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Michael Kohlhaas

15 Abr

“Toda revolución se evapora y deja atrás solo el limo de una nueva burocracia.”

Franz Kafka

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Michael Kohlhaas

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Michael Kohlhaas

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Año: 2013.

Director: Arnaud des Pallières.

Reparto: Mads Mikkelsen, Mélusine Mayance, Delphine Chuillot, David Bennent, Paul Bartel, David Kross, Bruno Ganz, Denis Lavant, Roxane Duran, Sergi López.

Tráiler

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            Por dos caballos negros. La antiepopeya de Michael Kohlhaas parte de una anécdota, casi una nimiedad, para desencadenar una revolución obsesiva y desmesurada contra el poder y la injusticia, una misma cosa. Del robo de dos de sus caballos por un barón local, parte el alzamiento del tratante Kohlhaas (Mads Mikkelsen) y su improvisada legión de descontentos. El individuo que, erigido en medida de todo aunque sujeto a unos ideales superiores –el concepto de justicia-, dice basta y alza el puño contra aquello que le agravia, oprime y devora.

            En esta coproducción francoalemana, Arnaud des Pallières recupera la novela de Heinrich von Kleist, inspirada a su vez en la rebelión de Hans Kohlhase en la Sajonia del siglo XVI y que contaba ya con dos adaptaciones al cine, El rebelde, de Volker Schlöndorff, y el western Sin piedad. Del texto seminal, Michael Kohlhaas hereda un estilo desapasionado que se traduce en imágenes distantes, carentes de énfasis respecto de los sentimientos y motivaciones del protagonista y de la violencia de la rebelión –la única batalla, apenas una escaramuza, se observa desde lo alto, en la lejanía-.

Son fotogramas secos, sucintos y estrictamente descriptivos, con una destacada presencia del sonido para componer la atmósfera, además de una elaborada fotografía y un poderoso escenario natural como paradójicas concesiones a la estética, en contraste con la aspereza de la narración. Nunca se dejan llevar por el calor del momento, de la trascendencia o la agresividad de las acciones y las emociones, las cuales incluso serán cuestionadas por boca de Martín Lutero en una síntesis de la ambigüedad del personaje. A juego con la obra, Mikkelsen, escudado en ese rostro que es en sí mismo un paisaje y un discurso, emplea con acierto el minimalismo expresivo.

            A pesar de que en ocasiones se produce cierta confusión narrativa a causa de la planificación del cineasta y a que tampoco logra penetrar por completo en la profundidad abisal del relato –de enormes reminiscencias contemporáneas-, esta forma ascética dota de una sugerente y acertada abstracción atemporal a la crónica al mismo tiempo que expone el absurdo de la empresa, amén de hacer del filme un drama histórico estimulante, atípico dentro de un género que tiende a una épica guerrera plagada de tremebundas orgías sanguinolentas y discursos inflamados pretendidamente monumentales.

La sobriedad o la desnudez de la banda sonora –el silencio es un elemento predominante en la cinta- solo se rompe de cara a un desenlace que certifica la incapacidad del hombre para controlar lo que le rodea y, en consecuencia, el desolador patetismo de la revuelta, de la justicia, del sistema y los ideales degenerados, de todo. No es casual, pues, que Franz Kafka, adalid del individuo tiranizado por el Estado leviatánico y disparatado, emplease una de sus dos únicas apariciones públicas en leer pasajes de una historia que influiría de manera determinante en su obra.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 7.

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