Surcos

12 Oct

“Sólo el tiempo nos puede decir si una película vale o no la pena.”

Curtis Hanson

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Surcos

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Surcos.

Año: 1951.

Director: José Antonio Nieves Conde.

Reparto: Francisco Arenzana, Marisa de Leza, José Prada, María Francés, Ricardo Lucía, María Asquerino, Félix Dafauce, Luis Peña.

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            Hay películas a las que su extraordinaria y determinante valentía ya les avala para entrar en la historia del séptimo arte. Surcos es una de ellas. En 1951, con el paupérrimo franquismo de nuevo envalentonado gracias a la solapada legitimación política y el soporte financiero norteamericano, no corrían buenos tiempos para la crítica social, aunque estuviera desprovista, al menos a simple vista, de carga ideológica –José Antonio Nieves Conde pertenecía al sector no oficialista de Falange y Gonzalo Torrente Ballester, colaborador en la escritura del libreto, también pertenecía al Movimiento-. En cualquier caso, el estreno del filme influiría de forma negativa en la trayectoria de su realizador.

            Con la máxima crudeza posible, trasgrediendo incluso algunos principios de la férrea censura del Régimen, Surcos levanta el acta del éxodo rural en la España apenas salida de la desastrosa autarquía y de las tragedias a él asociadas. En resumen, Surcos es la vida cotidiana transformada en historia, como propugnaban los cánones neorrealistas italianos, con toda la miseria económica y sobre todo moral que la dictadura trataba ignominiosamente de esconder bajo la alfombra. Un imprescindible giro social dentro de una industria local envilecida a golpe de irrisorio cine populachero.

             “Ahora lo que se lleva son las neorrealistas, de problemas sociales, gente de barrio,…”, explica un personaje a su amante. Surcos verbaliza a las claras sus filiaciones. Con absoluta explicitud. No es la sutileza la principal virtud del filme; ni siquiera en los guiños a sus acreedores. Tal y como parece reflejar la cita, Surcos toma del neorrealismo su aspecto más llamativo: los traumáticos apuros de las clases bajas. En consecuencia, debido a su afán de retratar la problemática mediante la ejemplificación, el guion acumula una cantidad insólita de desgracias, concentradas en una familia recién llegada del campo a Madrid para tratar de labrarse su futuro en el duro e ingrato asfalto de la capital.

La obra captura con exactitud el costumbrismo castizo del momento, con sus corralas, sus espectáculos de variedades, su sempiterna picaresca chusca y una jerga chulapa que vista a día de hoy resulta entrañable e irritante a partes iguales. Por el contrario, sus conclusiones, así como su desgarro emocional, van perdiendo por el camino impacto e interés a causa de los excesos discursivos del argumento, aplicados a través de estereotipos monolíticos. Mártires, en definitiva, de un ensañamiento melodramático y concienciador que, en su tremendismo, termina por ser casi cómico.

             No obstante, aparte de algunas delicadezas formales de notable expresividad –la orden de apagar la luz para nublar un sueño, la cortina de humo del final-, y una despiadada puntilla pronunciada por la matriarca –las vergüenzas condenadas a no cesar-, cabe reconocer en Surcos la pervivencia de arquetipos y mentalidades de la España atávica y contemporánea, caso de ese falso orgullo hidalgo o de señorito que junto a la hipócrita moral religiosa coaccionan la vida social, el aprecio por los chollos del estraperlo –sea tabaco, sea ropa de imitación- o el venerado prohombre enriquecido sobre la cochambre a fuerza de latrocinio, caciquismo y corrupción.

Es decir, todo aquello que suele acuñarse bajo el despreciable nombre de ‘marca España’ y que, como si no pasase el tiempo, continúa aplicándose sobre las testas uncidas de nosotros, nuevos españolitos, pobres catetos venidos a más y víctimas de los mismos sueños y engaños que los protagonistas de Surcos.

             Un hito de la cinematografía española.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 6,5.

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8 comentarios to “Surcos”

  1. plared 14 octubre, 2014 a 03:25 #

    Pues a mi me parece mas demoledora que la mayoría de las que se hacen ahora. Mucho mas real en un periodo que debía de ser parecido a lo que muestra.. Que las actuales que de tanta marginacion que intentan demostrar, suenan a falso

    . Pero bueno, tu critica como siempre precisa y diseccionadora. Aunque algo no entiendo……

    No parece gustarte mucho o por lo menos eso creo entender. Y sin embargo la nota que le das es bastante buena. Cuídate campeón

    • elcriticoabulico 14 octubre, 2014 a 15:11 #

      Aprecio Surcos, pero con matices. De ahí que tenga buena nota, pero no excelente. Presenta situaciones realistas, no lo dudo -y además las presenta con contundencia, naturalidad y eficacia-, pero acumular una detrás de otra creo que la conduce al tremendismo. Y la pierde. Un abrazo, Plared.

  2. uraniaenberlin 26 octubre, 2014 a 22:04 #

    Efectivamente, Surcos es costumbrismo castizo “social” pero realizado de manera muy sólida. Su valor reside en el contexto en que fue realizada, por lo que yo creo que si no es una obra maestra está cerca de serlo. No se podían pedir peras al olmo en la España autárquica (plasmar el “descaro” del neorrealismo italiano) aunque tampoco en la que llamaron “aperturismo” tecnocrático de los sesenta donde Berlanga dejó lo mejor del cine español de siempre. Quizás el director más inteligente de todos a la hora de sortear la censura, quien, a su manera, claro, explicitaba con soberana inteligencia las miserias del régimen. Nieves Conde, era falangista pero fue víctima del tijeretazo censor y parece ser que le pusieron zancadillas por no ser demasiado apegado al cine de peineta y nacional-católico (como el de Orduña, ejemplo de entronización de los valores fascistas). Me parece una gran película (no al estilo de un Plácido, El Verdugo…) por la audacia del planteamiento, independientemente de que haya envejecido prematuramente “gracias” a esos tics localistas…Pero es que teniendo lo que tenía enfrente…yo le daría un par de puntos más.

    Salud

    • elcriticoabulico 27 octubre, 2014 a 14:59 #

      Ese contexto que señalas es lo que le justifica para enmarcarla como una de las obras capitales del cine español. Pero no sé, creo que a los pobres protagonistas solo les falta que les caiga un rayo mientras cargan los palos de golf de un señorito. Se le va un poco la mano con el guion.

  3. ALTAICA 3 diciembre, 2014 a 03:26 #

    Estoy con Abúlico, vista hoy (esta noche después de muchos años), sí se observan excesivos subrayados y una sucesión de “golpes afectivos y sociales” que en su reiteración sin pausa acusan la demasía, sin negarle una magnífica ejecución formal, con algún que otro lujo estilístico y una notable puesta en escena.

    Las interpretaciones de algunos actores están en el límite de la sobreactuación o, por el contrario, en su evidente carencia de conocimientos interpretativos (supongo que buscando ese realismo en algunos secundarios), así como muchas escenas están forzadas, otorgándole cierto tono a película más antigua de lo que en realidad es. Igualmente el guión es en cierto momento previsible, afectado y de juego fácil. Un mero ejemplo es el retrato que dibuja de la mujer y de las relaciones entre géneros, que, o bien es desolador y excesivo (la humillación sistemática del viejo por parte de su esposa, la utilización de la candidez en manos del estraperlista, la novia que solo explota al novio con el fin de mejorar de nivel de vida, la representación de los títeres, y así muchas más) o, por el contrario bucólico y mágico ( hospitalarios padre e hija y sus guiñoles). Todo demasiado primario e incluso casi infantil intelectualmente por momentos. Se le notan los años, pero es un sólido retrato social, brillantemente dirigido (creo que lo mejor de la película) y, pese a sus innegables lastres ya citados, estamos ante una notable película de una época de nuestro cine que, como ya he dicho en varias ocasiones, no nos dejó demasiadas perlas. Un abrazo.

    • elcriticoabulico 3 diciembre, 2014 a 15:44 #

      Como dices, se encorseta demasiado en su discurso, el cual es al mismo tiempo su virtud y su defecto. En mi opinión, prima su valor histórico (que es mucho) sobre el cinematográfico (que tampoco está mal en algunos aspectos).

  4. Francisco Martinez Vegazo 3 diciembre, 2014 a 17:50 #

    Nuevamente coincido en lo que dices sobre el valor histórico-social frente al cinematográifico, sin desmerecer este último.

    Cuando hablo de ciertos elementos algo simples o primarios, recuerdo por ejemplo la presentación del grupo familiar y su llegada a la gran ciudad (por el contrario bien dibujado el progresivo deterioro moral de algunos personajes, a modo de una urbe que deshumaniza), cuando en la estación de tren, en el autobús o en las colas del desempleo, vemos la humillación que sufren por parte de sus sinónimos (otros que igualmente emigraron del medio rural a la ciudad), pero de forma tan evidente y fácil que se queda en una obviedad mal retratada. Ese tono asoma en demasiados tramos de la pelicula, frente a otros mejor conseguidos.

    La coralidad de la trama no justifica que algunos personajes estén superficialmente retratados o presenten vínculos apenas perfilados, si bien también hay otros que sí exhiben mucha mayor solidez. Creo que es una Interesante y arriesgada obra desde el punto de vista formal y de documento de una época, que un guión no suficientemente perfilado o con demasiado atajos, impide que sea una gran película. Saludos

    • elcriticoabulico 4 diciembre, 2014 a 15:45 #

      No confía en que los espectadores puedan sacar sus propias conclusiones y prefiere darlo todo de manera directa, mascada. Este tipo de alegatos los hará con mayor astucia e inteligencia gente como Berlanga, que envolvía auténticas píldoras venenosas en delicioso chocolate cómico. Pero claro, para que alguien se atreva a ello, primero tiene que existir una película como Surcos.

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