Baikonur

10 Oct

“Lo más importante en una película es lograr articular tus intenciones con la mayor precisión posible, tener la habilidad de saber explicarte, saber seducir a los guionistas, a los actores y también al equipo de marketing con tu idea.”

David Fincher

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Baikonur

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Baikonur.

Año: 2011.

Director: Veit Helmer.

Reparto: Alexander Asochakov, Marie de Villepin, Sitora Farmonova, Erbulat Toguzakov, Waléra Kanischtscheff.

Tráiler

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            Aseguraba Gabriel García Márquez que una de las tareas más arduas del escritor consistía en suprimir aquellas partes del texto que, pese a gustarle por la razón que fuera, debían ser erradicadas por el bien del conjunto de la obra.

            Quizás a los guionistas de Baikonur les pareciese una idea estupenda la de construir un romance poético entre el protagonista, un joven kazajo que sobrevive de recolectar la chatarra que cae entorno al cosmódromo que da título al filme, y una turista espacial francesa de imponente atractivo y afectada por la amnesia fruto de un accidente de aterrizaje. Pero, una vez dentro del filme, esta premisa, que además ocupa un lugar central y ejerce de bisagra para urdir la evolución del argumento –un recurso casi equiparable al deus ex machina de la dramaturgia clásica, dado su carácter cercano a lo mágico-, se revela como un lastre difícil de superar. Porque, en el punto en que despierta la muchacha, deja de funcionar, no hay por dónde cogerlo.

El asunto es que si los guionistas hubieran tomado la complicada decisión de prescindir de todo ello y, en cambio, se hubiera centrado más en el marco costumbrista que ofrece esa atávica tribu de las estepas que vive y muere bajo los desechos espaciales, Baikonur podría haber sido una película de lo más interesante. Sería acaso una película menos original –entendiendo la originalidad como sinónimo de ocurrencia extravagante-, pero no menos curiosa.

            A lo largo del metraje afloran varias muestras de la fuerza que poseería la historia en cuestión, con esos cuadros de surrealistas y guasones contrastes que dibuja el enfrentamiento abrupto entre modernidad decadente y tradición vigente –el sacerdote ortodoxo que bendice el despegue, los caballos al galope en pos de las carcasas de los cohetes, el uso de las suras del Corán para dirimir conflictos caídos de la estratosfera-. Contradicciones que, incluso, podrían dotarse de una lectura social crítica que aquí apenas se apunta, como este escenario agónico proveniente del ostentoso pasado soviético convertido ahora en, por un lado, un parque temático para diversión de millonarios y, por otro, en alimenticia y cancerígena escombrera para un puñado de desheredados olvidados por el progreso absoluto que otrora simbolizaba la carrera por la conquista del cosmos.

            Sea como fuere, Baikonur opta por confiar en exceso en el citado romance para componer un filme acerca del antagonismo entre los sueños estelares de su protagonista –ya predestinados por su sobrenombre, Gagarin– y la búsqueda de su lugar en el mundo, de conectar con su verdadera naturaleza, consigo mismo. Se intuye por tanto el mensaje que Baikonur pretende expresar, pero las acciones que articulan su discurso se encuentran sin pulir, lo que da lugar a una narración un tanto inconsistente, atropellada y con unas cuantas decisiones de lógica cuestionable en su haber.

            De este modo, a la propuesta le queda aferrarse a la entrañable simpatía que despiertan unos personajes construidos con solidez y carisma y que, cuanto menos, consiguen que el saldo de la función se mantenga en positivo.

 

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 5,5.

2 comentarios to “Baikonur”

  1. Walder Messin 26 octubre, 2014 a 06:30 #

    Otra que me apunto auque sea solo para ver algo del Baikonur, hoy reliquias de la URSS. Ya ve usted lo necesario que es este blg para mis fines de semana.

    • elcriticoabulico 26 octubre, 2014 a 15:03 #

      Pues es bastante curioso el escenario que propicia esa mezcla de ruina-parque temático de Baikonur. Luego, a la película le falta un par de hervores, pero se deja ver. Agradecido de serle útil.

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