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La fiera de mi niña

21 Oct

“Nunca me gustaron las chicas delgadas, pero Katherine Hepburn tenía un aura que le convertía en la mujer más magnética que había visto en mi vida y que probablemente veré. Uno se sentía obligado a mirarla, a escucharla, sin posibilidad de escape.”

Cary Grant

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La fiera de mi niña

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La fiera de mi niña.

Año: 1938.

Director: Howard Hawks.

Reparto: Katharine Hepburn, Cary Grant, May Robson, Charles Ruggles, Walter Catlett, George Irving, Fritz Feld, Barry Fitzgerald.

Tráiler

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            Pocos géneros o subgéneros han cumplido con la eficacia de la screwball comedy una de las principales misiones del séptimo arte: el alejamiento momentáneo de la prosaica realidad por medio de una experiencia transferida desde el celuloide hasta el espectador encerrado en esa mágica habitación oscura que es la sala de cine.

Este tipo de comedia alocada y desternillante no es sino producto directo de un periodo histórico tan negativo como la Gran Depresión de los años treinta. Frente a la miseria económica y la desesperación, la screwball comedy desplegaba un escenario dominado por un caos ilógico pero humorístico donde un puñado de personajes sofisticados, excéntricos y atractivos quedan enmarañados en una y mil aventuras delirantes, por lo general a causa del impulso arrollador de sus atípicas heroínas: mujeres autónomas, libres y pudientes en obstinada persecución de sus deseos y anhelos sentimentales y sociales.

            Pese a estrenarse en un contexto menos flagelado por la crisis y a haberse saldado con un notable fracaso en taquilla, La fiera de mi niña es sin embargo considerada como el paradigma de la screwball comedy.

A cargo de su realización se encuentra Howard Hawks, maestro versatilísmo capaz de medir al milímetro el montaje y la puesta en escena para imprimir un ritmo frenético al relato, sea cual sea el terreno al que pertenezca el filme –si bien supone un elemento de vital importancia para obtener la sensación de desquiciamiento esencial en este tipo de cintas, de las cuales precisamente había contribuido a sentar sus códigos en La comedia de la vida-. Dos estrellas indiscutibles como Cary Grant, galán universal con una especial vis cómica, y Katherine Hepburn, el rostro femenino de los años treinta, icono del feminismo emancipado y neófita en estas lides burlescas, completaban desde el protagonismo el carácter estelar de esta producción de la RKO.

La desenfrenada retahíla de gags incrementa hasta cotas desconocidas y difícilmente superables la insensatez característica de la screwball comedy gracias a ese auténtico torbellino de la naturaleza que es Susan Vance (Hepburn), despiadado agente del destino encomendado con asombrosa vehemencia a la absoluta devastación de la vida pretérita de un apocado paleontólogo, David Huxley (Grant), hombre en vísperas de un frío matrimonio y un gris futuro de trabajo devoto y constante.

Es, en definitiva, la liberación de los corsés racionales y sociales del hombre de a pie, cristalizado en el amanecer de una vida romántica plena, por muy demencial e incluso físicamente peligrosa que esta amenace ser -el proceso intermedio a este traumático renacimiento espiritual y emocional es de todo menos un plácido camino de rosas-.

             La fiera de mi niña es una película implacable. Quizás no es un relato de especial trascendencia intelectual y sacarle más lecturas de las que posee en un primer vistazo sería forzar demasiado el argumento, pero lo cierto es que nunca dejan de ocurrir cosas, la narración de las mismas es ejemplar en cuanto a tempo cómico y elegancia formal, la química entre los actores es magnífica y, por tanto, es difícil apartar los ojos y la mente de la pantalla. El libreto de Dudley Nichols y Hagar Wilde, autor de la historia original, encadena situaciones cada vez más enloquecidas y absurdas a lo largo de un crescendo rodado a velocidad de vértigo y especialmente cruel con su parte masculina, un pobre individuo que bastante tiene con mantener la dignidad –factor hilarante en sí mismo, dado su calvario- e incluso sobrevivir a las circunstancias (es decir, a la mujer) que lo atropellan.

Así las cosas, uno nunca sabe si compadecerse o reírse del infortunado. No le queda más remedio que, a tenor de la ferocidad humorística de las situaciones, proceder con entusiasmo a lo segundo.

             En 1964, Hawks filmaría una revisión corregida y aumentada de La fiera de mi niña: Su juego favorito.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 8,1. 

Nota del blog: 7,5.

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