Tag Archives: Violación

El guerrero rojo

25 Abr

.

Año: 1985.

Director: Richard Fleischer.

Reparto: Brigitte Nielsen, Arnold Schwarzenegger, Sandahl Bergman, Ernie Reyes Jr., Paul L. Smith, Ronald Lacey, Pat Roach, Janet Agren.

Tráiler

.

           Aparece cabalgando por las crueles estepas de la Era Hiboria con las toneladas de esteroides y la quijada prieta de Arnold Schwarzenegger, blandiendo un espadón y machacando cabezas de soldados y hechiceros, pero su nombre no es Conan el Cimmerio, sino Kalidor, señor de Hyrkania. La pérdida de derechos artísticos obligó a que esta prolongación de Conan, el bárbaro y Conan, el destructor rebautizase con un nuevo alias al bárbaro que había fundado un pequeño subgénero en la década de los ochenta.

Aunque tampoco sería él el protagonista de esta historia, por más que el productor Dino de Laurentiis se las apañase para que, en lugar de la semana prevista, el bueno de Chuache -desinteresado por las andanzas del personaje después de la tendencia a la aventura familiar del anterior filme de la saga- se pasara un mes completo rodando el que pretendía ser un pequeño cameo como favor al magnate italiano, el cual, a fuerza de trucajes compositivos, acabaría elevando su participación a la categoría de coprotagonista. Para su disgusto, ya que es una de las obras de su filmografía de las que más acostumbra a renegar -que ya es decir-. “El guerrero rojo es la peor película que he hecho. Cuando mis hijos se portan mal les amenazo con verla diez veces seguidas. Ahora ya nunca se portan mal”, confesaría el actor austríaco.

           El guerrero rojo toma para el cine otro personaje creado por Robert E. Howard, Sonya la Roja, aunque en realidad lo adquiere a partir de la reapropiación hecha por Roy Thomas y Barry Windsor-Smith para la Marvel, en la que trasladaban a la espadachina desde el corazón de Europa asediado por el Imperio turco en el siglo XVI hasta la fantasiosa Era Hiboria de Conan. La película posee además otros puntos de encuentro con sus dos antecedentes. Aparte de la aparición estelar de Schwarzenegger, se recupera a Sandahl Bergman, la añorada Valeria de Conan el bárbaro, para encarnar a la villana de la función. Artesano a sueldo de Dino de Laurentiis durante el declive de su carrera, repite Richard Fleischer en la realización y también se dejan caer actores-luchadores como Sven-Ole Thorsen, Pat Roach o Kiyoshi Yamasaki. En cambio, para la amazona que lidera el relato se escoge a la danesa Brigitte Nielsen, modelo de físico tan imponente como su partenaire masculino y de similares capacidades interpretativas -qué manera de recitar ambos-.

           Lo cierto es que el guion de El guerrero rojo parece urdido en veinte minutos. Repite las intenciones de Conan, el destructor de alcanzar un amplio espectro de espectadores y, más allá de la reivindicación del protagonismo femenino -muy actual, de no ser por las puntuales aunque necesarias intervenciones salvadoras de Chuache-, avanza a vuelapluma montando tópico sobre tópico y estereotipo sobre estereotipo sin demasiada preocupación más allá de ofrecer un entretenimiento de espada y brujería que, de tanta ligereza, queda aguado sin remedio. Aunque el ritmo narrativo es liviano por necesidad, cabe imputar asimismo al apartado de dirección el escaso temple de algunas escenas de acción, como por ejemplo la de la máquina de matar.

Pero no todo es negativo. El filme posee un buen diseño de producción -escenarios naturales, decorados y vestuario- y una atractiva banda sonora de Ennio Morricone que, al menos, suman algunas virtudes con las que contentarse. Porque, por ejemplo, bastante peor es el remake Conan, el bárbaro… cuyo fracaso tumbaría además el proyecto de resucitar a Red Sonja.

           “Si esto no mata tu carrera, es que nada lo hará”, le espetaría con escasas dotes adivinatorias Maria Shriver a su entonces esposo a propósito de una cinta que, por otro lado, a ella le supondría una infidelidad precisamente con Brigitte Nielsen, quien en un giro maravillosamente ochentero luego se casaría con el otro gran héroe del cine de la acción hormonada del periodo, Sylvester Stallone.

.

Nota IMDB: 5.

Nota FilmAffinity: 4,3.

Nota del blog: 4,5.

Tres anuncios en las afueras

19 Ene

.

Año: 2017.

Director: Martin McDonagh.

Reparto: Frances MacDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Peter Dinklage, John Hawkes, Lucas Hedges, Abbie Cornish, Caleb Landry Jones, Samara Weaving, Sandy Martin, Željko Ivanek, Clarke Peters, Amanda Warren, Darrell Britt-GibsonBrendan Sexton IIIKathryn Newton.

Tráiler

.

          Hay quien advierte un aroma coeniano en Tres anuncios en las afueras. La localización en uno de esos pueblos de interior que vienen a representar el corazón de los Estados Unidos, el inmisericorde humor negro que juega con el contraste entre el costumbrismo del escenario y la sordidez de los actos humanos; el empleo de la banda sonora de Carter Burwell, la presencia de Frances MacDormand al frente del reparto…

Pero hay un elemento decisivo que aleja al filme de Martin McDonagh -quien posee también voz perfectamente definida y talentosa- de la obra de los hermanos Coen: sus criaturas no son víctimas de su propia estupidez, sino de circunstancias externas, al menos desde el terrible punto de partida de la narración, establecido por la violación y asesinato simultáneo de una adolescente. Su evolución, aunque en este caso sí se vea influida por su comportamiento -condicionado de antemano, recordemos-, seguirá asimismo un trayecto diferente, el cual en el fondo es más benévolo que el que los Coen, despiadados hasta las últimas consecuencias, acostumbran a infligir a la mayoría de sus personajes.

          Por este motivo, Tres anuncios a las afueras provoca que las acciones de sus protagonistas compongan un retrato ácido de la sociedad estadounidense, pero al mismo tiempo sean dignas de lástima. En este sentido, el tercer largometraje del dramaturgo y cineasta angloirlandés, autor procedente del teatro de la crueldad, destaca por un soberbio dibujo de personajes, perfectamente cuidado desde el primero al último de los que aparecen en pantalla; amén de por el trabajo en unos diálogos chispeantes y punzantes, con un tempo preciso que se combina con una contundencia feroz.

Gracias a esto, mientras se despellejan vivas las miserias del colectivo -el racismo, la brutalidad, la insolidaridad…-, se indaga en las complejidades, matices y contradicciones de unos seres devastados por el dolor -la culpa ante una pérdida atroz, la muerte que acecha, el fracaso personal…-, que se erige en el tema central de la obra.

          Para ello, McDonagh emplea precisamente esta elaborada construcción de caracteres. Sus paradojas, sus dobleces y dudas; sus autoreivindicaciones, sus mezquindades, sus virtudes… La actitud escasamente razonable de Mildred Hayes -consecuencia del atropello sufrido, que por tanto la incapacita como parte en el enjuiciamiento de los hechos- contrasta con la empatía y compasión que demuestra en la evidente secuencia inicial con el insecto o ante el esputo de sangre. De esta manera, el director y guionista expresa que su lucha no es personal, aunque lo parezca. O, mejor dicho, lo es, pero contra sí misma.

En paralelo, la perspectiva del sheriff Bill Willoughby (Woody Harrelson) está autorizada por la iluminación, la dignidad y en definitiva la paz que parece aportarle la consciencia de su destino inmediato, por más que este sea funesto. De ahí su capacidad para discriminar la distinta relevancia de los asuntos terrenos y su percepción para anticipar las reacciones emocionales y físicas de sus paisanos, e incluso giros forzados de la trama, que, a poco que uno haya seguido algún mediático caso criminal o de desaparición, observará que no van del todo desencaminados, por lo que, aun reconociéndolos como hartamente improbables, se tornan algo más admisibles.

          McDonagh maneja con maestría la tensión entre comicidad y tragedia, desde el texto de base hasta la puesta en escena y el ritmo narrativo. Las vivencias de esta particular mujer, que aporta una estrambótica vuelta de tuerca al arquetipo de madre coraje, despiertan la risa, pero también perturban y conmueven, pues envuelven un negro halo de remordimientos que se hace cada vez más palpable por debajo de la excentricidad que muestra la flora y fauna de Ebbing, Misuri, un lugar como cualquier otro.

.

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

Revenge

24 Nov

.

Año: 2017.

Directora: Coralie Fargeat.

Reparto: Matilda Ann Ingrid Lutz, Kevin Janssens, Vincent Colombe, Guillaume Bouchède.

.

          En Revenge, tres hombres corren jadeantes y sudorosos, como una jauría de lobos, tras la joven a la fuga que uno de ellos acaba de violar impunemente. Escuché recientemente, a propósito de otro filme acerca de la persistencia de las estructuras de opresión patriarcal y su estreno paralelo con el juicio a ‘la manada’ por el caso de violación en grupo a una adolescente en los Sanfermines de 2016, que en ocasiones la ficción dialoga con la realidad de forma sorprendente. Pero, en este tema particular, lo cierto es que la coincidencia no es tal. Sucede lo mismo que con las acusaciones contra Aaron Ramsey por la relación entre sus goles con el Arsenal y las inmediatas muertes de celebridades de todo tipo: no es una cuestión de casualidad, sino de probabilidad muy elevada. La sociedad actual es todavía un espacio demasiado confortable para determinada clase de monstruos.

          Con guion y dirección a cargo de la francesa Coralie Fargeat, debutante en el largometraje y premio a la mejor realización en el festival de Sitges, Revenge aborda la situación con rebeldía gamberra, recuperando las premisas clásicas de un subgénero verdaderamente correoso: el rape & revenge, el thriller de violación y venganzaLa última casa a la izquierda, La violencia del sexo, Desenlace mortal (Thriller – en grym film), Ángel de venganza, A Gun for Jennifer, Fóllame, Freeze Me…-. La inocente ultrajada que, cual ave fénix, renace de sus cenizas en forma de despiadado ángel justiciero. Tampoco es accidental que el cine de venganzas femeninas acostumbre a revolverse contra el estereotipo del macho dominante, que aquí queda encarnado por un pijo aficionado a la caza y sus dos socios de negocios, todos ellos patéticos por igual.

Entonces, la protagonista de Revenge se subleva frente a su esencia como mujer objeto -florero, trofeo…-, y de paso contra el posible prejuicio negativo del espectador -la incisión en los pálpitos machistas de la platea-, para transformarse en una fémina de presencia autónoma, rostro duro y actitud implacable. A la par, en uno de los detalles del sarcasmo insurgente de la función, Fargeat reserva la tradicional exhibición de desnudos integrales gratuitos para su rival masculino.

          Desbordada de heridas atroces, sangre de mentira y resistencia más allá del límite natural, Revenge es una película deliberadamente exagerada y grotesca, como un combate de pressing catch. También se asemeja en la sencillez nuclear de su planteamiento de base. Y, al igual que el pressing catch, sus festivos excesos alcanzan cierto punto de saturación y agotamiento.

Sin embargo, se aprecia en ella fuerza compositiva, alternada con la fisicidad de la acción -los primeros planos presuntamente sensuales o decididamente repulsivos, la carne destrozada-, amén de una ironía macarra que salpimenta la función y la hace disfrutable, divertida. Que no estoy seguro de que sean los epítetos más apropiados cuando se toca un asunto tan peliagudo como el que nos referíamos al principio.

.

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

Spotlight

23 Dic

spotlight

.

Año: 2015.

Director: Tom McCarthy.

Reparto: Michael Keaton, Mark Ruffalo, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Brian d’Arcy James, Stanley Tucci, Jamey Sheridan, Billy Crudup, Neal Huff, Len Cariou.

Tráiler

.

          No me gusta el corporativismo incondicional, por lo que no seré yo quien defienda al periodismo coetáneo. Sin embargo, encuentro oportuno -aunque temo que finalmente irrelevante- que el seductor escenario de los Óscar pusiese bajo sus poderosos focospremio a la mejor película y al mejor guión original a una obra como Spotlight, que en entronca con las grandes odas cinematográficas al periodismo idealista como columna fundamental de la sociedad, garante de su salud democrática.

          Spotlight reconstruye el (re)descubrimiento, investigación y publicación de un reportaje decisivo para arrojar a la luz pública el diabólico sistema con el que la Iglesia católica escondía y protegía a la manada de depredadores sexuales de menores que ejercía el sacerdocio en el estado de Massachussets, muestra localizada de una perversión global.

A buen seguro habiendo tomado nota del deshonesto redactor que interpretase en la quinta temporada de The Wire, Tom McCarthy, director y guionista del filme -en este último apartado junto con Josh Singer-, recobra su incipiente prestigio en la realización, damnificado tras haberse puesto a las órdenes de Adam Sandler en Con la magia en los zapatos, y desarrolla el argumento con un estilo clásico, concentrado en exponer de forma amena y responsable el proceso periodístico que conduce al conocimiento por parte de la sociedad de una tumoración oculta a sus ojos, a fin de que pueda ser extirpada o, por decirlo con suavidad, corregida.

          El argumento se aleja sin embargo de la complacencia y prueba su madurez al redistribuir la responsabilidad de la problemática entre el conjunto de la comunidad, no focalizando el caso como una anomalía exclusiva de un ente putrefacto, la Iglesia, fácilmente condenable debido a su descrédito contemporáneo. Sin estridencias pero con eficiencia, Spotlight dibuja el contexto del que surge esta enfermedad, alimentada e inmunizada por un colectivo de moral selectiva, clasista en la aplicación de los derechos, la compasión e incluso la atención más elementales. Es decir, lo que en derecho penal quedaría bajo la denominación de cómplice necesario del delito.

En cambio, otros subtextos presentes en la historia, como la crisis de fe que comporta este hallazgo que no se desea ver, están retratados con menor profundidad y potencia, protagonizado además en este particular por un Mark Ruffalo que aborda su personaje, caracterizado por un toque de excentricidad, de una manera un tanto más tópica y destemplada que el resto de un elenco solvente.

          De igual manera, entre tanta corrección expositiva se echa en falta cierta atmósfera que proporcione densidad a la narración. Que la haga vibrar, que infunda mayor carisma a un filme no obstante entretenido, comprometido y equilibrado.

.

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

Anatomía de un asesinato

5 Dic

anatomia-de-un-asesinato

.

Año: 1959.

Director: Otto Preminger.

Reparto: James Stewart, Lee Remick, Ben Gazzara, George C. Scott, Arthur O. Connell, Eve Arden, Kathryn Grant, Murray Hamilton, Brooks West, Joseph N. Welch.

Filme

.

          En sentido estricto, una película de juicios constituiría uno de los espectáculos cinematográficos más cercanos a lo que el espectador puede experimentar en su realidad cotidiana. Es decir, que puede equivaler a sentar al público en las bancadas de los juzgados y reconstruir ante él unos hechos que desconoce mediante la capacidad evocadora de la palabra, la fuerza persuasiva de los argumentos y la propia intuición observadora del interpelado, además con la ventaja añadida de ahorrarse numerosos tiempos muertos y formalismos intrascendentes gracias al montaje cinematográfico y al trabajo de síntesis narrativa de guionistas y directores.

Otra cosa es que, como a un servidor, sean tramas que tiendan a hacérsele cuesta arriba por la frecuencia de los lugares comunes que transitan, la previsibilidad de sus sorpresas judiciales o la excesiva preponderancia de los diálogos en detrimento de la imagen.

          Anatomía de un asesinato es uno de los ejemplos más célebres de películas de juicios –que no sobre la Justicia, más interesantes por su carga moral, como podría ser Doce hombres sin piedad-. Otto Preminger, que ya se las había arreglado para burlar los preceptos de la censura en comedias chispeantes como La luna es azul (The Moon Is Blue) y dramas crudos sobre la drogadicción como El hombre del brazo de oro, abordaría ahora en pantalla, con una crudeza y un verismo lingüístico desacostumbrado para la época, una causa por homicidio en represalia por una violación previa.

          Es una de las rupturas con el clasicismo que ofrece una película que incorpora el ritmo de jazz en su banda sonora –firmada nada menos que por Duke Ellington, que comparecerá asimismo en la imagen con un cameo-, amén de una realización con la cámara más libre y natural a la hora de seguir las acciones y estados de ánimo de sus protagonistas. E incluso también unas interpretaciones que parecen bordear muchas veces con la improvisación, en especial en lo que respecta a un James Stewart que acomete un personaje hecho a la medida –honesto, comprometido, con un punto despistado, ocurrente y entrañable- pero que, paradójicamente, aparece también como una persona dada de lado, aficionada a costumbres marginales como el alcohol, la soltería impenitente y, precisamente, la música jazz. Además, ha de enfrentarse a la coquetería desinhibida de la esposa de su defendido, la mujer presuntamente ultrajada.

          Rota en cualquier caso la teatralidad y el estatismo formal que en ocasiones afecta al subgénero del cine judicial, Anatomía de un asesinato centra su batalla en el enfrentamiento entre el abogado de provincias, que también asume su última e inesperada oportunidad de reivindicar su talento desaprovechado, frente al tiburón de la gran ciudad, un fiscal criado por el sistema para devorar sin piedad a su presa y que por si fuera poco posee el paisaje facial de George C. Scott, experto en hacerse aborrecer en pantalla.

En un detalle fascinante, el juez que dirimirá el conflicto no será interpretado por un actor profesional, sino por Joseph N. Welch, el jefe del cuerpo de abogados del Ejército estadounidense que se había enfrentado con admirable dureza contra el Comité de Actividades Antiestadounidenses del senador Joseph McCarthy, influyendo decisivamente en su decadencia.

          Recreación de un proceso real ocurrido en 1952 y llevado a la literatura con enorme éxito por el letrado defensor John D. Voelker –bajo el sobrenombre de Robert Traver-, Anatomía de un asesinato maneja bien el pulso de la intriga y la administración de los giros dramáticos, a pesar de que alguno de ellos implica a personajes un tanto desdibujados como el de Kathryn Grant.

          Coinciden en ella la última nominación al Óscar para Stewart con la primera para Scott, aparte de otras cinco más. Perdería en todas.

.

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 7,5.

Que Dios nos perdone

2 Nov

que-dios-nos-perdone

.

Año: 2016.

Director: Rodrigo Sorogoyen.

Reparto: Roberto Álamo, Antonio de la Torre, Javier Pereira, María Ballesteros, Luis Zahera, Raúl Prieto, Rocío Muñoz-Cobo, Mónica López, José Luis García Pérez.

Tráiler

.

           Tras su descubrimiento con Stockholm -primer largometraje cinematográfico que firmaba en solitario y por el que recibiría la nominación al premio Goya a mejor director novel-, Rodrigo Sorogoyen regresa de nuevo a la gran pantalla, otra vez acompañado de Isabel Peña en la escritura del libreto –galardonado en el festival de San Sebastián-, si bien ahora decide cambiar de tercio y entregar una pieza de género puro. Que Dios nos perdone sigue entonces la estela de un neonoir español que, fiel a los temas, arquetipos e inquietudes de este microuniverso, y al mismo tiempo perfectamente amoldado a la turbulenta realidad contemporánea del país, acostumbra a entregar un puñado de interesantes obras cada temporada.

En este caso, Que Dios nos perdone plantea un argumento tradicional en el que una pareja de investigadores divergentes aunque igualados por una naturaleza que les precipita a la marginalidad, emprenden la caza de un cazador de hombres. Antihéroes, en definitiva, que con sus falibilidades y fracasos íntimos –la fractura familiar y emocional, volcadas en una bomba de relojería humana e incluso en una tara física innecesariamente enfática-, se erigen en el último baluarte contra el derrumbamiento definitivo en un mundo que asiste con histérica normalidad a la disolución de la moral y la destrucción de los vínculos afectivos y sociales.

           El recurso a paradigmas y prototipos no es un rasgo negativo en sí mismo, pero exige una capacidad de renovación, determinada por el talento creativo de los autores, que impida que estos se transformen en simples tópicos marchitos y manoseados, cuyo olor a podrido no se soluciona ni siquiera con un nuevo proceso de plastificación y enlucido.

Al respecto, Sorogoyen desarrolla un enérgico trabajo de realización para explotar expresivamente el conflicto interior de los protagonistas, la crispación de su entorno urbano y la tensión de la trama policíaca –tres vertientes caldeadas además por el calor estival de Madrid-, mediante cambios en la cadencia en los planos, su distanciamiento o acercamiento para encerrar a los personajes o dejarlos desamparados, y su conjunción con el opresivo empleo del sonido, funesto, acuciante o violento según la escena.

Herramientas formales que fermentan la densa atmósfera que embarga el relato, la cual no queda afectada por ligeras máculas como el puntual corte del ritmo narrativo cuando la película se aleja de la estricta investigación detectivesca o algún giro de guion que chirría por estar encajado a la fuerza o por apoyarse en psicologismos de manual, cuestión que -aparte de ser objetada desde el diálogo por alguno de los protagonistas- queda de manifiesto especialmente a causa de la, por otra parte, firme verosimilitud de ambientes y tipos humanos que recorre la obra, tanto por su aspecto arquitectónico y fisionómico como por su plasmación visual y su interpretación actoral.

           Gracias a esta virtud predominante, los arquetipos utilizados, característicos del género, no resultan caducos, sino que cobran una enorme potencia, sobre todo el inspector encomiablemente encarnado por Roberto Álamo, que siempre parece imponerse como una presencia incómoda en el fotograma, físicamente invasiva, psicológicamente intimidante y, al mismo tiempo, matizada y compleja.

           El resultado es un thriller tremendamente contundente, estilizado y colérico a partes iguales, donde la fórmula se reconstituye para, cumpliendo con los mejores fundamentos del género, obtener un sabor auténtico e intenso a partir de una indagación de absorbente intriga que, en paralelo, recompone un escenario desolador.

.

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8.

Elle

12 Oct

elle

.

Año: 2016.

Director: Paul Verhoeven.

Reparto: Isabelle Huppert, Laurent Laffite, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Judith Magre, Christian Berkel, Jonas Bloquet, Alice Isaaz, Vimala Pons, Raphaël Lenglet, Arthur Mazet, Lucas Prisor.

Tráiler

.

           “Lust for life!”, exclama Paul Verhoeven desde la banda sonora de Elle, con la voz prestada de Iggy Pop. ‘Lust’: pasión, pero asimismo lujuria por la vida. Hay una escena clave en Los señores del acero que sintetiza una de las líneas argumentales del filme. En ella, el mercenario Martín tumba en el suelo a la doncella Agnes para, valiéndose de su fuerza brutal, violar su inocencia. Sin embargo, la virginal princesa entrelaza sus piernas entorno a su cintura y dirige con su pelvis los movimientos sexuales del encuentro, ante la mirada atónita de los secuaces del guerrero, que gritan jocosos “¡Es ella la que te folla a ti!”. El monstruo -figura alegórica de marcado contenido lúbrico en los relatos tradicionales- sometido paradójicamente por medio de aquello que lo hacía terrible: el sexo.

           También hay al menos un monstruo en Elle, y es el padre de la protagonista, que acecha como una sombra íntima, enquistada en las entrañas y las emociones de una mujer dominante y fría, acostumbrada a llevar las riendas desde el egoísmo hacia su entorno, con escasa sensibilidad sentimental. Su progenitor, convicto por un crimen atroz, prácticamente no aparece en pantalla, aunque su impronta es manifiesta en las acciones y las decisiones de su descendiente directa.

Y también hay sexo. Aún sin concluir los créditos iniciales, todavía en la oscuridad de la sala, irrumpe ya el escándalo de una violación. Pero Elle no es una película sobre la violencia sexual contra la mujer ni, en sentido estricto, sobre la huella psicológica que esta produce en ella. Siguiendo la estela de gran parte de la obra del cineasta holandés, la película explora la naturaleza del sexo como elemento capital en la vida humana, por más que quede apretujado en el armario, encerrado dentro de una persistente condición de tabú a reprimir. Frente a semejante temática, la mirada de la narración, parece explicar de inicio Verhoeven, será neutra y salvaje, como la del gato negro que observa impasible los hechos.

           Un pilar existencial pues que, a lo largo del relato, conforma una tupida maraña que atrapa, entrecruza y jerarquiza a todos los personajes, desde los principales a los más secundarios, hermanándolos con sus hilos y reduciéndolos a un patetismo primitivo donde no existe la moral, solo unas pulsiones atávicas e irrefrenables o, en el caso de los individuos menos activos –el hijo bobalicón-, unas reacciones inmediatas e irreflexivas que tampoco responden la lógica cotidiana. De este modo, su expresión visual está totalmente desprovista de ecos románticos y hasta eróticos. El sexo en Elle aparece como un impulso primario, una necesidad animal, un arrebato monstruoso en ciertos casos, incluso. Según la modulación de cada cual.

           Elle es un filme despiadado a la par que estimulante, del que se entresaca un contundente sarcasmo, patrimonio del director, a partir del provocador análisis de las relaciones humanas y sociales, fuertemente determinadas por este elefante en la habitación del que todavía, a estas alturas de siglo, tampoco son tantos los que hablan. Por otro lado, dentro de esta hipérbole satírica y tremebunda, queda igualmente la dificultad evidente –o el desafío espinoso- de poder encontrarse a uno mismo en la piel de esta galería de criaturas capitaneadas por una mujer de psicología tan retorcida y excepcional -o no-.

Lust for life.

.

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7,5.

A %d blogueros les gusta esto: