Tag Archives: Zombis e infectados

Los muertos no mueren

2 Jul

.

Año: 2019.

Director: Jim Jarmusch.

Reparto: Bill Murray, Adam Driver, Tom Waits, Tilda Swinton, Chloë Sevigny, Steve Buscemi, Danny Glover, Caleb Landry Jones, Maya Delmont, Taliyah Whitaker, Jahi Di’Allo Winston, Rosie Pérez, RZA, Selena Gomez, Austin Butler, Luka Sabbat, Larry Fessenden, Eszter Balint, Iggy Pop, Sara Driver, Carol KaneSturgill Simpson.

Tráiler

.

         Es probable que Jim Jarmusch se haya tropezado por la calle en alguna ocasión con un smombie, una de las especies que camina por el entorno urbano cada vez en mayor número, hasta el punto de que, en algunos lugares, han merecido señalización específica para regular su presencia. También conocido con su nombre en extenso, el ‘smartphone zombie’, el smombi es uno de los protagonistas de Los muertos no mueren, en la que el cineasta estadounidense, sempiterno habitante independiente de los márgenes de la sociedad, al igual que el ermitaño de la película, observa con sus prismáticos la decadencia del ciudadano occidental y augura el avecinamiento de un apocalipsis absurdo, empujado por el negacionismo homicida del cambio climático por parte de las autoridades pero rematado por las insaciables ansias materialistas de una masa humana sin alma, tan solo animada por impulsos de consumo, cuando no por la orgullosa y desacomplejada mezquindad que, como plaga, se extiende por el país bajo el grotesco pelucón de Donald Trump.

         No es esta una interpretación aventurada. La lectura sale de cajón viendo las imágenes, por lo que Jarmusch no la esconde -del mismo modo que no esconde al filme en sí como obra de ficción, que contiene un nuevo catálogo de filias y abundante metarreferencialidad-. Es más, la manifiesta de palabra y por triplicado, incluída síntesis final. Si algo distingue al autor es su manera de dejar su sello particular, de leer con su propia voz aquellos géneros por los que transita -sin reverencia o con desapego hacia los códigos tradicionales-, como el western (Dead Man) o el noir (Ghost Dog, el camino del samurái; Los límites del control). También puede decirse lo mismo de su empleo de otros figuras clásicas del terror como los vampiros, a quienes convertía en Solo los amantes sobreviven en guardianes de las esencias más elevadas de la humanidad. Al igual estos, el zombie de Los muertos no mueren funciona como elemento alegórico, aunque en este caso con intenciones antitéticas, como representación de la degradación del ser humano crítico y sintiente.

         La obviedad de la sátira, pues, se subraya con inesperada insistencia. Debido a ello termina por dar una sensación de simpleza, de que la cinta poco más tiene que aportar aparte de esta caricatura de base, por acertada que pueda ser la idea -que además ya estaba, a su manera, en el espíritu de los zombies modernos invocados por George A. Romero-. Y en consecuencia, más allá de ese tono entre cotidiano y absurdo en el que se mueve todo con parsimonioso estupor, Los muertos no mueren parece una obra extrañamente convencional para ser de Jarmusch. O quizás solamente perezosa. El amplio despliegue de personajes es caprichoso, casi se diría más enfocado a dar espacio a amigos y conocidos que a proporcionar pinceladas de color o matices al conjunto. Muchos no van a ningún lado, son mera presentación de un personaje y una situación, sin mayor desarrollo y hasta sin conclusión. Unos se desaprovechan, otros tan solo abultan el relato, desequilibrándolo, todo con un leve desapego, con una leve dejadez.

.

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 6.

Planet Terror

30 Jul

.

Año: 2007.

Director: Robert Rodriguez.

Reparto: Freddy Rodríguez, Rose McGowan, Bruce Willis, Marley Shelton, Josh Brolin, Naveen Andrews, Michael Biehn, Jeff Fahey, Michael Parks, Fergie, Quentin Tarantino, Tom Savini, Rebel Rodriguez, Electra Avellán, Elise Avellán.

Tráiler

.

         Lo cierto es que, antes de que ambos materializaran su sesión doble de Grindhouse, Robert Rodriguez había afrontado la revisión del exploitation y de la serie Z de forma más decidida que su amigo Quentin Tarantino, y además de una manera más próxima a la naturaleza desaforadamente lúdica del submundo, con menos atención a la revisión erudita, posmoderna y cierto modo distanciada de su compañero de afición y aventuras. Abierto hasta el amanecer podía ser el emblema de ello: una mezcla de acción y terror vampírico, sabor tex-mex marca de la casa e ironía autoconsciente de estos nuevos tiempos. También su decisión posterior de hacer realidad Machete, uno de los paródicos tráilers filmados ex-profeso para esta producción compartida, e incluso de entregar una secuela de la misma.

         Siguiendo con esta premisa, la mitad que Rodriguez aporta a Grindhouse, Planet Terror, tiene la textura nostálgica que también exhibe, sobre todo en su primera parte, Death Proof. Esto es, los entrañables defectos o las estridencias de la fotografía, el montaje, el sonido y, por supuesto, el guion, incluidos aquí deficiencias deliberadas como una oportuna bobina de metraje perdida. La cutrez lavada, reensamblada y perfeccionada con el amor de un fan, aunque, quizás un tanto cínicamente, desde un talento y unos medios mayores.

Pero, en cualquier caso, la atención del realizador texano se centra más en el despendole argumental y la vorágine de acción de este survival apocalíptico con zombis, conspiraciones militares, pistoleros mexicanos mitológicos, violencia gore, erotismo soft y amor por la barbacoa.

         En consecuencia, Planet Terror no luce la fuerza visual de Death Proof ni busca dar un paso cinematográfico más allá a partir del añorado material de base, pero a fin de cuentas se mantiene como un entretenimiento simpático con un buen sentido del delirio y un apropiado tempo narrativo acorde a la libertad total para disfrutar, que es lo que Rodriguez y Tarantino tratan de reivindicar, cada uno a su manera, de este microuniverso perdido, queriblemente imperfecto.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

The Mad Ghoul

16 Ene

Después de resucitar una vez más al bueno de Boris Karloff, doctores locos y zombis melodramáticos para cerrar esta nueva sesión doble de terror de Atelier 13. En Cine Archivo.

.

Sigue leyendo

Soy leyenda

20 Ago

“Todo el mundo tiene su propia fantasía sobre el Apocalipsis, qué harían si el mundo se acabase.”

Simon Pegg

.

.

Soy leyenda

.

Soy leyenda.

Año: 2007.

Director: Francis Lawrence.

Reparto: Will Smith, Alice Braga, Charlie Tahan, Salli Richardson-Whitfield, Willow Smith, Dash Mihok.

Filme

.

            En Soy leyenda, el escritor Richard Matheson establecía un poderoso juego psicológico con el lector, quien, a lo largo de las páginas, había establecido su identificación con Robert Neville, el único superviviente de la extinción de la raza humana enfrentado a los vampiros que han surgido de entre los innumerables cadáveres. Toda esta traslación de personalidad quedaba desmontada al final del relato, en un desenlace dueño de una fuerza reflexiva y moral apabullante donde ese desprevenido lector descubría que, en realidad, su punto de vista en la narración se había correspondido con la figura que más se aproximaba al papel de monstruo, y no al de héroe.

            Tercer largometraje sobre la novela de Matheson –obviaremos I am Omega, el ‘mockbuster’ de la temible The Asylum-, Soy leyenda reduce tamaño conflicto moral al sempiterno y maniqueo enfrentamiento entre el Bien y el Mal, entre luz y oscuridad. En este sentido, el Neville de la película de Francis Lawrence ahonda en el enfoque mesiánico que se le había conferido en El último hombre… vivo para, como sucedía en aquella con Charlton Heston, amoldarse de nuevo como un guante a las pretensiones de su estrella: aquí Will Smith, héroe campechano, familiar y religioso.

Neville, por tanto, es simplemente un hombre bueno que, como el santo Job, después de sufrir una pavorosa sucesión de castigos –producidos en origen porque el ser humano ha tratado precisamente de jugar a ser Dios con el ‘inicuo’ objetivo de curar el cáncer-, debe reencontrar el camino perdido, recuperar la fe y redimirse. Así pues, frente a él, los monstruos son monstruos, sin más vueltas, a pesar de incipientes matices de personalidad que, en última instancia, quedarán por desarrollar, sometidos a un desenlace tontorrón dictado por las normas de esa figura tiránica, pura falacia esgrimida por productores timoratos e incapaces, que es el ‘consumidor medio’ –el final alternativo propuesto sí apostaba en cambio por potenciar definitivamente estos rasgos-.

            De esta manera, el drama pierde complejidad y se convierte en rutinario y predecible; sensaciones que se acrecientan con la adscripción del filme a la plaga zombi –o de infectados, tanto da-, que reverdecía en los ‘blockbusters’ veraniegos durante la primera década del milenio. Las criaturas, además de tediosas, están animadas con unos efectos especiales impropios de una película de estas características y este presupuesto.

            No obstante, dejando de lado su conservador trasfondo ideológico, Soy leyenda tampoco es mal entretenimiento, en sentido estricto. Posee buen ritmo, sabe dosificar bien las dosis de intriga, exhibe algún detalle reivindicable –una muerte elegantemente ejecutada fuera de campo, con un rostro fijo y sonidos de fondo- y como vehículo de lucimiento sabe explotar el carisma y la intensidad de Will Smith, un actor decente, aunque su interpretación atraviese unos cuantos clichés. Y, más que nada, Soy leyenda es corta, con poco más de hora y media de metraje. No corre el riesgo de caer en la grandilocuencia y andarse por las ramas, un defecto que en vez de aportar seriedad y profundidad a las películas taquilleras, acaba sumiéndolas en el marasmo.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 5.

La cabaña en el bosque

24 Nov

“No hay nada más fácil que asustar al espectador. Es mucho más difícil hacerlo reír, que se ría de verdad.”

Ingmar Bergman

.

.

La cabaña en el bosque

.

La cabaña en el bosque.

Año: 2011.

Director: Drew Goddard.

Reparto: Kristen Connolly, Chris Hemsworth, Anna Hutchinson, Frank Kranz, Jesse Williams, Richard Jenkins, Bradley Whitford, Sigourney Weaver.

Tráiler

.

            Un género epidérmico por naturaleza como el cine de terror está sometido a la exigencia de una renovación continua para lograr el objetivo de burlar un envejecimiento en este caso especialmente rápido y pronunciado –ejemplo de ello es el ya manifiesto agotamiento de recientes vías abiertas como el ‘torture porn’ y el metraje encontrado-. En este sentido, el empleo repetitivo hasta la saciedad de una limitada serie de fórmulas y recursos provoca que estos hayan quedado deformados hasta el ridículo, pasando por esta misma razón a constituir un campo abonado para la parodia –ver Scary Movie y similares-.

La cabaña en el bosque parte con la lección bien aprendida de estas premisas para entremezclar un sentido homenaje al cine de terror popular junto con el despelleje irónico y despiadado de sus más evidentes desmanes. Más que una película de terror, La cabaña en el bosque es una película sobre las películas de terror.

            El guion de Drew Goddard –curtido en las enmarañadas tramas metafísicas de Perdidos– y Joss Whedon –un cineasta lo suficientemente inteligente como para haber dignificado el monótono ‘blockbuster’ superhéroico con Los vengadores– se presenta entonces como un auténtico estudio metalingüístico en el que el paradigmático esquema del ‘slasher’ entrecruza su camino con una tesis satírica sobre el acto demiúrgico de este universo en miniatura que es la ‘horror movie’, sujeto a leyes y códigos particulares y casi inmutables.

Si Wes Craven, personalidad de referencia en el terror contemporáneo, se erigía en pionero en el propósito de exponer el género ante su propio reflejo por medio de la saga Scream -donde la figura del fan, convertido en un personaje más, era capaz de predecir los pasos del asesino gracias a su irreductible cinefagia-, en La cabaña en el bosque son por su parte una pareja de metódicos funcionarios los que oficiarán de transmutación alegórica de los ideólogos y artífices de la función.

Son ellos los que, desde su cabina de mando, reclutan a los protagonistas a partir de un listado de arquetipos preestablecidos –la prostituta, el atleta, el loco, el erudito, la virgen-, proponen las reglas de juego, desencadenan una amenaza escogida de entre un millar de opciones posibles y se sientan a observar divertidos cómo evoluciona poco a poco su criatura, destinada a contentar a una clientela ávida de atrocidades malsanas –el público, dios supremo al que se ofrendan cruentos sacrificios desde la noche de los tiempos-. Incluso podría entenderse a una de las víctimas de la historia, el tópico amigo fumeta sentenciado por sistema a morir descuartizado a las primeras de cambio, como otra metáfora acerca de uno de los más habituales modos de consumo de esta clase de cintas: no hay nada como una experiencia en grupo y con unas risas al calor de la marihuana para desbaratar cualquier tipo de lógica o de atmósfera siniestra que se precie. 

            Es esta realidad/película paralela la que da sentido y sostiene a La cabaña en el bosque. La mirada cotidiana y profesional de los dos técnicos establece un estimulante marco autorreflexivo y un desternillante contrapunto cómico ideal para disfrutar con sonrisa complacida un argumento que, en su aspecto estrictamente terrorífico –factor secundario en esta ocasión, a pesar del excesivo peso que con menos acierto se le otorga en el desenlace-, no pasa de rutinario.

Es decir, que La cabaña en el bosque supone un sabroso pellizco crítico y amoroso a partes iguales que permite acercarse con placer renovado a un arte menor –pero arte al fin y al cabo- malherido por su galopante devaluación.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

Guerra mundial Z

5 Ago

“Me encantan las películas de verano.”

Brad Pitt

.

.

Guerra mundial Z

.

Guerra Mundial Z

Año: 2013.

Director: Marc Forster.

Reparto: Brad Pitt, Mireille Enos, Fana Mokoena, Daniella Kertesz, James Badge Dale, David Morse, Ludi Boeken, Pierfrancesco Favino.

Tráiler

.

.

            Los caprichos de las estrellas son inescrutables. La iniciativa y el compromiso personal de Brad Pitt se encuentran en el origen de la producción de Guerra mundial Z, un proyecto que tras siete largos años de elaboración, incontables dificultades logísticas y presupuestarias, agrias decepciones con los primeros resultados y eternos retrasos en la fecha de estreno, comenzaba a arrastrar tras de sí un preocupante aroma de malditismo.

            El filme lleva a la pantalla una de las últimas sorpresas dentro del prolífico género zombi, un díptico novelesco escrito con estilo periodístico –un manual de crisis y la crónica del fin del mundo reconstruida a partir de entrevistas– y firmado por Max Brooks –hijo del cómico Mel Brooks y la actriz Anne Bancroft-. No obstante, del aplaudido material de base, que presenta la atractiva lectura geopolítica de una debacle de signo biológico y humano al mismo tiempo, tan solo permanecerá el título y la idea más primaria.

            La adaptación al celuloide de Guerra mundial Z contravine a su matriz en papel desde la misma naturaleza del zombi, aterradora amenaza que en los libros –donde su fuerza residía en su superioridad numérica y no en sus capacidades físicas- pasaba por una inteligente aproximación a la premisa de los zombis clásicos de George A. Romero. Es decir, que el ‘no muerto’, casi más que un peligro potencial, constituye un simple decorado sobre el que, una vez más, exponer desnuda a la maldad como rasgo intrínseco del egoísta ser humano, exacerbado hasta el límite por el irracional instinto de supervivencia que genera el argumento -concepto que aquí podría haber sido explotado a partir del secuestro y chantaje aplicado a los personajes para motivar su trabajo contra la pandemia-.

Por el contrario, esta versión cinematográfica opta por poblar sus fotogramas con unas criaturas que pertenecen a esa clase de zombis (o infectados, tanto da) contemporáneos reformulados definitivamente en el Amanecer de los muertos, aberraciones sobrehumanas irrisoriamente ágiles y fuertes. Suficientemente espeluznantes y expresivos podrían haber resultado esos gigantescos planos de insaciables hormigueros (no) humanos, ya insinuados en los títulos de crédito.

            Es, en definitiva, la conversión de un interesante punto de partida literario en una convencional y voluminosa película de sustos, monstruos y apocalipsis que, para salir adelante, se enroca en una de las máximas esgrimidas por su protagonista, la de la supervivencia mediante el movimiento continuo, lo que la convierte en un indoloro entretenimiento epidérmico a pesar de su estructura deslavazada –producto en parte de esos inacabables problemas de producción- y de las situaciones que juegan con los límites de la verosimilitud más elemental.

            Aun con todo y ello, el metraje ha de aferrarse a la carismática presencia de Brad Pitt, con una solvencia de auténtico profesional digna de mejor causa, como apoyo fundamental para el sostenimiento de una construcción con apariencia de poder derrumbarse en cualquier momento, hecho especialmente apreciable en un tercio final apresurado y sin mordiente que uno diría destinado a quitarse de encima un producto que no tenía ninguna pinta de conseguir llegar a buen puerto.

La indefinición y la pobreza del libreto, reescrito y reensamblado más veces de lo aconsejable, se apunta como el principal culpable de tal endeblez. La penosa y concienzuda investigación del comisario de la ONU y amantísimo padre de familia acaba por tomar derroteros con regusto a postizo añadido de mala manera en aras de una espectacularidad de tono más comercial (y menos estimulante) que el que albergaba su original, si bien durante el proceso Forster logra demostrar cierto nervio para el rodaje de la acción.

            Así las cosas, lo mejor que se puede decir de ella es que su inofensiva agitación no deja espacio para el aburrimiento.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,3

Nota del blog: 5,5.

La serpiente y el arcoíris

28 Jun

“Siempre he tenido la necesidad de ver qué hay más allá, qué hay al girar la esquina. El mundo trata de decirte ‘Esto es lo que hay y no te aventures más lejos, porque ahí fuera hay monstruos’. Pero yo quiero ver esos monstruos.”

Terry Gilliam

.

.

La serpiente y el arcoíris

.

La serpiente y el arcoíris

Año: 1988.

Director: Wes Craven.

Reparto: Bill Pullman, Cathy Tyson, Zakes Mokae, Paul Winfield, Brent Jennings, Conrad Roberts, Paul Guilfoyle, Michael Gough.

Tráiler

.

.

            El hombre es lobo para el hombre. Ninguna alimaña mitológica, ninguna amenaza sobrenatural o ningún monstruo de pesadilla es comparable con el horror que el propio ser humano es capaz de infligir a sus semejantes. Por ello, el mayor acierto de La serpiente y el arcoíris, por otro lado una cinta no demasiado reseñable, es derivar la fuente de inquietud no hacia los misteriosos sortilegios del vudú haitiano, a sus zombis y a sus hechizos de magia negra, sino hacia los infames tonton macoutes y, en general, a las cruentas aberraciones sobre las que asentaba su poder en el país antillano la abominable dictadura de Jean-Claude ‘Baby Doc’ Duvalier, digno sucesor de su padre, François ‘Papa Doc’ Duvalier.

En este contexto, el de los inestables y violentos estertores de tal atroz dinastía, el vudú aparece con tino, desde su visión más tópica y pintoresca, como simple herramienta de coerción y represión estatal. Funciona así como un elemento exótico, ignoto y siniestro con el que reforzar el desasosiego del argumento.

            A pesar de esta inteligente declinación, La serpiente y el arcoíris no logra alcanzar el notable. El libreto adolece de un exceso de trucos que explotan y estiran al máximo la menor necesidad de verosimilitud de la que suele gozar el Mal en el cine –una cuerda aquí todavía más estirada a causa del origen esotérico del mismo, razón esgrimida para un buen puñado de situaciones difícilmente justificables o siquiera sostenibles de otro modo-, lo que conduce a un desenlace por lo demás horrendamente ejecutado.

Al menos, el carisma y la credibilidad de Zakes Mokae como villano de turno ayuda a contrarrestar el poco estimulante protagonismo del insulso Bill Pullman

            Como principal defecto de la obra, cabe añadir la significativa ausencia de atmósfera inquietante, impensable para uno de los más renombrados renovadores del género en décadas precedentes –La última casa a la izquierda, Las colinas tienen ojos, Pesadilla en Elm Street– y posteriores –Scream-.

Craven, consciente de ello, parece tratar de sustituir las sensaciones que debería haber conseguido con el apartado artístico y visual –lo sensorial como intermediador de lo intuitivo, la base fundamental del cine de terror-, por medio en cambio del recurso facilón, profusamente empleado, de la descripción y las explicaciones con voz en off por parte del protagonista.

            Con todo y ello, beneficiada por una agradecida fluidez, La serpiente y el arcoíris se deja ver con facilidad.

 

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6.

A %d blogueros les gusta esto: