Las manos sobre la ciudad

13 Abr

“Tal vez no conseguimos entender las decisiones de la política porque no es en el mundo de la política donde se toman las decisiones.”

Toni Servillo

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Las manos sobre la ciudad

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Las manos sobre la ciudad

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Año: 1963.

Director: Francesco Rosi.

Reparto: Rod Steiger, Carlo Fermiarello, Angelo D’Alessandro, Guido Alberti, Salvo Randone, Vincenzo Metafora.

Tráiler

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           Hay obras que perduran inmutables en el tiempo gracias a su capacidad para expresar con hondura y belleza sentimientos y experiencias comunes al ser humano, independientemente de su época y procedencia. Otras, se conservan intactas a través de los años por, en cambio, plasmar con absoluto rigor las prácticas más reprobables e inmorales del hombre supuestamente civilizado, las cuales, por desgracia, permanecen inalteradas y sobreviven a través de las generaciones.

Las manos sobre la ciudad, que es casi un reportaje sobre las corruptelas político-económicas del Nápoles de comienzo de los sesenta, podría estar ambientada, sin afectar lo más mínimo a su argumento, en la Valencia de antes de ayer. Empero, hay que reconocer que sí es material obsoleto en lo que respecta al contexto particular de la metrópoli partenopea: como se puede observar gracias al libro, película y serie Gomorra, la mafia local ha elevado la degradación del entorno a un nivel nunca antes pensado.

           Desde un prisma de innegociable compromiso izquierdista, Francesco Rosi husmea en los bajos fondos de la conformista Italia bajo el dominio de la Democrazia Cristiana y encuentra que el villano no es el gángster ni el mafioso, por lo habitual escudados por el halo de glamour que les concede injustamente el séptimo arte –y que él ya había desmontado en parte en Salvatore Giuliano, filme donde “tutto è política”-. El antagonista de la función será el concejal Edoardo Nottola (Rod Steiger), quien se sirve de su puesto privilegiado en el ayuntamiento para recalificar terrenos rústicos y beneficiar así a sus empresas de la construcción, de las cuales su hijo ejerce de testaferro.

Así las cosas, en Las manos sobre la ciudad el crimen organizado no emplea pistolas ni armas blancas, sino clientelismo, cálculo político y sobornos a espuertas. Su expresión no es el asalto épico a una caja fuerte o el homicidio furibundo, sino el tráfico de influencias, la prevaricación y la inmoralidad, pintarrajeadas con demagogia y populismo para disimular su mezquindad. Su precio, sin embargo, también se paga en sangre, por medio de una violencia indirecta, apenas tangible por la masa simple que se aviene con cualquier migaja que cae de la mesa, sin un rostro que pueda ser identificado in fraganti por una multitud atenta. Pero es una violencia, insistimos, que se cobra vidas humanas de igual manera que un hampón de las cloacas del sistema. Vista desde la actualidad, es difícil criticar el dibujo de los personajes, maniqueo y no demasiado matizado pero en modo alguno exagerado o caricaturesco.

           A pesar de que el tema de la especulación inmobiliaria también puede dar para construir una obra muy cinematográfica –por ejemplo, esa coetánea adaptación de Hamlet que Akira Kurosawa filmaba en Los canallas duermen en paz-, Rosi apuesta por mantenerse en el sucio y pedestre suelo que pisan los personajes: las maquiavélicas camarillas de los grupos municipales, las comisiones de investigación transformadas en desvergonzada pantomima, las redes de vulgares intercambios de favores, la ley convertida en trampa, la política consistorial –y, por extensión, la democracia- reducida con absoluta desfachatez a la pura farsa. El resultado no es menos apasionante, por crudo, veraz, oportuno y vigente.

           Bajo el protagonismo de la urbe –retratada en los créditos con su problemática de edificios horrendos, viviendas precarias y chabolas infrahumanas; luego sometida como maqueta, planos o murales a las garras de los depredadores en traje y corbata-, el ritmo de Las manos sobre la ciudad, sostenido por la sucesión de acciones que destripan el escándalo, se mantiene con solvencia durante todo el metraje.

Enfocada desde ese discurso de izquierdas característico del cineasta -las posturas son intercambiables si así lo desea el espectador, escarmentado por una u otra facción dependiendo de su lugar de residencia-, la denuncia, que no obstante no cede en su minuciosidad y su pertinente didactismo a la rabia indignada, plasmada en unos diálogos demoledores en su agudeza y contundencia, deja tras de sí un rastro de pesimismo ante una situación que advierte recurrente, tolerada y destinada a perpetuarse en el tiempo. Huelga decir que acierta de pleno.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

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2 comentarios to “Las manos sobre la ciudad”

  1. Hildy Johnson 13 abril, 2015 a 18:17 #

    ¡Me la apunto con entusiasmo! Me interesa muchísimo y me fascina ROD STEIGER. Así que tu texto solo me ha dado claves para decirme que no debo perdérmela.
    Besos
    Hildy

    • elcriticoabulico 14 abril, 2015 a 15:57 #

      ¡Es de las que hay que ver, Hildy! Tan actual como furibunda. Hasta Steiger está bien, y te lo dice alguien a quien no le gusta nada su tendencia a dar voces y ponerse histérico.

      Besos.

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