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Nameless Gangster

14 Ene

“El cine es el testimonio de una época.”

Juan Antonio Bardem

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Nameless Gangster

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Nameless Gangster.

Año: 2012.

Director: Yun Jong-bin.

Reparto: Choi Min-sik, Ha Jung-woo, Kwak Do-won, Jo Jin-woong, Ma Dong-seok.

Tráiler

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            Todo aquel que haya leído un periódico o visto de pasada un telediario, se encuentra en condiciones de constatar que los poderes formales y fácticos del país –imagino que también del resto del mundo- rinden tributo a la mediocridad. A la mediocridad como herramienta y medio para prosperar dentro de un escalafón que desconfía y ve como una seria amenaza el alzamiento de voces personales, las iniciativas ingeniosas, la voluntad de trabajo y, por supuesto, el idealismo; mientras que, por otro lado, venera la fidelidad sin fisuras, el servilismo y el sota, caballo y rey como garantía de conservación de un confortable, fructífero y exclusivista status quo.

La carrera criminal, cada vez más difícil de distinguir de cualquier otro emprendimiento legal -sea de carácter y vocación pública o privada-, no es ajena en modo alguno a este pasmoso proceso de decrepitud y decadencia de talento y aptitudes. De nuevo, abran los periódicos y examinen la casposa tipología de los principales estafadores, legalizados o no, de la política, el ladrillo y la banca españolas –‘el Pocero’, Paco Camps, ‘Cachuli’, ‘el Bigotes’, Luis Bárcenas, Carlos Fabra, Juan Antonio Roca, Miguel Blesa,…-.

            Aunque coreano, Choi Ik-hyun (el gran Choi Min-sik), el protagonista de Nameless Gangster –un gángster cualquiera, un Don Nadie en definitiva-, podría entrar por méritos propios a formar parte esta plana mayor de la morralla: un empleaducho corrupto de aduanas medrado en director de los casinos de la ciudad costera de Busan. Ya no hay lugar para los épicos ascensos y caídas desde la cima del mundo conquistadas por los viejos mitos del cine de gángsters, que construían su imperio sobre un baño de sangre y fuego amparados en un rencor visceral, producto de una sociedad hostil e injusta, impulsados además por su firme mentalidad sociopática. Ni siquiera para el típico ascenso y caída del cine de Martin Scorsese, fascinado a partes iguales por la violencia, el lujo económico y la dignidad social, e incentivado por el ahogo que impone la carencia absoluta de futuro.

            En Nameless Gangster, la promoción financiera y social de este individuo campechano, simplón, borrachín y bullanguero, torturado por la pérdida de pujanza de su centenaria familia, se concita mediante artimañas de medio pelo, el cultivo atento de los amiguismos y los contactos sociales y el retorcimiento a conveniencia de las relaciones de parentesco tradicionales de la cultura coreana, definidas a través de clanes extensos y enrevesados hasta lo ridículo y que funcionan a modo de organización institucional paralela o incluso superpuesta al Estado. A través de ella, la podredumbre delictiva queda así arraigada en todos los niveles de poder, con su respectivo reflejo en acontecimientos a priori tan dignos como unos Juegos Olímpicos, Seul 1988 en este caso –seguro que les vienen imágenes conocidas a la cabeza-. Ni siquiera las puntuales batallas mafiosas poseen épica, sino que se reducen a un par de refriegas lamentables en las que el bueno de Choi Ik-hyun siempre acaba por llevarse la peor parte.

Pero claro, todo es posible en el cine coreano, que a golpe de vitriólica ironía y sana desmitificación ya había desvencijado los cánones del thriller policíaco en la prodigiosa Memories of Murder.

            Por desgracia, el reflejo del derrumbe del imperio de este atípico mafioso –el orgullo desmedido ataca de nuevo-, se compone por el contrario de manera más convencional. Suena a ya visto y, por ende, resulta menos interesante que la sorprendente primera mitad del filme. Aparte de ello, se acentúa entonces la falta de concisión narrativa, lo que perjudica al ritmo de una película que acaba por dar la sensación de contar con cierto exceso de metraje.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7.

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