Down by Law (Bajo el peso de la ley)

14 Feb

Polos iguales que se repelen, cárceles exteriores e interiores y un personaje antijarmuschiano que revienta por los aires la soledad, la incomunicación y la desidia habituales en las criaturas del autor estadounidense. Down by Law (Bajo el peso de la ley), una neo-beat-noir-comedy. Tercera toma de Jim Jarmusch para Ultramundo.

.

.

“Jim Jarmusch es así, le gustan los espacios en blanco, poner a dos personajes frente a frente y que se miren los dedos o miren por la ventana, sin decir nada. Lo que la gente no dice le parece tan importante como lo que dice. Es como los silencios en la música. Tiene que haber algún lugar para ellos.”

Tom Waits

.

.

Down by Law

(Bajo el peso de la ley)

.

Down by Law (Bajo el peso de la ley)

.

Año: 1986.

Director: Jim Jarmusch.

Reparto: John Lurie, Tom Waits, Roberto Benigni, Nicoletta Braschi, Ellen Barkin, Billie Neal.

Tráiler

.

            Gracias a la obra de culto Extraños en el paraíso –expansión del cortometraje original Stranger than Paradise– y a su reconocimiento crítico de la mano de la Cámera d’Or -el premio destinado a reconocer el potencial futuro de los autores emergentes del panorama internacional- en el certamen de Cannes, festival de los festivales cinematográficos, el estadounidense Jim Jarmusch recibiría el espaldarazo definitivo para que por fin se convenciera de que, en efecto, el arte que mejor se amoldaba a su sensibilidad polifacética era el cine.

Dos años después, Jarmusch retornaría al festival de Cannes -donde andando el tiempo se convertirá en uno de sus rostros habituales- con una nueva producción bajo el brazo: Down by Law (Bajo el peso de la ley). Quizás muestra de su renovada confianza en sí mismo, el cineasta había financiado el proyecto con lo que él denomina “capital americano”. No es casual la alusión: se trata de la única ocasión en su trayectoria en que recurra para sus películas a dinero de procedencia nacional y, por así decirlo, ajeno a su círculo de confianza, puesto que, a causa de su espíritu libérrimo y por tanto condenado a una independencia marginal, el realizador de Akron, Ohio, desconfía de las imposiciones argumentales y/o artísticas que éste suele traer asociadas consigo.

Pero con injerencia externa o sin ella, Down by Law es una película que, por descontado, presenta los rasgos inconfundibles del universo poético, melancólico, derrotado y lacónico de su creador. Él mismo definirá la propuesta como una ‘neo-beat-noir-comedy’; un batiburrillo de vocablos y adscripciones genéricas que, a fin de cuentas, vienen a expresar esa multiplicidad de influencias cinéfilas, variedades tonales, complejidades lingüísticas y particularidades argumentales que caracterizan este microcosmos tan complejo como perfectamente identificable, tanto por los personajes que se asoman a sus fotogramas, como por la estética que domina el conjunto, como por el estilo narrativo empleado para desarrollarlo.

            Jarmusch prolonga su romance con el celuloide en blanco y negro que tan buenos réditos le había reportado en esa sucesión de corto y largometraje formada por Stranger than Paradise y Extraños en el paraíso. Solo que, en esta ocasión, no contará como director de fotografía con Tom DiCillo, quien también había estado presente en su debut como director, Permanent Vacation, y emprenderá así la primera de sus colaboraciones con el antillano Robby Müller, que en adelante repetirá alianza artística en Mystery Train –donde Jarmusch se atreverá a explorar las posibilidades expresivas de la paleta cromática-, Dead Man –de nuevo con la escala de grises- y Ghost Dog, el camino del samurái.

Para el reparto, el cineasta recurrirá una vez más a su fascinación por el mundo de la música y regalará los dos papeles principales a John Lurie –músico underground que ya aparecía en todos sus proyectos precedentes- y, por primera vez, al genial Tom Waits, con quien asimismo contará testimonialmente como actor en la venidera Mystery Train –donde solo aparece su voz en el papel de un DJ que en realidad homenajea al personaje que encarna en la presente- y en la obra de recopilación Coffee and Cigarettes –repescado desde el cortometraje Café y cigarrillos: algún lugar en California, en el que comparte cartel con otro músico singular, Iggy Pop-. Por otro lado, aunque restringido al apartado musical, cineasta y músico cruzarán camino nuevamente en Noche en la tierra. El asunto es que, devolviendo el foco a Down by Law, tanto Lurie como Waits participarán en la banda sonora del filme: el primero desempeñando su función habitual de compositor del registro sonoro, jazzístico y de apariencia anárquica, que puebla las cintas de Jarmusch y el segundo sumando para la causa dos temas de su álbum Rain Dogs, que son Jockey Full of Bourbon y Tango Till They’re Sore.

A ellos dos se añade, como tercer pilar del reparto, un elemento extravagante y alborotador: el histrión italiano Roberto Benigni en su primera incursión en terreno estadounidense –y junto a él, andando la trama, también su inseparable esposa Nicoletta Braschi-. La función de su personaje, llamado Roberto al igual que él e incluso revestido mediante la improvisación del cómico de rasgos levemente autobiográficos –el soliloquio acerca de su madre mientras intenta cocinar un conejo en una hoguera-, cumple un cometido de agente de unión, comunicación e interrelación. Un hecho paradójico cuando, curiosamente, es el único partícipe de este atípico trío que no domina en absoluto el inglés.

            La distancia y la incomunicación, pues, son dos de los temas predominantes en Down by Law, establecidos entre dos individuos que, a decir verdad, serían perfectamente intercambiables el uno del otro. Hasta, para martirio de Roberto, comparten similitudes fonéticas en su nombre: Jack (Lurie) y Zack (Waits). La introducción del filme, además, ya se encarga de trazar una línea de conexión metafísica entre ellos. Jarmusch abre el filme con un trávelin lateral, de derecha a izquierda, que encadena imágenes de un cementerio semiabandonado, suburbios urbanos, barriadas marginales y las balconadas de hierro forjado de Nueva Orleans -capital del romanticismo decadente y melómano de los Estados Unidos- hasta alcanzar el rostro dormido de Lurie –quien se desvela de inmediato-; lo que otorga a la secuencia –y por extensión a la función que apenas se inicia- un aura de onirismo de tintes premonitorios, advertencia de uno de esos itinerarios tradicionales en el corpus fílmico del autor. En un movimiento de espejo, que se inicia con la apertura de párpados de la muchacha acostada con Jack, la cámara dibuja un nuevo trávelin, aunque esta vez en dirección contraria, de izquierda y derecha, y recorriendo parajes de lirismo decrépito como los anteriores hasta encontrarse con una nueva apertura de párpados femeninos, en este caso los de la novia de Jack, interpretada por la sugerente y anticlásica Ellen Barkin, que despierta cuando éste aterriza de buena mañana en su apartamento. Un espacio este donde, como hiciera en Extraños en el paraíso, los grafitis desvelan componentes de los personajes y la atmósfera que habitan, en esta ocasión citas como “No es la caída lo que te mata, sino la parada repentina” o “Vivir es como bailar el limbo: es cuestión de cuánto consigues doblarte, no de lo bajo que puedes caer”.

Así, tras establecer esta conexión abstracta, Jarmusch prosigue su dibujo en paralelo de estos vasos comunicantes enfrentándoles a un discurso con voz de mujer en el que sale a relucir su respectivo e irredimible carácter de perdedor. Mientras que Zack, un exiliado de las grandes ciudades que es víctima de su negativa a bailarle el agua a la gente, sufre la ira de Barkin, quien le acusa de no tener futuro en este mundo, a Jack, un proxeneta de tres al cuarto que se imagina para sí un futuro de gloria –“voy a ser grande”, dice-, una de sus chicas le acusa de joder siempre el presente despilfarrando y apostando, aparte de no tener ni idea de cómo entender a aquellos que le rodean. De hecho, a ella ni la escucha, como se verá justo a continuación. La presentación de Jack, con el rostro escuálido y extemporáneo de Lurie, sentado en camiseta de tirantes, contando dinero en la penumbra delante de un revólver, abre la puerta al ambiente de cine negro en Down by Law, el cual dominará este acto de introducción. Es patente así en la detención de Jack -a quien tienden una trampa conduciéndole a la habitación de una menor que presuntamente aspira a ser prostituta- y de igual modo en la de Zack –descubierto conduciendo un lujoso coche que, sin que él lo supiera, portaba un cadáver en el maletero-.

            Desde esta introducción en noir, Down by Law viaja al nudo, escenificado en una sórdida penitenciaría del estado de Luisiana a donde, no por casualidad, caen Jack y Zack en la misma celda. En este punto, resguardado en las aparentes formas del drama carcelario, Jarmusch comienza a desarrollar el meollo de la cuestión por medio de las corrientes de aproximación y distanciamiento de estas dos criaturas fracasadas de antemano, apáticas hasta para rebelarse contra su condena materializada y desinteresados por casi todo aquello que les rodea, salvo quizás la música, los cigarrillos y su propia estética de notas vintage, cada uno a su modo. Entonces, de la antipatía –el duelo territorial como recibimiento, la indiferencia mutua- se emprende cierta conciliación –el episodio en el que Zack imita sus días de locutor radiofónico- pero que, enseguida, estalla en un nuevo distanciamiento físico –la pelea a mamporros por una nimiedad sin importancia-. Sin melodía que les conforte, con simples cortes entre los planos estáticos de Jarmusch, pasan en la inopia los días de condena, contados por los arañazos de Zack en la pared de la celda, los cuales ni siquiera siguen una lógica espacial –ora verticales, ora horizontales-. Es aquí donde irrumpe la verborrea estridente e irreductible de Roberto para agregar un factor de inesperada perturbación a la relación y dibujar una ventana en el muro, que luego se abrirá de manera literal. Su influencia es tal que incluso es capaz de poner a todos los reclusos a pedir helado a voz en grito en uno de los detalles de humor naif y absurdos que salpimientan el tono de la obra para concederle su sabor único.

            Jarmusch, como es de esperar, no está interesado en respetar los códigos del cine carcelario, sino en indagar en esa convivencia incómoda y estrecha entre polos iguales –que por ende se repelen-. En consecuencia, para describir la fuga bien le vale una alusión suelta y una elipsis; el eslabón necesario para transportar a los protagonistas de nuevo a un espacio exterior donde, en sentido estricto, no encuentran tampoco esa libertad que quién sabe si realmente ansían. Como versionando al trío de Extraños en el paraíso -para quienes en su profundo desarraigo no existía diferencia destacable entre Nueva York, Ohio o Florida, siempre alejadas de las postales-, Jack y Zack se topan con otra celda, solo que más grande, construida sobre vegetación laberíntica y pantanos insalvables, aunque dotada también con literas sucias. Su desilusión, pues, se torna materia. Y de nuevo hasta que Roberto, optimista infatigable, construya un túnel a través del cual escapar hacia un desenlace que, al contrario que Extraños en el paraíso, en esta oportunidad sí deja en los sentidos un tibia y extraña sensación de vitalismo, de final feliz. Roberto, por supuesto, asoma primero la cabeza para emerger en un inopinado cuento de hadas en brazos de la Braschi, entre pasta al dente y música de Irma ThomasIt’s Raining, en concreto-. Segundo, con esa distancia que les caracteriza, también para Zack y Jack, Jack y Zack, devueltos al camino eterno e inescrutable al que pertenecen; ahora uno diría que más luminoso y soleado. Es la insospechada influencia, repetimos, de un personaje al que acaso no sería descabellado calificarlo de antijarmuschiano.

.

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 8.

Anuncios

2 comentarios to “Down by Law (Bajo el peso de la ley)”

  1. antoniomartingarcia 14 febrero, 2016 a 21:25 #

    Una de mis favoritas de Jarmusch y la película que me descubrió la hiperactiva vena cómica de Benigni… Ahora, cuando piensa en ella siempre se me viene a la mente esa espléndida introducción a modo de travelling con el “Jockey full of bourbon” de Tom Waits.

    • elcriticoabulico 15 febrero, 2016 a 17:03 #

      También es una de mis favoritas de Jim. El desencadenamiento de Benigni es una parte fundamental de esta película. De hecho otra escena que siempre se recuerda es esa que grita por un helado en la cárcel. Pero sí, la introducción ya sienta un fenomenal precedente de lo que va a ser la película.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: