Tag Archives: Wyoming

Lean on Pete

23 May

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Año: 2017.

Director: Andrew Haigh.

Reparto: Charlie Plummer, Travis Fimmel, Steve Buscemi, Chloë Sevigny, Steve Zahn, Rachel Perrell Fosket, Justin Rain, Lewis Pullman, Bob Olin, Teyah Hartley, Amy Seimetz, Alison Elliott.

Tráiler

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         No hay nada más puro e inocente que el amor de un chaval por su mascota, reconfortante refugio de paradójica humanidad frente a la desestructuración familiar y/o una sociedad deshumanizada y hostil. El halcón Kes lo canonizaba en la película del mismo nombre, emblema del cine social británico. Con distintas añadiduras, la lista de animales puede alcanzar ejemplares insólitos como un cuervo (Kauwboy), un pelícano (Nicostratos le pélican), un águila (Hermanos del viento), un zorro (Una amistad inolvidable), un burro (Tahaan), un camello (Celestial Camel), un oso panda (El pequeño panda), una orca (¡Liberad a Willy!) o incluso un perro zombie (Frankenweenie) o unos dinosaurios en miniatura (Prehisteria).

En comparación, Lean on Pete, en la que se describe la amistad entre un adolescente en riesgo de marginalidad y un maltrecho caballo de carreras, parece hasta un caso corriente, por más que el equino simbolice a su manera una naturaleza proscrita y repudiada como la de su compañero bípedo.

         De nuevo, como en la cinta de Ken Loach, en Lean on Pete hay un interés en el retrato social de unos Estados Unidos depauperados y víctimas de sus contradicciones, a través de los que naufraga el joven Charlie y su padre. Su estilo narrativo, no obstante, no busca la crudeza del autor inglés, sino que es más clásico y elaborado, con una leve y puntual nota de lirismo afligido. Los atajos emocionales, tendentes por momentos a cierto tremendismo, no son tan diferentes, lo que provoca inevitablemente cierta previsibilidad o cierta sensación de déjà vu.

         Andrew Haigh, que traslada su cine desde su Reino Unido natal hasta un Oeste norteamericano despojado de símbolos evocadores, modula los giros para evitar caer en la exageración sentimentalista. Lean on Pete no quiere ser lacrimógena. Pero la falta de afectación quizás termine por resultar excesivamente calculada, al mismo tiempo que tampoco se consigue contagiar de una viveza por completo natural a las desventuras del protagonista.

En cualquier caso, su relato es honesto, como también lo es el retrato psicológico de sus personajes, íntegro, matizado y carente de efectismos, acorde a la tristeza que embarga este viaje iniciático por un camino de pérdida constante a través del que se busca, al menos, una esperanza de recuperación. Aun en esta decadencia mortecina, el Oeste sigue representando la búsqueda del hogar.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

Tom Horn

26 Abr

“El escenario más precioso del mundo no vale una mierda al lado del rostro de Steve McQueen.”

William Friedkin

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Tom Horn

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Tom Horn

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Año: 1980.

Director: William Wiard.

Reparto: Steve McQueen, Linda Evans, Richard Farnsworth, Billy Green Bush, Slim Pickens, Geoffrey Lewis, Elisha Cook Jr.

Tráiler

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            Tom Horn abre sus fotogramas en el atardecer, sobre el que se imprime rotulada la leyenda del protagonista: un hombre de la frontera, héroe de la conquista contra los apaches, que ahora vaga por los últimos espacios libres, en busca de la libertad por la libertad, hasta que se topa con sus últimos días en el Wyoming del comienzo del siglo XX.

Por tanto, no disimula sus intenciones de western crepuscular y marginal, explícitos desde esta simbología y esta prosa primigenias. Y así, en efecto, Tom Horn es todo agotamiento y terminalidad, en el que el otrora forastero errante y salvador ha quedado condenado a ser un monstruo de tiempos remotos o, en el mejor de los casos, un animal del circo ambulante de Buffalo Bill. Es un forajido a la fuerza, en conclusión, porque su libertad innegociable –así como su irreparable radicalidad moral y de acción, propia del superviviente- no tiene cabida en un mundo arreglado, incluso por medio de la ley, a la medida del poder, cómodamente asentado sobre estas vastas tierras roturadas por duros pioneros como él.

             “Me enamoré del Viejo Oeste a través de las novelas”, le reconoce una linda muchacha al bueno de Horn en cierta escena. El romanticismo de este territorio es ya simplemente una cuestión literaria, en absoluto factual. A diferencia de John Ford, quien concedía una retirada inadvertida pero honrosa a este Salvaje Oeste que encarnaba Tom Doniphon, tan valeroso como brutal, en Tom Horn esta redención honorífica no se vislumbra, presa como está del realismo exigido por el cine de su tiempo y por la evolución de un género que había atravesado décadas de crudo desengaño y escéptica revisión.

Aquí, los teóricos buenos se han convertido en una horda de asesinos que se diferencian de los villanos en que delegan su trabajo y, eso sí, pagan a tiempo, aunque con moneda envenenada –la villanía queda y cobarde del populacho, que ya exponía la corriente psicológica del género, en distintas variaciones, a través de obras como El hombre de las pistolas de oro, Cazador de forajidos o, sobre todo, Solo ante el peligro-. En definitiva, si a Cable Hogue le pasaba por encima un símbolo del progreso como el automóvil, a Horn lo que le atropella es un proceso judicial: la imagen de la civilización moderna, con su ley y orden, y que en realidad se encuentra levantada sobre intereses espurios y amañada mediante falsos testimonios.

             Tom Horn es una cinta preparada para el lucimiento de Steve McQueen, productor ejecutivo, cabeza de cartel de la obra y que por entonces se encontraba en un punto incierto de su carrera, con apenas un malogrado estreno desde la taquillera El coloso en llamas y con la huella del cáncer que se llevaría su vida ya impresa en su cuerpo. La función arrastra la carga de una realización brusca e irregular, que no consigue extraer la melancolía necesaria a los fotogramas. Es sin duda producto de la inestabilidad que dominó la silla del director durante la filmación, por la que pasaron cinco personas para satisfacer las exigencias del astro, entre ellas Don Siegel. Aunque, finalmente, y después de que los sindicatos impidieran a McQueen acreditarse al frente del rodaje, terminaría rodándola un director de telefilmes, William Wiard, es de suponer que en funciones de simple testaferro.

McQueen, por supuesto, permaneció a libre su antojo, con la interpretación a su aire. Fallecería menos de ocho meses después del lanzamiento de la película, penúltima de su filmografía y solo sucedida por la discreta Cazador a sueldo, otra elegía de un anacronismo.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Los odiosos ocho

25 Ene

“La moda es la manada, lo interesante es hacer lo que a uno le da la gana.”

Luis Buñuel

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Los odiosos ocho

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Los odiosos ocho

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Año: 2015.

Director: Quentin Tarantino.

Reparto: Samuel L. Jackson, Jennifer Jason Leigh, Kurt Russell, Walton Goggins, Tim Roth, Michael Madsen, Demián Bichir, Bruce Dern, Channing Tatum.

Tráiler

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            Supongo que el asunto con Quentin Tarantino es hasta qué punto uno es capaz de soportarle a él, a su personalidad invasiva, a cambio de disfrutar de una de sus ingeniosas historias, representadas con abrumadora torrencialidad e incontenible pasión. Porque, a la par que desarrolla su excepcional capacidad para contar, refundir y alumbrar relatos, Tarantino también abrasa a su audiencia con cargantes apartes en los que explica cuáles son las películas con las que alimentaba su cinefagia en el videoclub, destripa repelentes y onanistas autorreferencias, cuela canciones con calzador para seguir dando gusto a su fetichismo nostálgico –las cuales, cabe reconocer, suelen aportar momentos de disfrute a posteriori, escuchándolas ya en casa-, invita a participar a lamentables amigotes –como Michael Madsen-, se le va la mano con hipérboles innecesarias –el gore- y siente la necesidad de elevarse por encima de la historia en cuestión dando la nota con exhibicionismos tales como los capítulos señalados con intertítulos, una repentina voz de narrador omnisciente o el ensayo de variaciones tonales –el flashback de la mercería- que, por un momento, rompen el hechizo creado y devuelven la atención del público hacia este demiurgo egoísta que le recuerda que, si está jugando con uno de sus juguetes, es únicamente porque así le sale a él de la entrepierna.

            Hasta ahí, las cartas sobre la mesa. Luego, dicho esto, si a Tarantino uno le quiere como es –o al menos le tolera-, eso significa que puede disfrutar de varias horas –aquí casi tres- de entretenimiento trepidante, gamberro y dueño de un extraño y particularísimo sabor que proviene de la acertada mezcla de ingredientes olvidados o despreciados con una sensibilidad propia, desarrollada por el estudio minucioso y obsesivo del cine, sus rudimentos y su potencial de fascinación. Los odiosos ocho supone una nueva inmersión del cineasta en el universo del western sucio, aunque a decir verdad, como uno de sus sempiternos y agitados pastiches, en ella confluyen mimbres del noir y la intriga al estilo de El bosque petrificado o Cayo Largo –o incluso su opera prima Reservoir Dogs-, películas claustrofóbicas, planteadas en un único escenario y con un amenazador suspense que resolver por lo civil o por lo criminal –ante tanta violencia y misterio no está de más citar tampoco La cosa (El enigma de otro mundo), filme de terror nevado que protagonizaba precisamente Kurt Russell y mencionada insistentemente por el mismo Tarantino, ansioso por desmenuzar su imaginario y su proceso creativo, para variar-.

            Fundada a partir del cobro de la recompensa por la cabeza de una peligrosa mujer (Jennifer Jason Leigh) como eje vertebrador, y con reverberaciones audibles de los traumáticos e irreconciliables cañonazos de la Guerra de Secesión estadounidense, todavía sin sofocar, Los odiosos ocho arroja contra la pantalla una elaborada pieza de cine donde la cuidadosa construcción de cada personaje y de su ambigüedad, confrontada a continuación en una especie de partida de Cluedo o de Risk -todo estrategias, alianzas y giros que atañen asimismo al espectador, progresivo conocedor de la naturaleza de los contendientes-, fructifica en una propuesta por completo absorbente y divertida.

En este aspecto, la poderosa dirección de Tarantino aporta siempre la atmósfera apropiada para cada fase de la función, engrasando su férrea evolución dramática para que la maquinaria avance sin piedad, sin hacer prisioneros y sin que nadie se acuerde en la sala de que lleva un reloj en la muñeca. Las evocaciones del guion se subliman así por una puesta en escena de enorme fuerza visual, dominio de la sensorialidad en sentido amplio –el sonido, la música de Ennio Morricone, la sordidez palpable- y carisma interpretativo por parte de una troupe entonada en líneas generales –algo más tópica Leigh, Madsen con su incompetencia habitual, Walton Goggins caricaturesco en su tradicional rol de sureño ‘red neck’ pero atractivo y no inadecuado a efectos prácticos-.

            De este modo, aunque todavía imperfecto por la incidencia de los irrefrenables excesos del autor y que lastran su consagración definitiva como indiscutible obra mayor, el artefacto consigue conservar el equilibrio entre sensatez, talento artístico, temperamento propio y delirio desatado que quizás se echaba en falta en la precedente Django desencadenado –poseedora de una soberbia primera mitad que se tornaba un tanto fatigosa una vez atravesado el ecuador del metraje-.

Imagino pues que, para un servidor, el precio a pagar es justo.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

El día de los forajidos

25 May

“Es importante no olvidar que cuando se hace un western, las imágenes son más importantes que el diálogo.”

Anthony Mann

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El día de los forajidos

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El día de los forajidos.

Año: 1959.

Director: André de Toth.

Reparto: Robert Ryan, Burl Yves, Tina Louise, David Nelson, Alan Marshal, Venetia Stevenson, Jack Lambert, Lance Fuller.

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            Insertos en un plano general, dos vaqueros comparten su indignación ante el carromato de un granjero, cargado de alambre de espino para delimitar su propiedad y cortar así el paso a las cabezas de ganado. Paulatinamente, casi de manera imperceptible, la discusión de ambos socios sobre el atávico conflicto entre ganaderos y agricultores -uno de los episodios de la conquista del Oeste fundamentales en el western-, deriva en debate acerca de las pulsiones románticas sin resolver de uno de ellos, inmerso en un triángulo amoroso con el dueño de la finca aún por parcelar y su atractiva esposa.

            André de Toth, realizador de El día de los forajidos, un cineasta repleto de agallas y celoso de su independencia, no concede ni siquiera un primer plano que, como mandarían los cánones de Hollywood, refleje a través de los ojos del actor una explosión (o implosión) de emociones destinadas a subrayar visualmente y redoblar la fuerza dramática de lo ya expresado por el texto. De hecho, en la lejanía de la toma, apenas se acierta a atribuir cada frase a cada personaje.

            El día de los forajidos es un western seco, lacónico y profundamente pesimista. A cada problema que surge, la respuesta solo parece ser la muerte. El protagonista -un cowboy impetuoso que, cual semidios mitológico, fundó prácticamente con sus manos el poblado y al que le arrebatan el porvenir y el corazón unos granjeros advenedizos-, afirma que conocer el futuro es demasiada tarea para un hombre. Pero, al mismo tiempo, él, una fiera salvaje a la que se ha ido acorralando en la marginalidad, parece augurar en su primaria clarividencia que esta resolución infortunada es el único destino posible.

            Al igual que había hecho en el noir -su otro género predilecto-, en concreto a través de películas como Pitfall, De Toth subvierte subrepticiamente los arquetipos del western dentro de un marco en apariencia clásico y respetuoso con los códigos tradicionales –que también dejan notar su impronta en otros aspectos y roles del filme-. Como se aprecia en la introducción, su héroe (Robert Ryan, hombre parco en gestos) es en realidad una bomba a punto de explotar; un individuo con una inquietante carga psicótica en sus entrañas. Parte de la caterva de malhechores que en su huida con un botín de oro amenaza con asolar el lugar, también porta en sus alforjas un importante peso de culpa y necesidad de redención.

Aunque la intromisión de los bandidos en el inflamado conflicto terrenal y amoroso que se prometía en el planteamiento resulta un tanto incómoda, la fidelidad al agrio fondo y forma de la propuesta repara poco a poco el interés y la capacidad sugestiva del conjunto.

            La cruda atmósfera, electrizada por la tensión dramática de ese juego de deudas propias y ajenas, se potencia con la sobriedad espartana de la realización, estática y expectante. Su opresiva y casi indiferente distancia deja desnudos y desprotegidos a los personajes, lo que sitúa en la debida perspectiva su patetismo y sus virtudes, sus flaquezas y sus sacrificios. En una elogiable demostración de autoridad por parte de su cineasta, el desenlace, por supuesto, participará del estoicismo emocional y expresivo que gobierna la obra.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

Paul

20 Nov

“¡Él vino a mí, él vino a mí!”

Elliot (E.T., el extraterrestre)

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Paul

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Año: 2011.

Director: Greg Mottola.

Reparto: Seth Rogen, Simon Pegg, Nick Frost, Kristen Wiig, Jason Bateman, Bill Hader, Joe Lo Truglio, John Carroll Lynch, Blythe Danner, Sigourney Weaver.

Tráiler

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             Si primero fue una revisión genial de las películas de zombis con Zombies Party y más tarde la parodia algo más irregular pero aún divertida de las buddy movies con Arma fatal, ahora con Paul el compenetrado dúo cómico británico conformado por Simon Pegg y Nick Frost apostaban por la parodia-homenaje de las cintas de extraterrestres.

Dejando fuera de la ecuación a Edgar Wright, director y guionista junto con Pegg de las anteriores, sustituido por Greg Mottola en la primera faceta y por el propio Frost en la segunda, Paul propone un ejercicio nostálgico para aquellas generaciones crecidas a la luz de los cátodos de las emisiones de la serie B de ciencia ficción de los años cincuenta, la primera trilogía de La Guerra de las Galaxias, la serie En los límites de la realidad, las aventuras marca Amblin, Expediente X y demás productos que, a través de ensoñaciones y fantasías protagonizadas por seres venidos de otros planetas, lograban aliviar la dura y prosaica vida real en la Tierra.

             A diferencia de otras parodias devotas como la gran Mars Attaks!, es aquí el propio fan, el nerd, el friki, quien clama por convertirse a la vez en héroe protagonista y feliz destinatario de la cinta. Una premisa con posibilidades en forma de pequeño bromance tierno y privado en el que tanto Mottola –Supersalidos– como Frost y Pegg –que en muchas ocasiones remite a su serie Spaced– tenían las de ganar pero que finalmente queda desplazada y se diluye en paralelo a la aparición del extraterrestre en cuestión, una figura que parece influida por las creaciones de Seth McFarlane, en las que la voz de la lógica y la lucidez, la normalidad en definitiva, es siempre alguien ‘anormal’, ajeno al ser humano, ideal de la razón.

Los soñadores e inmaduros niños grandes quedan reducidos a complemento de Paul, un recurso con efectivos golpes de hilaridad pero más visto, más predecible, menos entrañable.

             Paul transcurre así con agrado, como una cinta simpaticona, con abundantes guiños cariñosos a su material de origen –incluso Steven Spielberg se presta a un cameo telefónico-, pero convencional y sin excesiva garra a pesar de la presencia de críticas no demasiado corrosivas contra la siniestra fiebre ultrarreligiosa de los Estados Unidos, y que deja la idea de que, quizás con el apoyo de Wright, con un tono más  melancólico e intimista y conservando una mayor personalidad propia, hubiera alcanzado mejores resultados.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6.

Al caer la noche

13 Nov

“Los directores del Hollywood clásico tenían el don de contar una historia de principio a fin de manera clara, sencilla y ordenada.”

Ingmar Bergman

 

 

Al caer la noche

 

Año: 1956.

Director: Jacques Tourneur.

Reparto: Aldo Ray, Anne Bancroft, James Gregory, Brian Keith, Rudy Bond.

Tráiler

 

 

              Las espartanas condiciones de producción de la serie B no fueron obstáculo para el genio artístico de Jacques Tourneur, realizador de origen francés y naturalizado estadounidense en su juventud. Un dominio de la escena, la luz y la atmósfera, la precisión y la tensión narrativa que le serviría para convertir a películas gestadas con presupuestos mínimos en obras de calidad superior en el género de terror y el cine negro, como La mujer pantera o Retorno al pasado.

En la década de los cincuenta, su carácter de profesional omnívoro le llevaría a firmar obras de todo tipo y género, tanto en cine como en televisión, aunque, de nuevo, será en el noir uno de los campos donde Tourneur refrende una vez más su calidad.

              Al caer la noche abre su objetivo sobre la espalda de un hombre que busca periódicos de Chicago. Inquieto, reacciona con brusquedad al encendido del alumbrado urbano de Los Ángeles mientras mira con desconfianza el paso de un coche patrulla. Una escena, el protagonista presentado. Un lujo de concisión y expresividad.

Es un forajido (Aldo Ray), que huye al amparo de la noche diluido en urbes extrañas e impersonales, a solas con una carga que aturde su conciencia, y que decide compartir cinco dólares, abandono, problemas y alma con una atractiva y enigmática desconocida, perdida también en la gran ciudad (Anne Bancroft, a la que el halo trágico que vela su magnética belleza le sienta fenomenal para el noir).

Hasta que, como en la excepcional Retorno al pasado, las huellas de un pasado ineludible resurgen ante sus narices, a las puertas de su felicidad, en forma de dos matones con pocos escrúpulos, escasa paciencia y ávidos de un botín de $350.000 en paradero desconocido (buen trabajo de Brian Keith y Rudy Bond, al que su extraño carácter le otorga una estimulante presencia como amenaza imprevisible).

              Es el hombre de a pie, movido más por el miedo y el amor que por valor heroico, que se enfrenta a su destino y la muerte -quizás en este sentido el corpulento y de voz cazallera Aldo Ray no resultaría demasiado representativo-, y que curiosamente, al contrario de como mandan los cánones del género, se siente más protegido por las altas líneas verticales y los fríos neones de la nocturna Los Ángeles que con los parajes abiertos del exterior de la ciudad y el remoto entorno natural de Norteamérica.

               El presente y el pasado, intermediado por audaces flashbacks, introducidos con naturalidad por el realizador, confluyen en un férreo tour de force hasta coincidir en las remotas montañas de Wyoming, servidos por la notable adaptación de Stirling Silliphant -firmante de un libreto en el que las frases explícitas dicen tanto de sus personajes como en lo que sugiere todo lo que subyace latente tras sus diálogos y sus acciones- y guiados por la fluida dirección de Tourneur.

Sobria, compacta e implacable.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7,5.

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