Tag Archives: Bancos y finanzas

Wall Street 2: El dinero nunca duerme

4 Ago

El regreso de Gordon Gekko deja tras de sí un desagradable tufo de mediocre oportunismo por parte de un autor cuya filmografía se ha caracterizado por un saludable espíritu contestatario y de firme compromiso con los valores sociales y democráticos. Para la segunda parte del especial sobre Oliver Stone en Cine Archivo.

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La locura del dólar

2 Ago

El New Deal, según Frank Capra y Robert Riskin, cronistas de la Gran Depresión desde el optimismo y los valores humanos. El original, completo y decoradito, en Bandeja de Plata.

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Wall Street

30 Jun

El precio del capitalismo; joder y ser jodido, que decía Tony Montana. Análisis crítico de Wall Street para la primera parte del especial sobre Oliver Stone en Cine Archivo.

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Las manos sobre la ciudad

13 Abr

“Tal vez no conseguimos entender las decisiones de la política porque no es en el mundo de la política donde se toman las decisiones.”

Toni Servillo

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Las manos sobre la ciudad

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Las manos sobre la ciudad

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Año: 1963.

Director: Francesco Rosi.

Reparto: Rod Steiger, Carlo Fermiarello, Angelo D’Alessandro, Guido Alberti, Salvo Randone, Vincenzo Metafora.

Tráiler

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           Hay obras que perduran inmutables en el tiempo gracias a su capacidad para expresar con hondura y belleza sentimientos y experiencias comunes al ser humano, independientemente de su época y procedencia. Otras, se conservan intactas a través de los años por, en cambio, plasmar con absoluto rigor las prácticas más reprobables e inmorales del hombre supuestamente civilizado, las cuales, por desgracia, permanecen inalteradas y sobreviven a través de las generaciones.

Las manos sobre la ciudad, que es casi un reportaje sobre las corruptelas político-económicas del Nápoles de comienzo de los sesenta, podría estar ambientada, sin afectar lo más mínimo a su argumento, en la Valencia de antes de ayer. Empero, hay que reconocer que sí es material obsoleto en lo que respecta al contexto particular de la metrópoli partenopea: como se puede observar gracias al libro, película y serie Gomorra, la mafia local ha elevado la degradación del entorno a un nivel nunca antes pensado.

           Desde un prisma de innegociable compromiso izquierdista, Francesco Rosi husmea en los bajos fondos de la conformista Italia bajo el dominio de la Democrazia Cristiana y encuentra que el villano no es el gángster ni el mafioso, por lo habitual escudados por el halo de glamour que les concede injustamente el séptimo arte –y que él ya había desmontado en parte en Salvatore Giuliano, filme donde “tutto è política”-. El antagonista de la función será el concejal Edoardo Nottola (Rod Steiger), quien se sirve de su puesto privilegiado en el ayuntamiento para recalificar terrenos rústicos y beneficiar así a sus empresas de la construcción, de las cuales su hijo ejerce de testaferro.

Así las cosas, en Las manos sobre la ciudad el crimen organizado no emplea pistolas ni armas blancas, sino clientelismo, cálculo político y sobornos a espuertas. Su expresión no es el asalto épico a una caja fuerte o el homicidio furibundo, sino el tráfico de influencias, la prevaricación y la inmoralidad, pintarrajeadas con demagogia y populismo para disimular su mezquindad. Su precio, sin embargo, también se paga en sangre, por medio de una violencia indirecta, apenas tangible por la masa simple que se aviene con cualquier migaja que cae de la mesa, sin un rostro que pueda ser identificado in fraganti por una multitud atenta. Pero es una violencia, insistimos, que se cobra vidas humanas de igual manera que un hampón de las cloacas del sistema. Vista desde la actualidad, es difícil criticar el dibujo de los personajes, maniqueo y no demasiado matizado pero en modo alguno exagerado o caricaturesco.

           A pesar de que el tema de la especulación inmobiliaria también puede dar para construir una obra muy cinematográfica –por ejemplo, esa coetánea adaptación de Hamlet que Akira Kurosawa filmaba en Los canallas duermen en paz-, Rosi apuesta por mantenerse en el sucio y pedestre suelo que pisan los personajes: las maquiavélicas camarillas de los grupos municipales, las comisiones de investigación transformadas en desvergonzada pantomima, las redes de vulgares intercambios de favores, la ley convertida en trampa, la política consistorial –y, por extensión, la democracia- reducida con absoluta desfachatez a la pura farsa. El resultado no es menos apasionante, por crudo, veraz, oportuno y vigente.

           Bajo el protagonismo de la urbe –retratada en los créditos con su problemática de edificios horrendos, viviendas precarias y chabolas infrahumanas; luego sometida como maqueta, planos o murales a las garras de los depredadores en traje y corbata-, el ritmo de Las manos sobre la ciudad, sostenido por la sucesión de acciones que destripan el escándalo, se mantiene con solvencia durante todo el metraje.

Enfocada desde ese discurso de izquierdas característico del cineasta -las posturas son intercambiables si así lo desea el espectador, escarmentado por una u otra facción dependiendo de su lugar de residencia-, la denuncia, que no obstante no cede en su minuciosidad y su pertinente didactismo a la rabia indignada, plasmada en unos diálogos demoledores en su agudeza y contundencia, deja tras de sí un rastro de pesimismo ante una situación que advierte recurrente, tolerada y destinada a perpetuarse en el tiempo. Huelga decir que acierta de pleno.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

El padrino. Parte III

1 Feb

“Le haré una oferta que no podrá rechazar.”

Vito Corleone (El padrino)

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El padrino. Parte III

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El padrino. Parte III

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Año: 1990.

Director: Francis Ford Coppola.

Reparto: Al Pacino, Andy García, Sofia Coppola, Diane Keaton, Talia Shire, Eli Wallach, Franc D’Ambrosio, Richard Bright, George Hamilton, Joe Mantegna, Donal Donnelly, Helmut Berger, Enzo Robutti, Mario Donatone, Raf Vallone.

Tráiler

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            El desheredado. El hermano pequeño e incapaz. El pegote de titanlux que afea la Capilla Sixtina. El padrino. Parte III, la coda a la monumental epopeya de los Corleone, atesora una de las mayores colecciones de insultos y vilipendios de la historia del cine. Añadida 16 años después de la segunda entrega, había transcurrido demasiado tiempo y le separaba una diferencia de calidad suficiente como para suscitar tan enconado recelo, tanto o más cuando el propio Coppola reconocería que su única motivación para embarcarse en un proyecto que consideraba del todo innecesario era recuperarse del apocalíptico batacazo financiero de Corazonada, por desgracia, hito clave en el devenir de su trayectoria como cineasta.

No obstante, a mi juicio El padrino. Parte III continúa siendo una estimable tragedia envuelta en atractivos entramados mafiosos y, ahora, también elevadas confabulaciones políticas y religiosas. Además, la nueva secuela guarda una coherencia casi perfecta con sus dos precedentes y completa el círculo operístico de los Corleone de manera poderosa, reafirmando su recorrido gemelo a otro melodrama épico acerca de Sicilia, éste sí confeccionado para su representación musical sobre las tablas del teatro: Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni. Si cronológicamente la saga comenzaba en el epónimo pueblo de Corleone con un desgarrado “Hanno ammazzato Paolo!”, directamente influido por el célebre “Hanno ammazzato compare Turiddu!” de la obra de Mascagni, en El padrino. Parte III el fatalismo inapelable que acecha a Michael Corleone decide cerrarse definitivamente sobre él escogiendo como providencial escenario el Teatro Massimo de Palermo, de nuevo en Sicilia, donde su hijo Tony, tenor, estrena protagonismo precisamente en Cavalleria Rusticana.

            A lo largo del metraje, el guion de Coppola y Puzo establece a las claras su vocación conclusiva. Como si se tratara de un espejo desde el que se observase por completo la tumultuosa historia de la familia, el esquema narrativo desarrolla numerosos paralelismos en personajes y sensaciones, acciones y consecuencias, que desembocan en la constatación de ese fatalismo que preside inapelable la vertiente de puro cine negro de la serie y que se erige en paciente elemento justiciero, despiadado e implacable.

En El padrino, Michael renegaba de Satanás con atronador cinismo, subrayado en El Padrino. Parte II por medio de una de las sentencias de muerte más estremecedoras y terribles del séptimo arte. El padrino. Parte III culmina este ascenso inmoral al poder para constatar tajantemente que, en realidad, se trataba de un irreversible descenso a los infiernos. En consecuencia, el espectador reencuentra a un anciano y atormentado Michael clamando por Fredo en la tormenta. En esta carrera de Michael por salvar su alma, se acentúa por tanto el juego de abrumadores pecados, lacerantes remordimientos y perdones imposibles. Un tardío intento de contrición que se subraya además con la presencia directa de la religión en una trama ambientada en gran parte en el Vaticano, alrededor de en hechos reales como el papado y la misteriosa muerte de Juan Pablo I o los casos de corrupción del Instituto para las Obras de Religión, más conocido como el Banco del Vaticano, que, por otro lado, ofrecen una jugosa trama criminal. Cuanto más se asciende, mayor es la mierda que se pisa, observará Michael.

         Dado que semejante obra parecía exigir un desenlace apoteósico y catárquico, la película combina imágenes arrolladoras con excesos que se perciben afectados en demasía, concentrados en desproporciones que se perciben casi en una misma escena o, acaso, de acuerdo a la sensibilidad del espectador, en cierta verbalización redundante que, como se veía en las películas precedentes, no era necesaria –la alusiones a las limpiezas del alma a cambio de un sucio soborno, por citar una-. Ejemplo de ello son secuencias como el desopilante ataque en helicóptero que se diría manado del peor cine de acción de la época.

Ese deje hortera se extiende a otros factores que me resultan un tanto estridentes, como son la caracterización de un Michael colonizado por la personalidad de Al Pacino –quien siempre ha mostrado escaso entusiasmo personal hacia la trilogía-, la preocupación por la salud del pontífice expresada de forma hasta cursi o, asunto privado, que aparezca Andy García como el aspirante a sucesor Vinnie Mancini, heredero del carácter volátil de su padre Sonny.

         La intromisión del bastardo sin trono en el organigrama de los Corleone refleja, al igual que sucedía en los dos anteriores episodios, una nueva transformación generacional dentro de un negocio mafioso que, como su progenitor legitimado por la ley, el amoral sistema capitalista estadounidense, se encuentra en perpetua evolución –los Corleone ya son fundamentalmente un consorcio de inversores en Wall Street protegido por un ejército de abogados-.

Es posible que este penúltimo cambio en los tiempos carezca del romanticismo agónico que, paradójicamente, retrataba el fin del romanticismo de la idealizada mafia tradicional y que principalmente acaparaba la atención de la película inaugural –Coppola también abunda en ello con la desmitificación que supone ese anciano diabético que razona y confabula con su hermana solterona y su viejo guardaespaldas en una prosaica cocina-. Incluso una luz naturalista, corriente y poco favorecedora parece haberse impuesto sobre las densas tinieblas características de la fotografía de Gordon Willis.

         Sea como fuere, el conjunto ofrece la suficiente fuerza narrativa y un entusiasmo que va más allá del simple encargo alimenticio y que no solo permite valorar El padrino. Parte III como una cuanta menos digna prolongación de semejantes obras maestras del cine, sino como un filme que, visto con independencia, satisface el paladar con su arrollador conflicto emocional su interesante intriga conspiratoria político-criminal.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

El lobo de Wall Street

30 Ene

Sexo, drogas y acciones en stock, en El Peliculista.

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El capital

13 Jul

Costa-Gavras contra el turbocapitalismo, originalmente en CINEARCHIVO.
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