Primavera tardía

11 Oct

Este punto de inflexión en el cine del maestro Yasujirô Ozu, queda registrado en la sección DVD de CINEARCHIVO. Compren, compren.

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“El señor Ozu era muy feliz escribiendo escenas con el señor Kogo Noda en su casa de la Prefectura de Nagano. Al acabar el guion, después de meses de esfuerzo, ya tenía concebidas las imágenes que iba a mostrar en cada toma, por lo que las escenas nunca cambiaban durante el rodaje. Las líneas de diálogo estaban tan pulidas que no nos hubiera tolerado el mínimo error al interpretarlas.”

Chishû Ryû

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Primavera tardía

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Primavera tardía.

Año: 1949.

Director: Yasujirô Ozu.

Reparto: Setsuko Hara, Chishû Ryû, Haruko Sugimura, Jun Usami, Yumeji Tsukioka, Masao Mishima.

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             Pocos cineastas han recogido y reflejado el paso del tiempo con la estoica elegancia y la melancólica serenidad de Yasujirô Ozu. Punto de inflexión en su filmografía Primavera tardía, afronta este gran concepto temático, universal e inexorable, desde dos vertientes que convergen: la colectiva y cultural –Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial, sometido al control de los victoriosos Estados Unidos-, y la personal y privada –su personificación en el trauma de una joven que afronta la edad de abandonar el seno familiar para integrarse en la sociedad por medio del ineludible matrimonio-.

            Ozu, un autor que siempre sitúa a sus personajes y sus dramas íntimos en primer plano, deja apenas traslucir ese primer conflicto a través de sutiles detalles integrados en el escenario y la vida cotidiana que componen el telón de fondo de la película. De este modo, aparece en pantalla un país aún con cicatrices visibles –el recuerdo de la barbarie, como los días de trabajo forzado y carestía- y en el que conviven, con mayor o menor conflicto, el japonés y el inglés, los jardines zen y las megalópolis de cemento, los ropajes tradicional con el vestuario occidental, el shake y la Coca-Cola, la ceremoniosidad de las costumbres con nuevos usos y modas de influencia extranjera –los divorcios y las segundas nupcias; la independencia femenina manifestada en la reticencia al matrimonio, su incorporación al mundo laboral o su innovador empleo del maquillaje-.

Es éste el contexto en el que se integra entonces la materia fundamental que compone la obra madura de Ozu: la exposición de la unidad familiar al inexorable devenir del tiempo, terreno donde Primavera tardía procede a definir los cimientos alrededor de los cuales se asentarán sus películas futuras. Primer capítulo de la trilogía de Noriko –completada con El comienzo del verano y Cuentos de Tokio, en las que aparece un personaje del mismo nombre y rasgos sociales similares, encarnado por la musa del director, Setsuko Hara-, el filme examina el trance de una joven (Hara) atormentada por la perspectiva del alejamiento del hogar que comparte con su anciano padre (Chishû Ryû, otro miembro de la troupe habitual de Ozu) a causa de un matrimonio indeseado pero inexorable, auténtico rito de paso para la integración de la mujer en la sociedad nipona.

Noriko personifica parte de esa dualidad del Japón coetáneo –su rechazo del casamiento, contrapuesto a su desprecio hacia quienes ceden a la tentación de unos segundos esponsales-, a la vez que sufre en sus propias carnes el miedo provocado por la incertidumbre ante el futuro desconocido, separado de la cálida rutina y la confianza que conserva conmemorando su vida al fiel cuidado del viudo cabeza de familia.

             Como será norma en su estilo, en parte contradicho para su propia insatisfacción por Una gallina en el viento, su película inmediatamente precedente, Ozu, de nuevo en alianza artística con su mejor cómplice, su guionista y amigo Kogo Noda, mantiene la tensión del relato en un plano íntimo, casi escondido, implosivo. Primavera tardía construye su desarrollo sobre acciones sencillas y cotidianas, aquellas que componen el armazón de la existencia humana –si no la existencia misma-.

El contenido lirismo de los fotogramas, capturado por una cámara contemplativa, que mira con armonía y afecto los sucesos diarios como parte natural del entorno de sus personajes –es decisiva su característica ubicación a baja altura-, se impone en consecuencia a los clímax típicos y al subrayado melodramático –la boda se esquiva mediante una audaz elipsis, el novio ni siquiera aparece representado en todo el metraje-, sin que por ello la profundidad de su discurso y sus sentimientos se resienta en absoluto. Más bien al contrario.

             Los personajes quedan retratados con la misma complejidad, delicadeza y empatía que despiertan sus relaciones y sus inquietudes particulares, sus temores privados y sacrificios generosos, siempre inscritos dentro de un todo que comprende a la condición humana en su totalidad: seres pertenecientes a un ciclo perpetuo como ese mar que fluye eterno e indiferente frente a la casa de Noriko y su padre.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 8. 

Nota del blog: 9.

10 comentarios to “Primavera tardía”

  1. Dessjuest 11 octubre, 2013 a 15:44 #

    Acojonante las pelis raras que ves, de verdad.

    • elcriticoabulico 11 octubre, 2013 a 20:07 #

      ¡Esta es un clásico, Dessjuest! Lo que pasa que al ser japonesa supongo que está un poco más arrinconada en la memoria colectiva…

      • Dessjuest 11 octubre, 2013 a 20:09 #

        Es lo que tiene el cine japonés, que como el camboyano y el malayo no suelen tener demasiada presencia en mi filmografía 😀

      • elcriticoabulico 11 octubre, 2013 a 20:13 #

        Pues no creas, tiene cosas que merecen la pena una barbaridad. El cine japonés por lo menos. Del malayo comenté una en cierta ocasión, lo recordarás, y del camboyano, agua.

  2. Triste Sina 11 octubre, 2013 a 16:17 #

    Digo simplemente que Ozu es la leche,. Cualquier Ozu. Y tu entrada es estupenda, con dos cojones.

    • elcriticoabulico 11 octubre, 2013 a 20:08 #

      ¡Muchas gracias, Triste Sina! Ozu es un tipo verdaderamente especial. La sencillez y sensibilidad que demuestra en su cine tiene pocos puntos de comparación.

  3. antoniomartingarcia 11 octubre, 2013 a 16:36 #

    Estoy de acuerdo, Ozu es la leche. Es una de mis debilidades. Además tu crítica refleja a la perfección la sencilla y sosegada sensación de humanidad que transmiten sus películas. Con tu permiso, incluiré un link de la entrada que hice en mi blog sobre esta incuestionable obra maestra del cine japonés, http://diccineario.wordpress.com/2013/07/04/cuidado-primavera-tardia/.

    • elcriticoabulico 11 octubre, 2013 a 20:12 #

      Ozu es un genio único, sin duda. Y nada, nada, incluye enlaces con confianza que esto todavía es un sitio público y libre.

  4. altaica 12 octubre, 2013 a 00:59 #

    Sin duda, una vez más, otra crónica excelente y sobre un cine muy poco conocido, salvo los muy aficionados. Aún recuerdo aquellos años. Fueron años de descubrimientos, años juveniles, años en los que todos mis sentidos eran capaces de ponerse de acuerdo, capaces de formar un equipo, maravillarme ante las primeras obras del mejor cine oriental. Su manera de narrar, su sencillez descarnada, la ausencia de lo superfluo, el lirismo mas intimista, la veracidad y limpieza del discurso, la aparente inocencia con hondura purísima, resultaron reveladoras a la hora de entender el cine. Otro cine.

    Muy posiblemente nuestra visión del cine oriental y más concretamente del japonés, esté viciada desde sus comienzos. Tan solo nos llegaron las grandes obras clásicas de sus maestros Ozu, Mizoguchi, Ichikawa, Kurosawa, Imamura y el resto de su producción ha sido difícil de revisar, por no decir imposible, al menos en aquello años. Ahora ya casi no tengo tiempo ni de visitar a los míos o reflexionar lo suficiente.

    La conceptualización de la vida y de los grandes temas recurrentes es posiblemente en esencia la misma que en otras culturas, pero la manera de afrontarlas y tratarlas desde la cinematografía divergen sobremanera. Si parte del cine europeo se engalana y al mismo tiempo se vicia desde mi óptica de una intelectualidad impostada, pomposa, distante, retórica y ampulosa, el cine japonés fundamentalmente (el cine chino cualificado era inexistente hasta décadas bien recientes) afrontaba el tratamiento desde parámetros de humildad y ausencia de ornato.

    No todo el cine europeo es hermano o semejante. Nada tienen que ver los maestros Sjostrom, Dreyer, Bergman, Troell con los italianos, franceses o españoles. Me atrevería a decir que su disimilitud es tan formidable como la comparación entre el cine americano y el oriental. Asimismo, obras maestras del neorrealismo como “Milagro en Milán” o “El ladrón de bicicletas” del mismo autor, se postulan distintas, una desde el humor rayando lo mágico y otra desde la realidad cruel y la ausencia de la más mínima esperanza o fantasía.

    La divergencia cultural puede llegar a generar fascinación por lo opuesto, lo carente y desde esa visión distinta, entiendo que el cine japonés da una lección de maestría, sinceridad y hondura intelectual. Películas como la que nos ocupa son de una sencillez narrativa y de austeridad de medios, no solo materiales, rozando la pobreza. Los sentimientos apenas se muestras, no se exponen, no se venden, tan solo se asoman, deambulan en silencio, como si una leve neblina nos mojara sin darnos cuenta. A veces, para algunos, aparente un concepto como el de ingenuidad, cuando a lo que asistimos es a uno de los mayores grados de profundidad real e infinita, de una humildad auténtica, carente de acicalamiento alguno. Ozu nos conduce sin piedad y en armónico silencio hacia los verdaderos laberintos, esto es, el universo cotidiano.

    Enhorabuena por visitar este cine y darnos la posibilidad de volver a recordar a otros enormes maestros.

    • elcriticoabulico 12 octubre, 2013 a 15:34 #

      La verdad es que el cine japonés es distinto a todos. Posee un sustrato cultural propio, unas circunstancias históricas muy concretas y unas fórmulas narrativas intransferibles. Quizás por esa lejanía hace falta tener cierto “entrenamiento”: su particular ritmo puede resultar desafiante en exceso; su emoción contenida puede pasar por inoperancia; su contraste entre hieratismo y sobreactuación en los intérpretes resultar abrupta en exceso. No obstante, contiene obras maravillosas, obras maestras incuestionables. Siempre es un placer, sobre todo si además te mandan a casa el DVD bien bonito y lleno de extras.

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