Archivo | 13:53

El hombre más buscado

2 Oct

“Philip lo estudiaba todo, todo el tiempo. Era un esfuerzo doloroso y agotador, que probablemente acabó siendo su ruina. El mundo era demasiado reluciente para él. Tenía que entrecerrar los ojos o morir deslumbrado. Era imposible vivir a aquel ritmo y aguantar mucho tiempo, y de vez en cuando tenía unos destellos sorprendentes de intimidad en los que necesitaba que lo supiéramos. Ningún actor me había impresionado tanto como me impresionó Philip en nuestro primer encuentro: ni Richard Burton, ni Burt Lancaster, ni siquiera Alec Guinness.”

John le Carré

.

.

El hombre más buscado

.

El hombre más buscado.

Año: 2014.

Director: Anton Corbijn.

Reparto: Philip Seymour Hoffman, Rachel McAdams, Grigoriy Dobrygin, Willem Dafoe, Nina Hoss, Daniel Brühl, Mehdi Dehbi, Homayoun Ershadi.

Tráiler

.

            Una de las cuestiones que más frustraban a los detectives de The Wire era la obligación de medir su trabajo policial mediante estadísticas de casos resueltos: datos que sus superiores debían blandir ante las altas esferas y estos, a su vez, rendir ante los poderes políticos. De hecho, la insistencia en las estadísticas -que solía satisfacerse con arrestos a unos pobres trapichas de las esquinas-, era una de las tretas que el escalafón de mando empleaba para desactivar, martirizar y desmoralizar a la unidad de investigación de delitos especiales creada con el fin de desmontar de raíz el negocio del narcotráfico y, de paso, el tronco del árbol criminal al que se aferra, hundido hasta los cimientos de la sociedad de Baltimore. En definitiva, un mundo dominado por y para los mediocres en lo intelectual y en lo moral.

Nada más alejado de la ficción. Recientemente, la jueza Pilar de Lara, instructora del caso Carioca, declaraba airada en una conferencia sobre la trata de personas que la preponderancia de la estadística para calibrar la efectividad de la judicatura era “una forma de corrupción encubierta”, ya que a través de ella se primaba la resolución de casos rápidos y de bajo nivel respecto a otros en los que se requería una indagación más prolongada, profunda y con mayores recursos.

            El contexto en el que se mueve El hombre más buscado es similar al presentado en los dos ejemplos que encabezan el artículo. Compuesta a partir de una de las últimas novelas de John le Carré, su tono es desangelado y pesimista, como en el cine de espionaje de la Guerra Fría que tanto cultivó el literato británico; pero las incertidumbres que maneja son superiores a aquel debido a la naturaleza atomizada y multiforme del nuevo adversario y a la cantidad inabarcable de factores sociales, culturales y económicos implicados en el juego.

En consecuencia, y de manera también acorde al realismo necesario en estos tiempos de descrédito y desengaño, saturación de información y proliferación de teorías conspiratorias y anticospiratorias, El hombre más buscado ancla buena parte de su argumento en los grisáceos tejemanejes, encontronazos y rivalidades entre agencias de inteligencia de la propia Alemania donde se ambienta el filme, así como en su coexistencia con el gigante omnipresente de la CIA.

            Así pues, la película combina con habilidad y atractivo el suspense más tradicional del género –el misterio que rodea a un inmigrante ilegal checheno, posible yihadista- junto con una tensión de corte, digamos, más político y administrativo –el citado conflicto de la metódica e idealista visión de conjunto frente a los míseros y superficiales intereses inmediatos-. Por supuesto, a ello se añade el imprescindible entramado de deudas, sacrificios, favores, chantajes, traiciones y remordimientos ahogados en alcohol que se urde sobre un tablero poblado de peones abandonados, víctimas colaterales, convidados de piedra, chivos expiatorios y aguerridos luchadores de honestidad extemporánea y suicida.

No obstante, todos estos elementos mezclan mejor y con más pasión cuando el argumento se centra en su vertiente más pura de cine de espías –paciente, densa y minuciosa, como la investigación retratada-, que cuando la intriga es de origen predominantemente emocional, donde se cede protagonismo a una Rachel McAdams por otro lado bastante correcta en su cometido.

            Con el clasicismo que ya había demostrado en la estimable e infravalorada El americano, impropio de un realizador proveniente del videoclip, el neerlandés Anton Corbijn, también reputado fotógrafo artístico, aporta pulso narrativo y elegancia formal a un relato que sabe cómo conservar la atención del espectador sin recurrir a giros trucados ni efectismos de saldo, hasta guiarlo a un desenlace coherente e impecable.

Y, claro, además está el soberbio trabajo de Philip Seymour Hoffman.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

A %d blogueros les gusta esto: