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Carta blanca

28 Ene

“Creo en el amor, pero no en la fidelidad. Es lo que me interesa, el amor. De lo demás prefiero no enterarme. Necesito saber que la persona a la que quiero va a estar ahí si la necesito. Creo, entonces, en la fidelidad del corazón. Sobre la del cuerpo tengo más dudas. Una traición de la carne es menos grave.”

Monica Bellucci

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Carta blanca

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Carta blanca.

Año: 2011.

Directores: Bobby Farrely, Peter Farrelly.

Reparto: Owen Wilson, Jason Sudeikis, Jenna Fischer, Christina Applegate, Nikki Whelan, Alexandra Daddario, Richard Jenkins.

Tráiler

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           Para los temibles hermanos Farrelly, la frustración del varón adulto pasa por el mismo lugar que la frustración del varón adolescente y que la frustración del varón joven: el sexo. Bajo este prisma y con la excusa de recrear una de las fantasías a priori ansiadas por el hombre casado, la libertad de acción para el adulterio, Carta blanca amaga con cargar contra la institución del matrimonio, fundamentado en una premisa de monogamia establecida en conflicto directo con los bajos instintos y la efervescencia hormonal idiosincrásica de la naturaleza masculina, persistente, duradera e insaciable a lo largo de los años.

El asunto es que, tal y como sucede también en las comedias facturadas por Judd Apatow, la transgresión se limita a permanecer en el chiste soez y en el uso de un lenguaje sexual explícito. La andanada crítica que apunta contra las convenciones familiares y sexuales gira en el aire como un boomerang y se convierte en una oda al cuento de hadas, aunque con sus rimas rebosantes de términos escatológicos.

           Es una lástima, porque Carta blanca contiene ideas estimables camufladas entre su aparentemente incorrecto planteamiento, luego traicionadas en parte. La capacidad de humillar a sus protagonistas obtiene unos excelentes réditos humorísticos, en buena medida gracias a la entereza de Owen Wilson y Jason Sudeikis en su función de peleles destinados a recibir estopa de todo tipo. No se confundan, ambos son la extrapolación de un género masculino al que, como decíamos, su primitiva naturaleza de sátiro irredimible le condena a permanecer en perpetuo codeo con el patetismo y el ridículo.

Sí, el brochazo y la sal gruesa dominan un panorama trillado, revisado, imitado, plagiado y empeorado hasta cotas inimaginables, aunque cabe decir que unos cuantos gags logran hacer blanco en la diana. Cazan liebres con calibre para elefantes, por supuesto, pero se cobran la pieza

           En el momento en el que los Farrelly comienzan a sentir piedad por sus personajes es cuando la obra pierde enteros de manera vertiginosa en su fondo argumental y su efectividad cómica, ahogada en la sensiblería, el lugar común de la comedia romántica y un conservadurismo inmaduro que, disfrazado de ternura y más allá de su justificación teórico-práctica o no, se convierte en convencido tradicionalista.

 

Nota IMDB: 5,2.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6.

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