El francotirador

19 Abr

El asesino en serie como protagonista. El francotirador: traumas psicológicos, misoginia rampante, frustración irreparable y culto a la violencia bajo la alfombra del sueño americano. Para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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“Yo soy la proyección de la mentira en que vives. Júzgame y senténciame, pero siempre estaré viviendo en ti.”

Charles Manson

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El francotirador

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El francotirador

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Año: 1952.

Director: Edward Dmytryk.

Reparto: Arthur Franz, Adolphe Menjou, Richard Kiley, Gerald Mohr, Marie Windsor, Frank Faylen, Mabel Paige.

Tráiler

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            No es el primer thriller con asesino en serie, pero El francotirador sí es probablemente uno de los filmes pioneros en otorgarle un rol protagónico para, en consecuencia, tratar de reconstruir su desmoronada mente psicótica. [más] Tiene cierta pretensión de realidad absoluta esta película que, además, se vuelca con decisión a la crudeza y la amargura de la calle siguiendo la línea del noir social de posguerra [más].

            Ambas cuestiones convergen en el origen de esta obra, liderada por un productor afín a temas controvertidos y realizador en ciernes perteneciente a la camada que abanderará la regeneración sociodemocrática del cine norteamericano, Stanley Kramer, y dirigida por una de las más célebres figuras arrolladas por la paranoia mccarthista, Edward Dmytryk, cuya mera contratación era ya un tanto que Kramer se apuntaba en el haber moral del proyecto [más]. Al mismo tiempo, el libreto se compone con evidentes aspiraciones de indagación psicológica, ambientado en un territorio de pretensiones documentales [más]. También, y aquí en sentido literal, en el prólogo escrito donde se informa al espectador acerca del problema candente de los delitos sexuales y machistas en el país, [más].

            Así pues, El francotirador enarbola un discurso progresista perfectamente deletreado desde su comienzo y convertido en verbo incluso por las líneas de diálogo de un personaje concreto, el psicólogo encarnado por Richard Kiley, [más] que de postre regala al resto de personajes y al espectador unas lecciones de sociología práctica sobre la necesidad del tratamiento y la reinserción desprejuiciada del sociópata, una víctima más de su enfermedad.

No obstante, este mensaje consigue sobrevivir por la potencia de su convicción, no tanto expresada por los alegatos de este forense, sino por la rabia con la que el argumento reproduce la mugre escondida bajo la rutilante alfombra americana [más].

            Sobre este retrato aciago recae la pervivencia de El francotirador, envejecida en cambio por el lado de ese compendio de psicologismos con el que se reconstruye la perspectiva fragmentada de Eddie Miller, “un hombre que odia a las mujeres”. [más] En este aspecto, la función se libra de hundirse por el tonelaje del tópico -también en buena medida sobrevenido a posteriori, hay que reconocerlo- gracias al matizado trabajo de Arthur Franz al frente del personaje, capaz de insuflarle humanidad, y a la habilidad de Dmytryk para construir secuencias perturbadoras [más].

            Reivindicada con los años, El francotirador obtendría unos pobres resultados en taquilla [más].

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

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