La vida de Émile Zola

3 Feb

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Año: 1937.

Director: William Dieterle.

Reparto: Paul Muni, Joseph Schildkraut, Gale Sondergaard, Gloria Holden, Donald Crisp, Henry O’Neill, Louis Calhern, Robert Barrat, Harry Davenport, Robert Warwick, Gilbert Emery, Walter Kingsford, Grant Mitchell, Morris Carnovsky, Florence Roberts, Vladimir Sokoloff.

Tráiler

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         En La forma de lo que vendrá, publicada en 1933, H.G. Wells pronosticaba un futuro inmediato condicionado por un extensísimo conflicto bélico -presentimiento acertado de la Segunda Guerra Mundial– en el que, no obstante, España se mantenía al margen gracias a la influencia en pro de la paz y en contra de las ideologías del odio por parte de intelectuales como José Ortega y Gasset -a quien había conocido personalmente- o Miguel de Unamuno -a quien defendería después de que muriera en torturado conflicto consigo mismo-. Aunque esta última predicción estuviese rematadamente errada -al final España sería la primera en dar cuerpo a este clima bélico protagonizando una guerra civil con toda esa virulencia fratricida que el escritor inglés no veía tan acentuada en el país-, la posición de Wells sirve para ejemplificar la relevancia de los pensadores y de las personas de cultura para calibrar y advertir sobre la deriva moral de la sociedad, un debate candente en una actualidad marcada por el relativismo -moral, histórico- y en la que el debate público se encuentra más vulgarizado que democratizado -las posiciones estridentes tienden a quedar sobrerrepresentadas- de la mano de las redes sociales o, en el ámbito público, las tertulias entre opinólogos para todo.

En la coda de La vida de Émile Zola, se describe al literato francés como “un momento de la conciencia del ser humano”. El filme reconstruye la acción suicida y a contracorriente que Émile Zola acometió, poniendo en juego su propia persona, en defensa del capitán Alfred Dreyfuss, procesado y condenado por alta traición en un consejo de guerra sin garantía alguna y que, en el fondo, revelaba el profundo antisemitismo de la Europa del periodo -cuestión esta última, por desgracia, atemperada desde el aparato de producción-. Así pues, la película muestra la intervención de Zola -Paul Muni, con su habitual e intensa convicción- en el caso Dreyfuss como la culminación épica y definitiva de un recorrido biográfico marcado por el compromiso con el ser humano y con la verdad frente a cualquier forma de poder -imperio, república…- y frente a las injusticias de la sociedad, que William Dieterle presenta en una París sucia, brutal y despiadada a través de escenas tan hondamente demoledoras como la del suicidio en el Sena. El novelista revolucionario queda emparejado, de esta forma, con el intelectual comprometido.

         La vida de Émile Zola es por tanto el reflejo de esta lucha por sacar a la luz lo feo, lo desagradable y lo verdadero aun a costa de un innegociable sacrificio personal -económico, de prestigio-, tan solo en aras de la honestidad y de la dignidad. Frente a la entereza de Zola -que también necesita de su propia brujula para recuperar el sendero, en este caso el pintor Paul Cézanne que viene a recordarle el hambre como acicate esencial del artista independiente- se contrapone una jerarquía militar que obra con arrogante impunidad, hasta convertir valores absolutos como la Justicia en una atroz farsa -las contradicciones de la justicia militar, ese tema tan apropiado para entregar obras mayores como Senderos de gloria, Rey y patria o Consejo de guerra-. Y no digamos ya conceptos tan interesados y fraudulentos como el de la patria.

         A pesar de esa citada timidez para hacer hincapié en la cuestión racial, el fondo de La vida de Émile Zola es rotundo y contundente en su médula subversiva y su cuestionamiento de la autoridad establecida. El libreto ofrece reflexiones de calado y profundidad de la boca de un hombre que osó poner en negro sobre blanco los atropellos criminales de un sistema que se ceba con los parias, los diferentes o los discriminados. Un hombre que desenmascaró las atronadoras vergüenzas que se esconden detrás de proclamas con las que se manipula torticeramente la voluntad de unas masas que, por su parte, hacen dejación de todo espíritu crítico. Unas lecciones que sirven tanto para practicar el recuerdo del pasado como para mirar con perspectiva fiscalizadora los movimientos sociopolíticos del presente. Prueba de su vigencia puede ser el reciente estreno de El oficial y el espía, un nuevo acercamiento al caso Dreyfuss que, en algunos planos, como la degradación del capitán alsaciano, cita directamente el trabajo de Dieterle.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8,5.

4 comentarios para “La vida de Émile Zola”

  1. Deckard 3 febrero, 2020 a 14:00 #

    Oportuna revisión de este magnífico clásico a raíz del estreno de la última obra de Polanski. Buena muestra de la importancia que muchos damos al cinematógrafo como vehiculo de difusión de ideas, y que algunos utilizan con fines propagándisticos, hay que decir que “La vida de Emile Zola” nunca se estrenó en España en salas comercialmente. Porque su fecha de estreno hubiera coincidido con la época más delicada de la Segunda Republica, en un clima casi prebélico. Ya te dije en su día que no creo que fuera ajeno a este hecho de no haberse estrenado el contenido incendiario del guión, muy fervorosamente a favor de Dreyfuss y Zola. Supongo que alguno o algunos consideraron que no había que echar más gasolina al fuego. Si realmente fue así, tampoco es fácil juzgar una decisión así, puesto que habría que ponerse en el pellejo de los españoles de esa época tan difícil. No obstante, la película es magnífica. Un clásico a reivindicar.

    Saludos.

    • elcriticoabulico 3 febrero, 2020 a 14:03 #

      Uf, a saber, caía ahí en plena guerra… Con lo bien que vendría un ejemplo como el de Zola en esos tiempos, precisamente.
      Saludos, Deckard.

    • Deckard 3 febrero, 2020 a 14:06 #

      Bueno. Quisiera puntualizar que el estreno en USA se dio año y pico después del estallido de la guerra en España, así que puede que los motivos de que no se estrenara en España a lo mejor no fueran del todo políticos sino más bien de las dificultades lógicas de estrenar cine en un país en guerra (no sé de dónde había sacado que la fecha de estreno coincidia justo con los últimos meses de la República, pero para que veais que yo, como diría Ayn Rand “reviso mis premisas”…..)

      Aunque sigo pensando que pudo existir también algún condicionante político.

      Un saludo.

      • elcriticoabulico 3 febrero, 2020 a 14:19 #

        Es probable. No andaba el horno para bollos. Y menos para escuchar a intelectuales que defienden la rectitud y la dignidad moral.

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