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Bestias del sur salvaje

9 Ene

“Encuentro irritante que la etiqueta ‘independiente’ se haya convertido en un halago: se da por supuesto que los filmes independientes son buenos y los de estudio malos. Obviamente, hay películas independientes que son malas y películas de estudio que son estupendas.”

Ethan Coen

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Bestias del sur salvaje

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Bestias del sur salvaje.

Año: 2012.

Director: Behn Zeitlin.

Reparto: Quvenzhané Wallis, Dwight Henry, Lowell Landes, Gina Montana, Pamela Harper, Levy Easterley.

Tráiler

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            Es la cuota indie. Cada año, una película de producción independiente –si es que acaso eso tiene todavía algún significado dentro de la estructura industrial de Hollywood-, por lo general bendecida por el célebre festival de Sundance, se cuela, de forma justificada o no, en la papeleta del premio a mejor película en los Oscar. En la edición celebrada en 2013, tal honor recayó sobre Bestias del sur salvaje.

           Bestias del sur salvaje relata los avatares de una adorable niña pequeña (Quvenzhané Wallis, la nominada al Oscar a mejor actriz más joven de la historia) desposeída de su humilde vivienda -cuatro planchas de uralita en una isla ficticia dejada de la mano de los Estados Unidos- a causa una inundación catastrófica semejante a la desencadenada por el huracán Katrina.

La película habla del traumático tránsito de la infancia a la edad adulta, proceso que en este caso adopta la forma de un camino de redención personal –hay reminiscencias del cuento popular Donde viven los monstruos-, curtido en la adversidad más absoluta, pero también en el amor y la felicidad a la familia y el orgullo hacia uno mismo.

            De la fusión entre la perspectiva subjetiva y fantasiosa de la niña y el crudo realismo sucio de las imágenes, en cuya composición se aprecia la influencia de grandes poetas visuales como Terrence Malick –la profusa voz en off, el trasluz, la naturaleza como personaje-, Behn Zeitlin extrae un lirismo por momentos muy logrado, en especial en lo que se refiere al reflejo de la mirada infantil, unidad de medida del microcosmos del filme y repleta de expresivos símbolos y alegorías que desentrañan la ambigua relación entre el hombre, la sociedad y la naturaleza –la conexión espiritual de los seres vivos desde las entrañas, la amenaza y el miedo a lo salvaje tatuados en la carne, la atribución de la culpa en el desajuste del equilibrio universal, la injusticia como rasgo idiosincrático del género humano, la reivindicación de modos de vida tradicionales y espontáneos-.

            Interesantes planteamientos que, además, revelan un notable talento en la puesta en escena si bien, finalmente, quizás en un fallo imputable a la inexperiencia de Zeitlin, debutante en el largometraje, quedan sepultados bajo una avalancha de sordidez. Al realizador novel se le va la mano con el regodeo morboso en la miseria (moral y material), ingrediente básico y monopolizador de los escenarios y las tramas de esta fábula grotesca de más. El empacho de mugre e histeria contaminan los hallazgos y las bondades que sí ostenta el filme, lo que termina provocando en definitiva una sensación estomagante, repelente y agotadora.

Una lástima.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 4,5.

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