Cuentos de Tokio

30 May

“A través de la reflexión, he conseguido desarrollar mi propio estilo como director, prescindiendo de cualquier imitación innecesaria.”

Yasujirô Ozu

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Cuentos de Tokio

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Cuentos de Tokio

Año: 1953.

Director: Yasujirô Ozu.

Reparto: Chisû Ryû, Chieiko Higashiyama, Setsuko Hara, Haruko Sugimura, Sô Yamamura, Kuniko Miyake, Kyôko Kawaga, Shirô Osaka.

Tráiler

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            De los tres grandes cineastas japoneses –Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi y Yasujirô Ozu-, considerados los padres fundadores de la cinematografía nipona, Ozu siempre ostentó la etiqueta de ser el “más japonés” de todos. Una definición que ponía de relevancia el carácter especial, distinto e inimitable de su obra. Por ello, más que la voz de la sensibilidad definitoria de su país, Ozu componía una voz única en sí misma, inconfundible.

Como contrapartida de esta particularidad, la trayectoria de Ozu ha sido tradicionalmente la más ajena al espectador occidental. Sin duda, Cuentos de Tokio es su película más conocida y celebrada, mencionada con frecuencia entre las más grandes cumbres del séptimo arte.

            En Cuentos de Tokio, Ozu aborda muchos de los más grandes temas de la condición humana, y lo hace desde la más prosaica sencillez. El viaje a Tokio de un matrimonio de ancianos para reencontrarse con sus hijos ya adultos enfrenta al espectador con el inexorable paso del tiempo, con el conflicto entre pasado y presente en el contexto del Japón surgido del trauma de la Segunda Guerra Mundial, con el contraste entre decepcionante entre las ilusiones personales y la realidad, con la crueldad e hipocresía de las convenciones sociales y de las relaciones humanas, con el indefectible ocaso de toda existencia.

Contenidos colosales que no aparecen en la pantalla a través de grandes y llamativos trazos, sino que se filtran con delicadeza, desapercibidos, por entre la estructura de un drama de apariencia sosegada y minimalista, con la naturalidad y la ausencia de enfatizaciones gratuitas como seña de identidad del argumento y el estilo. La característica técnica de filmado de Ozu, con cámara baja y tomas largas, apenas movimientos de cámara, ritmo apacible y casi nula visibilidad del montaje, baña las cuidadas imágenes de un lirismo pausado, cálido y melancólico a la vez.

Un marco de enorme belleza e inmenso significado en el que el realizador captura con exactitud milimétrica la tenue disolución de un modo de vida agonizante, en sordo pero vibrante conflicto con el cambio, expresado siempre a través de detalles cotidianos y sutiles y no de ostentosos aspavientos melodramáticos.

            “Una hija casada es como un extraño”, observa el anciano patriarca de la familia. El transcurso de los años, las evidentes cicatrices de la guerra –los hijos muertos, la nuera viuda- y la irreparable contaminación cultural convierte a dos generaciones de una misma familia en absolutos desconocidos. Lazos íntimos en los que prima entonces la genuina conexión humana más que la sangre, ejemplificada por la conmovedora y honesta relación entre los ancianos y su nuera, una mujer valerosa que trata de cerrar sus ardientes heridas a base de esfuerzo, generosidad y disposición positiva.

           El prodigioso oído de Ozu y Kôgo Noda, autor de los mejores libretos de la etapa de madurez del cineasta, alienta vida a los personajes que pueblan Cuentos de Tokio. El estoicismo de los ancianos en la asunción de su nuevo lugar en el microcosmos de la familia –condensación metafórica de toda la sociedad-, la mirada severa de los hijos, la condescendencia y comprensión sincera de la hija adoptiva –un individuo tan vulnerable y desamparado como ellos-, la actitud de los nietos –una habilidad para captar la mirada infantil que Ozu llevará a su cima en Buenos días-, la nostálgica desilusión de la tercera edad desplazada, insatisfecha y desesperanzada.

Son todos ellos retratos reconocibles, reales, insertos en un escenario igual de real y reconocible, lo que permite que la historia trascienda las peculiaridades del contexto histórico y cultural para convertirse en un relato universal.

            Una demostración de veracidad solo al alcance de un pacientísimo observador de la existencia, de un sapiente analista de los resortes que accionan el insondable interior del ser humano.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 8,5.

16 comentarios to “Cuentos de Tokio”

  1. ALTAICAaltaica 30 mayo, 2013 a 18:47 #

    Sin duda una gran película y una espléndida crónica que da en el clavo a la hora de analizar la manera con la que el gran cineasta nipón afronta los grandes temas del ser humano. Siempre he admirado al cine japonés clásico por su manera de sumergirse en las profundidades del hombre, desde la más pura sencillez, desde el más limpio de los discursos, desde la total ausencia de pretensión, desde la mirada y no el discurso, desde la bruma y no desde la tempestad.

    En Europa hay talento o hubo talento en Italia, donde se tocaron profundidades desde la ironía o la evidencia más realista. En el Norte de Europa se hizo desde la densidad y gran carga de erudición en el reto que frente a ese cine oriental queda en entredicho, por no hablar de su pretensión descarada y cargante.

    Obras como Ikiru o la que nos ocupa, obras como La balada de Narayama son claros ejemplos en el tiempo de como la simplicidad y desnudez para visitar lo más complejo es algo que no está al alcance de cualquiera. Posiblemente todo radique en elementos culturales y en la timidez propia de esas civilizaciones para con lo afectivo, cuyo trato se hace humilde.

    • elcriticoabulico 30 mayo, 2013 a 19:24 #

      Desde luego es una mirada muy diferente, lo que hace que para muchos sea un cine un poco menos asequible, sobre todo por ese particular ritmo sosegado que posee, el contraste abrupto entre hieratismo y sobreactuación o sus profundas y distintivas raíces culturales (a pesar de que luego, como ésta, sean obras perfectamente extrapolables al resto del mundo).
      El cine japonés lo he disfrutado mucho, pero mentiría si dijera que es mi favorito: aunque no me decanto al cien por cien por ninguna filmografía nacional en concreto, suelo preferir el gran cine italiano. Afinidad cultural imagino.
      Respecto a La balada de Narayama que mencionas, supongo que tú te referirás a la primera versión, la realizada por Kinoshita de 1958. Yo, que vi la versión de Imamura de 1983, reconozco que me gustó solo a medias. Para mí, en demasiados pasajes se descalabraba en el esperpento. También he de decir que la vi hace mucho y puede que simplemente no entendiera su sentido último…

  2. ALTAICA 31 mayo, 2013 a 09:23 #

    La versión de Imamura es mejor que la de Kinoshita del 58, y lamento discrepar pero desde que la vi en su día siempre me ha parecido una película excepcional, una obra maestra sin paliativos, mucho más ajustada que la versión primera y precisamente se caracteriza por su precisión exacta y lo más alejada del esperpento. Lo mismo soy yo el que tengo que revisarla. Siempre la tuve como una película icono en mis gustos y una de mis favoritas desde hace tiempo. La tengo en VHS y ya sin equipo reproductor. Así tengo más de 1.000 películas que habra que ir pensando que hacer con ellas. ¡Lástima!

    • elcriticoabulico 31 mayo, 2013 a 12:07 #

      Pues fíjate que me resulta raro que te guste una película así. A mí esa acumulación de campesinos endogámicos abonando el campo con fetos, sodomizando perros y despeñando ancianos por las laderas de los montes me pareció de todo menos delicada. Pero si te pones así, la volveré a ver.

  3. ALTAICA 31 mayo, 2013 a 13:23 #

    ¡Coño! tal y como la cuentas parece un despropósito. Yo, desde luego, no la recuerdo así ni por asomo. Todo lo contrario, un retrato doloroso y desolado del sentido de la vida, la utilidad y la transición vital en un lugar ajeno a la piedad y donde la naturaleza es hostil hasta … La volveremos a ver

    • elcriticoabulico 31 mayo, 2013 a 18:18 #

      Por desgracia, es la imagen que me dejó. Mucho puñetazo al estómago y no recuerdo si algo más…

  4. plared 3 junio, 2013 a 04:07 #

    Esta vez coincido con abulico. la balada es una película muy sobrevalorada y que conste que tenia buen recuerdo de ella. La vi hace poco y me pareció un tostón…Igual me hago viejo para determinadas cosas…Cuidaros y la critica y la película que comentas…Magnificas ambas

  5. ALTAICA 3 junio, 2013 a 12:59 #

    Este fin de semana he visto En la casa y Amor, de Ozon y Haneke, respectivamente. La primera me ha parecido un juego malabar curioso y efectista, didáctico y con sugerentes campos para la especulación, pero siempre confeccionada como un artificio en sí mismo que no me cuaja del todo pues siempre se asoma como un mecano trucado; y la segunda frisa la obra maestra, con un rigor intelectual, de planteamiento y concepción sencillamente inmejorable. Su estética, desarrollo y ejecución son portentosas. Espero que tengáis a bien hacer alguna crónica de ellas.

    En relación a la Balada de …, tan solo decir que algunas de las películas que ponéis por las nubes, tanto Plared como Abúlico, no le llegan a la altura de la zapatilla a esta magistral película nipona, pero no es un cine fácil y exige una sensibilidad tan propia como no extensible. Pero intentaré volver a verla. Si la Balada de … es menor que agunos spaguetti del oeste, yo tendré que concluir que mis requerimientos son otros, mis orígenes también y mis gustos a años luz, no por mejores o peores, solo por distintos.

    • elcriticoabulico 3 junio, 2013 a 13:28 #

      Casualidades de la vida, hoy han publicado en cinearchivo la crítica que me encargaron sobre Amor, y además cito en ella a Ozu. Yo voy más allá: obra maestra sin paliativos. Y eso que no me suele gustar Haneke. Aquí, el enlace. Dentro de un par de entradas aparecerá también por el blog.

  6. ALTAICA 3 junio, 2013 a 13:42 #

    Voy de inmediato a leerla. Sí, obra maestra, solo su final que en cierta medida se hace más ampuloso que la linea marcada a lo largo de toda la obra, de rigor sin par, por ello el final se me antoja levemente mas hinchado, pero me sigue pareciendo soberbia. Un abrazo y gracias por el enlace. Ya te comento.

  7. ALTAICA 3 junio, 2013 a 13:50 #

    Una crónica absolutamente excepcional. Una crónica para quitarse el sombrero. Mi más absoluta enhorabuena. Portentoso análisis que me ha emocionado. Gracias Abúlico.

    • elcriticoabulico 3 junio, 2013 a 14:57 #

      Muchas gracias por tus palabras, Altaica, aunque ya sabes que es fácil inspirarse con películas de tal magnitud, la verdad.

  8. ALTAICAaltaica 3 junio, 2013 a 19:12 #

    Por cierto esta noche echan Despertando a Ned en La 2, de la que guardo un gratísimo recuerdo de comedida sencilla, pero maravillosa. Un maravilloso y humilde cuento moral que en su pequeñez se hace grande. Una comedia humildemente hermosa. Espero que la veas. Un abrazo.

    • elcriticoabulico 3 junio, 2013 a 20:41 #

      Que tus amantísimos padres acepten acogerte de nuevo en casa está estupendo, pero también tiene sus contras. No tener el dominio del mando a distancia es uno de ellos. No obstante, ya la encargué en su día, o sea que la película ya caerá por aquí.

  9. ALTAICAaltaica 3 junio, 2013 a 21:08 #

    Adaptación y respeto al medio que se llama. Un abrazo

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