Tag Archives: Judaísmo

Adiós, muchachos

17 Ago

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Año: 1987.

Director: Louis Malle.

Reparto: Gaspard Manesse, Raphaël Fetjö, Francine Racette, Stanislas Carré de Malberg, Philippe Morier-Genoud, François Berléand, François Négret, Peter Fitz, Pascal Rivet, Bendit Henriet, Xavier Legrand, Irène Jacob.

Tráiler

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          Aunque la figura del niño sirve en muchas ocasiones para ofrecer un contrapunto de inocencia frente a las atrocidades del mundo adulto -en este caso la ocupación nazi de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, nada menos-, en Adios, muchachos Louis Malle utilizará el mundo de la infancia desde un punto de vista más cerca del paralelismo que de la oposición, al retratar la vida en un internado católico desde un naturalismo ajeno a idealizaciones y ternurismos de toda clase.

En cierta manera, las jerarquías y las relaciones entre los alumnos de Adiós, muchachos vienen a mimetizar las pulsiones de la sociedad que han dejado atrás, y a través de ellas -el clasismo, la crueldad, la amistad, la compasión…-, sumadas a las conversaciones que dejan caer con referencia a sus padres, se ofrece una muestra nada complaciente de la defección del país frente al invasor alemán y de las abundantes explicaciones de origen intestino para tal catastrófica caída, las cuales, por ejemplo, habían diseccionado ya en su día, con airado espíritu crítico, autores como Manuel Chaves Nogales en La agonía de Francia.

          Hay una razón detrás de esta crudeza que se entremezcla con la mirada por lo general fantasiosa y optimista de los chavales. Adiós, muchachos es una obra que Malle, en calidad de director y guionista, compone a partir de su memoria, de la pérdida de su propia inocencia que se trasluce en la atmósfera invernal y cenicienta de una película en la que el lirismo, de haberlo, es residual, asociado a la inconsciencia juvenil de los personajes -esta sí, cándida-.

Una perturbación existencial esta que, según sus propias palabras, fue la que probablemente le empujase a narrar historias por medio del cine, y para cuya recreación necesitó hacer acopio de toda una carrera tras las cámaras. Esta voluntad con rasgos de expiación, plasmada de forma casi obsesiva frente a los consejos contrarios de los productores, es un acto que el cineasta emprende casi en el ocaso de su trayectoria, después de un dilatado periodo en el extranjero, en Estados Unidos, con toda la carga de sacrificio de la propia personalidad que ese trasvase acostumbra a suponer.

          La cámara, siempre a la altura de los ojos del apenas adolescente Julien Quentin, captura por tanto un microcosmos que es tan expresivo en sus vivencias privadas como en su traslación de esa mencionada coyuntura exterior y colectiva. Malle, que busca la honestidad en la contención, vislumbra en los niños toda las virtudes y contradicciones extensibles a la humanidad, si bien tamizadas todavía por la inexperiencia, por su exploración a tientas de una realidad vital que no es como la que les transmite la literatura y la ficción, sino donde cuestiones abstractas como la valentía, la cobardía, la fidelidad o el egoísmo se encuentran enredadas en una maraña confusa y caótica, entreveradas con otras múltiples cualidades honrosas o mezquinas.

De ahí, de esa renuncia al sentimentalismo y al heroísmo redentor, mana la sincera emoción que desprende un filme que se aboca indefectiblemente a una escena final donde Malle vuelca, esta vez sin licencias creativas, el dolor de su recuerdo. De un recuerdo, además, que nos atañe a todos.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

Demasiado cerca (Tesnota)

12 Nov

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Año: 2017.

Director: Kantemir Bagalov.

Reparto: Darya Zhovnar, Atrem Cipin, Olga Dragunova, Veniamin Kac, Nazir Zhukov.

Tráiler

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         No corren buenos tiempos para ser un espíritu libre. La tendencia a una polarización cada vez más extrema entre el Nosotros y Ellos que se percibe tanto en las relaciones geopolíticas como en la opinión pública general conforma una pinza opresiva para cualquier individuo de conciencia crítica, celoso de su autonomía singular.

En Demasiado cerca (Tesnota), un documento real, reproducido en VHS, ejerce como punto de inflexión de la historia: la ejecución a cuchillo de varios presos de guerra rusos en el Daguestán por guerrillas locales de corte islamista. El visionado de las grabaciones, que el espectador comparte en crudo con la protagonista, con el tiempo dolorosamente sostenido, trastoca la dimensión de todo lo que ha ocurrido antes y de la trama que queda por recorrer. Ni siquiera un acto terrible como el secuestro de una joven pareja había provocado semejante mazazo de realidad.

         Revelando el pavoroso contexto hasta entonces solo sugerido, estos atroces hechos, producto de un mundo enfrentado a muerte y sin cuartel entre dos facciones aparentemente irreconciliables, reacondicionan por tanto las vivencias de Iliana, una joven judía que trata de labrar su propio camino en las tumultuosas entrañas del Cáucaso, donde ha emigrado su familia. Es el descubrimiento que despoja de cualquier rastro de inocencia que pudiera quedar hasta entonces en un relato que, en su introducción, apuntaba hechuras de drama de autoafirmación femenina mediante la emancipación frente a los usos y costumbres heredados de la sociedad, escenificado en un entorno costumbrista y familiar, e incluso de un incipiente romance entre unos Julieta y Romeo que adaptan el tópico a la situación de este territorio a la espalda de los grandes focos internacionales.

Precisamente, su ambientación a finales de los noventa comporta una advertencia añadida en la proyección global de unos hechos aún aparentemente localistas y exóticos. Ajenos.

         Amparado por el cineasta Aleksandr Sokúrov -productor del proyecto-, una de las virtudes que hay que atribuirle a Kantemir Bagalovcabardiano él mismo, debutante en el largometraje a sus apenas 26 años y coautor del guion- es que este atentado contra la ficción vía videocasete y televisor no desnaturalice o desvalide sin remedio la narración que le sigue. Parte de ello se debe a la fuerza interpretativa de la también primeriza Darya Zhovner. Pero, desde luego, a una rotunda labor de dirección, en la que, como indica el título de la obra, desempeña un papel fundamental el juego con el espacio, manifiesto en la estrechez del formato de los fotogramas, casi cuadrado, y las relaciones a las que somete a los personajes.

La fluidez con la que se mueven en el plano el padre y la hija, comprensivos y complementarios el uno con el otro, y la intimidad sin barreras que se establece entre los dos hermanos, son así opuestas -como luego se recalcará con el filtro de color de las ventanillas del coche- a la serie de contactos que emergen ante la figura materna, que en cierto modo ejerce como personificación de la tradición judía. Vigilante y severa, la madre no sacude el pelo, sino que borra y despersonaliza el rostro; no acaricia la boca, sino que la silencia; no abraza, sino que asfixia y ahorca.

         A partir de este entorno opresivo, enrarecido y amenazador, en medio de la huida de todo y de todos que anhela la veinteañera Ilana, Demasiado cerca plantea y afronta turbulentos conflictos morales en los que unos personajes creíbles en sus dudas, contradicciones y fidelidades humanas se reencuentran con la tragedia griega en su violenta confrontación entre el individuo y la comunidad; entre el sacrificio personal cierto y un bien colectivo bastante difuso; entre la diferencia y la pertenencia.

Premio Fipresci en la sección Un certain regard del festival de Cannes.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 8.

Sodoma y Gomorra

20 Jul

Robert Aldrich juega con las cartas que recibe y se adentra en una visión mediterránea, ávida de pecados y lascivia, sobre el castigo bíblico para Sodoma y Gomorra. Para la primera parte del especial de Cine Archivo acerca del cineasta estadounidense.

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El hijo de Saúl

13 Feb

“Me rebelo, luego somos.”

Albert Camus (El hombre rebelde)

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El hijo de Saúl

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El hijo de Saúl

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Año: 2015.

Director: László Nemes.

Reparto: Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Todd Charmont, Jerzy Walczak, Sándor Zsótér, Kamil Drobowolsky, Mihály Kormos.

Tráiler

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             La única rebeldía posible contra el mundo enajenado, la única que tiene sentido, es aquella que reivindica hechos a priori insensatos, iluminados, pero que una vez descubierta su trascendencia verdadera, sirven para enfocar con claridad una realidad antes consciente o inconscientemente velada.

             La febril odisea del sonderkommando Saul Ausländer por enterrar decentemente el cuerpo de un muchacho en un campo de exterminio es la rebeldía irracional y desesperada de un hombre que carga a su espalda con la marca de la muerte y en el rostro congelado la imagen de la deshumanización, en este caso necesario refugio contra otro tipo de deshumanización monstruosa: el Holocausto. Saul cambia sus pasos precisos y automatizados a fuerza de fría supervivencia por movimientos azarosos, obsesivos. Suicidas. Y su levantamiento, realizado incluso en oposición a otras promesas de esperanza, banales en su imposibilidad auténtica, constituye un acto supremo de rebeldía que enfoca, con pavorosa nitidez, una realidad atroz. El Horror.

             Al estilo de excelentes obras como La hora 25 también con la Soah y la Segunda Guerra Mundial en general o Masacre: ven y mira con el Frente Oriental de este conflicto, el itinerario de Saul, en lucha permanente contra la corriente que le arrastra y devora, reconstruye el infierno sobre la Tierra. Registrada mediante ruidos de fondo, entre estrechos y difusos fotogramas, tensísimos fueras de campo y personajes rugosos, la pesadilla que captura resulta todavía más vívida y escalofriante. La anti-Lista de Schindler, considerará Claude Lanzmann, voz autorizada.

             El expresivo prólogo, que configura escenario global y conflicto personal con rotundidad, es absolutamente devastador. El hijo de Saúl arranca con una potencia atronadora, pero no se detiene ahí. Encadenando veraces y absorbentes planos secuencia -fundidos todos ellos con la perspectiva sensorial de su protagonista- László Nemes le agarra a uno por las solapas y no le suelta. La potencia de su narración es descomunal, impropia de un debutante en el largometraje. El filme fluye como un río embravecido, arrollando todo a su paso. Perturbando las emociones y la razón.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 9.

El otro señor Klein

14 Dic

“Desconfío de la gente tibia que no se mete en líos.”

Maribel Verdú

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El otro señor Klein

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El otro señor Klein.

Año: 1976.

Director: Joseph Losey.

Reparto: Alain Delon, Michael Lonsdale, Jeanne Moreau, Juliet Berto, Francine Bergé, Massimo Girotti.

Tráiler

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            Las circunstancias políticas y sociales forman parte indisociable del cine de Joseph Losey, cineasta norteamericano afincado en Europa a causa de la caza de brujas en Hollywood. A pesar de que el guion lo firma un escritor de firme compromiso político como Franco Solinas –auxiliado además por Fernando Morandi y Constantin Costa-Gavras-, a buen seguro que esta paranoia persecutoria de los años cincuenta sufrida por Losey en su propia persona posee una notable influencia sobre El otro señor Klein.

            De atmósfera kafkiana, ambientada en el horror desapercibido aunque tangible y nauseabundo del París de 1942 bajo ocupación alemana, El otro señor Klein desarrolla una turbia mezcla de intriga y denuncia a partir de la surrealista y obsesiva investigación del Robert Klein epónimo (Alain Delon, protagonista amén de productor del filme), marchante de arte enriquecido por la desesperación de los judíos que abandonan el país, en su búsqueda de un presunto doble que le ha traspasado sus propios problemas raciales con las fuerzas del orden.

            Losey plantea un juego de espejos en el que aparecen rasgos de la disolución/contaminación entre personalidades socialmente antitéticas ya explorados en El sirviente. Asimismo, el desolador contexto histórico -la víspera de las deportaciones de judíos a los campos de concentración nazis-, aporta aquí un matiz de concienciación por medio del arbitrario proceso de criminalización del individuo común, ante cual que ninguna persona es invulnerable.

Si el pantagruélico estado austrohúngaro convertía al Gregor Samsa de La metamorfosis en un simple insecto, el fascismo imperante de Vichy y el Reich convierte a Klein -como podría haber convertido a cualquier otro, judío o no-, en una víctima propiciatoria destinada al sacrificio.

            De este modo, aparte del opresivo suspense psicológico, emerge en paralelo una áspera censura de la deshumanización de la sociedad del momento, evidente en su indiferencia acerca de las atrocidades que acontecen a su alrededor –el desasosegante examen médico que abre el filme, la insensibilidad originaria de Klein, un carroñero también capaz de traicionar románticamente a sus amigos; la ciudadanía que atiende al mercado de espaldas a los autobuses de la muerte- y más solapada en puntuales e inconexos destellos del montaje, no obstante inquietantes y amenazadores por lo que sugieren y alertan al espectador –el férreo control de la burocracia, los gélidos preparativos estatales-.

            La brusca narración alimenta el desamparo del protagonista a costa de que la exposición y el desarrollo de la trama resulten en ocasiones un tanto confusas, con giros algo forzados en el devenir de los acontecimientos y en la evolución del protagonista.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

Noé

26 Oct

“Pero sobre todo, Dios tenía un sentido del humor tremendo. Un día habló con Noé y le dijo: «Oye, construye una barca, que voy a inundar todo esto». Y Noé se lo creyó, y se puso a construir un barco en medio del desierto. Que no veas el cachondeo de los vecinos: «Pero Noé, ¿tú estás tonto? ¡Si aquí no hay playa! ¿Quién te crees que eres? ¿Chanquete?» Yo creo que Dios no iba a inundar nada, pero cuando vio a Noé tan ilusionado con su arca, dijo: «¡Venga va, voy a mandar el diluvio! Pero sólo una vez, ¿eh?».”

Enrique San Francisco 

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Noé

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Noé.

Año: 2014.

Director: Darren Aranofsky.

Reparto: Russell Crowe, Jennifer Connelly, Ray Winstone, Anthony Hopkins, Emma Watson, Logan Lerman, Douglas Boothe, Leo McHugh Carroll, Mark Margolis, Nick Nolte.

Tráiler

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            En La fuente de la vida, su acercamiento más directo al cine trascendente, el ambicioso Darren Aranofsky hacía peligrosos equilibrios sobre la cuerda floja que separa lo ridículamente grandilocuente de lo emocionalmente elevado. Por las misteriosas fuerzas del hipnotismo cinematográfico, la película lograba ejercer cierto hechizo al espectador y hacerle partícipe de su propuesta, elemento imprescindible para no naufragar en el sonrojo más absoluto. Noé, en cambio, no lo consigue.

            Ingenua en unas ocasiones, simplemente kitsch en otras, ñoña y afectada siempre, Noé presenta una alegoría ecologista y vegana que bien podría haber firmado Gwyneth Paltrow. El Diluvio universal como instrumento para la limpieza de una sociedad humana que convierte sus impulsos hiperconsumistas, carnívoros y contaminantes en un acto de venganza contra la imposición de Dios del esfuerzo para ganarse la vida.

La cursilería se extiende a una narración visual que, en su intento de crear imágenes sublimadas y sobrecogedoras que conecten al hombre, la naturaleza y lo divino, termina por hundir su estética en un empalagoso amaneramiento y una hortera aparatosidad a golpe de anabolizantes digitales. De este modo, Aranofsky emplea el píxel y el retoque fotográfico para crear planos coloristas y relumbrantes dignos de esos escenarios astrales ‘new age’ que algunos artistas callejeros pintan con spray. Incluso se atreve con un Génesis que solo puede tolerarse a un talento honesto y arrollador como Terrence Malick; ante cuya simple comparación parece de saldo.

            Superficial e infantil en su primer tramo ecologista, pacifista y fideísta, la cinta mejora solo ligeramente en su desarrollo, cuando se atreve a explorar, también de manera muy elemental y roma, los conflictos que propician las variadas interpretaciones de los opacos designios de Dios a través de un Noé incondicional hasta lo obsesivo y de Tubalcaín, rey de los hombres, “hechos a su imagen y semejanza”.

A este terreno intimista, cabe añadir la aparición de turbios dilemas familiares: la colisión entre las responsabilidades personales y las religiosas, la compensación esa inflexibilidad obligada con el perdón voluntario, los desaires de un Cam especialmente salido porque en el relato bíblico sí posee mujer e interpretado con evidente desacierto por Logan Lerman, el peor de un elenco desconcertado. Son enjundiosas tragedias afectivas, destinadas a ahondar en ese análisis de la humanidad, pero que provocan el mismo desinterés que ya generaban esas pacatas aproximaciones al pecado original e intrínseco del hombre y a su imperiosa necesidad de redención como especie.

 

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 3,5.

Ida

6 Ago

“Aquí en Europa solo sabemos contar nuestras viejas historias de un pasado lleno de sufrimiento.”

István Szabó

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Ida

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Ida.

Año: 2013.

Director: Pawel Pawlikowski.

Reparto: Agata Trzebuchowska, Agata Kulesza, Dawid Ogrodnik, Adam Szyszkowski.

Tráiler

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           En la primera imagen de Ida, el rostro de la protagonista ocupa solo la parte inferior del plano, como desubicada o, de acuerdo con la regla de los tres tercios de la pintura y la fotografía, sometida bajo dos terceras partes de enigmática inmensidad. Dos tercios desnudos que Ida, novicia polaca huérfana a punto de tomar sus votos de monja, deberá explorar y acaso conquistar a lo largo de este drama interior y minimalista con estructura de road movie.

           Ida describe dos recorridos existenciales interrumpidos por un trauma atroz e indeleble, no solo personal o familiar, sino de la humanidad en su conjunto, latente en el tiempo hasta, probablemente, la eternidad. Nos hallamos así ante una muerte en suspenso y una vida aún entre paréntesis, pendientes de que ese citado nudo que estrangula el pasado se desamarre y libere a ambas. De este modo, el viaje de inmaculada Ida junto a su antitética tía Wanda ‘la Roja’ –la sucinta presentación podría hacerla pasar incluso por prostituta, pese a que en realidad tiene la dignidad de jueza-, avanza desgranando, capa por capa, las emociones –ora particulares, ora compartidas, ora contaminadas-, que se desprenden de estas dos íntimas desconocidas, así como las distintas transformaciones que esta pequeña pero trascendental y abrumadora aventura interior opera en ellas. Aquí, no es casual quién adopta parte activa en la investigación y quién permanece más bien como observadora, en discreto segundo plano.

El remordimiento y la redención; la autodestrucción y la resistencia; el sacrificio y el gozo; el temor y el atrevimiento; la reivindicación y el olvido; la verdad y la mentira; el odio y el perdón. Desenterrar los viejos fantasmas enquistados; enterrar por fin los males y tormentos del pasado. Encontrar el futuro o, por lo menos, conocer su realidad; los matices, entuertos y alternativas que ofrece y esconde, prestos a ser descubiertos, investigados y valorados.

           Pawlikowski propone un trayecto de imágenes estilizadas y armoniosas -que no amaneradas o esteticistas-, dibujadas en un ascético blanco y negro de evocaciones dreyerianas y en el que la austeridad de planos y movimientos –los exactos, los precisos-, supone una afortunada elección formal para hacer aflorar con encomiable delicadeza esta amplísima y a la vez solapada gama de sentimientos, ya sea a través de la tenacidad impetuosa de la magistrada -embarcada en la odisea en un último y desesperado interno de sanar las profundas cicatrices que no han sellado ni el alcohol ni las draconianas sentencias contra los enemigos del pueblo-, sea a través de la límpida y sencilla mirada de Ida –el dónde mira, el cómo mira, el cuándo mira, el por qué mira-.

A este efecto, no es de extrañar la elección para el papel principal de Agata Trzebuchowska, sin experiencia en la interpretación y acreedora de un sobrio e impecable trabajo, bien dirigido por el cineasta y en perfecta química con la veterana y talentosa Agata Kulesza.

           Además, en un hecho coherente con su estilo narrativo, aunque  infrecuentísimo en las tendencias cinematográficas actuales, Ida es lo suficientemente inteligente para durar solo lo que tiene que durar.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

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