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Yo maté a mi madre

6 Oct

“Madre: la palabra más bella pronunciada por el ser humano.”

Jalil Gibran

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Yo maté a mi madre

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Yo maté a mi madre.

Año: 2009.

Director: Xavier Dolan.

Reparto: Xavier Dolan, Anne Dorval, François Arnaud, Suzanne Clement, Patricia Tulasne, Niels Schneider, Pierre Chagnon.

Tráiler

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            Pocos son capaces de debutar en la dirección con apenas 20 años. Muchos menos, de entregar además una opera prima de la calidad de Yo maté a mi madre. Con 25, el cineasta quebequés Xavier Dolan alcanza ya los cinco largometrajes y ostenta numerosos premios internacionales en festivales tan prestigiosos como Cannes.

            Por lo general, el cine de Dolan explora las heridas abiertas por unas relaciones humanas que desmienten la tiránica falacia de ‘lo tradicional’. Su biografía -hijo de una canadiense y un cantante de origen egipcio, actor desde los seis años, ‘enfant terrible’, homosexual desacomplejado, artista arrogante consciente de su talento-, se revela fundamental en su proceso creativo.

            En Yo maté a mi madre -relato de los avatares de un adolescente y su madre, enemigos íntimos que se aman secretamente-, ese peso de la experiencia privada –los conflictos familiares, el internamiento escolar-, aflora de manera evidente en una película la cual, sin embargo, evita convertirse en una autojustificación complaciente y reivindicativa. Porque a los 10 minutos, uno tiene ganas de arrancar el DVD del reproductor después de observar con irritación lo que parece un niñato repelente, egocéntrico, histérico y victimista gritarle a su santa madre.

Pero Dolan mantiene su apuesta con admirable valor y firmeza y, poco a poco, abre el angular del filme para abarcar el contexto de unos personajes abandonados a su suerte. Dos individuos que comparten desamparo y que esconden tras ese odio impostado una desoladora desazón y autodesprecio.

            En un detalle de sabiduría compositiva, Dolan no rechaza el absurdo, casi humorístico, que se adueña del triste y desorientado patetismo predominante en la conflictiva convivencia entre madre e hijo. Su dibujo de personajes va desnudando una mayor complejidad y matización a medida que transcurren los minutos, tendiendo más hacia la comprensión de los mismos que hacia la acusación de sus faltas y defectos.

Muchas interpretaciones caben también para el sustrato psicológico del joven protagonista, Hubert (el propio Dolan) –narrador principal incluso a través de confesiones a cámara-, como el deseo del retorno al útero; la añoranza de ese remando de paz, protección y absoluta calidez humana que, gracias a la hermosa ingenuidad de la infancia, se prolonga durante los primeros pasos de la vida hasta que, ya adulto, uno se mira al espejo y siente el desprecio y la tristeza ante el reflejo cínico, desencantado y frío que devuelve el cristal. La frustración equivocadamente atribuida y peor pagada por el Edén perdido e imposible de recuperar. Su aceptación y reconciliación como parte del recorrido existencial.

            Yo maté a mi madre redondea su refrescante propuesta con la energía expresiva que Dolan imprime a los fotogramas. Refinada hasta el preciosismo y en ocasiones deudora de la caligrafía de, entre otros, Wong Kar-wai –esos paseos a cámara lenta, al son de una música cadenciosa-, Dolan descubre no obstante la figura de un cineasta con un sentido estético muy claro, audaz, desinhibido; seguro de sí mismo y de sus capacidades.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

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