Cuando el viento silba

5 Jun

“Los niños son actores natos. No hay más que verlos: si no tienen un juguete, cogen cualquier palo del suelo y se inventan su propio juego.”

Clint Eastwood

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Cuando el viento silba

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Cuando el viento silba.

Año: 1961.

Director: Bryan Forbes.

Reparto: Hayley Mills, Diane Holgate, Alan Barnes, Alan Bates, Bernard Lee, Elsie Wagstaff, Norman Bird.

Filme

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            En los niños, las fronteras mentales entre realidad y fantasía no son del todo claras. Están por construir. En el caso de La noche del cazador, Matar a un ruiseñor, El espíritu de la colmena, El viaje de Chihiro, El laberinto del fauno o Mud, por ejemplo, las experiencias vitales de los chavales protagonistas poseen la forma, la textura y el olor de un cuento infantil. Aunque detrás escondan historias tan terribles como una guerra civil. Su manera de interpretar y vivir ese proceso iniciático está inspirada en narraciones que han mamado desde la cuna y que han contribuido a conformar su propio esquema del funcionamiento de la sociedad humana, del mundo entero, del Bien y del Mal.

            Los tres hermanos de Cuando el viento silba afrontan la religión y las enseñanzas cristianas desde un plano equivalente al de las fábulas. Mientras que Jesús es una figura carismática, admirable y repleta de comportamientos exóticos y asombrosos, las lecciones que reciben del Ejército de Salvación, en cambio, no son más que gansadas ininteligibles, alejadas de su realidad. En consecuencia, la bondad absoluta de Cristo, su halo mágico e inspirador, se encuentra en contraste directo con el entorno prosaico y desangelado de su granja –con su cancela siempre cerrada al exterior- y la ausencia palpable de la figura materna.

            El actor Bryan Forbes, debutante en el largometraje, realiza una impecable presentación de atmósfera y arquetipos. La película comienza con un malvado hombre del saco que, secundado por los graznidos de los cuervos y el ulular del viento, baja al río para ahogar sin piedad a unos pobres mininos. La vileza sin cortapisas en seguida reparada por unos vivarachos niños que, una vez enmendado el mal y salvaguardado la inocencia y la pureza, corretean alegres por las faldas de una colina: una de las múltiples imágenes que, a lo largo del metraje, remitirán a las estampas que ilustran los cuentos clásicos, reforzadas por la peculiar banda sonora y las dulces notas de humor que se filtran ocasionalmente por entre los personajes del relato –el vicario obsesionado por los robos de metal en su iglesia, por ejemplo-.

El mismo talento que demostrará el cineasta a la hora de transmitir al espectador la ilusión de los niños frente a quien creen la personificación de Jesucristo en su segunda venida. Uno, por tanto, logra contagiarse y desear que ilusión y verdad sean una misma cosa.

            La autenticidad de la mirada, los sentimientos y las reacciones infantiles acerca de este mundo caótico e injusto –qué mejor manera de dudar o decepcionarse respecto al poder divino que la muerte de un alma inofensiva-, así como su preciso trasvase al otro lado de la pantalla, es una de las grandes virtudes de Cuando el viento silba, una cinta que habla de la influencia benefactora de los valores cristianos –o humanos, cabría decir-, pero no tanto de la religión –la antinatural, deshumanizada e ignorante sociedad contemporánea, en definitiva-. 

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8.

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