Archivo | 14:48

Un ladrón en la alcoba

10 Abr

“En el cine de Lubitsch, las puertas se abren. Las puertas se cierran. ¿Qué ocurre? ¿Qué hay detrás de la puerta? Todo es imaginado a través de la cerradura.”

Carlos Fuentes

.

.

Un ladrón en la alcoba

.

Un ladrón en la alcoba

.

Año: 1932.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: Herbert Marshall, Kay Francis, Miriam Hopkins, Edward Everett Horton, Charles Ruggles, C. Aubrey Smith.

.

           Escenarios en exclusivas localizaciones de Venecia y París, ambientes aristocráticos, personajes refinados que se enmarañan entre sí a través de relaciones sexualizadas y confusas que ponen en jaque las convenciones sociales de la época y denuncian su hipocresía subyacente,…

Un ladrón en la alcoba sirve como paradigma y magnífico exponente de la comedia sofisticada de los años treinta, terreno donde Ernst Lubitsch impartió magisterio por medio de la insinuación como forma de entender narración, de la sonriente puñalada al corazón de los códigos de comportamiento coetáneos, de la indesmayable elegancia combinada con una velocidad vertiginosa en el chiste, del diálogo chispeante y de la puesta en escena rica en sugerencias, que aquí alcanza una de sus cotas más elevadas gracias al vigoroso empleo del montaje o la sustitución del mismo por el travelling, el juego cómico con el escenario y las imágenes o la audacia e hilaridad de las elipsis.

Son, en definitiva, los rasgos del celebérrimo toque Lubitsch, que conserva irreductible el expresivo estilo visual del silente y se niega a caer en la linealidad teatral que nacía con el sonoro; poseedor de una resonancia conceptual -ese decir sin decir-, que implicaría que la cinta no pudiera relanzarse en 1935, con la aplicación del Código Hays ya reforzada.

Además, según algunos estudiosos, Un ladrón en la alcoba constituye la primera película de la etapa de madurez de su filmografía, ahí es nada.

           Acorde al gusto del cineasta de origen alemán, el triángulo amoroso sostiene la arquitectura del filme, interesando a un hábil ladrón internacional, Gastón Monescu (el estiloso Herbert Marshall), su compinche y amante Lily (la encantadora Miriam Hopkins) y una víctima, la acaudalada Madame Mariette (la sugerente Kay Francis), la cual, debido a su atractivo y su vacío existencial -incapaz de resolverlo con simple dinero-, arrojará un complicado dilema contra las convicciones amorosas y profesionales de Monescu. Una trinidad de personajes tratados con el suficiente cuidado y atención como para que el espectador venza esa barrera de glamour inalcanzable donde habitan y decida unirse a ellos en sus correrías.

           La sensualidad a flor de piel impregna las líneas de guion concebidas por Samson Raphaelson a partir de una pieza de teatro húngara; desde el latrocinio acometido por la pareja con un manifiesto componente de placer erótico hasta la relación de dominación casi de alquiler que caracteriza a la postura de Mariette frente a Monescu, convertido en su secretario particular. Una posición desde la cual el distinguido criminal lucirá una ambigua e intrigante conducta que se debate entre la estafa primigenia y el servicio fiel y que, en este caso, contrastará con la presunta honra de clase de los ricachones encargados de manejar tradicionalmente las empresas de la dama. Una contraposición que, subrayada por ese contexto dramático que retrata la desesperada Europa posterior al Crack de 1929, propicia gags tan actuales como el de la insistencia del director comercial en rebajar la masa salarial de los trabajadores y su absoluta indignación cuando, en cambio, escenas más tarde, se insta a que se rebaje el sueldo junto al resto del consejo ejecutivo.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 8.

A %d blogueros les gusta esto: