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La isla mínima

14 Oct

“Al cine americano se le derrota con buenas historias.”

Stephen Frears

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La isla mínima

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La isla mínima.

Año: 2014.

Director: Alberto Rodríguez.

Reparto: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre, Nerea Barros, Ana Tomeno, Jesús Castro, Manolo Solo, Salva Reina, Juan Carlos Villanueva.

Tráiler

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            Después de la estimulante Grupo 7, el realizador sevillano Alberto Rodríguez continúa firme con La isla mínima en su proceso de construcción de un noir español que bucea no tanto en la abundante crónica negra del país, sino más bien en las siniestras tinieblas que oculta la historia nacional reciente, capaces de poner en tela de juicio las indiscutidas luces del milagro económico y el lavado de cara internacional en la anterior y de la supuestamente modélica transición democrática en la presente.

            El escabroso caso de secuestro, violación y asesinato que prende la espita de La isla mínima estalla para desvelar la negrura enquistada en una España de comienzos de los ochenta en cuyas entrañas late todavía con fuerza, como parte imborrable de su naturaleza, la dictadura fascista. El último y abyecto monstruo en el armario del país; tangible en una sociedad violenta e inmadura, en la mentalidad y en el proceder de sus personajes; cuyo hedor corrupto es todavía perceptible hoy a poco que se salga a la calle, que se husmee en las instituciones o los poderes políticos y civiles, tanto oficiales como fácticos. Progreso e inmovilismo, apertura y cerrazón, prosperidad y penuria, gracejo y cerrilidad, mirar para otro lado y “qué hay de lo mío”. No es para menos: los hechos de la película acontecen un año antes del intento de golpe de Estado del 23F.

            Como buen cine negro que se precie -y a pesar de ciertos tópicos del esquema de dúo de policías antitéticos trabajando en equipo, aplicados con cierta rutina-, esta dualidad se extiende a la propia pareja protagonista: un ambicioso detective caído en desgracia por su talante contestatario y descontento (Raúl Arévalo, algo reconcentrado) y un compañero que prefiere anclarse en el olvido y al que se intuyen cicatrices sin sanar en el fondo de sus pupilas (correcto Javier Gutiérrez). La España del futuro que no llega y del pasado que no muere, conviviendo en contaminación, conflicto y sincronía.

            El desarrollo de la investigación avanza denso, grave y pesimista, arropado en una lograda atmósfera que aprovecha de manera excelente el paisaje de las marismas del Guadalquivir donde se enclava el argumento. A pesar de que Rodríguez señala como inspiración la fotografía del desaparecido Atín Aya, resuenan en los fotogramas de La isla mínima ecos del gótico sureño estadounidense, con una profunda presencia del misterio impregnada en una naturaleza extraña, terrible y prodigiosa. Ya hacia el desenlace, también de la lluvia incesante y apocalíptica que alimentaba, más que limpiar, la sordidez del Nueva York de Seven.

            Así pues, asentada sobre esta intensa puesta en escena, la trama no requiere de un ritmo trepidante con tramposos giros sorpresa o inyecciones artificiales de tensión –aunque por otro lado Rodríguez ejecute bien las escenas de acción- para sugerir al espectador, resultar absorbente y, en última instancia, desde esa agria perspectiva de poco más de treinta años atrás, devolver una mirada malencarada hacia el presente inmediato.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

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