palestino y la desconfianza acerca de los procedimientos de contraterrorismo israelíes, a pesar de que, extrañamente, se excluyen capítulos que a priori concuerdan con exactitud con el tono apesadumbrado de la obra como el asesinato por error de un camarero marroquí en Noruega, confundido con el ambicionado Alí Hassan Salameh.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8.

El último deber

24 Oct

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Año: 1973.

Director: Hal Ashby.

Reparto: Jack Nicholson, Randy Quaid, Otis Young.

Tráiler

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           Hay un elefante en los fotogramas de El último deber. Enorme, al que apenas se le cita de pasada, pero que ejerce sobre ellos todo el peso de su tonelaje.

           Dos soldados de la marina, desengañados y rebeldes, conducen a un tercero, cleptómano inocentón, a la cárcel militar de Portsmouth, donde pagará con ocho años de su vida –en el mejor de los casos- el hecho de haber robado 40 dólares de la colecta solidaria contra la polio organizada por la mujer del Almirante.

Es decir, una condena manifiestamente estúpida, culpable de arruinar la vida a un muchacho en la flor de la juventud, y que en realidad se erige como una versión camuflada y reducida de la sentencia que, con mayor crueldad, impone en esos momentos la Guerra de Vietnam sobre toda una generación de estadounidenses, sacrificada por la tendencia del país a meterse en conflictos de manera compulsiva.

La voluntad subversiva del filme, común a personalidades destacadas del equipo como el cineasta Hal Ashby o el protagonista Jack Nicholson, no se restringe por tanto a la procacidad verista del lenguaje empleado por sus insumisos personajes –responsable por cierto de la demora en la producción del proyecto inicial-, sino que se extiende por un argumento que, bajo su apariencia sencilla y casi inocua, termina por dejar tras de sí un sabor de boca de intensa amargura.

           Ashby, que en su carrera encontraría en la convivencia de personalidades extremas y marginales uno de sus mayores filones –Harold y Maude-, maneja con fortuna esa gama de emociones que, desde la aventura naif de buddy movie, se van tornando hacia el punzante pesimismo que se impone a medida que se aproxima el inexorable desenlace del itinerario. Aunque conocido desde el comienzo del viaje, su desapacible frialdad ya estaba presente hasta en las escenas más frívolas y engañosamente triviales –la sal de la vida que este par de pícaros descubre altruistamente a su nuevo compañero-, en forma de un temporal de nieve y viento que no cesa.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

Redada asesina (The Raid)

24 Oct

“Vamos a llevarnos bien, porque si no van a haber hondonadas de hostias aquí ¿eh?”

Pazos (Airbag)

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Redada asesina (The Raid)

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Redada asesina (The Raid).

Año: 2011.

Director: Gareth Evans.

Reparto: Iko Uwais, Donny Alamsyan, Pierre Gruno, Ray Sahetapy, Joe Taslim, Yayan Ruhian, Tegar Satrya, Iang Darmawan.

Tráiler

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            Cuando a al cine de acción de occidente se le suelen agotar las ideas -cosa que ocurre a menudo-, acostumbra a volver la vista al lejano oriente: el Hong Kong de los Shaw Brothers primero y de John Woo después, la furia japonesa del cine de yakuzas, la creatividad y el virtuosismo formal de la corea contemporánea,… Industrias prestigiosas y consolidadas que, al final, en un acto de simbiosis, depredación o parasitismo por parte de Hollywood, terminan por exportar a América sus técnicos y realizadores más cualificados, así como, en forma de remake, la plantilla de sus obras más conocidas.

            Una de las sensaciones en el cine de acción de las últimas temporadas provino también de las costas asiáticas del Pacífico, si bien desde la pequeña factoría indonesia, con escaso predicamento internacional en salas e incluso certámenes especializados –eso sí, el director y guionista es el galés Gareth Evans, no obstante radicado en el país y su cine desde tiempo atrás- . El asunto es que, entre las rendijas del boca a boca, los pases en festivales como Sundance y Toronto y el empuje de las plataformas piratas, Redada asesina (The Raid) se coló como uno de los productos del año en el género. Su secreto: el estilo directo, sin contemplaciones ni excusas innecesarias, amén de unas coreografías espectaculares que no dejan respiro ni a intérpretes ni a espectadores.

            La excusa argumental, que recuerda a precedentes hongkoneses como Peace Hotel y Breaking News, no puede estar más esquematizada: un grupo de policías de élite se adentra en un bloque de edificios donde reside el Mal; es decir, todos los delincuentes, narcotraficantes y asesinos de los bajos fondos, refugiados por un patrón de la mafia yakartesa. Aunque a la trama tampoco le falta la coartada melodramática tradicional en el cine oriental de artes marciales –los hermanos antitéticos, con el héroe inmaculado y la oveja descarriada- ni cierto repaso a la corrupción endémica del estamento policial nativo, el livianísimo peso del libreto, reducido a apenas microgramos, permite que Redada asesina vuele a velocidad supersónica en un torbellino de hostias de todo tipo y calibre.

Un clímax de violencia continuada y rodado en tomas donde el montaje pasa desapercibido en favor de la fluidez del movimiento de los personajes a lo largo, ancho y alto de un escenario de interminables habitaciones y pasillos; imparable aunque en absoluto caótico. No hay más. Como si el séptimo de caballería se hubiera metido, caballos incluidos, en la despedida de soltero de Toro Sentado; como si John McClaine hubiera retornado después de lustros de entrenamiento en Tailandia para reventar a base de bien el Nakatomi Plaza secuestrado por Hans Gruber; como [•Rec] convertido en un ballet brutal de zombis con machetes y ametralladoras.

            Hollywood ya prepara el remake. Indonesia ya ha estrenado su secuela.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6.

Firefox, el arma definitiva

24 Sep

“Si quieres garantía, compra una tostadora.”

Nick Pulovski (El principiante)

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Firefox, el arma definitiva

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Año: 1982.

Director: Clint Eastwood.

Reparto: Clint Eastwood, Freddie Jones, David Huffman, Warren Clarke, Ronald Lacey, Kenneth Colley, Klaus Löwitsch, Nigel Hawthorne, Stefan Schnabel.

Tráiler

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            El cambio de década entre los setenta y los ochenta no sería particularmente propicio para el Clint Eastwood director. Después de estrenar Ruta suicida y Bronco Billy, Firefox, el arma definitiva cerraría una terna de discretas obras menores.

Por su parte, en el aspecto histórico, el ascenso al poder del conservador Ronald Reagan inspiraba una beligerancia redoblada en cuanto a la Guerra Fría, la carrera armamentística y las tendencias ideológicas y militares que marcaría a fuego su impronta en el cine de la época, rayano en ocasiones el puro panfleto propagandístico.

            Al igual que John Rambo -icono de estos tiempos de mano fuerte militar contra el soviético y reivindicación del combatiente y el veterano-, el piloto de cazas que en Firefox interpreta un Eastwood poco inspirado arrastra tras de sí las turbias secuelas psicológicas de uno de los episodios calientes de esta Guerra Fría: el traumático conflicto en el Vietnam. No obstante, el guion desaprovecha cierta mirada crítica hacia la intervención en el país asiático y, sobre todo, rechaza profundizar en su trasfondo dramático para reducirlo simplemente a un factor de intriga dentro del desarrollo de la trama.

            El argumento, superficial en su tratamiento de personajes y contexto, aunque enrevesado y de dudosa verosimilitud en su vertiente de espionaje, plantea el robo de un nuevo modelo de avión ruso controlado por la mente e indetectable para los radares (contradictoriamente, luego se verá que no tanto).

De este modo, el suspense no pasa de resultar funcional dentro de una obra alimenticia en la que Eastwood proporciona escasa muestra de carácter aparte de atreverse con unos trucos visuales deudores de las persecuciones de naves de La guerra de las galaxias, piedra angular en el auge de la ciencia ficción y los efectos especiales que se experimentaba en aquellos años –de hecho, se encarga de los mismos John Dykstra, recomendado por el propio George Lucas, y responsable de los efectos de la primera entrega galáctica-.

            De las cintas más olvidables de Clint.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5.

Objetivo: Birmania

6 Jul

El rey de los crápulas asume con empeño su responsabilidad bélica. En Bandeja de Plata.

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