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Río Lobo

22 Oct

“Si encuentras algo que funciona, más te vale repetirlo.”

Howard Hawks

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Río Lobo

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Río Lobo.

Año: 1970.

Director: Howard Hawks.

Reparto: John Wayne, Jorge Rivero, Jennifer O’Neill, Jack Elam, Christopher Mitchum, Victor French, Susana Dosamantes, Sherry Lansing, David Huddlestone, Mike Henry.

Filme

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            El Salvaje Oeste, Howard Hawks, John Wayne y el heroísmo testarudo y suicida en nombre de la justicia más elemental e innegociable. Un mismo conflicto dramático y constantes ambientales sobre los que el director estadounidense, siempre acompañado por la guionista Leigh Brackett, experimentará tenues modulaciones y variantes orgánicas a lo largo de tres películas correlativas y homogéneas: Río Bravo, El Dorado y Río Lobo.

            Nocturna, crispada y densa la primera, más relajada e innovadora la segunda, Río Lobo sustituye en cambio ese concepto de la resistencia física y moral frente al asedio del villano –representado en las tres por un cacique de codicia insaciable y métodos maquiavélicos- por la iniciativa de los indefensos y agraviados a la hora de tomar la ofensiva justiciera.

Aquí, la muralla numantina de la cárcel, símbolo de la vigencia de la ley donde se atrincheran el héroe, ya otoñal, borrachuzo y “confortable” (John Wayne), el joven e impetuoso aprendiz (Jorge Rivero) y el anciano bufón (un cuatrero irredento como Jack Elam), es tan solo un escenario anecdótico en el metraje, un tierno guiño acaso a sus películas hermanas.

Además, este particular sentido abnegado y épico de la justicia que se repite en la trilogía, el cual había servido para definir el espíritu del país –diametralmente opuesto por tanto al cinismo y la mugrienta ambigüedad característicos de la agonía del género entonces en curso-, procede en este tercer capítulo a cerrar las heridas abiertas y las divisiones fratricidas derivadas de la Guerra de Secesión, dado que la empresa reparadora será llevada a cabo por hombres originarios de ambos lados del conflicto, ex unionistas y ex confederados.

            Río Lobo es la última obra que filmará el maestro Hawks, pero por momentos está rodada con el mismo vigor que hubiera tenido de ser la primera. La precisión y la energía del asalto al tren que da comienzo al filme –hay sin embargo quien lo atribuye a Yakima Cannutt, responsable de la segunda unidad-, deja de nuevo a las claras el férreo dominio que el veterano cineasta poseía sobre el ritmo y la tensión narrativa gracias al audaz empleo del montaje, la expresividad del encuadre y la vitalidad y empatía de sus situaciones.

El clasicismo y la solidez de Hawks como gran contador de historias se imponen no obstante a la aparición puntual de recursos más modernos como el zoom, elemento de fuerte regusto spaghetti, empleados con menos convencimiento, así como a la percepción de ciertas imperfecciones, sobre relacionadas con en el insuficiente empaque de algunos personajes secundarios.

            En cualquier caso, por encima de cualquier consideración, Río Lobo, un conmovido canto entonado ya con la nostalgia propia del final del camino, transmite una calidez tan melancólica como reconfortante al mismo tiempo que se postula como un excelente western de entretenimiento en el que se manejan con estimable equilibrio la intensidad dramática, los aderezos de humor y la firmeza de la acción.

La despedida de uno de los nombres con mayúsculas de la historia del cine.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

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